10 marzo, 2010

Princesa

Martes, 9 de marzo de 2010


Tú ni siquiera sabes quién soy. Posiblemente ni seas consciente de que existo salvo como un puntito más en la multitud que crees que te aclama en los desfiles oficiales. Desde tu alta torre, princesa, deben verse muy pequeños y diminutos los habitantes de este vasto reino y no creo que pienses en gente como yo. Porque yo soy esa furcia que se folla a tus soldados cuando vienen cansados de la guerra, mientras tú eres cortejada por nobles y señores. Yo tengo que darme ungüentos en las heridas mientras tú, princesa, eres bañada por tus criadas por aceites aromáticos y jabones exóticos. Yo tengo la cara cubierta de mugre mientras tú te pones el maquillaje adecuado para la ocasión perfecta.

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Las putas no existimos en la imaginación de una princesa de palacio, sólo somos mendigos que hacemos bulto cuando se tiran las sobras de palacio, peleando por unas migajas. Nuestro día a día resulta tan desagradable, tan poco elegante, que no se puede pensar en ello sin conseguir una mueca de disgusto. Mientras a ti, princesa, se vuelven todos los rostros cuando paseas por tus tapizados salones, a mí me vuelven la cara para fingir que no me conocen o se me señala para marcarme como a una apestada. Porque ser una fulana no es lo que nadie desea ser en esta vida, pero es lo que yo soy.

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Y sin embargo, mientras todas te admiran por tu fama, tu belleza y tu suerte en la vida, hay quien desea tener mis conocimientos, mis artes y mis técnicas. Pero a mí me pagan para que sólo satisfaga, mientras que hay bufones que cobran diez veces más que yo para contar un mal chiste y hacer una cabriola. Así arrancan de ti una fingida sonrisa, cuando de mí quieren arrancar fingidos gemidos de placer. Las putas somos placer de pago, las princesas sois un placer que no se puede pagar.

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Mientras tú miras al cielo azul, pensando en tu gentil caballero subido en un caballo blanco, yo estoy arrodillada oyendo que soy una perra mientras me dan cachetes. Cuando tú, princesa, conoces el perfume de todas las flores de tu jardín privado, yo, la puta, sólo huelo a estiércol y semen. Los hombres que se acercan a ti no dudan en arrodillarse y agachar la cabeza, los que se acercan a mí hacen que sea yo quien se arrodille frente a ellos.

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Mientras tú saltas y ríes como la chiquilla adolescente que eres después de recibir un mensaje de amor, yo me dedico a sacar brillo a los retazos rotos de mi curtido corazón. Cuando tu blanca sonrisa de princesa ilumina las estancias, mi torva mirada de furcia congela las habitaciones.

Tú, la princesa. Yo, la meretriz.

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Pertenecemos a mundos diferentes, princesa. Y aunque no puedo negar que tu vida de oropel no sea atractiva, no la quiero para mí. No quiero más cuentos de hadas, ni más armaduras relucientes, ni cabezas de dragones colgando sobre la chimenea. Me quedo con la mugre, los aromas desagradables y las miradas suspicaces. Me quedo conmigo misma, sin nadie que me susurre dulzuras al oído. Me quedo con mi soledad, mejor que con una corte llena de mentirosos. Porque yo, princesa, también tuve una vez esa corte a mis pies.

08 febrero, 2010

El príncipe destronado

Lunes, 8 de febrero de 2010

Delibes no erraba el título de su libro. Delibes acertó de pleno, de hecho. Delibes debió ser un príncipe destronado también.

Ser el hermano mayor tiene muchas ventajas. Durante unos años eres el único, todo es para ti. Y todo es TODO. Los juguetes son sólo tuyos, la habitación es sólo para que duermas tú, las atenciones y los mimos sólo los recibes tú. El problema es que suele ser cuando aún no eres consciente del mundo y no sabes exprimirlo al máximo. Pero eres el príncipe de la casa, el nene de papá y mamá.

Entonces llega él (o ella). Por suerte en mi caso fue poco traumático, aunque parece ser que me preocupaba cómo sería posible que aquella cosa tan pequeña fuera a servir para jugar conmigo... Pero creció. Los juguetes había que compartirlos (con lo mal que los trataba!), la habitación tenía dos camas, papá y mamá tenían que hacerle caso a él también y repartir un poco el tiempo. Bueno, eres pequeño y te adaptas a la nueva situación, aunque sabes que tú eres el mayor y eso no te lo quitará nadie.

Luego hasta te haces un poco responsable hasta de tu hermanito e intentas protegerle. El patio del cole es un sitio para tíos duros, chaval, yo lo viví en mis propias carnes cuando era el blanco de las burlas por jugar con las niñas y no gustarme el fútbol. A veces te toca hacer de protector, a veces hacerte el fuerte y a veces secar algunas lágrimas por una herida superficial. Mamá te lo curará, no te preocupes, no llores, mamá te lo curará.


La universidad me distanció y no sólo en cuanto a kilómetros se refiere. Volé del nido aunque aún viviera con mis padres, pero me habían crecido alas y no me sometía como buen adolescente que era. Él seguía en casa, como el niño bueno que era, sacando buenas notas, siendo obediente, sin salir, sin dar problemas. Yo empecé a convertirme en el crápula que soy ahora, con discusiones típicas entre padres e hijos, dejando alguna asignatura para septiembre y preocupándome más de mí mismo que de mi familia. Se forjó la conocidísma frase de "esto no es una pensión".


Sin embargo no me convertí en la parábola del hijo pródigo y mi hermano empezó a convertirse, también, en lo que es ahora. Destacó brillantemente en toda la carrera y no tuvo ningún problema en entrar en un laboratorio para comenzar sus estudios de doctorado. Seguía en casa, ayudaba, se convirtió en consejero y oyente de mi madre y resistía pacientemente, con su imperturbable seriedad, mis idas y venidas y mis grandes sorpresas. Jamás olvidaré que mi madre me contó que el día que se enteró de que yo era gay su actitud no cambió en absoluto, simplemente lo aceptó como si le dijeran que iba a teñirme de verde el pelo o a comprarme un coche. Mi hermanito...

