24 julio, 2007

Y el tiempo fue pasando pasando...

Lunes, 23 de julio de 2007

Y como siga así, cumplo 31 y sigo sin actualizar el blog... En fin, mañana intentaré explayarme un poquito más, porque no me apetece en la noche previa a mi cumple amargarme la vida recordando lo mal que están algunos aspectos (mayormente laborales) de mi vida. Hoy, que le den a todo. Javi me ha dicho que ha comprado un par de regalos que me van a gustar y el niño que siempre llevo dentro casi se ha hecho con el control de mis manos y mi boca agitando los dedos y diciéndole: "Yo quierooooo". Tendré que esperar a mañana, pero estoy seguro de que me va a encantar.




¿En una caja tan grande podrá caber una alianza de pedida de mano? Yo quieroooooooooo.

12 julio, 2007

Tengo uno de "esos" días

Miércoles, 11 de junio de 2007

Se podrían escribir libros y más libros sobre lo que quiere decir esa frase, pero es así. Hoy es uno de "esos" días en los que no sabes si es que el destino se ha dedicado a olvidarse de ti de rato en rato o es que tocaba descompensarte un poco la vida en conjunto. Por suerte me he puesto un poco de Sabina (ahora, porque vaya mezcla que tengo de música en el disco duro) y posiblemente me vaya a la cama con las pilas más cargadas con alguna canción de las de soltarse la melena y olvidarse del día de hoy.


Tampoco es que haya habido una serie de desastres insuperables que hayan cambiado el rumbo de la historia de mi vida, pero tal vez por eso mismo es uno de "esos" días y no un día terrible. Simplemente han sido un conjunto de circunstancias y sensaciones que me dejaban en estados ciertamente negativos y nada recomendables. Durante todo el día el concepto de mí mismo se ha reducido por momentos al nivel de una babosa muerta... No, mejor al de una bacteria infectando a la babosa muerta... No, no, mejor al de los extrementos de las vacuolas de la bacteria que infectaba a la babosa muerta. En todos los niveles de mi vida pensaba que no daba la talla. Y además con esa sensación de que tampoco puedes hacer nada por evitarlo. Piensas que dado que estás en el fondo del pozo, de nada sirve intentar subir para saber que no llegas arriba, a lo más alto.

Tener poco que hacer en el trabajo y ver que el resto de tus compañeros van a llegar a sus objetivos con una soltura envidiable no ayudaba mucho a sentirse mejor. Por suerte, la campaña nos ha llenado la tienda hacia mitad de la tarde y no tener tiempo casi para pensar. El gimnasio ha venido bien para soltar parte de la energía acumulada a lo largo de la jornada, aunque he tenido algún encontronazo con un amigo. Qué suerte que las relaciones en el vestuario son inmejorables y nos entendemos a la perfección. Si notamos que alguien no está de buen día no se le presiona mucho, se le apoya y se le escucha lo que quiera contar. Creo que Pepe (del gym) es el primero en todo el día que me ha preguntado sinceramente qué me pasaba y se ha interesado por ello. A las once de la noche, no está nada mal...

En fin, simplemente espero que haya sido un día puntual y no tenga que ponerme a discutir conmigo mismo las desventajas de este tipo de estados anímicos. Me conozco y como entre en una de estas espirales descendentes, tengo todas las de perder. No puedo estar martirizándome con lo poco que me gusta mi trabajo, lo que me va a costar llegar a fin de mes con la hipoteca, el poco tiempo que paso con mi novio, lo desastre que sigo siendo en casa... Mañana tengo que empezar a tomar cartas en el asunto para no sentir que además no hago nada, que no tomo la iniciativa. Si quiero que las circunstancias cambien, está en mi mano, no va a bajar el Arcángel Gabriel del cielo a ponérmelo en bandejar... Como éste que le tomado prestado a Ismael Álvarez.


03 julio, 2007

Seducción

Lunes, 2 de julio de 2007

Ciertamente no me he prodigado mucho por estos lares últimamente. Y menos aún teniendo en cuenta las fechas que eran, con tanto acto del orgullo por aquí y por allá y con la Mani en Madrid incluida. Pero no tenía tiempo ni ganas, llegando siempre tarde a casa y teniendo que madrugar al día siguiente. Sin embargo, al volver de Madrid, me apetece contar un poco una anécdota de lo que me ha pasado y sobre la que me apetece reflexionar, aunque sea para mí mismo.

