30 enero, 2007

Amores de urinario

Martes, 30 de enero de 2007

Ayer me tocó de nuevo (esta vez con más aceptación por mi parte) ir a la tienda que mi empresa ha montado hace poco en Calahorra. Solemos ir de apoyo de vez en cuando porque toda la gente nueva es completamente novata y pese a los avances, siguen desquiciándose con algunas cosas. Pronto empiezan, espera a que lleven un tiempo.

Tanto los días que he estado, pero ayer especialmente, me dio por recordar aquellos tiempos de amores de urinario. Supongo que cualquiera con algo de edad y un poco de conocimiento del mundo homosexual sabrá a lo que me refiero. Son esos encuentros en los baños de caballeros, en los urinarios de pie, donde las miradas discretas al vecino te hacían indicar si él también te estaba mirando a ti y pasar a la fase dos. Eran encuentros casuales, en absoluto preparados, que tenían el morbo de no saber a quién te encontrarías, lo sórdido del lugar, el morbo de la situación, la imposibilidad de alargar la mano y tocar lo que deseas...



Recuerdo que aquellas situaciones además de morbosas tenían un punto... ¿cómo decirlo? Diferente. Al terminar, mientras te subías los pantalones en el reducido cubículo, solías pensar que lo que habías hecho tenía un regusto agridulce. Era evidente que aún perduraba la plácida sensación de un orgasmo bien aprovechado, pero, pero... Esa premura, la necesidad de buscar la satisfacción de forma rápida y acelerada, sin preocuparse por los detalles ni por el placer mutuo, sino llegar al final de la carrera, terminar lo que se ha empezado para no ser pillados ni pasar más tiempo del necesario con ese extraño del que no conozco nada, esa premura como digo, hacía que el placer se mezclase con un pequeño vacío en el estómago. Siempre te quedaba la pequeña frustración de no haber tenido un sitio más tranquilo y cómodo para dar rienda suelta a la imaginación y el placer. Incluso tal vez saber cómo se llamaba y haber cruzado con él alguna palabra más que los mínimos jadeos ahogados propios de la situación.

Sin embargo en mi caso siempre pesó más el morbo que esa oscura sombra que duraba unos minutos (o a veces un buen rato) después de salir a la calle. Junto con las dudas acerca de si lo volverías a ver si te había parecido agradable en los breves minutos que habías compartido, si habías tomado las correctas medidas de protección dado que nadie está libre de contagios, qué pasaría si te lo volvieses a cruzar por la calle, si te lo volverás a cruzar alguna vez...


Tengo vagos recuerdos de la gente que conocí en tales circunstancias. Uno de los más intensos (y desagradables) fue en la estación de autobuses de Salamanca, donde un señor madurito consiguió que le siguiera hasta su coche dadas las dimensiones de lo que iba a mostrarme. Así fue y en una zona apartada pasamos a la fase dos. Tuve que insistir un poco en que se pusiera un condón porque quería hacerlo a pelo, pero por aquel entonces ya tenía cabeza suficiente como para no fiarme de los "yo estoy sano, de verdad que te lo prometo". Sin embargo en pleno acto la goma se rompió y el tipo no dijo nada hasta el final, con fingida sorpresa. Fueron tres meses de algo de angustia hasta que fui a hacerme las pruebas y dieron, para gran alegría mía, negativo. Sin embargo ha habido momentos más morbosos, como aquel visitador médico de traje, elegantísimo, que decía que hacía de todo menos dar besos en la boca porque tenía pareja; o el chico del jersey a rayas marrones y rosas, algo alternativo, con toda la zona interesante rasurada... Y así podría estar, haciendo una lista de mis amantes, todo el día...

Simplemente me ha venido a la cabeza y he querido hacer una breve reflexión, pero me gustaría profundizar algo más en el tema, porque creo que tiene mucha miga y que el punto de vista de diferentes personas aportaría más cosas interesantes... incluso puede que morbosas...

26 enero, 2007

Ya ha nevado!!!!

Logroño, 25 de enero de 2007

Cumpliendo la sagrada y milenaria misión que sucede desde tiempos inmemoriales, ayer cayó la nevada anual en Logroño. No fue una gran nevada porque sólo cuajó en el extrarradio y apenas duró sobre el suelo una media hora, pero al menos ya nos podemos dar por satisfechos. Hay quien espera una nevada en toda regla, con varios centímetros de nieve, pero no hay que poner a prueba a los diosecillos de las nubes....


Pd.- De nuevo Blogspot me dice que me meta la imagen por donde me quepa, incluyendo un número de error la mar de bonito... Intentaré a la hora de comer o esta noche ver si puedo enseñaros cómo se veía la calle desde mi ventana :)

24 enero, 2007

No pidamos más de lo que podemos ofrecer

Martes, 23 de enero de 2007

He tardado un poco en ponerme, pero aquí estoy de nuevo. La vagancia, que es una muy mala consejera... Y el sueño por quedarme jugando hasta tarde, que es peor aún para aguantar por las noches. Y no saber qué escribir, que tampoco es el mejor de los amigos. Y otro montón de excusas, pero son sólo eso: excusas.

Este fin de semana estuvo Charly Brown en la ciudad y como la vez anterior me tocó tener "uno de esos fines de semana". Vamos, que la cagué, como me suele pasar. Aunque no tan soberanamente como yo lo veo ni tan livianamente como lo ven otros. Pero el caso es que me dio un ataque de "noseloquemepasaperoquébienestaríasoloyrumiandomispropiastonterías" y tuve un sábado sabadete bastante gilipollas. No acabo de localizar la razón última de mi infantilismo reinante estos días y no tengo muy claro que pueda llegar a encontrarlo, pero me preocupa que tener visita haga que mis nervios estén a flor de piel y salga lo casi peor de mí. Tengo que seguir pensando qué es lo que pasa por mi cabeza en esas situaciones para evitarlo en el futuro.

Sin embargo, de algo sí que me di cuenta el sábado por la noche. Poco a poco y de forma casi imperceptible me estoy quedando sin amigos en Logroño. Que no cunda el pánico, que solo no estoy. Tengo a quien llamar si estoy mal (cosa que no suelo hacer en 99% de las veces) o con quien quedar para tomar un café y tengo a quien juntarme una noche que quiera salir de soltero. Pero esa gente con la que quedas todos los sábados, que haces varias cenas al mes en casa, que quedas más o menos habitualmente para ir al cine, que te llaman en el trabajo y lo dejas todo por contar el último chascarrillo... Y me puse a pensar en las razones de pérdida de mis últimas amistades.