Mi hermano ya no sólo es un señor licenciado. Ahora es un señor doctor con merecida ovación y un sobresaliente "cum laude" bajo el brazo. Ahora tiene por delante un montón de caminos y ni padres ni hermano mayor podrán ayudarle. El cariño que le profesan sus compañeros, su nueva actitud sin miedo hacia la vida, su soltura para moverse en cualquier círculo social... Me da la sensación de que le queda poco para superarme en esta vida. Y lo poco en lo que no me supera apenas es importante.


Sí, ahora soy un príncipe destronado. Pero hago profunda reverencia al nuevo heredero, porque se lo merece. Mi hermano se ha convertido en la roca de mi madre, en la columna vertebral de su grupo de amigos, en el hijo que mi familia espera que todos seamos. Yo sólo intento fingir que preparo unas oposiciones para que mamá se quede más tranquila, sabiendo que mi futuro no es el que imaginaba para mí ni en sus más extraños sueños.

Me decía mi amigo Miki que es mejor ser un príncipe destronado que el heredero, porque el segundo tiene más responsabilidades y una posición que mantener. Sin embargo, es tan agradable la sensación de sentirse admirado...

11 enero, 2010

El vampiro sigue al acecho

Domingo, 10 de enero de 2010

El vampiro se desperezó de su letargo diurno con la extraña sensación de que había soñado con su antigua vida, cuando el corazón le latía desbocado con el susurro de un amante en su oído o al notar una mano recorriéndole la espalda suavemente. Alejó los fantasmas con un gesto de cabeza y se preparó para lo que esperaba que fuera una noche intensa y vibrante.

Mientras escuchaba música en la ducha, su ayudante de cámara (era un nombre algo obsoleto, pero seguía gustándole el toque aristocrático que confería) le puso al día de las novedades más interesantes. Detalles aburridos pero necesarios: las inversiones iban viento en popa gracias a las informaciones de su amigo Ventrue, la galería de arte seguía acumulando visitas y compradores gracias a los contactos en el mercado negro, la política local seguía haciendo la vista gorda con los horarios de cierre de la discoteca a cambio de pequeños sobornos cuidadosamente solapados... El ayudante (Bob, John, Juan, ¿cómo se llamaba éste?) seguía siendo tremendamente concienzudo en sus labores y yendo incluso algo más allá. Aportaba momentos de dulce placer con su cuerpo trabajado en el gimnasio y su joven sangre saciaba algunas necesidades imperiosas. Por lo demás, era uno más de la larga lista que habían pasado por ese cargo. Interesantes durante un tiempo, pero sustituibles.

Ayuda de camara

La noche era fría, como correspondía a un invierno crudo y desapacible. Los pequeños copos blanqueaban el abrigo largo que se había puesto mientras sus pasos le acercaban a la larga fila de su discoteca. Se forzó a respirar para que el vaho saliera de su boca de la forma más natural posible. Sonrió a los porteros, que ya le estaban abriendo paso entre el gentío. Hombres fuertes y bien entrenados condimentados con unas dosis mensuales de sangre vampírica hacían de ellos unos cancerberos perfectamente capaces de evitar que no entrara quien no fuera invitado. Al abrirse la puerta, la estridente música electrónica impactó sobre sus tímpanos como un mazazo. El local estaba lleno a reventar, con las pistas rebosantes de cuerpos agitándose en dudosa armonía. El ambiente cargado de humanidad y la cercanía de posibles presas hizo rugir a la Bestia en un intento deseperado de soltar sus cadenas y tomar el control. El vampiro puso toda su voluntad en llegar lo antes posible a su oficina donde pudo recuperarse con tranquilidad. Desde la enorme cristalera podía dominar toda la sala y allí estuvo un buen rato observando el devenir de personas en lo que consideraban uno de los locales más de moda de la ciudad, aunque no era un tugurio más donde intentaban olvidar sus preocupaciones a base de alcohol, drogas y sexo. Sobre todo sexo. Era lo que el local promocionaba sin tapujo ninguno: sexo, placer, hedonismo. Cada cual era libre de elegir cómo y con quién. Para ello había unos cuantos reservados que los clientes podían alquilar por un precio ajustado a sus exquisiteces. Desde aulas con profesoras muy severas hasta potros de tortura con amos más severos aún, pasando por clásicas camas con dosel o amplios salones para fiestas más multitudinarias. Con el dinero suficiente se podía conseguir todo lo que se deseara.

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Finalmente su aguda y experimentada vista localizó a una pareja de muchachos que reía en una mesa apartada y poco iluminada. Se gritaban al oído para entenderse y por sus gestos habían bebido algo más de la cuenta. Una maliciosa sonrisa cruzó fugazmente el rostro del vampiro, que salió del despacho y volvió a sumergirse en la marea humana esquivando con elegancia empujones y magreos. Más cerca de los ingenuos jovencitos (veinteañeros que creen poder jugar a ser mayores) se dio cuenta de que eran hermanos mellizos, uno rubio y otro moreno. A ambos les brillaban los ojos, de un color miel que atrapaba, pero sus rostros angelicales invitaban al pecado igual que acercarse demasiado a un precipicio. Esa noche les había tocado a ellos. Se sorprendieron cuando un desconocido se acercó a ellos y les invitó a una nueva ronda. No fueron conscientes de que el desconocido apenas probó su bebida, mientras que ellos la apuraban entre risas y comentarios subidos de tono. Nunca sabrían qué les atrajo más del desconocido, si su mirada pícara, sus labios carnosos y sensuales o sus caricias frías pero bien dirigidas. Nunca recordarían cómo fueron sutilmente dirigidos a uno de los reservados más discretos y apartados, donde la mullida cama les esperaba a los tres. Lo que sí tendrían claro, de un modo subconsciente y onírico, es que su sangre fue arrebatada de sus venas en el momento de mayor placer, hasta el límite del desmayo. Pero probablemente pensarían que fue un mal sueño provocado por el exceso de alcohol y el viciado ambiente.

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¿Quién caza al cazador? ¿Quién puede dar por hecho que un vampiro se ha sumido en el letargo? ¿Quién puede detener a una fuerza de la naturaleza? Al menos esta noche un Vástago se ha saciado sin dejar rastro de su infame crimen. Pero mañana tendrá hambre de nuevo…

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02 enero, 2010

Propósitos para el nuevo año

Viernes, 1 de enero de 2010

Se acabó. El 2009 está finiquitado y enterrado. Las tradicionales uvas marcaron el toque definitivo de la despedida mundial, tan sonada y tan celebrada, de algo que se termina. Mira que las despedidas me resultan muy tristes, pero debe ser que a ésta me he ido acostumbrando con el paso de los años.