Uno de mis objetivos en el Europride 07 era ligar con un rubio, a poder ser, nórdico. Puro morbo o tal vez necesidad de tener un reto en el que apoyarme para hacer aún más interesante de lo que era el fin de semana. No tuve muchas oportunidades, sinceramente, pero aproveché lo que pude para buscar miradas, intercambiar sonrisas y saber que mi ego puede estar tranquilo: aún tengo algo de atractivo y la gente parece notarlo cuando me pongo un cartel luminoso en la cabeza.



Antes de coger el autobús de vuelta el domingo, fuimos a comer un grupito de gente a un VIPs que hay cerca de Avenida de América. Una consecución de casualidades nos llevó hasta allí y nada más entrar, "fiché" a un rubio, tal vez algo mayor que yo, que prometía algo más de músculo y menos de grasa que yo y que también me clavó su mirada de brillantes ojos azules. Nos pusieron en una mesa en línea con el rubio y el chico con el que compartía mesa, un moreno canoso que podía ser perfectamente su novio o su ligue de esa noche. Desde el momento en que me senté comenzaron los intercambios de miradas y las sonrisas escondidas tras los tenedores. Tanto su pareja como la mía se percataban de lo que había, pero parecían dejarnos espacio a la diversión, dado que era algo público y evidente que el juego era un mero divertimento que no ocultaba ninguna intención de cita posterior. Envié señales evidente, entré al juego de esquivar miradas y hasta usamos gestos para dar más comicidad a la situación. Recibí besos ocultos tras gestos de masticación, envié posibilidades sexuales antes de limpiarme con la servilleta, incluso hubo un amago de quedar en el baño, ante lo cual propuse que fuéramos los cuatro. Todo era un juego. Ante las preguntas de mis compañeros de mesa, se me escapó una frase que hasta me gustó a mí: "La seducción es un juego, como un baile. Los pasos están marcados, aunque puedes improvisar, pero sabes de antemano cuál va a ser el final". Y así fue: el muchacho rubio y su evidente pareja salieron del restaurante, con mohín por mi parte y la de aquél, pero con una gran sonrisa por parte de ambos. Había resultado divertido, adiós perfecto desconocido, nunca más volveré a verte. Estuve tentado a levantarme y presentarme, dar mi mail o tal vez mi móvil, pero valoré que no controlaba la reacción que provocaría en todos los implicados directos o indirectos, lo cual me retuvo. Tal vez ahora me arrepienta un poco, pero nada se puede hacer al respecto.


Es la Seducción. Con mayúscula. Ese es uno de los motores de mi vida: el juego, la seducción, la emoción... Llegar hasta la última base no es el fin en sí mismo, sino un premio que no siempre es necesario recoger en la línea de meta. Saber que la partida se ha desarrollado de forma satisfactoria para ambos participantes suele ser más que suficiente, forma parte del baile y los pasos predefinidos. Pero hay que volver al mundo real. Este fin de semana Madrid estaba plagado de maricones (eh, que sólo parafraseo a Marta Sánchez, que nadie se ofenda) y dar con un par en un VIPs cualquiera no fue más que fruto de la casualidad. Tener la posibilidad de jugar y seducir a un rubio, tal y como yo había deseado, era una especie de regalo de fin de viaje sorprendente y dulce como un postre de boda tras una copiosa comida. Se podía haber hecho más, pero es lo que hay. Ahora toca poner los pies en el suelo, levantar la mirada hacia la ciudad de origen y afrontar la rutina de un mes de julio tal vez menos anodino de lo que parece. Sin embargo aquí puedo despedirme de rubios morbosos con los que jugar a las miraditas en un restaurante cualquiera, o de morenos con algo de chispa, cuando menos. Esto es Logroño, esto es la provincia. Esto, a veces, sí que puede resultar un poco rollo.