Como siempre, el ser humano tiende a echar balones fuera y no asumir su propia culpa. Yo seguí esa línea al principio. Por ejemplo, que no tenía tiempo por mis terribles horarios laborales, que ahora viviendo en el extrarradio me entraba mucha pereza, que eran ellos quienes tampoco me llamaban tanto como antes, que... Vamos, que me di cuenta de que no podía ser así, que mi responsabilidad en estos asuntos también tenía su peso. Apenas me he esforzado últimamente en mis amistades más cercanas (geográficamente) y si algún día mi relación con Javi terminase, me encontraría un poco solo a la hora de realizar actividades sociales. Así que tendré que ponerme manos a la obra para solucionar el tema. Los sábados se convierten de nuevo en día oficial de marcha, aunque tenga que sacar a mi marido a rastras de casa. Muy cansados tenemos que estar para no tomarnos una copa. La política de ahorro continuará, no cabe duda, pero se puede cenar en casa y tomarse un par de copas en vez de cuatro. Tengo que dejarme caer de nuevo por los bares para ver a conocidos y menos conocidos. Al menos así lo voy retomando sin que me suponga mucho esfuerzo.

Y en cuanto a mis relaciones amistosas a distancia, ya me puedo poner las pilas también. Tendré que usar el móvil me guste o no porque lo de viajar sale más caro y suele tardarse más. Habrá que hacer un repaso cada cierto tiempo a la agenda y ver a quién no he llamado hace demasiado y usar los viajes en bus (urbano) para hacer breves resúmenes de nuestras vidas y escuchar de nuevo voces que dan ganas de abrazar.

Y conste que os hago partícipes de todo esto para que haya testigos y luego no lo deje de lado como tantos otros proyectos interesantes de mi vida...

18 enero, 2007

Esa musiquilla que se te mete...

Miércoles, 17 de enero de 2007

A pesar del día que llevo y del que llevaré mañana (ya hoy) con el encargo de ir a Calahorra, con los chicos de la nueva tienda, aún sigo vivo y coleando. Lo que ocurre es que estaba desacostumbrado a levantarme a las 6:30 am para coger un autobús a las 8:00 y estar casi una hora dando vueltas por el pueblo hasta que se abre el centro comercial. Porque la tienda se abre a las 10... Vamos, para mear y no echar gota, que se dice.

Sin embargo, puedo llegar a casa, dejarme mimar por mi maridito, mimarle un poco y hacerle monerías y ver juntos la televisión. Y entonces es cuando aparece ese maldito anuncio y la musiquita se te queda pegada un buen rato. Y esa musiquita sigue apareciendo de vez en cuando a lo largo del día y resuena en tu cabeza una y otra vez. A mí me ha pasado con el anuncio de ING Dir-ect (lo escribo mal conscientemente para que no caiga por aquí algún despistado de google). Esas voces comunales de machos cantando algo así como "We have the whole world in our hands" o algo parecido me anima bastante, además de imaginármelos haciendo el coro en ropa de deporte o algo así. He rebuscado un buen rato por la red de redes y he conseguido algún dato interesante, pero desde luego no sé de dónde conseguir la versión completa. Parece que es el himno de un equipo de fútbol inglés que se basa en una canción de gospel. Algo de información por aquí y por allí pero nada más. Yo tengo que conseguir ese archivo en formato mp3 para que caiga en mi iPocket a la voz de ya. Quien me ayude a conseguirlo, tiene premio asegurado :)

Y es que dejarse llevar por las más bajas obsesiones no es nada bueno. Así que como dice el refrán, "
Para no sucumbir ante la tentación del precipicio el mejor tratamiento es el fornicio", así que me voy a meter a la cama para que mañana me "joda" bien que suene el despertador.

15 enero, 2007

Fondue de chocolate

Domingo, 14 de enero de 2007


Imagino a un segoviano afincado en Santander que se estará relamiendo especialmente los bigotes al leer el título de esta entrada. Y en realidad de eso va, aunque no en la idea de hacer rugir los estómagos de nadie.

Hoy hemos tenido fondue en casa con los amigos de Javi para hacer una especie de inauguración retrasada con ellos. Lo que en principio iba a ser algo recogido con cuatro personas se ha agrandado un poco más con la incorporación de última hora de otros tres. Cosas de los grupos de amigos de la infancia y más aún de éste, que parece una teleserie en plan reality. Hay subgrupos montados, ajenos, personajes que apenas aparecen, rencillas guardadas desde hace años... A veces es muy divertido verlo desde la barrera, pero en el fondo yo ya estoy sumergido hasta el cuello por mantener una relación estable con uno de los miembros del "núcleo duro".

Sin embargo hoy ha sido una situación relajada, distendida, con la historia personal de cada cual con lo que hizo en Nochevieja. El chocolate ha ido asentando las diferencias y ha tornado a esta pandilla de compañeros de juergas y anécdotas en la diversa amalgama de personalidades que son. Desde la pija redomada que tiene un trabajillo de mierda con el que no puede costearse todos sus vicios, hasta la cándida inocentona, pasando por el matrimonio bien avenido donde ella lleva no sólo los pantalones, sino también la camisa y casi los calzoncillos. Y lo digo sin intención de que suene despectivo, sino más bien como ejemplos de la variedad que he comentado. Cada cual ha seguido el camino que le ha marcado la vida y verlos después en conjunto, aportando sus opiniones a temas tan mundanos como la política anti-terrorista, la corrupción, las rebajas, hace que me se sienta integrado como uno más porque no es necesario entrar a formar parte de un cliché o estereotipo definido, sólo tengo que ser yo mismo.

Desde que comencé mi andadura en la vida con Javi y conocí a sus amigos, se han portado maravillosamente bien conmigo. Una cosa es tener un amigo gay y otra muy diferente es que lleve a su pareja a los actos sociales. La primera vez, como casi todas las primeras veces, me sentí observado, escrutado y escaneado en todo mi ser. Supongo que debían valorar si era merecedor de un novio como el que tengo y por lo visto pasé la prueba con nota. Además era consciente de la influencia en Javi de sus opiniones (al fin y al cabo son sus amigos de toda la vida) y busqué encajar lo mejor posible en cada ocasión. Me comporté como un niño bueno, hablé lo menos posible para no meter la pata como habitualmente hago, me forcé a no captar la atención cuando se hablaba de algo que desconocía... Irreconocible incluso para mí mismo. Y conseguí grandes avances, como la invitación al baile de la boda de unos de los mejores amigos de Javi (al banquete no pudo ser, apenas conocía a Javi desde hacía unos meses y habría sido complicado de explicar a algunos asistentes). Y cómo bailé aquella tarde... A partir de ahí, salvando las distancias, he sido uno más. Se cuenta conmigo para cada cosa, se me pregunta como a los demás si me viene bien una u otra fecha, el interés por mi vida es el mismo que para los íntimos. En resumen, que estoy muy a gusto.