En fin, tal y como marcan los cánones, es menester pensar en las infinitas posibilidades que se abren ante nosotros en estos 365 próximos días y preparar un conjunto de (des)propósitos que podrán recuperarse dentro de 12 meses para saber si se han cumplido o no. Para no excederme (que me conozco) creo que me voy a centrar sólo en diez cosas para evitar saturarme y no hacer nada (como suele ser lo habitual).colorear-dibujos-imagenes-foto-escribir-p7494

1.- Ponerme seriamente a mejorar mis blandos abdominales. Es la parte de mi cuerpo que más me preocupa porque parece que todo lo que Javi está perdiendo en su dieta, lo estoy ganando yo.estrias-y-flacidez-van-juntas-de-la-mano

2.- Preparar en serio las oposiciones a profesor de este año. Si quiero conseguir un trabajo mejor en ese ámbito, más me vale ponerme a ello en cuanto acabe la campaña. Vamos, en un par de semanas como mucho.

3.- Volver a las clases de aikido con cierta seriedad. Que lo pago religiosamente para después no ir por absurdas excusas de vagancia. Me viene bien físicamente y me relaja estar con mi gente.akido-desarrollo

4.- Poner un poco de orden en casa, sobre todo en turnarme la limpieza con Javi. No quiero tener la sensación de que todo lo hace él (aunque suele ser así) ni quiero “desacostumbrarme” para cuando vuelva a trabajar.

5.- Comprarme un ordenador. Pronto. Creo que a mi pobre y vieja cafetera no le dan los chips más de sí. Ya tengo algo en mente, pero lo consultaré con expertos en la materia para que me asesoren.pc-roto

6.- Dedicarle algo más de tiempo al blog. ¿Por qué? Pues porque en el fondo en una forma de contacto con amigos y conocidos que no están cerca. Mi rincón, mi refugio.

7.- Retomar mi vida social y sacar tiempo para quedar, con cierta continuidad, con mis amistades cercanas. Las lejanas habrá que tenerlas en cuenta, porque una llamadita rápida no cuesta tanto.

8.- Mantener ordenada mi mesa de escritorio. Sinceramente, acabo de echar un vistazo y parece que ha pasado por aquí Atila… O tal vez el Baúl del Mundodisco… O peor: yo mismo.desorden

9.- Gestionar más adecuadamente mis cuentas, mis gastos y mis ingresos (esto será más fácil porque sólo tengo el sueldo). Tengo que poner mi piso en alquiler YA, poner al día más a menudo las libretas, vigilar las compras compulsivas, etc. En esencia, otro intento más de ser constante.

10.- Finalmente, de este año no pasa. Ya va siendo hora. Y al que no le guste, que no mire.

 

Y, como se suele decir en estos casos… ¡Empiezo mañana mismo!

15 diciembre, 2009

Tocar con deseo. Tocar con ansia.

Martes, 15 de diciembre de 2009

Hace tiempo hablé con un amigo de las diferencias entre cómo puede tocarte una persona a la hora de mantener una relación "íntima". Vamos, de echar un polvo. Fui consciente de que hay básicamente dos formas, que son complicadas de definir dado que expresar con palabras una sensación a veces es terriblemente difícil. Sin embargo, tras comentarlo con algunas personas más, es evidente que las diferencias son abismales. Haré un tímido intento por mi parte.

Tocar con ansia es convertirse en un animal y sentir el hambre agarrándote el estómago teniendo al alcance de la mano tu plato favorito. Tocar con ansia es dejar a un lado cualquier pensamiento racional y convertirse en un ser egoísta que sólo quiere satisfacer su propio deseo. Tocar con ansia nos hace decir lo primero que se nos viene a la boca, sea desagradable o sublime. Tocar con ansia consigue que deseemos estar por encima de la otra persona, a la que casi consideramos un mero objeto para satisfacernos del modo más inmediato que podamos. Tocar con ansia nos cierra la visión, porque sólo queremos lo que tenemos delante de nosotros.

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Tocar con deseo es deleitarse en el contacto y alargarlo todo lo posible. La piel nos parece terciopelo de la mejor calidad y el mero roce o aroma de esa piel nos provoca oleadas de placer. Tocar con deseo provoca satisfacción en la misma medida que la recibimos, sabiendo que al compartirla se multiplica. Tocar con deseo hace que las horas se conviertan en minutos y los segundos se transformen en días, tal es la elasticidad del tiempo. Tocar con deseo permite recorrer milímetro a milímetro el cuerpo ajeno para no dejar olvidado ningún rincón, siendo conscientes de cada imperfección, de cada peculiaridad, de cada diferencia. Tocar con deseo nos rebaja a ser meros adoradores de la persona deseada, elevándola a los altares de nuestra propia identidad, sabiendo que es un placer raramente repetible al mismo nivel. Tocar con deseo muchas veces nos hace enmudecer, porque querer expresar con palabras la sensación que nos recorre le roba toda la magia al momento.

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Y, sin embargo, el mero placer de TOCAR ya vale el intento por sí mismo.

21 noviembre, 2009

Personas que decepcionan... O cuando yo decepciono

Sábado, 21 de noviembre de 2009


Sería muy prepotente hablar de las personas que me decepcionan colocándome en la cima del monte, con toda mi soberbia, como si yo enarbolara la bandera de la perfección absoluta y la limpieza de acciones. Sería inadecuado tachar de "malas personas" a gente que simplemente ha tomado decisiones o líneas de acción diferentes a las mías. Sería absurdo enquistar mi propio enfado recreándome en mi mal humor.

Pero no sólo eso. A quién no le han decepcionado en esta vida. Quién no ha sentido que ponía cierta confianza en algo o alguien y por una razón u otra se caía con todo el equipo como un castillo de naipes. Y quién no se ha dado cuenta tiempo después que tal vez su reacción ha sido un poco exacerbada, cuando ha comprendido las razones y/o causas que hicieron que aquella caída sucediera.