24 junio, 2007

Me gustan los rubios

Domingo, 24 de junio de 2007

Pues sí, lo confieso, me gustan los rubios. Tampoco es que sea uno de mis secretos inconfesables, pero tenía que dejarlo por escrito para que constase y plantearme de una vez por todas de dónde vendrá es fijación tan curiosa hacia el cabello color trigo. Aunque tampoco es que me importe mucho, al fin y al cabo, me gustan y punto, no tiene más misterio.


En la idea de escribir esta entrada, le he dado un par de vueltas de psicología barata a las posibles razones de dónde empezó todo. Cabe la sutil posibilidad de que todo tenga que ver con mi adolescencia (y Freud no tiene nada que añadir) y las clases de literatura. Siempre tuve un especial interés en los poetas románticos muy en la línea de Bécquer. Sus suspiros melancólicos, sus inalcanzables amores, su dramatismo extremo…, la vida de un adolescente homosexual dentro del armario queda bastante bien definida en muchos casos. Una de las características de estos conocidos literatos, era su idealización de la belleza, concretada en las mujeres nórdicas, tan lánguidas, tan pálidas, tan rubias… Pobre de mí, muchacho influenciable y necesitado de modelos propios, creo que asumí como mío ese concepto de “lo rubio es bello” (porque la frase “lo rubio es vello” se puede aplicar también en otras situaciones, pero no viene al caso).


Supongo que de esta idea evoluciona también mi interés, dentro de mi frikismo habitual, por los elfos, habitualmente hermosos, rubios y de brillantes ojos claros. Toda su elegancia, su también idealizado glamour, en algunos casos su dominio de la magia… Siempre he sentido una especial debilidad por estos personajillos tan encantadores como misteriosos, tan dulces como pasionales, tan idealizados como parodiados. Eso sí, los elfos rubios, que los morenos son una invención posterior.


Dicho lo cual y tal vez por razones que sólo una sesión de hipnosis podría conseguir, es ver un tío rubio por la calle y no puedo evitar volverme para catalogar si alcanza el 10 en la escala de terremotos sexuales. Con la apertura de la UE a Rumanía, en Logroño tengo el problema de que el nivel de rubios por kilómetro cuadrado está aumentando exponencialmente. Y es que como los nórdicos o los chicos del este, no hay rubios así en España (salvo honrosas excepciones). A poder ser de ojos claros, pero tampoco es condición necesaria. Pueden ser delgaditos o musculados, sonrientes o serios, activos o pasivos, pero el caso es que conmigo ya han ganado la posibilidad de que me interese, al menos a un nivel teórico. El problema es que creo que llevo tanto tiempo idealizando a este tipo de hombres que la atracción sexual no es tan grande como pudiera parecer, más al contrario es más una atracción visual que otra cosa. Eso sí, como se me pusiera uno a tiro, no iba a decir que no… El otro día entró un alemán en la tienda a preguntar por el ADSL y, bueno, creo que habría ido a su casa a montárselo yo mismo en ropa interior si me lo hubiera pedido. Que hablase alemán mientras tanto, que creo que se me notó un poco que se me caía la baba con cada sonoro vocablo germanizado que soltaba por sus carnosos labios.

Ahora bien, siempre que hablo de este tema con mis conocidos, me acaban preguntando lo mismo: “Si tanto te gustan los rubios, ¿cómo es que tu novio es moreno, todo un osete y totalmente opuesto a lo que sueles describir como idealización?”. Pues porque, evidentemente, no todo es color de cabello ni aspecto exterior… Y, si no, que se lo digan a este morenazo que trabaja en las obras de al lado de mi tienda… Bueno, tal vez el aspecto exterior sí que influya ;)


17 junio, 2007

Resacas a partir de los casi30

Domingo, 17 de junio de 2007

Qué terrible es la edad. Cada año que pasa la gente dice que se siente un poco más vieja y con menos fuerzas para nada. Comentan que ya no les apetece hacer esto o aquello y que la vida es más tranquila y relajada. Yo no, he dicho siempre. Yo cumplo años pero tengo épocas en las que hago unas cosas u otras, sin dejar nada de lado tenga la edad que tenga. Eso sí, tampoco me voy a poner a hacer el cabra como hacía a los 18, que no tengo yo el cuerpo para bailes, pero no quita que lo pueda intentar de lustro en lustro.