De este modo se puede concluir que no debo tener mala mano socialmente cuando me interesa y que ser yo mismo no es tan desastroso como pienso a veces... ;)

12 enero, 2007

Recuerdos y memorias

Jueves, 11 de enero de 2007

La memoria, el recuerdo, el pasado. Los seres humanos sentimos un especial afecto por los hechos que ocurrieron antes del ahora. Son un pequeño legado de las pequeñas cosas que nuestros sentidos han captado y hemos almacenado cuidadosamente para después moldear a nuestro antojo, de modo que se parezcan a lo que realmente ocurrió tanto como a nuestro subconsciente le interese. O tal vez sea una forma de creer que hemos existido porque podemos traer al hoy todo lo que sucedió y no volverá a suceder en las mismas circunstancias... Por eso nos resulta tan molesto olvidar cualquier detalle por pequeño que sea, porque es un detalle que no volverá si no lo tenemos localizado, organizado y ordenado en su cajón neuronal.

Hoy me he enterado de que mi abuela está peor con su memoria y me ha caído como un jarro de agua fría en una mañana siberiana de invierno. En Nochevieja ya era bastante evidente su desubicación porque creía que estábamos en Arnedo, su pueblo natal y el de toda mi familia materna. Además de un par de patinazos más muy relacionados con el mismo tema, tampoco se desencaminó mucho de su localización espacio-temporal. Sin embargo las informaciones que me han llegado hoy son algo más preocupantes. Mi abuela ya no reconoce a ninguna de sus hijas, las confunde con otros personajes de su pasado y eso sólo significa el principio del fin. No tengo muy claro si es demencia senil o alzheimer, o tal vez algo más asociado a su parkinson (leve, pero un parkinson al fin y al cabo). Mi madre, por lo visto, está muy preocupada y vuelve a tener la emoción a flor de piel. Al fin y al cabo es su madre la que puede que no la reconozca hoy o mañana. O puede que de mí tampoco se acuerde...

(Lo siento, no puedo poner fotos, así que pongo los enlaces)

Sin embargo yo lo veo con algo más de distancia, porque entiendo que es un terrible mal asociado a su edad y condición física. La memoria, como cualquier parte de nuestro organismo, tiene un período de caducidad y cuando se supera, nadie sabe lo que puede ocurrir. Pero eso no siempre ayuda a superar mejor cómo un ser querido te habla pensando que eres la vecina de abajo, o peor, se niega a hablarte porque te ve como un completo desconocido. Y, como he dicho, esto sólo es el principio. El desarrollo puede ser más o menos rápido, más o menos acusado, pero una vez que se ha comenzado el deterioro neuronal, las sinapsis cerebrales se van apagando como se cae una fila de fichas de dominó. Y al igual que ocurrió con su marido este verano, cuando se marchó tras cuatro años luchando sin cesar contra un cáncer que se lo comió por dentro, intuyo otro nuevo calvario sobre todo por parte de mi madre, que sufrirá sin cesar por adelantado, que no sabrá sobrellevar que la mujer que le dio la vida, que la amamantó, que la vistió, que el enseñó a ser como es, comienza a debilitarse y su luz interior se apaga hasta convertirse en una sobra de lo que fue.

Los recuerdos nos importan mucho. Olvidar pequeños detalles hace que ya no vuelvan, a no ser que lo tengamos localizado, ordenado y organizado. Una parte de nuestra vida muere con cada recuerdo perdido, con cada segundo abatido por el olvido. Y yo, con mi exigua capacidad de retención, tengo miedo de olvidar también. Tengo miedo de perderme.

08 enero, 2007

Se terminó. Que le den.

Domingo, 7 de enero de 2007

Primera entrada del año. ¡Y llevaba una semana sin escribir nada! Creo que trabajo demasiado. Pero se terminó la campaña de Navidad de este año, que se pudra en el infierno de las campañas pasadas porque a pesar de no haber sido tan dramática como me temía por lo carnavalesco de los horarios, me ha robado el 90% de mi vida social y personal. Pero no voy a darle muchas vueltas más al tema del trabajo porque bastante tengo y bastante voy a tener, además de que no adelanto nada. Buena "jartá" de poner a parir a nuestras empresas me he pegado en el autobús de vuelta con el chico ONO de Valencia.

El caso es que por fin tendré un horario más decente (aunque sea de nueve horas al día), con un descanso digo par ir a comer. Y podré volver a decirles a mis amigos que mi día libre lo puedo usar para quedar y no para dar vueltas como un tonto sin encontrar nada para los regalos de Reyes. Porque es lo típico que se comenta en estas fechas. O al menos lo era en mi infancia, de la cual no hace tanto. Tú ibas todo feliz al cole el día 8 (más o menos) con tu loquefuera nuevo y recién estrenado y te sentías el amo del mundo porque ningún niño o niña tenía el mismo loquefuera traído por sus Majestades los Reyes Magos de Oriente. Ibas como quien no quería la cosa enseñándolo con descarado disimulo esperando que alguien se diese cuenta de que loquefuera estaba en tu mano. Claro, que el ritual establecía que cuando alguien fingiera franca sorpresa hacia tu loquefuera, tú debías hacer lo mismo hacia su regalo birrioso que en el fondo te parecía algo deseable de que también te hubiera caído en otro paquete con tu nombre. En resumen, desde pequeños llevamos a cabo rituales de hipocresía para satisfacer a los demás y que ellos nos satisfagan a nosotros. Como echar un polvo pero si sexo, vamos.

Lo que no me apetece ni creo conveniente con la edad que tenemos (algunos más que otros) es empezar a describir lo que me han regalado este año, lo que he regalado yo, lo que le han regalado a Javi, lo que me falta por regalar, lo que podría haber regalado... Deja, deja que me puedo enrollar mucho. Simplemente y para no volver a los largos testamentos que escribía antaño, diré que estoy muy satisfecho con los regalos y parece que la gente con los que he hecho también. La cara de felicidad de mi prima pequeña cuando, medio dormida en el sofá, oyó la palabra "Reyes Magos" y "regalos" no se me va a olvidar.

Volveré en breve a continuar con mis anotaciones en el Cuaderno e intentaré que no se alarguen tanto en el tiempo.

Pd.- qué coño pasa últimamente que no puedo poner ninguna foto???

31 diciembre, 2006

Y en el reloj de antaño como de año en año...

Domingo, 31 de diciembre de 2006

Es lo típico. Hoy es el día en el que se mira atrás y se hace un recuento de los doce meses que han pasado y los otros doce que tenemos por delante. Y supongo que por no ser el raro tendré que hacer algo similar o será como si rompiese esas terribles y apocalípticas cadenas de cartas o mails que tanto odio.

Esta tarde, en una de mis brumas mentales de mi larga siesta (anoche apenas dormí gracias a un par de partidas de La Fuga de Colditz) me he dado cuenta de que el ser humano tiene una necesidad imperiosa de medir el tiempo. Y no sólo el que está por venir para poder prevenir acontecimientos y tener puntos espacio-temporales comunes con otros seres humanos. Nos encanta medir el tiempo pasado, tomarle completamente las medidas y saber dónde almacenarlo por si lo necesitamos para más tarde. No podemos dejarlo ir, con todos los recuerdos y las cosas pasadas porque si lo desecháramos, sería como si no hubiera sucedido. Uno de los ejemplos más claros es éste blog, que me sirve de vez en vez para repasar lo que me ha ocurrido a lo largo de estos meses. Tal vez es un buen ejercicio de automortificación para que no nos olvidemos de las cosas malas (los pesimistas) o las buenas (los optimistas) que nos han ido pasando. Yo no voy a hacer un gran repaso o estaría horas escribiendo.