A mí me ha ocurrido hace relativamente poco. Ha habido un enfriamiento en una relación en la que yo confiaba bastante. Se ha roto un contacto que era deliciosamente fluido. Han faltado unas personas que yo apreciaba sinceramente. En mi enajenación preferí dejar espacio para que sus vidas siguieran adelante en vez de poner remedio y llamar, escribir un mail, enviar algún mensaje o todo a la vez. Supuse que, debido a circunstancias, sería más adecuado un poco de espacio para respirar, que cada cual curase sus propias heridas y que yo me quedara al márgen esperando ser llamado en caso de necesidad (actitud de mártir absurda de cabo a rabo, pero lo llevo en los genes). Esa llamada no se hizo efectiva. El tiempo pasaba y yo me sentía alejado de un mundo que consideraba un poco mío.

El problema de rumiar tus propios quebraderos de cabeza sin consultarlo con nadie es que generalmente desvirtuas tu visión de la realidad y la retuerces hasta límites insospechados. Así que no me sentí alejado de ellos... Me sentí "apartado", que parece que implica voluntad de otros por alejarte. No sabía si sus vidas iban mejor o peor, el problema lo centré en mí y en que yo no estaba invitado a compartirlo con ellos. Y el círculo se sigue cerrando. Al sentirme apartado, decidí que más bien era YO quien no quería acercarme, dado que no era bienvenido. Y la cuerda se cerraba en torno a mi cuello. Y si recibía, por ejemplo, una postal de vacaciones, la colgaba en mi corcho entre las demás, pero no deleitándome varias veces en el significado de un recuerdo que un amigo había tenido conmigo. Y la sentencia estaba a punto de ser ejecutada.

Posiblemente fue la razón de que mostrara mi cara más desagradable el otro día. Puede que me forzara a sentirme mal para no olvidar el "daño". Tal vez quisiera devolver parte del vacío que había sentido tiempo atrás. ¿Para qué? Para sentirme superior, para no volver a verme pequeño y abandonado, para que el niño miedoso fingiera ser un fiero león. Y al león le dijeron que ya había rugido bastante y que el resto de animales no iban a postrarse a sus pies porque consideraban que había sido suficiente.

Y el león se quedó solo y retornó a su forma de niño asustado y comprendió que quien había tenido razones para ausentarse lo había hecho no de muy buena gana, sino más bien por necesidad. Quien no había aparecido en escena tal vez fuera porque necesitaba oscuridad para mirar en su interior. Y quien encontró otra compañía más grata y cercana lo hizo por su propio bien. Y nadie puede reprochar que cada cual se mire a sí mismo y busque lo que necesita en la vida para ser feliz. Nadie.

Así pues, sí, posiblemente debí guardar las uñas el otro día. El problema es que el daño está hecho y no hay marcha atrás. Igual que las flechas, igual que las palabras dichas, igual que arrancar un pétalo a una flor. Posiblemente mi orgullo sea el primer impedimento, aunque no el único. Espero que al menos esta vez sí aprenda cuándo contenerlo y cuándo es completa y absolutamente innecesario.

02 noviembre, 2009

Un relato. Un regalo

Logroño, 2 de noviembre de 2009

 

Sé que tengo el blog más abandonado que mi vida espiritual (que ya es decir), pero, como siempre, la vagancia, una vida social ocupada y el trabajo, hacen que cada vez me cueste más ponerme a escribir. Aún así me resisto a cerrarlo y sentirme libre de la obligación, pero es un rincón tan mío, tan personal, que sería como abandonar una pequeña parte de mí y echar el candado para siempre.

 

Para empezar de nuevo con suavidad, os dejo (a quien aún lo lea) un pequeño relato que le regalé por su cumpleaños (con retraso) a alguien que supo apreciarlo con exagerado agradecimiento. Al menos le gustó. Tal cual se lo envié, os lo dejo. De mi puño y letra, con las correcciones, los tachones y los márgenes inclinados.

 

Sed benevolentes, oh mis críticos favoritos. 

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30 septiembre, 2009

Recuerdos de Vigo

Miércoles, 30 de septiembre de 2009



Me pediste que fuera a Vigo... Y ni sabías que iba ni estabas esperándome.



Me pediste que llenara la maleta con un par de prendas blancas... Y todo lo que llevé era de alegres colores.



Me dijiste que me llevarías a playas de suave arena... Y fueron mis amigos los que me llevaron a las Islas Cíes.



Prometiste que me besarías mientras nos bañábamos en el mar... Y los besos que recibí no tenían sabor a sal, eran mucho más dulces.

Y así... La historia se termina. No hubo taquicardias, no hubo melancolías, no hubo viajes a mi mundo interior. Estuve de vacaciones en tu ciudad y fui consciente de que te había superado. Que seas muy feliz.

28 agosto, 2009

Rebaños de sangre

Viernes, 28 de agosto de 2009


El vampiro se relamió los labios de puro deleite previo al banquete en sí. Casi podía sentir la calidez de la sangre recorriendo su garganta mientras cada fibra de su ser gritaba de gozo. La Bestia le susurraba que no esperara más y que se lanzara sobre aquel cuello descubierto, delicado y pulsante. Pero el placer de la caza hacía más excitante el final y le ayudaba a contenerse.

Un Toreador bien posicionado que se preciara, siempre tenía a mano un buen Rebaño para alimentarse sin tener necesidad de andar acechando a vagabundos en las esquinas o tener que usar sus dones vampíricos para eliminar pruebas que pudieran hacer peligrar la Mascarada. Un buen grupito de humanos que supieran qué se hacía con ellos, pero que estuvieran encantados de ser los recipientes de su maestro. O tal vez un culto de sangre, donde el dios otorgaba favores a los más devotos. Incluso, una vez conoció a un Ventrue que tenía especial obsesión por las jovencitas de alto nivel adquisitivo y montaba fiestas en su mansión para que acudieran y así poder "disfrutar" de ellas. Sin duda era de lo más inadecuado, pero era su método.

El vampiro volvió a sonreír ante un supuesto chiste de su interlocutor. No sabía qué había dicho, pero era lo que el pobre incauto esperaba y así ganaría algo más de confianza. Desde luego, todo aderezado con la manipulación emocional que estaba ejerciendo sutil y sobrenaturalmente. Era un joven rubio, una presa muy habitual, con sangre nórdica mezclada con algo más latino. Su blanca sonrisa y su espigada figura hacían de él un delicioso trofeo que pronto pasaría a un lugar preponderante en su Rebaño. Pero no se hacía ilusiones, muchos otros habían ido y venido o habían tenido que "desaparecer" por acercarse demasiado a la verdad. Pero éste... Su curiosidad no atravesaba nada más allá de lo que iba a suceder aquella noche entre las sábanas del apartamento al que acudirían más tarde para "la última". Mejor para él.