Por eso llevo todo el día tirado en el sofá durmiendo a ratos porque anoche salí hasta las 7 con gente de la empresa. Y me he levantado a las 12 porque querían salir pronto y les había prometido gofres a los que se quedaban a dormir en mi casa. Hasta la hora de comer he aguantado medio bien, pero... Madre mía, qué cansancio generalizado...

La ventaja es que resaca, resaca, lo que se dice resaca en sí misma no he tenido, la verdad. Son esas pastillas llamadas Resalim que tiene Javi para las noches que prometen ser largas. Creo que debo agradecerle no tener dolor de cabeza, ni pesadez de estómago ni ganas de vomitar cada cinco minutos. Pero para el cansancio por estar toda la noche saltando y dormir menos de 5 horas creo que no he encontrado nada... Así que creo que he mezclado siesta con algo de sueño nocturno y eso me ha recuperado levemente para las 10 de la noche, para ver el final de la liga de fútbol... También yo, qué mala suerte, ¿no?

La verdad es que la noche fue estupenda y se me pasó volando. Bien tendría que estar yo para aguantar hasta tan tarde, pero es que la presencia de unos cuantos compis de Bilbao animó a la concurrencia a aguantar más de lo debido para no quedar como aburridos y malos anfitriones. Mi cámara captó algunas imágenes que merecen pasar a la historia y que se colgarán en el blog de la zona, a la sazón: blogs.ya.com/thpnorte. Por si alguien quiere pasarse a conocerlo, pero no se pueden dejar comentarios si no eres trabajador o el administrador los borrará. Pero al menos podréis deleitaros, que no es poco.


Cambiando de tercio y por si alguien no se ha enterado. En Dosmanzanas se han creado un par de mascotitas por el insigne y nunca bien ponderado dibujate gay Ismael Álvarez. Les están poniendo nombre y tal vez deberíais pasaros a poner algún comentario...



12 junio, 2007

Benditos puentes...

Lunes, 11 de junio de 2007



Alabadas sean esas circunstancias socioculturales o geopolíticas gracias a las cuales los insufribles trabajadores del comercio vario podemos disfrutar de unos cuantos días seguidos de asueto y relax. Tres días ni más ni menos, cuando un servidor no está acostumbrado a llegar más allá del domingo religiosamente respetado y su día libre perdido a lo largo de la semana. Tres días que han sido como un bálsamo para el cuerpo y para el espíritu.

Hoy por ejemplo aún sigo con el pijama con el que me he vestido nada más levantarme hacia mediodía, más o menos. La laxitud con la que han transcurrido las horas entre el sofá, la cocina y el ordenador me ha servido para alejarme temporalmente de los problemas cotidianos del día a día que mañana volverán con toda su fuerza, congelados como estaban en los horarios laborales y sociales. Pero eso será mañana, porque hoy era el último día para disfrutar de todo lo que el no hacer nada nos concede.

Haciendo la cena, temprano para temprano acostarnos (menos yo, que sigo en mi línea), he pillado a Javi por sorpresa con una pregunta-trampa. "¿Eres feliz viviendo conmigo, cariño?" No venía a cuento ni había razón alguna para decirla en voz alta, pero me ha surgido y no la he contenido. Tras los breves segundos de mirada de sospecha y el par de preguntas de rigor acerca de a qué venía, ha contestado: "Pues sí, la verdad es que estoy muy a gusto viviendo contigo". Y, sin más, he seguido preparando la tortilla de patatas con una sonrisa un poco más bobalicona. Era un final estupendo para un fin de semana estupendo. ¿Qué más se puede pedir?

07 junio, 2007

Flechazos instantáneos...

Miércoles, 6 de junio de 2007

He de reconocer que fue amor a primera vista. Llevaba tiempo buscándolo y apareció allí, delante de mis propios ojos y, si alguien me lo hubiera contado, no me lo habría creído. No era perfecto, ya no hay nada perfecto en este mundo, pero se ajustaba a mí y lo que quería, casi como hecho a mi medida.