Este año hubo básicamente una gran crisis personal que superé como pude, como hacemos todos en estas ocasiones. Pude haber tomado decisiones más equivocadas, pero finalmente haciendo uso del consejo que más veces me repitieron ("deja que fluya") pude nadar hasta una orilla del inmenso océano en el que yo mismo me había sumergido. Al mismo tiempo mi vida cambió radicalmente con la mudanza y el inicio de la vida en concubinato, una experiencia por la que todos pasamos tarde o temprano. Son dos hechos que han marcado muy mucho mi día a día y que aún siguen marcándolo en algunas ocasiones, pero no voy a hacer del pasado mi carretera hacia el futuro. Han sido dos hechos muy importantes, repito, posiblemente algunos de los que marcan para siempre, pero no me van a lastrar en absoluto para seguir avanzando. Soy de los que creen que las experiencias deben ayudarnos a avanzar, pero sin que estén presentes en nuestra vida de continuo o solamente nos entorpecerán la vista.

El año que entra siempre viene cargado de posibilidades y eso lo hace más interesante, pero no quita para que haya que trabajar para que las posibilidades se conviertan en realidades. Entre ellas se encuentran la de cambio de trabajo (complicado, pero hay que insistir), buscar una casa para mí (en previsión de futuro), tal vez comprarme un coche (para tener más libertad de movimiento) y un montón de menudencias que pasan a un segundo plano. Son tres objetivos un tanto materialistas, pero desde luego es lo que hay. Muchos otros ámbito de mi vida, los más "espirituales", están suficientemente cubiertos a día de hoy.


Y para terminar y dado que ya voy a llegar tarde a cenar, es evidente que tengo que desearos un Feliz Año 2007 y que tengáis cuidado con las uvas de esta noche, que las pepitas las carga el diablo. Mil gracias por seguir acompañándome día a día y línea a línea.

27 diciembre, 2006

Camino al final del año.

Martes, 26 de diciembre de 2006

Esta mañana, pensando en el blog y las erráticas actualizaciones que tengo desde hace un tiempo, me he dado cuenta de que hace mucho que no me enfrasco en una reflexión seria y convincente acerca de algún tema banal que no me lleve a ninguna parte, pero que me permita desentrañar los misterios de la vida misma. He tenido un par de momentos luminosos mientras paseaba y hacía algunas de mis compras navideñas, pero, como siempre, mi mente cambia de conversación consigo misma a la velocidad del rayo. ¿Será que me estoy haciendo mayor o es que estoy tan atento a todos los detalles de la vida que no puedo centrarme en uno solo?


En fin, sé que es un tema muy manido, pero me ha vuelto a la cabeza con una sola imagen. Una pena que me haya dado tanta vergüenza sacar una foto aunque fuera con el móvil. Pues al pasear por uno de los centros comerciales de Logroño, al pasar delante del escaparate de Bershka he tenido que volver sobre mis pasos para asegurarme de que lo que veía no era una ilusión de mis sentidos. A punto he estado de entrar a preguntar qué talla tenía el esquelético maniquí para poder cerrar la boca que se me había desencajado. Me he quedado mirándolo un rato y dándome cuenta de súbito de lo jodido que tiene que ser querer entrar en un traje de tan minúsculo tallaje cuando se tiene un cuerpo, no digo ya con unos kilos de más, sino simplemente normal. Era un traje muy, muy, pero que muy ceñido dejando bien claro que si tienes unas tetas puestas en su sitio y que sobresalgan algo del pecho, te puedes dar por jodida, nena. Y si tus caderas no tienen un contorno inferior a los 40 cm vas a parecer un saco de patatas con lentejuelas y un bolso a juego. Pero nooooooooooo, qué va, que no estamos promoviendo la anorexia entre las jóvenes de hoy en día. Es porque yo me había colocado la lentilla mal esta mañana y lo veía todo distorsionado.

¿A quién pretenden engañar? Es bien sabido y comentado, que el culto al cuerpo es ya una religión en sí misma, pero en este caso no te prometen salvación en la siguiente vida, sino adoración en la presente. Para ello, como en toda religión, se te exigen innumerables sacrificios para contornear tu aspecto exterior hasta adaptarlo a los cánones de belleza reinantes marcados por las revistas y los estilistas de moda. Y aunque es evidente que la belleza siempre es apreciada y agradecida, no hay por qué hipotecar tu propia vida en aras de una figura perfecta... Al menos para algunos. Supongo que uno que ya es perro viejo y se ha relacionado con los cuerpos más perfectos (bueno, tal vez exagero un poquito, pero algún modelo ya hay en mi haber) y los más imperfectos (empezando por el mío propio) y conoce de primera mano los esfuerzos necesarios por sufrir una dieta adelgazante, una prenda que no te cabe y una exigencia exterior para que te quites "esos molestos michelines". Y hoy en día, aunque sé apreciar y no rechazo un cuerpazo de los que abundan en los gimnasios de grandes cristaleras, soy de los que creen que mejor una buena barriguita con cara sonriente que una musculoca más preocupada de las horas que pasa en su gimnasio que de tener algo de masa gris dentro del cráneo. Insisto, no voy a ir de adalid de nada ni nadie, pero sinceramente, los cuerpos musculados me parecen demasiado artificiales como para ponerme cachondo en dos milésimas de segundo. Al fin y al cabo, cualquiera con algo de voluntad y dinero suficiente para pagar una cuota mensual puede conseguir con el tiempo adecuado los mismos músculos que alguno de los chulazos que adornan las carrozas del Orgullo Gay.

Sé también que es una batalla inútil y que poco se puede hacer desde tan abajo, pero mi pequeño granito de arena es éste: a todas mis amigas y conocidas con cierta confianza, cuando se ponen guapas de verdad, con sus michelines o su tripita o lo que tengan, les hago ver que van estupendas. "Te sienta bien ese jersey" o "me gusta cómo te queda ese peinado" no son una muestra de hipocresía. Al contrario, realmente están guapas si se arreglan con lo que tienen y le sacan partido. No ajustarse al tipo de chicas que aparecen en las pasarelas tampoco es un crimen. Y si no, que me lo digan a mí.

24 diciembre, 2006

Feliz Noche de la Vigilia de los Puercos

Domingo, 24 de diciembre de 2006

Y el que no lo entienda es que no es un friki de carné. Porque esta noche es la noche en que Papá Puerco se da un garbeo por todos los pueblos del Mundodisco para... Bueno, que no, que no voy a contaros toda la historia, sobre todo porque algunos podrían darme mil vueltas (y no miro a nadie...).