Pasada la velada y con el joven rubio descansando sobre su frío pecho, se permitió el lujo de dejar de enviar sangre para aparentar ser humano y que diera la sensación de que el corazón latía a un ritmo adecuado a la situación. Su sangre, cargada de hormonas, le había devuelto a la memoria las perdidas sensaciones del orgasmo, el sexo desenfrenado, la paz física y espiritual al terminar... Por eso le había dejado dormirse en vez de despedirlo con cajas destempladas. El pobre muchacho había sentido un placer mucho mayor que el orgasmo cuando los colmillos se clavaron en su arteria. Esa era la ventaja del Beso, que en ciertas ocasiones podía pasar desapercibido. Y había sido una de ellas.

El vampiro pensó en el resto de su Rebaño y se dio cuenta de que eran rostros y nombres de los que sólo conocía lo justo para poder llamarlos, mantener una conversación pasajera y llevárselos a la cama. Sólo conservaba buen recuerdo de algunos y además estaban, cómo no, los "preferidos". Aquellos que no eran sólo bolsas de zumo, sino que compartían inquietudes, aficiones y tal vez incluso conseguían deslumbrar sus muertas pupilas. ¿Cómo era aquel estudiante de medicina? Tan jovial, sonriente y siempre queriendo dar más. Se resistió al juego dando a entender que sólo probaba la resistencia de su conquistador, pero no poniéndolo fácil de ninguna manera. Las excusas eran de lo más variadas, pero siempre retrasaba aquel primer momento en el que el no-muerto tomaría su esencia. Hasta que por fin sucedió.

El futuro médico organizó la velada y lo hizo de una forma exquisita. Pidió reserva en un restaurante del centro, con grandes ventanales y media luz. A pesar de la complicación de fingir que comía (poco, con la excusa de unos problemas gástricos), los cruces de miradas se sucedían sin que ninguno se preocupara por ocultarlos. Hubo cumplidos y risas de satisfacción, caricias veladas y roces procaces, pequeñas mentiras y falsos secretos. El vampiro se sintió casi vivo, posiblemente debido al poco vino que se había obligado a ingerir, pero con una sensación extrañamente algodonosa y cálida. No recordaba el momento en el que el muchacho lo había acorralado contra la pared de un callejón desierto para besarlo como si fuera a acabarse el mundo. Pero sí fue consciente de la suavidad de sus labios y cómo jugaba con la lengua como si fuera una serpiente.

Finalmente dieron con la llave del apartamento del lujoso rascacielos entre risas y manos en lugares inadecuados. La ropa desapareció de sus cuerpos sin demasiado cuidado y cayeron a la cama abrazados, besándose para dedicarse el uno al otro. El vampiro tuvo que usar toda su fuerza de voluntad para contener a la Bestia, que agitaba sus cadenas pidiendo sangre. Y sangre tuvo, pero en el momento adecuado. El punto elegido esta vez fue la ingle, donde el chorro salió con fuerza llenando la boca y rebosando por los labios. La explosión de sabores y sensaciones fue brutal para ambos, que terminaron compartiendo esa sangre mezclada con saliva, sudor y semen. Una especie de comunión de espíritus.

Desde ese día, comprendió que debía limitar su contacto con esa sonrisa demoledora y esa mirada brillante o se perdería para siempre... De nuevo.

Y sin embargo estaba deseando volver a verle.

Mientras tanto, el rubio medio sueco dormía plácidamente sobre su pecho.


21 agosto, 2009

Je ne veux pas travailler

Viernes, 21 de agosto de 2009

Lamento terriblemente el retraso en la actualización, pero no está siendo un mes estupendo en cuanto a tiempo de sobra. Y no solamente eso, el cansancio, el estresillo del trabajo y las pocas ganas hacen que valore mucho más estar tirado frente al pc chateando con mis amigos o leyendo la colección de libros que me tiene tan enganchado. Eso sí, debo agradecer a ciertas personas que me han pedido que me ponga manos a la obra. A cualquier escritor de medio pelo de blogs anónimos como yo le hace ilusión que le animen a seguir al pie del cañón. Al menos a dos o tres personas les debe gustar las bobadas que pongo ;)

Tenía ganas desde hace tiempo de escribir algo acerca del trabajo. Nada descriptivo, nada lleno de lamentaciones. Me la suda completamente que haya algún compañero/a o jefe/a leyendo lo que escribo, porque este mes estoy acabando más que harto. Mucho más. Así que con vuestro permiso, me voy a dedicar unas cuantas líneas a despotricar. No voy a ser justo, no voy a pensar en lo que yo hago mal, no voy a ser racional. Voy a soltar toda la mala baba que me corroe y puede ser que de ese modo la presión que siento a veces al terminar la jornada sea más leve, sabiendo que ha quedado plasmada.


Porque estoy muy muy cansado. Estoy cansado de que desde arriba se dediquen a cambiar alegremente los objetivos, las condiciones salariales y todo lo que les salga del coño sin pararse a pensar en las consecuencias que tendrá en los pobres pringados que somos los que les damos de comer. Estoy cansado de que la supuesta dirección parezca que da bandazos porque no sabe ni cómo vadear una crisis nacional y prefiere probar chorradas que después no van a ninguna parte, en vez de escuchar propuestas y valorarlas seriamente.

Estoy cansado de estos horarios de mierda. Que por el hecho de ser madre, el resto tengamos que jodernos y comernos todas las tardes por tu cara bonita y la de tu hijito. Que por culpa de la excusa de la crisis, tengamos que estar solos en la tienda cubriendo justitos porque no os da la puñetera gana contratar a más personal. Y así, cuando hay alguien de baja o de vacaciones, los mmalabarismos los hacemos NOSOTROS para que no haya que cerrar vuestras preciosas tiendas ni media hora.


