Lunes, 15 de octubre de 2007
Es que si no hablo de este tema, Alber-san no va a dejar de darme la paliza. Y como le conozco de unos cuantos años de clase en los cuales me ha aguantado siendo yo el que no dejaba de tocarle la moral a las 8 de la mañana y más cosas que quedan para nuestras conversaciones de messenger, se merece un poco de caso por mi parte.
Comentábamos hace un rato los extraños casos de esos hombres/jóvenes/mozuelos que siendo obvia y claramente heterosexuales (ellos se encargan de hacerlo evidente cada vez que pueden), tienen pequeños y controlados encuentros puntuales con personas de su mismo sexo. No nos referíamos de forma habitual, como haría un chico en el armario, que busca lo que realmente quiere desde la seguridad de una vida supuestamente heterosexual, no. Son más bien los casos de "experimentación" puntual una o dos veces en su vida que no les supone ningún problema moral ni a corto ni a largo plazo.
Recuerdo yo de mi época de instituto, un amiguete de la pandilla que me parecía bastante cabal dentro del grupo de cabras locas que formábamos, con el que a veces hablábamos de que (¡tiernos 17 años!) una felación (no digo mamada, porque luego esto lo leen niño menores) no tenía que ser diferente te que la hiciera un chico o una chica. De hecho, entre una cosa y otra, acordamos que nos la haríamos el uno al otro. Claro, yo me frotaba las manos, pero tampoco fue como en las películas porno ni mucho menos. Entre que yo iba tocando un poco más allá de lo que su pudor le permitía y que para él cada espasmo de placer que yo sentía, eran como un aviso para apartarse por si le llenaba la boca sin querer... Vamos, que ni fu ni fa. Bien como experiencia, pero hasta ahí. Después nos seguimos tratando como si nada y la relación siguió evolucionando por un cauce de absoluta normalidad en el que aquel encuentro fue una anécdota privada que jamás volvió a ser comentada. Casado, feliz y cuando nos vemos nos saludamos con la misma alegría que entonces (más bien poca, pero es que es un hetero de los poco expresivos).

En fin, más allá de la anécdota, puede haber casos para todos los gustos y colores. Tengo entendido que un conocido mío se dejó follar (tan activo él) por un amigo suyo hetero, por aquello de empezar a hablar, tontear, jiji, jaja y el morbo de que la novia estuviera durmiendo en la habitación de al lado. El tipiquísimo caso del pobre mari que se enamora perdidamente del amigo o recién conocido hetero con el que tiene un ligero affaire y jamás le vuelve a ver. Vamos, que seguro que cada cual tiene su historia personal e intransferible.
Plantearse por qué se dan estos casos que consideramos "raros" sería un poco como tirar piedras a nuestro propio tejado. Hoy en día se reivindica la libertad sexual como algo básico, un derecho gracias al cual podamos llevarnos a la cama a quien queramos sin tener que dar explicaciones ni preocuparnos del qué dirán. Tristemente sabemos que aún no es así. La igualdad social es algo que aún las mujeres, tras más de 30 años de lucha, aún no han conseguido. ¿Y lo vamos a conseguir los "desviados"? Sí, claro, y mañana Navidad.
Sin embargo la duda flota en el aire. ¿Son sólo experimentos fallidos de heterosexuales con dudas? ¿Cabe la posibilidad de tener entre manos (o lo que se tercie) a un homosexual muy armarizado? ¿Es la bisexualidad un paso intermedio hacia la homosexualidad, como muchos argumentan? Creo que es un tema con muchos más grises de lo que la gente ve al discutirlo y, si no, a ver qué me decís vosotros (porque creo que sigue sin haber ninguna "vosotras" por aquí).
Comentábamos hace un rato los extraños casos de esos hombres/jóvenes/mozuelos que siendo obvia y claramente heterosexuales (ellos se encargan de hacerlo evidente cada vez que pueden), tienen pequeños y controlados encuentros puntuales con personas de su mismo sexo. No nos referíamos de forma habitual, como haría un chico en el armario, que busca lo que realmente quiere desde la seguridad de una vida supuestamente heterosexual, no. Son más bien los casos de "experimentación" puntual una o dos veces en su vida que no les supone ningún problema moral ni a corto ni a largo plazo.
Recuerdo yo de mi época de instituto, un amiguete de la pandilla que me parecía bastante cabal dentro del grupo de cabras locas que formábamos, con el que a veces hablábamos de que (¡tiernos 17 años!) una felación (no digo mamada, porque luego esto lo leen niño menores) no tenía que ser diferente te que la hiciera un chico o una chica. De hecho, entre una cosa y otra, acordamos que nos la haríamos el uno al otro. Claro, yo me frotaba las manos, pero tampoco fue como en las películas porno ni mucho menos. Entre que yo iba tocando un poco más allá de lo que su pudor le permitía y que para él cada espasmo de placer que yo sentía, eran como un aviso para apartarse por si le llenaba la boca sin querer... Vamos, que ni fu ni fa. Bien como experiencia, pero hasta ahí. Después nos seguimos tratando como si nada y la relación siguió evolucionando por un cauce de absoluta normalidad en el que aquel encuentro fue una anécdota privada que jamás volvió a ser comentada. Casado, feliz y cuando nos vemos nos saludamos con la misma alegría que entonces (más bien poca, pero es que es un hetero de los poco expresivos).

En fin, más allá de la anécdota, puede haber casos para todos los gustos y colores. Tengo entendido que un conocido mío se dejó follar (tan activo él) por un amigo suyo hetero, por aquello de empezar a hablar, tontear, jiji, jaja y el morbo de que la novia estuviera durmiendo en la habitación de al lado. El tipiquísimo caso del pobre mari que se enamora perdidamente del amigo o recién conocido hetero con el que tiene un ligero affaire y jamás le vuelve a ver. Vamos, que seguro que cada cual tiene su historia personal e intransferible.
Plantearse por qué se dan estos casos que consideramos "raros" sería un poco como tirar piedras a nuestro propio tejado. Hoy en día se reivindica la libertad sexual como algo básico, un derecho gracias al cual podamos llevarnos a la cama a quien queramos sin tener que dar explicaciones ni preocuparnos del qué dirán. Tristemente sabemos que aún no es así. La igualdad social es algo que aún las mujeres, tras más de 30 años de lucha, aún no han conseguido. ¿Y lo vamos a conseguir los "desviados"? Sí, claro, y mañana Navidad.
Sin embargo la duda flota en el aire. ¿Son sólo experimentos fallidos de heterosexuales con dudas? ¿Cabe la posibilidad de tener entre manos (o lo que se tercie) a un homosexual muy armarizado? ¿Es la bisexualidad un paso intermedio hacia la homosexualidad, como muchos argumentan? Creo que es un tema con muchos más grises de lo que la gente ve al discutirlo y, si no, a ver qué me decís vosotros (porque creo que sigue sin haber ninguna "vosotras" por aquí).



