En este país de raíces más católicas y herencia medievoromana lo llamamos Nochebuena y es típico cenar en familia. A no ser que tengas un turno de noche, seas un apátrida o hayas decidido tener tu propio calendario y hoy toque celebrar al patrón veraniego de tu pueblo. Pero en mi caso, es la primera Nochebuena en la que (espero) después de cenar volveré a MI casa a dormir sin necesidad de esperar a mis padres para que me lleven en coche. Mañana me despertaré (solo) en mi cama pero tendré la casa entera para mí mismo. Y por la tarde llegará Javi y estaremos solos (al menos una parte) y habrá amor y corazoncitos y esas cosas que salen en los dibujos animados cuando dos personas se quieren y tal.

Ya veremos cómo va la cena, pero este año somos unos pocos menos. Voy a intentar darle algo de animación con unas horterísimas corbatas para nosotros y unas boas de plumas rosas para ellas. Además este año, como mención especial y digna de destacar, me han permitido hacer el postre. A mí. Solito. Llevo flan de queso, receta del novio del soldadito valiente, pero que me ha quedado un poco... En fin, no diré nada y a ver si no les disgusta demasiado y tal vez pueda llevar entremeses a la cena de Nochevieja.

Estoy especialmente animado. No sé por qué. Tal vez sea la idea de cenar con la familia, en un ambiente distendido y divertido, con mis primos pequeños petardeando por ahí y siendo el nieto mayor presente. Tal vez influya que desde que estoy "emancipado" veo menos a mi familia y en el fondo les añoro un poco. Y cada vez que nos juntamos olvidamos un poco las pequeñas rencillas que haya y pasamos un buen rato juntos, que para enfadarse siempre hay tiempo, pero para disfrutar, cada vez nos queda menos. Una pena que falten esta noche mis tíos Rivero, porque él es "radio macuto" y nunca hay silencio cuando él está en una mesa. Habrá que compensarlo de alguna manera...

Y para terminar, tal y como había prometido hace tiempo, os dejo con una foto del bonito nacimiento que tenemos en casa. Quien viva por aquí cerca, está totalmente invitado/a a verlo en todo su esplendor. ¿A que es mono?

21 diciembre, 2006

En plena campaña de Navidad

Miércoles, 20 de diciembre de 2006

Ya estamos metidos en plena campaña y a cuatro miserables días de la Navidad y... Chico, quién lo diría. Es evidente que hay más trabajo que hace un mes, con más clientes y golpes puntuales con la tienda llena pero...... Ni punto de comparación con el año pasado, de verdad de la buena (que dice el comercia de la nueva compañía de móviles).

Yo iba profundamente mentalizado acerca del agobio que iba a sufrir, las largas horas atendiendo gente, el regreso a casa machacado y con la garganta destrozada de tanto hablar. Sin embargo la cosa está yendo de forma más relajada, las 10 horas de curro diaria son hasta llevaderas (pero esto que mis jefes ni se enteren) y hasta estoy llegando cómodamente a los objetivos mínimos que nos marcan (este mes algo mayores por tener más afluencia de personal). En resumen, que si no fuese por los adornos navideños, las cercanías de las grandes ocasiones familiares y mi agobio por no tener regalos para nadie comprados, casi se diría que es un mes más en una época del año cualquiera. Y pese a que siempre puedo poner la excusa que a menos clientes, menos comisiones, lo digo por exagerar, porque si la cosa sigue así, los 300 euros no me los quita nadie. Vamos, estoy yo como para no querer cobrar un poquito más.

Mientras tanto, con la gente dándose lujos en la tienda para satisfacer su necesidad consumista, con las compañías de telefonía frotándose las manos con la gran oferta de navidad en llamadas, con los pobres vendedores sonriendo pese a que preferirías pegarle un tiro en la sien a la clienta patarda de turno... ¡Feliz Navidad, qué coño!


Pd.- Yo tenía una imagen muy bonita para amenizar la corta reflexión de hoy (para que algunos no se quejen de lo que me enrollo), pero parece que estamos de que no nos dejan subirla. Otra vez será, se siente...

18 diciembre, 2006

Un domingo cualquiera

Domingo, 17 de diciembre de 2006

Y no, no es que haya visto la película de Cameron Díaz ni nada por el estilo, simplemente que ha sido un domingo cualquiera. Aunque la sutil pero verdadera diferencia es que no me tocaba trabajar y eso le ha dado mucho juego y posibilidades.

Hemos estado comiendo en casa de mis padres para celebrar el (pasado) cumpleaños de mi padre. Los cinco como una familia de lo más natural, con Javi algo nervioso por estar con sus suegros y yo feliz de disfrutar con ellos de un buen rato. Y la conversación, también una conversación de un domingo cualquiera me ha dado para pensar en varias cosas y sacar conclusiones muy interesantes.

Debo agradecer algún día a mis padres el ímprobo esfuerzo que han hecho para aceptar sin demasiado drama ni tampoco desapasionamiento el hecho de que sea homosexual, tenga un novio y que lo introduzca en la vida familiar (¿cuántas veces he puesto ya esta palabra en tres párrafos?) como si de uno más se tratara. Desde luego siempre di los pasos contando con su consentimiento explícito o implícito, sin imponer nada más allá de lo que ellos estuvieran dispuestos a aceptar. Pero aún así me consta que han tenido que reestructurar su plan de vida y siempre con intención de que yo fuera feliz como objetivo primordial. Mi madre, que siempre se ha encargado de una forma más directa de la educación de sus hijos, no me ha criticado nada que haya dicho o hecho respecto a mi forma de vivir mi relación y las decisiones que he ido tomando. Lo hemos hablado de esa manera concisa y seca que tenemos de hablar las cosas, pero siempre de modo informativo, ella respetando con mejor o peor cara y yo dándole a entender que formaba parte de mi decisión, aunque sin muchas concesiones.

Sé que tengo mucha suerte porque otras familias han sufrido una terrible sacudida con este tipo de situaciones y las cosas no han vuelto a ser igual (de buenas, me refiero). Por eso me siento orgulloso de cómo están las cosas en mi casa, cómo lo llevamos todos y del apoyo recibido por diferentes frentes en los días "D". Pero no por ello me convertiré en adalid de la salida indiscriminada del armario de todo hijo de vecino. Cada cual conoce la situación en su casa y cómo afrontarla. Los amigos estamos para escuchar, apoyar y felicitarnos.

16 diciembre, 2006

El borracho del barrio

Viernes, 15 de diciembre de 2006

Yo creo que ya van tres veces esta semana. Y las que te rondaré, rubito. El hombre me ha cogido cariño y en cuanto tiene una duda se presenta con sus gafas de sol y su móvil en la mano. El primer día pensaba que era un hombre "corto de entendederas", pero mis compañeras y mi sentido del olfato me confirmaron que se trataba de alguien que conocía al detalle algunos de los bares de su barrio. Y en una emboscada sin precedentes, me dejaron solo ante el peligro y mi atención y cuidado me han ganado su admiración y atenciones. Y cada pocos días aparece para que le vuelva a explicar por enésima vez cómo meter números en la agenda o cómo borrar un mensaje de texto de la memoria. Una y otra vez.