Estoy cansado de que me pidas que atienda bien a los clientes cuando tengo que estar trabajando seis días a la semana. Sí, menos horas, pero seis putos días, uno detrás del otro. Así va a atender bien, Rita la cantaora. Si me presionas menos y no haces que yo tenga que convencer a un cliente de que se compre setecientas cosas, tal vez podría ser más amable porque no se me notaría tanto que quiero venderle esto o aquello.

Estoy cansado de que los horarios sean algo tan farragoso que haya que hacer casi una instancia al Rey para cambiarlos, justificarlos o tener que ir al baño. Tengo una vida fuera de esta mierda de tienda, vale? El problema es que es complicado vivirla cuando sales a las 10 de la noche de currar casi todos los días de la semana y eso con suerte si no son todos. A esa hora ni mis amigos pueden quedar (ellos madrugan, como todo hijo de vecino), ni las tiendas están abiertas, ni mi gimnasio da clase del arte marcial que practico hace más de 20 años y aún hay compañeros que ni lo saben.


Estoy más que cansado de hacer favores, de echar horas de más, de cambiar mis horarios en casos de bajas o ajustes y que luego sólo te devuelvan las horas. Dos horas extra un día cualquiera no me valen igual que otro día cualquiera, porque tal vez ese día podría haber hecho cosas más importantes. Y tampoco me vale que me des una palmadita en la espalda y me lo agradezcas porque con eso ya sí que no me callas la boca. Creo que esta empresa me debe más favores que yo a ellos, con lo que si nos ponemos a hacer cuentas, no hay horas suficiente para devolverme el tiempo que he perdido cambiando los carteles al cierre de la tienda o antendiendo a ese último cliente que llega apurando el cierre.

Estoy cansado este año de que la mieda de organización y reducción de personal haya hecho que las vacaciones sean algo que les está pasando a otros. Que yo hasta finales de septiembre no vea un día de descanso como está mandado, porque no podemos coincidir más de dos personas a la vez. Y así, cuando me diga la gente lo bien que le ha venido irse unos días a descansar y relajarse, a mí se me puede hinchar la vena y decirle que se vaya a tomar por culo porque yo creo que descansar, descansar no estoy seguro de que sepa lo que es hasta dentro de un mes más o menos. Y eso si no hay alguien de baja y me tengo que comer los mocos y cancelar las vacaciones en el último momento.


Estoy muy cansado de muchas cosas, de verdad. Y aún así mucha gente me pregunta que entonces por qué sigo aquí. Pues sí. Por qué. Pues porque ahora mismo casi es un regalo divino tener un trabajo, porque el sueldo me paga las facturas, porque me da miedo lanzarme al vacío sin colchón, porque hay veces que me divierto, porque he conocido a gente estupenda en esta empresa, porque a veces merece la pena los agradecimientos de algunos clientes... Y a veces, por pura inercia.

Yo quiero hacer como Edith Piaf. Yo no quiero trabajar...


30 julio, 2009

Un poco preocupado

Jueves, 30 de julio de 2009

Estoy un poco preocupado por un amigo. No hago nada preocupándome, lo sé, pero aún así me provoca un regusto amargo su situación personal y no puedo evitar acordarme de él de vez en cuando al cabo del día.

Es un tío de humor inteligente, no muy hablador, conversador agradable y nos conocemos desde hace suficiente tiempo como para que las confidencias hayan fluido sin necesidad de exigirlas. Por desgracia para nuestra curiosa relación, hay kilómetros y kilómetros de distancia que evitan que me acerque un día a su casa por sorpresa para darle un abrazo si lo necesita o auto-invitarme a un café para charlar de lo humano y lo divino. Malditas distancias!


No voy a detallar qué circunstancias le rodean porque hay quien consideraría que son muy habituales en el día a día como para preocuparse y hay quien diría que son muy personales como para airearlas. Pero son circunstancias que a él le tienen en el filo de una navaja y a mí me dejan un poco preocupado. La amistad, en todos sus sentidos, tiene este tipo de cosas.


Mi vida siempre ha estado plagada de amigos, amiguitos y amiguetes. No tengo gran capacidad para mantener las amistades largo tiempo porque, dentro de mi egoísmo infantiloide, me canso, me aburro hasta de las personas y van quedando atrás en el camino sin que la pérdida suponga un desastre. Simplemente, dejan de estar en mi vida. Hubo una época en la que me machaqué mucho con este tema, diciéndome a mí mismo que si no tenía "viejos amigos" era porque no sabía mantener una relación, del tipo que fuera. Y de ahí extrapolaba a mis relaciones. Y de ahí se me iba la pinza o me ponía tan triste que tenía que dejar de darle vueltas.

Sin embargo alguien me dijo que no fuera injusto conmigo mismo ni, sobre todo, con los que me rodeaban. Repasé mi listado de números del móvil (un poco friki, lo sé) y empecé a encontrar nombres que asociaba a recuerdos que me hacían sonreír. Y me di cuenta de que sí que tengo "viejos amigos" y también viejos buenos amigos, viejos muy buenos amigos, buenos amigos viejos y amigos viejos.

Pensé en la curiosa forma en la que Sufur y yo nos conocimos, en un juego online hace como mil años o más, con su personaje con nombre de actor porno gay y mi compañero de cuarto que se prendó de él en dos días. Y cómo el paso del tiempo hizo que lo que perdurase fuesen nuestros puntos en común y nuestras rarezas de rol y juegos de estrategia.

Recordé a Osky, que pertenecía al grupo de mi prima en Soria cuando íbamos allí de vacaciones en verano o en navidades. Su faceta de psicólogo que tanto me ayudó cuando decidí salir del armario con aquel grupo de gente que tanto apreciaba. Su traslado a Madrid, nuestras charlas eternas, sus consejos, visitas, Tony... Me sigue leyendo como un libro abierto, para mi sorpresa.

Myriam fue mi vecina desde que tuve uso de razón. Dos pisos más arriba con las terrazas enfrentadas, con lo que podíamos salir a hablar sin usar el teléfono. Que me invitara a su boda fue un honor porque me hizo sentirme parte de su vida. Siempre está pendiente de mí y se encarga de ser la que me llama para quedar y montar las citas.