He encontrado un piso que me ha enamorado. No muy grande, en la zona centro, recién reformado y a un precio asequible para la media de esta ciudad. Un premio gordo con lazo de raso. Insisto en que no es el piso perfecto pero me gusta y me lo vendieron bien. Cocina italiana (sin tener muy claro lo que significa eso), diáfana para conectar perfectamente con el salón que está al lado. Tres habitaciones, la más grande con un armario empotrado de pared a pared. Baño y cocina montados a gusto del vendedor, sin estrenar y, desde mi humilde punto de vista, con bastante buen gusto. El único problema es que el baño me resulta un poco pequeño y asfixiante, pero se puede hacer una pequeña ampliación comiéndole espacio a una de las habitaciones pequeñas. Resultará acogedor, moderno y muy manejable.

El único problema es que el dinero no crece en los árboles y voy a pedirles un pequeño préstamo a mis padres y cada uno tiene un punto de vista diferente del concepto de piso ideal. No entraré en detalles porque bastante me ha costado el proceso (rápido o más bien acelerado, casi impulsivo y con muchas tensiones) pero les he convencido de que es el piso que me gusta y que quiero hacerme con él. Tal vez otro día haga una disertación completa acerca de lo bien que puede llegar a manipular una persona a la que quieres y que, en principio, sólo busca lo mejor para ti. Hoy no, bastante tengo con sobrellevarlo y convencerme de que he hecho bien y que debería estar alegre de meterme en la peor relación que todo ser vivo debe tener: una hipoteca.

A partir de la semana que viene comenzará mi periplo por los bancos para ver qué me ofrecen y qué me interesa más. Por un lado estoy algo "acojonado", porque mi suelo me llega con cierto relax a fin de mes, contando con los gastos fijos que tengo y lo que he intentado ahorrar mes a mes. Ajustarme más el cinturón será todo un esfuerzo, pero si lo puede hacer todo el mundo... También me da miedo pensar en la atadura que supone estar pagando mes a mes durante veinte, treinta o cuarenta años, porque se me hace casi el resto de mi vida. Es como si fuese a entrar en una aventura de una envergadura que no acabo de alcanzar a ver.

Esa aventura implicará un cambio (otra vez) de vivienda, ver qué se hace con el piso en el que vivimos ahora, compra de muebles, gastos del piso nuevo, adaptaciones, cambios, cambios, cambios... Me parece que me estoy volviendo un poco viejo porque me cuesta pensar en que mi vida va a dar un vuelco de arriba a abajo y se me acelera un poco el pulso. Bueno, un poco bastante.

Bienvenido a la edad adulta y lo que ello conlleva, Robin Shilvadin...

29 mayo, 2007

El vampiro ataca de nuevo

Lunes, 28 de mayo de 2007

El vampiro sostenía juguetonamente una copa de champán entre los dedos. De vez en cuando fingía que daba algún sorbo, pero el exquisito líquido acababa poco a poco empapando la tierra de una maceta cercana. Era ciertamente un engorro muy desagradable tener que recordar funciones tan innecesarias como respirar o mantener la temperatura y el color en las mejillas, pero relacionarse con mortales tenía sus inconvenientes. A cambio, se recibía toda su pasión desbordante, su miríada de sensaciones superpuestas y, ante todo, se abría la posibilidad de poder elegir con tranquilidad a la presa que serviría de alimento posteriormente.

La fiesta era un verdadero aburrimiento. Algunas de las lumbreras de la ciudad se habían dejado caer por allí por el mero hecho de hacerle la pelota al primogénito Toreador, pero ciertamente había sido un gran desastre desde el momento en el que el Príncipe de la ciudad se negó a hacer acto de presencia. Nuestro vampiro sonrió para sus adentros recordando los tiempos en los que era él mismo quien organizaba ese tipo de fiestas y siempre conseguía susurros de verdadera admiración por parte de las Arpías que le acechaban, siempre con un as en la manga para deslumbrar a la audiencia. Eran tiempos pasados, ahora era más divertido asistir como invitado a actos en ciudades vecinas para poder relajarse observando todas y cada una de las carencias del gusto y elegancia en, por ejemplo, la elección de los vestidos de noche de algunas de las asistentes... Las lentejuelas rojas estaban pasadas de moda desde hacía AÑOS. ¡Por favor, que alguien le diese una estaca para no tener que seguir sufriendo!