Inicialmente el hombre me daba algo de pena, alcohólico, en absoluto avispado, con una vida que no será nada satisfactoria... Le atendía deshaciéndome en explicaciones y paciencia para risa y mofa de mis compañeras. La siguiente vez le volvía a aleccionar como se enseña a un niño pequeño, haciéndole repetir lo mismo por si había suerte y se le fijaba en la memoria. Pero según ha ido pasando el tiempo, mi agrio carácter ha hecho su aparición y ya he comenzado a cortarle de raíz cuando me va a repetir una vez más que él no es tonto, sólo un poco torpe. Cada vez que entra por la puerta, en mi interior me dan ganas de gritarle: "no, otra vez no, vete a tu casa tío". Pero cuando se marcha y se me enfría el cabreo, me planteo que tal vez haya sido demasiado duro con él.

En el fondo, muchas personas "especiales" no acaban de regir por sí mismas la mayoría de sus actos. Por lo cual, sus malas acciones no dependen de una mala conciencia ni una mala intención. Para ellos el mundo funciona de diferente manera a la que lo vemos moverse nosotros y hace que sus actos nos resulten extraños cuando menos. Por eso mismo cuando me siento ofendido por lo que hace o empiezo a notar que se me sube la sangre a las venas del cuello, hay veces en las que me planteo cómo me encontraría yo en su situación, sin entender la causa de que quien tengo frente a mí se enfade sin razón aparente o al menos una que yo pueda entender. Eso y más cosas veo en el rostro de estupor del tipo con olor a mucho alcohol en sangre, sobre todo cuando le digo de nuevo que ya se lo he explicado tres veces y que no voy a volver a hacerlo, que tiene que aprenderlo por sí mismo. Y volvemos a su frase tan manida de que es un torpe y que necesita que se lo explique de nuevo.


No considero que sea una persona sin corazón y que no tenga cierta piedad por la gente menos favorecida por la vida, pero tampoco quiero permitirme el lujo de tener un "alumno" fijo todos los días a primera hora de la mañana. Y menos aún para repetir lo mismo una y otra vez. Sonará grosero, inadecuado y algo soberbio, pero tengo cosas mejores que hacer por la mierda de sueldo que me pagan.

13 diciembre, 2006

Un nacimiento

Martes, 12 de diciembre de 2006

Para decepción de algunos, no es que haya habido un alumbramiento de verdad. En realidad es que he tenido el momento consumista navideño mezclado con un toque infantil y aderezado con el picarón bromista que llevo dentro. El caso es que he entrado en una juguetería y le he comprado a Javi esto:


Lo veis bien. Es un nacimiento de playmobil con los Reyes Magos y todo. En cuanto lo tengamos montado (mañana mismo) le hago una foto y la pongo aquí para que lo veáis. Y es que además de reirse mucho, le ha parecido un regalo muy gracioso. Le ha gustado, que es lo que yo buscaba, y dice que además hay que enseñárselo a las visitas, con lo que tampoco lo va a poner por compromiso. Genial, genial y genial. Me encanta hacer regalos que gusten a la gente.


Y es que en el fondo la Navidad (pese al odio intrínseco a causa de mi trabajo), es una época que me encanta. Buscar regalos y detalles para la gente, recorrer tiendas y descartar opciones, ver algo más interesante a mejor precio, envolver... Todo me hace sentirme otra vez como cuando en mi infancia nos daban las vacaciones en estas fechas y disfrutaba con las tonterías típicas del momento. Si no era por ver la cabalgata de los Reyes, era por tener el Belén puesto en casa. Y las cenas familiares multitudinarias, con tanto ruido y algarabía que no sé cómo podía soportarlo. Quince personas en la misma casa dando voces, comiendo, cantando a veces y esperando que llegasen los regalos. Cuando ahora me acuerdo de las veces que me creí que mis padres y tíos iban "al baño", "a la cocina", pero en realidad estaban colocando regalos bajo el árbol, me siento igual de ilusionado. Es como creer en la magia aunque sepas que hay truco.

Pero estoy seguro de que el día 6, cuando me despierte y Javi y yo nos demos los regalos (si hemos aguantado hasta entonces), podré escribir con la emoción a flor de piel, otra vez siendo un niño que cree que los Reyes Magos le han hecho uno de los mejores regalos del mundo: despertarme al lado de la persona con la que quiero envejecer.

09 diciembre, 2006

Niñato insoportable

Viernes, 8 de diciembre de 2006

Como algunos saben y otros tal vez también, soy asiduo visitante de la web de noticias homosexuales Dosmanzanas.com. Para cualquiera que quiera estar medianamente informado acerca de lo que sucede dentro y fuera de nuestrar fronteras a nivel de derechos, actividades, reivindicaciones y demás acontecimientos varios relacionados con el mundo homosexual, es una web casi imprescindible. Para el resto, está bien echar un vistazo de vez en cuando para tener una perspectiva más adecuada de cómo está en mundo en algunos aspectos. Como decía, soy un lector habitual (diario), colaborador ocasional (casi nada) y comentarista impulsivo (cuando me nace de dentro tener que poner mi opinión o dar algún dato). La idea de crear un blog para dejar estas noticias por escrito y que sean comentadas por el respetable es muy interesante porque no se convierte en una web estilo periódico, sino que permite interactuar a los lectores con la noticia en sí aportando más datos o simplemente su sensación al leerla.

Sin embargo este tipo de libertad permite que se cuelen ciertos elementos perniciosos de la sociedad que van a insultar, reirse de algo que consideran la mar de gracioso (cuando no suele tener ni pizca de gracia) o bien derramar sus ideales un tanto totalitarios en algún comentario suelto. O peor aún, se pueden leer cosas de este estilo. Para caerse de culo y no levantarse. Y no es la única perlita que ha soltado el niño, qué va. Ya tuvimos él y yo un encontronazo hace unos meses porque según él (y en parte con razón), yo iba noticia por noticia contestando a sus aportaciones en la línea opuesta. Estuvo el verano de descanso y ha vuelto hace poco a la carga más radical y más cargado de rabia contra el mundo y contra la vida en general. Y ya véis qué razonamientos. Se caen por su propio peso y de puro ilógicas se convierten en absurdas. Pero son afirmaciones peligrosas leídas por ojos inadecuados. Un fachorra podría decir que los gays defendemos cosas tan absurdas como que las mujeres no deben tener sus 16 semanas de baja por maternidad. O que buscamos imponernos por encima de los heterosexuales y el matrimonio sólo ha sido una excusa para empezar. O cualquier mujero puede sentirse gravemente ofendida y decidir no volver a aparecer por esa web que no ha llamado al orden a un ser tan insensible.