De la universidad Alber sigue al pie del cañón aunque está a más kilómetros aún que mi otro amigo. Dinamarca debe ser preciosa, aunque imagino que los daneses más. Bueno, los que no tienen sangre de horchata, tal vez. Pasó también por manos de mi compañero de habitación (madre mía, Dani, es que te has zumbado a casi todos mis amigos o qué? Qué les dabas?) y tal vez eso nos acercó un poco más. Supongo que otras razones menos castas también. Adoro su humor y el año pasado el Orgullo con él ganó puntos increíblemente. Te echo en falta en Madrid para cuando bajo de visita. Copenaghe tendrá que esperar.

Cova, César y el resto del "grupo friki". Dispares y unidos por lazos tan absurdos como los juegos de mesa y rol que seguimos destripando. Unos niños grandes que, además de pasar buenos ratos tirando dados y montando tableros, intentamos cuidarnos los unos de los otros. Nos enorgullecemos de ser frikis y cualquier excusa es buena para cenar, echar unas partidas y contarnos qué hemos hecho ese mes.


Podría seguir con más gente, más viejos o más amigos, pero me guardo alguna carta en la manga para el día que (Javi mediante) me case y pueda soltar un discurso muy de "Castro" (de unas dos horas o más) sin que nadie pueda hacer mención de interrumpirme. Sólo faltaba!

Así pues sí que tengo amigos. Grandes amigos. Y viejos amigos. Cuando creo que necesito un abrazo, aunque sea virtual, sé a quién llamar. Cuando me apetece reírme un rato, sé a quién enviar un sms para quedar. Cuando les necesito, sé que están ahí.

Son mis amigos y por eso ahora estoy preocupado porque uno lo está pasando mal. Es una época complicada de su vida y no puedo ayudarle tanto como quisiera. Al menos un abrazo, un beso en la frente, cuatro palabras mal elegidas. Por eso estoy preocupado por él, porque le aprecio.


10 julio, 2009

Siento tu calor

Jueves, 9 de julio de 2009


Siento tu calor a mi lado en esta tórrida noche de verano. Tu respiración es acompasada, aunque sé muy bien que no duermes profundamente. Has dado más de mil vueltas en la cama y yo sigo mirándote para adivinar tus formas en la oscuridad. En este momento me das la espalda, esa espalda que tantas veces he acariciado en mis sueños y en la vida real. Esa espalda de la que conozco cada recoveco, cada curva, cada línea. Estiro la mano aún a riesgo de saber que puedo despertarte, pero tengo la necesidad de sentirte cerca, real. Tu suavidad me trae recuerdos de momentos pasados juntos, del sudor compartido y los jadeos al unísono. Te rodeo con el brazo y busco tu mano para entrelazar nuestros dedos. Ahora sí te has despertado, lo noto por el cambio en el ritmo de tu respiración y el leve movimiento intentando girarte. Lo evito apretándote más contra ti, besándote con delicadeza el hombro y apoyando mi cara después sobre ese mismo lugar. Te agitas de nuevo porque mi barba te pincha, como siempre. Sonrío en silencio y me retiro, girándome de nuevo para dejarte dormir a pierna suelta. No pasan ni dos segundos y te giras tú en la misma dirección para pasar el brazo por encima de mí, casualmente, como si lo hicieras en sueños, aunque yo sé bien que ahora eres tú el que sonríe como un niño travieso después de hacer una trastada.


Siento tu calor a mi lado en esta tórrida noche de verano pero no me importa porque eso significa que estás conmigo, en nuestra cama. Te aprieto la mano dándote a entender lo que las palabras no pueden y tú respondes apretándomela a mí también. Me aproximo más a ti, si cabe, buscando acomodar nuestras orografías. Mi temperatura corporal ya no se debe solamente a la ambiental y, dado que no nos es posible conciliar el sueño, tal vez podamos colmar las ansias que empiezan a poseerme partiendo de mi entrepierna. La chispa ha saltado y me froto contra ti, como un animal en celo. Mi erección comienza a ser más que evidente y mi deseo toma el control de forma evidente. Tú no reaccionas, estás demasiado cansado y derrotado para estar a mi nivel. Me pongo cara a cara contigo y busco tu boca con mis labios, queriendo jugar con mi lengua. Te cierras en banda y frunces el ceño en señal de que no te apetece seguir. Mi dura desnudez se aplasta contra tus abdominales y el mero roce me provoca descargas de placer que llegan hasta mi cerebro como explosiones de luz en la oscuridad. Me das la espalda dejando muy claro que hoy tampoco será, que debo esperar aún. Mis últimos cartuchos son restregarme contra tus nalgas, amasarlas. Tu leve empujón hacia atrás marca el final y la pequeña advertencia de que me acerco peligrosamente al límite de tu paciencia nocturna.Es una batalla perdida, lo sé, pero aún así sigo prefiriendo estrellarme contra tus muros en cada intentona.


Siento tu calor a mi lado en esta tórrida noche de verano y poco a poco la sangre reconcentrada retorna a su ciclo circulatorio para sus funciones habituales. Cierro los ojos y espero que Morfeo venga a acunarme con sus dulces brazos. Ya no es decepción lo que siento, sino costumbre. Ya no es frustración, sino monotonía. Y sin embargo, no dejo de anhelar tu abrazo, tu caricia, tu contacto. Tu sonrisa cuando bromeamos y tus ganas de escucharme cuando estoy estresado. Tus besos cariñosos, que me hacen sentir protegido. Tus guiños y miradas, que me hacen cómplice en el día a día.


Siento tu calor a mi lado... Y me quedo plácidamente dormido.



Pd.- Para Aran. Porque nos entendemos. Un beso.

03 julio, 2009

Finde malrollero

Jueves, 2 de julio de 2009

No, no fue el pasado fin de semana el "
malrollero", sino que va a ser el próximo! Después de 10 años bajando al Orgullo en Madrid, a pesar de echar pestes del calor, la acumulación de seres humanos por metro cuadrado y cansancio al regreso... Voy a estar de muy mala leche porque este año parece que TODO EL MUNDO va a ir a Madrid. Y todo el mundo no deja de preguntármelo, lo cual me pone de peor humor. Así que el sábado por la tarde y el domingo estaré (solo además) en la tienda, echando pestes a todo el que se acerque. Recomendación: no me toquéis los innombrables o sufriréis las consecuencias.


Como contrapunto puedo decir que el fin de semana anterior fue completo y nada aburrido. Intentaré agarrarme a eso para compensar.