Al fondo de la sala, dos hombres maduros cuchicheaban hablándose al oído mientras se llevaban a la boca algún canapé de caviar que el camarero acababa de dejar en la mesa de la comida. No podían apartar su mirada del atractivo vampiro que, una vez vaciada del todo la copa de champán en la tierra de la borracha maceta, se dirigía hacia ellos sin contenerse a la hora de demostrar pura y salvaje sensualidad. Dos por el precio de uno, toda una ganga que no dejaría pasar. No parecían gente demasiado importante al no tener una corte de rubias oxigenadas colgadas de su brazo ni pelotas engominados de sus pantalones. Tanto mejor. Eran un médico y un profesor que conocían al anfitrión por sus numerosas fiestas benéficas y habían asistido porque... Su cháchara era titubeante, sin saber a qué se debía que les resultara tan sencillo sincerarse con un extraño del que no conocían ni el nombre, pero la conversación fue fluyendo entre copas y sonrisas soslayadas que evidenciaban mucho más de lo que lo hacían las palabras. No fue complicado salir a tomar el aire al jardín y pasear tranquilamente entre los setos que conformaban el intento de laberinto victoriano que tanto gustaba a los nuevos ricos. Parecía que un jardín sin laberinto no era suficientemente chic para su barrio decadente.



Cuando el ruido de la fiesta se había apagado y los dos hombres dormían sobre el césped, algo más pálidos y, desde luego, algo más felices, el vampiro procedió a retirarse antes de que el alba hiciera acto de presencia. Había sido una noche larga, pero aquellos dos inocentes le habían concedido un entretenimiento bastante grato. Desde luego no entrarían entre sus presas habituales, lo había decidido cuando descubrió el exceso de crema hidratante en la cara del profesor y la ausencia total de conversación inteligente en el médico. Pero al menos le habían animado lo suficiente como para concederles el placer de disfrutar como cuando estaba vivo y su cuerpo respondía a los estímulos que ambos le proporcionaron. Salía ya del laberinto cuando un leve rugido le alertó de que le estaban observando. Sobre una de las paredes del laberinto, una especie de mezcla de hombre y animal le miraba con los ojos de un rojo destellante. La sensación amenazadora se combinaba con un aura de espectación, de paciencia, tal vez con cierta curiosidad. El vampiro miró con la cabeza ladeada a su extraño espía y le concedió una encantadora pero perversa sonrisa. Sé quién eres, se dijo, sé a qué has venido, pero me voy a proteger contra ti, porque si yo no te doy permiso, no podrás acercarte. Y dándole la espalda a la espantosa quimera, salió en busca de su abrigo para retirarse a descansar. Al menos, al final la fiesta se había animado un poco, pero quitaría a ese estúpido Primogénito de su lista VIP inmediatamente. Qué falta de seguridad, bendito Caín...

25 mayo, 2007

Un libro que te engancha

Jueves, 24 de mayo de 2007

Es curioso que un libro que crees que no te va a gustar y que probablemente acabes despreciando. Y resulta que te enganchas tanto que, como es mi caso, me lo acabo llevando en el autobús de ida y vuelta del trabajo, leo cuando tengo medio segundo libre en la tienda, leo antes de acostarme como hace tiempo que no hacía...

El libro en cuestión es, aunque parezca mentira, "El Diablo viste de Prada", cuya película fui a ver este verano. Y he decir que es como si fueran dos cosas diferentes. La película es, evidentemente, una adaptación más o menos libre, pero ha estado bien comparar y volver a apreciar una buena lectura pese a tener los personajes grabados en la cabeza. Y no voy a entrar en la típica comparación de que si el libro es mejor que la película, pero la película tiene más ritmo y te cansa menos... Son diferentes y recomiendo ambos por igual porque, como digo, parecen versiones diferentes de la misma historia.

En el libro Miranda es más mandona (más aún), con un carácter más voluble y menos entendible desde un punto de vista racional. A pesar de mantener su glamour, pierde parte de la vistosidad de la imagen en pantalla grande, pero me enganchó saber cuál sería su siguiente capricho y cómo pondría en ridículo a su pobre y desesperada ayudante. Tan integrado estaba en la narración, que me daban ganas de contestar al teléfono diciendo "Despacho de Miranda Priestly". Seguro que los clientes se habrían quedado sin habla al menos un par de segundos...