Aun partiendo de la base de que es un chico joven (lo comentó hace tiempo en alguna parte) y que tiene la cabeza llena de pájaros que le impiden pensar, este muchacho consigue que se me crispen los nervios. Llevo muchos años metido en una asociación luchando por una igualdad real, eliminando prejuicios, normalizando la realidad homosexual... Y va el muchacho y en unas cuantas líneas puede tirar por tierra todo ese trabajo. Hablo, evidentemente, a un nivel teórico y metafórico. Ha llevado tan al extremo sus pretensiones anti-discriminatorias que hasta los Radical Gay se quedarían pálidos ante sus explosiones de hormonas sin liberar. ¿Y qué se puede hacer ante un elemento así? Varias personas hemos intentado contrarrestar sus argumentos con otros más reales y lógicos que pudieran convencerle. Inútil, se ha reafirmado más aún en sus convicciones y casi que nos llama tontos ignorantes. Si le contestas un poco mosqueado y le pides que se abstenga de tales comentarios, te acusa de recortar su libertad de expresión. Si pasas de lo que dice, se considera satisfecho de habernos dejado sin palabras... En resumen, siempre sale ganando de una forma u otra. Y aunque cualquier persona con dos dedos de frente vea claramente que su discurso es una tergiversación de la realidad, insisto en la potencial peligrosidad de sus textos.

Si sigue así (y espero que no empeore), le pediré al adimistrador de la web y a los colaboradores consejo sobre cómo sobrellevar el asunto porque a mí, cada vez que veo que ha escrito un comentario, se me hincha la vena porque me temo que va a ser terrible. Y no suelo equivocarme...

05 diciembre, 2006

Me estoy haciendo mayor

Martes, 5 de diciembre de 2006


Debe ser que me estoy haciendo mayor o si no, no me cabe en la cabeza. Yo antes no era así. Aunque en mi defensa diré que tampoco ha sido un cambio radical, pero algo hay que no es como era antes. Y es que me estoy dando cuenta de que... ya no necesito tanto a mis amantes. De hecho, hasta me permito el lujo de "desperdiciar" oportunidades para quedar y satisfacer mis más bajos instintos. Sin ir más lejos hoy mismo casi tenía una cita para un buen rato con alguien agradable y que suele tener resultados bastante satisfactorios, pero no, me he quedado en casa, escribiendo estas líneas, jugando al juego de turno y haciendo trabajos manuales para las amigas de Javi.

Obviamente no me he convertido en un santo varón de la noche a la mañana. Ha habido algún affaire por aquí y por allá y doy por hecho que mi libido me dará más caña, pero por el momento me siento bastante a gusto con lo que tengo y con lo que me dan. O será que me estoy haciendo mayor y no necesito tanto sexo como antes...



Naaaaaaaa, eso sí que no, jejeje.

02 diciembre, 2006

Una de recuerdos

Viernes, 1 de diciembre de 2006

Esta mañana, cuando me he levantado algo cansado y bostezante me he asomado a la ventana para ver qué tiempo hacía y el espectáculo que he visto me ha hecho sonreir pese al sueño que tenía.



Una niebla blanca y espesa cubría el horizonte y el frío húmedo se notaba incluso en el interior de casa. Mis fosas nasales se llenaban de aromas típicamente invernales (calefacción, humedad) y me abracé a mí mismo cerrando los ojos porque mi memoria se llenaba de imágenes. Recordé cuando era niño y vivía en la otra punta de Logroño, también en las afueras. El recuerdo, tal vez algo alterado, incluía el mismo día cubierto de niebla y frío y algo me decía que eran fechas cercanas a la Navidad. Como cada mañana mi madre acudía de buen humor a despertarme y yo me levantaba casi de un salto para ver la niebla que llegaba a ocultar el otro lado de la calle y empezar a vestirme. Estaba contento y nervioso, tenía ganas de ir al colegio porque se mascaba el ambiente navideño. Posiblemente sería el último día antes de las vacaciones. Recordé embutirme en el grueso abrigo para salir a la calle con la mochila a la espalda, moviendo los brazos en su mínima expresión por todas las capas de ropa que llevaba, con la bufanda tapando casi toda mi cara y el vaho formándose a escasos milímetros de mis ojos. En el colegio hacía calor y todos teníamos los rostros sonrojados y sonrientes. Ya sudábamos al llegar a clase, aquellas clases iluminadas con tubos de neón en las que entrábamos unos cuarenta alumnos, haciendo comentarios y hablando sin parar de nuestras cosas antes de la llegada del profesor.

Corté ahí el recuerdo, tenía que prepararme para ir a trabajar. Pero me pareció curioso que la combinación de una imagen y algunos olores despertaran recuerdos tan lejanos y difusos. Es algo bastante habitual en mí, considero que tengo una buena memoria olfativa pero muchas veces no consigo concretar a qué me recuerda un aroma o una fragancia. Pero sí suelo recordar las sensaciones que arrastran y esta mañana he salido a la calle con una melancólica sonrisa, pero una sonrisa al fin y al cabo.

29 noviembre, 2006

Ya están aquíííííí...

Martes, 28 de noviembre de 2006


Van a llegar las Navidades. De eso no cabe duda y menos aún dentro de unos días cuando las ciudades del mundo empiecen a darle al interruptor de encendido para el disparo de salida a la carrera del consumismo exacervado. Consumismo en el que yo participo, para qué negarlo, pero tal vez este año no me sea posible. En el trabajo estamos notando la cercanía de las navidades porque los horarios van a empezar a cambiar. Y para mal, claro.

Es terrible estar cansado y agobiado antes de que los problemas lleguen. Y es algo general. Mis compañeras también están previendo el mes y medio que nos espera con jornadas largas y la tienda llena. Esta mañana me he levantado con ganas de quedarme en la cama y no moverme hasta que se fuera la fría niebla que se arremolinaba en las calles. No como todos los días, no sólo era sueño, era desgana. Desgana porque comienza un sufrido calvario de vida que se resumirá en dormir y trabajar.

La Navidad es una época del año que me gusta. Me gustan los escaparates llenos de luces y de adornos, las tiendas desplegando todos sus productos para atraer nuestra atención. La gente por las calles con las manos llenas de bolsas y los niños pidiendo los juguetes de turno a voces. Y me encanta pensar en los regalos que me gustaría comprarle a la gente que quiero. Aunque ahí suele acabarse la magia porque evidentemente no puedo permitirme la mayoría. Pero soñar es gratis, no? Y se puede soñar con los inacabables anuncios de colonias, los turrones, las películas infantiles y los especiales televisivos. Pero por otra parte son días de reunión familiar y en la mía siempre ha sido motivo de alegría y alborozo. Los pequeños de la casa correteando y dando la vara, los mayores con los mismos chistes e historias de todos los años, las mujeres en un lado, los hombres en otro (tontería absoluta porque cocina/ayuda/recoge todo el mundo)... En estas celebraciones siempre me encantan y aunque con el tiempo son menos habituales por lo que supone de gasto y trabajo en la casa que celebra, las disfruto cada año un poco más. Mi familia materna está unida, con sus rencillas típicamente familiares y también las familiaridades típicas de vernos bastante a menudo.