El jueves tuve el gran honor de tener en una apañada escala a Deric Mayol, futuro escritor de éxito en lengua catalana y tal vez más allá. De haber
nos conocido casualmente cuando caí en su blog, después pasar a cruzar algún mail tímidamente, chatear, facebokear... Finalmente nos conocimos en persona, nos abrazamos, nos tocamos y vimos que éramos reales. Y es una estupenda sensación poder hablar en persona con alguien a quien conoces de hace tiempo de forma virtual. Demostró ser tan sensible, atractivo e interesante como parecía. Una joya de chico, qué os voy a decir. Ah, pero mala suerte para quien tenga intención de pedirme su dirección de mail o teléfono: está pillado.


Desde el viernes apareció la pandilla de Madrid. No creo tener espacio suficiente como para detallar toda la cantidad de incidencias y gracias que pudimos disfrutar el fin de semana. Me quedo con la famosa frase de Paco al otro lado del teléfono: "Sí, estoy aún en la cama con Jose... Te llamabas Jose, no? Ah, con Carlos" Creo que tiene sambenito colgado para muuuucho tiempo. Espera que se lo cuente a los palentinos. Les agradezco infinito que nuestro fin de semana fuera mucho más entretenido y diferente.



Conste que me estoy resistiendo a hablar de trabajo y eso que el hecho de lo que va a pasar este fin de semana y ciertos detalles extra están quemándome sobremanera. Espero que una vez me ubique de nuevo en la tienda del centro comercial (ojalá sea definitivo) toda corriente vuelva a su cauce. O si no... Pues me tendré que morder los huevos, como siempre... Qué triste es mi vida (laboral)...


22 junio, 2009

Soy Edie Britt

Lunes, 22 de junio de 2009

Así es, he decidido que soy como Edie Britt... Pero sin su éxito personal.

Recuerdo que en un episodio de esta temporada, ella y Susan se quedaban atrapadas en un sótano trastero y tenían una de "esas conversaciones". Edie le echaba en cara a Susan que era una rajada con los hombres y que así acojonada nunca llegaría a nada con ninguno. Susan, cuando se le cruza el cable, le escupe que prefiere ser así a usar a los hombres como pañuelos, que se tiran una vez los has usado.

En el fondo posiblemente es lo que quisiera ser yo.

Este fin de semana hemos estado en Madrid, vacacioneando y visitando a algunas amistades. Sin embargo, la parte caliente se ha debido únicamente al calor que hacía en la capital. No comprendo por qué sigo teniendo esa necesidad de destacar como Edie, llamando la atención de chicos y hombres al cruzarme, en un bar o comiendo en un restaurante. Es como si tuviera esa necesidad del mismo modo que los coches necesitan gasolina.

Estuve bastante cerca con el camarero del restaurante donde comimos el sábado, hubo buen juego previo, acercamiento, miradas, sonrisas... Todo perfecto! Cuando saliera de trabajar por la noche, podríamos quedar para tomar algo. Le di mi número. No llamó.

No pasa nada, mi parte consciente lleva trabajando en ello desde el momento en que plasmé mi número en esa servilleta, pero la pequeña zona de mi cerebro que no deja de machacarme dice que podría haber sido un polvo estupendo (estoy harto de contenerme en el blog, iba a ser un polvo y me hubiese encantado). Él se lo pierde, sin duda, pero también yo.


Edie Britt hubiese salido, se habría emborrachado y se habría acostado con cualquiera para apagar su sed, pero en mi caso, salimos, bebimos más bien poco y no hubo nadie con quien acostarse. Nadie es nadie. Tal vez tampoco estaba yo en una actitud muy positiva y además me centré en alguien que no debía, dado que no mostraba el mínimo interés. Pero es interesante. Al menos nos conocimos en persona, que chatear por Facebook tiene sus limitaciones.

Con lo cual, soy Edie Britt. Más bien una "Edie wannabe". Posiblemente no esté completamente de acuerdo con su estilo de vida, pero en el fondo de mí hay una Edie que quiere salir y no tiene por dónde. Sólo le queda darse cuenta de que la frustración es una pérdida de tiempo. Jode, pero es una pérdida de tiempo.


04 junio, 2009

En plan resumen...

Jueves, 4 de junio de 2009

Cada día tardo más en actualizar... Parece que la época de los blogs ha pasado de moda, porque no soy el único. Aran, por ejemplo, se encuentra desaparecido en combate. Seguramente estará en uno de sus habituales viajes por Italia con algún tipo moroboso o con un buen puñado de ellos entre las piernas. Qué envidia...

Estos días han sido un poco más raros de lo habitual. No es que haya grandes novedades, o bien son algo que una vez pasado no tiene especial interés. El breve resumen queda reducitd a unas cuantas líneas, pero por aquello de engordar el texto incluiré imágenes relacionadas pero no necesariamente de los implicados.

He llegado el calor y con ello mis ataques de hormonas. Es algo matemático, suben las temperaturas y me sube la libido por las nubes. Qué digo, por la estratosfera. Y, claro, no ayuda que algunos chicos salga a la calle enseñando más carne que en una parrillada. Y encima serán hetetros! Cuánto desperdicio...

Y con la tontería de poner la foto, he encontrado este blog, del que creo que me voy a hacer fan...


En otro orden de cosas, me he saltado a la torera mi poca ética profesional y la semana pasada entró un cliente a la tienda que es el doble guapo de Cantizano. Me salté la ética porque me puse a tontear con él después de hablar de trabajo (y durante) y parece que no le disgustó, sino que le dejó sorprendido (joer, que no sé como la gente no se te lanza a los pies por la calle!). Quedamos con él el sábado para tomar algo por la noche y, mira, follar no follamos, pero qué gusto da a veces que la gente se acerque a tu mesa en una concurrida terraza a saludarte sin quitarle ojo al nuevo. Es... impresionante! Y además es un tío interesante, atractivo y más cosas que tendréis que descubrir. No es por venderlo, pero está soltero. Y, claro, antes tendréis que pagarme a mí algo porque no voy a presentaros a ese chulazo por la cara...


He descubierto que el patinaje sobre ruedas puede tener cierto interés. Tal vez me busque algún entrenador personal, jeje ;)


Como veis, nada del otro mundo ni interesante, pero es que la vida en Logroño es así: poco interesante. De ahí que haya que animarla un poco, antes de que nos dé un algo por inmovilidad crónica. VENID A VISITARME, NARICES!