En ciertos momentos hacía semejanzas entre mi vida profesional y la de la pobre Andy, pero por suerte no se parecen en lo más mínimo. Yo no soy vapuleado por una jefa despiadada (últimamente estamos en un momento dulce, esperemos que siga así), sino por unos clientes que cada día detesto más. De hecho, leerlo me ha hecho sentir una cierta empatía por la pobre muchacha harta pero sin poder salir del círculo vicioso en el que se ha metido y una cierta envidia por el glamour, las fiestas y esas tonterías de niño bien que me dan de vez en cuando. Porque uno es de pueblo y un poco paleto, pero oiga, que soñar, soñamos todos...

20 mayo, 2007

Relaciones laborales (sin máquina de café)

Domingo, 20 de mayo de 2007



Todo trabajo es criticable por cada uno por la mera razón de que pasamos allí más horas que en nuestra propia cama (si exceptuamos a quienes se dedican a la prostitución, claro). Todo jefe es odiable desde el momento en el que te da la primera orden. Todo compañero o compañera de trabajo es despreciable porque sí, y si no, porque también.

En mi caso, no es que viva un verdadero infierno a causa de mi trabajo, pero siempre se agradece poder soltar todo tipo de barbaridades en los círculos íntimos y cercanos, sabiendo que nunca llegarán donde no queremos que lleguen (y si lo hacen, negaremos categóricamente haber dicho tales palabras, lo juro por el polígrafo de Antena 3). Hoy intentaré ser lo más amable posible, porque cuando me suelto...

Mi jefa de tienda es el prototipo de futura solterona. Pasa de hombres, porque posiblemente no haya tenido mucha suerte en ese ámbito de su vida y lo haya dado ya por perdido. Vive aún con sus padres a pesar de que le quedan dos muebles para montar su piso de soltera, al que se mudará en breve... más o menos. Lleva las tareas cotidianas con una organización digna del mayor obseso del orden en el mundo mundial. Y se pone colorada en cuanto hay una situación que se le escapa de lo normal. Fascinante, sobre todo porque es bastante sencillo conseguir lo que uno quiere de ella si sabe ofrecer un buen caramelo a cambio.

Mi compañero. 22 años (físicos, 15 mentales). El grado de inmadurez tiene picos que superan mis bastante poco pacientes nervios. Se ríe por casi todo y prácticamente todo tiene gracia. Parlotea con historias que la mayoría de las veces no vienen a cuento y si no le haces mucho caso, no pasa nada, ya se ríe él solito. El desprecio feral que siente hacia su hermano pequeño sólo se ve superado por el que siente hacia su ex-novia, de la cual no consigue olvidarse, diga lo que diga. Un niño de mamá, que siempre ha tenido toda la pasta que ha necesitado, pero que siempre utiliza para sus caprichos de adolescente. Claro, que por eso dejó de hablarse con su grupo de amigos, porque se aprovechaban de él y de su dinero... Creo que necesita echar un polvo. O dos.

El nuevo. Recién llegado desde hace apenas una semana de Lérida, pero con dos años de experiencia en la empresa. Un traslado a petición del chaval, que es de aquí. Un día con nosotros y ya he descubierto lo suficiente como para no tenerle en mi lista de amigos favoritos. Maricón y del PP, lo que pensé que sólo les pasaba a otros. Chulo, pedante y con cierto aire de conversaciones elevadas. Va a ser gracioso esquivar todos los temas con posibilidad de conflicto, porque yo no seré de izquierdas convencido, pero la derecha, como que me da cierta alergia. Además, para ser marica, es de las recatadas, de las que no se enrollan con nadie porque sí (de cara a la galería, supongo) y de las de fidelidad absoluta cuando tienen pareja. Habrá que verle en un cuarto oscuro comiendo todo lo que se le acerque a los labios...