Este año mi abuelo no se sentará a la mesa con nosotros. No sé lo que nos supondrá a nivel anímico, pero conociendo a mi familia, no creo que nos pongamos muy lacrimógenos. La tristeza se lleva por dentro, pero expresarla en común delante de los pequeños y de mi abuela (que bastante tiene con lo suyo) no sirve de mucho. Sería más bien contraproducente. Pero seguro que todos nos acordamos y le echamos de menos en las fotos. Y cómo chinchaba a su nieta pequeña para hacerla rabiar. Y qué fuerza seguía teniendo en las manos cuando me agarraba para hacer como que peleaba conmigo. Seguro que donde quiera que esté sigue atento nuestros pasos y vela por nosotros.

Buf, van a llegar las navidades. El asunto es cómo terminaré yo tras ellas.

26 noviembre, 2006

Otro fin de semana movidito...

Domingo, 26 de noviembre de 2006



Diría que últimamente no paramos, pero tampoco hay que exagerar. Estamos teniendo, como Javi quería, nuestros fines de semana caseros para recuperarnos de los anteriores. Y por mi parte me viene estupendamente porque no puedo gastar ni un céntimo de más si quiero llegar a fin de mes con algo en la cuenta corriente. Así que este fin de semana tocaba recibir la visita de Charly Brown, de quien ya os hablé hace poco.

Teníamos ciertos miedos acerca de la actitud de Javi hacia la visita. Estaba frío, poco convencido y Charly y yo creíamos que se sentía algo amenazado. Pero en media hora ya estaba en el bote. Porque reconozcamos una cosa, ¿con quién suelo relacionarme yo de una manera más o menos íntima que sea mala persona? Pues evidentemente vosotros lo sabéis mejor que nadie que sois ese tipo de personas. El caso es que este cambio radical de actitud me dejó bastante descolocado. En realidad muy descolocado. Y siendo más sincero aún, me ha dejado ojiplático perdido. y he estado todo el finde con la guardia baja y haciendo el tonto porque no acababa de reaccionar adecuadamente. Así que el Robin niño ha tomado el control y ha hecho de las suyas. He intentado por todos los medios retenerlo, pero es que estaba algo desatado. Por suerte no ha causado ningún destrozo digno de mención, sólo alguna trastada menor.

Mi reflexión acerca de mi reacción y comportamiento tiene un carácter un poco egoísta, pero me puede ayudar a cambiar esas cosillas que tengo pendientes. Supongo que esperaba tener que lidiar con un novio reticente, aunque amable y un amigo muy bien intencionado pero que jugaba fuera de casa. Pretendía tener que controlar la situación y mediar en momentos complicados, silencios absurdos y demás extravagancias de una mente perturbada. Al no ser así, toda la energía acumulada a lo largo de la semana, la preocupación por el qué pasaría y mi manía por tener todo bajo control (o al menos estar al tanto), reventó como una palomita de maíz en un microondas y salpicó todos mis comportamientos.

Tampoco voy a mortificarme con lo que ha pasado. Lo voy a utilizar para seguir conociéndome a mí mismo y seguir mejorando. Mi yo infantil no está eliminado del todo, de hecho no quiero hacerlo, forma parte de mí y de mis encantos. Simplemente tengo que vigilar que no salga de paseo si no va de la mano de mi yo adulto. También tengo que dejar de tener expectativas tan claras cuando no controlo las circunstancias. Todos podemos hacernos una idea de lo que creemos que puede pasar y prepararnos para tal efecto, pero si las cosas no salen así no hay que perder la compostura, simplemente aclimatarse a las circunstancias. Además, ha sido un fin de semana muy interesate, con un conjunto muy agradable y divertido, donde se han mezclado diversos factores que han hecho que me olvide temporalmente de mis problemas laborales, la bronca con mi compañera el viernes, la mala noticia de la entrevista que hice hace poco y los puñeteros horarios navideños (entre otras cosas). Y se acabaron los sábados libres hasta... Buf, mañana será otro día.

23 noviembre, 2006

Un vicio

Jueves, 23 de noviembre de 2006

Bueno, si sólo fuera uno... Pero creo que me he viciado un poco más al juego que tengo ahora entre manos, o al menos me apetece más ponerme a ello que con otros que he jugado aunque me gustasen más. Supongo que pocos lo conoceréis, es el Heroes of Might & Magic V.


Dejando aparte el juego en sí, las razones de por qué me gustan los juegos de rol y estrategia y demás excusas varias, estos juegos enganchadizos siempre consiguen que mis ratos de ocio giren "demasiado" en torno a ellos. Con éste, he tenido que correr para coger el bus más de un par de veces, lo he dejado pendiente y me he ido a trabajar para seguir cuando volviese y hasta me he acostado a horas indecentes por tener una misión especialmente interesante y estar ahí, ahí. Claro, con el consecuente cansancio al día siguiente arrastrando las ojeras hasta el suelo.

Por suerte esto sólo me ocurrió hace dos noches, que debí de caer en una especie de trance y no veía las horas que pasaban. Para suerte mía, mi cuerpo, como casi cualquier otro, tiene una impresionante tendencia a compensar errores fisiológicos y anoche estaba un poco hecho polvo. Me acosté pronto y esta mañana me he levantado como una rosa. Al menos no he ido acumulando sueño día tras día, noche tras noche, enganchado a unos muñequitos que se pelean entre sí y van descubriendo territorio. Si así fuera, sí que tendría un problema.


Además, cambiando de tercio, no puedo acumular demasiado sueño para el fin de semana. Charly Brown viene por fin (no ha habido cambios de última hora) y supongo que el sábado habrá fiesta hasta tarde. Si no estoy despejado, no tendrá tanta gracia...


Y en otro orden de cosas, quien trate conmigo estos días debe saber que los horarios de diciembre del trabajo van a acabar con la salud de todos los vendedores de Phone House, así que si notáis que tengo mala leche, que empiezo a despotricar acerca de mis jefes o que me sale espuma por la boca cuando se me pregunta por el trabajo, casi mejor alejaos en un radio de unos 500 metros a la redonda... Por si acaso... Esta semana me llaman de la entrevista que hice para la fábrica de maderas y sigo con la incertidumbre de lo que sería cómodo y lo que sería lo que realmente deseo. Pero no hagamos planes, dejemos que lo que no puedo controlar fluya...


¿Se me están acabando las ideas? Esto empieza a parecer el diario de una adolescente poniendo por escrito lo que ha hecho cada día. En vez de Cuaderno de Bitácora, creo que lo llamaré "Mi Primer Diario de Barbie". Como escribe alguien por ahí.... "Tíatíatía".