La pelirroja con un par de tornillos de menos. También joven (24) y también con la edad mental disjunta (14 ó 13). Otro desastre organizativo tanto a nivel laboral como personal. Totalmente descarada, siempre dice y hace lo primero que le pasa por la cabeza. Puede ir desde hablar de sus gustos sexuales a tocarle el culo al nuevo (al guapo, no del que acabo de hablar). Egoísta, malcriada y mandona, más ahora que ha aceptado mudarse a un pueblo para hacerse cargo de una tienda reciente. No lo está haciendo del todo mal, si desoímos las opiniones de sus dos compañeras cuando les preguntas y tienes tiempo para escuchar un buen rato...

Mariquita graciosa a la que todo el mundo adora. Otro joven pero al menos no tan inmaduro como los anteriores. Ha viajado mucho y así ha asimilado algo de cordura y sentido común. Saleroso y adorable, se ha ganado a todas las compañeras y se las ha metido en el bolsillo. Con pluma (por mucho que quiera minimizarla), pero sin dejar de ser un todo lo profesional que puede, anda siempre con la duda de hacerlo lo mejor que puede para demostrar que fue una buena elección contratarlo. Y lo fue, que para eso lo seleccioné yo mismo...


Y podría tirarme horas y horas, sobre todo con anécdotas concretas, pero sólo quería dejar caer la jungla con la que me toca trabajar (clientes aparte). A todos ellos hay que añadir mi propia e insigne personalidad, que siempre debe ser tenida en cuenta para remover un poco las aguas. Porque yo también, soy digno de estudio...

16 mayo, 2007

Kit-kat

Martes, 15 de junio de 2007



No puede ser. Si me tiro hasta las tantas chateando de tonterías varias con el primero que me dice "hola, qué tal", no escribo. Y tengo un montón de temas sobre los que quiero divagar y me joroba tener que dejarlo hasta las mil y media, cuando el sueño me puede y me apetece apoyar la cabeza en la almohada para que Morfeo me acune con sus dulces brazos. Voy a tener que empezar a marcarme seriamente una hora límite para retirarme a la cama, que luego duermo poco y lo pago ese día y lo arrastro toda la semana.

Temas futuros:
  • Los chats como medios de relación marica (recordando experiencias).
  • Mi mala memoria y los efectos de la edad.
  • Las elecciones y la madre que parió a los políticos.
  • Mis compis de trabajo y comparaciones odiosas.
  • Pisos e hipotecas, esos temas tan trillados.
Se abre el período de votaciones en los comentarios. ¿Qué queréis que comente primero? Siempre con mi mordaz y despreciable pluma (de escribir se refiere, quien me conoce sabe que de lo otro no gasto... casi).

12 mayo, 2007

Una de autobuses

Viernes, 11 de mayo de 2007

Era un tema que hace tiempo quería dejar por escrito, dado que en el Ayuntamiento ni en la empresa subcontratada nadie va a hacerme el menor caso. Porque hay días que podría reventar de la mala leche que genero o asesinar con mis propias manos a algún que otro energúmeno inocente que se cruzase en mi camino. Por suerte tengo clientes desagradables con los que desfogarme, que para eso vienen, no?

Todos los días, unas cuantas veces, tengo que coger un autobús urbano que me lleve de casa al centro y del centro a casa. Dejando aparte el estado de la carretera, que podría calificarse generosamente de "penoso", el sistema de autobuses de Logroño hace aguas por mil agujeros. Debe ser un factor común un numerosas ciudades, pero es que vivirlo día a día es desesperante.

El estado de los vehículos no es demasiado lamentable y en la mayoría ya hay instaladas televisiones que incluso tienen sistema de sonido. Un canal que intenta emular al del metro de Madrid pero quedándose en apaño de pueblo. Eso si hay suerte y el conductor de turno tiene a bien dar volumen suficiente como para que pueda oirse más que la radio que lleva puesta para sí. O si no tiene tan alta la radio que el choque de sonidos es como la batalla de Troya resonando en tu pabellón auditivo. Lo mejor para desperezarse, vamos.

Porque los conductores son para echar de comer aparte. Tenemos de todos los gustos y colores. Como trabajador de cara al público puedo entender que no sea nada agradable tener que lidiar con el tráfico de las horas punta, los conductores listillos y además aguantar las bobadas de los que se sienten mejores porque pagan su billete. Pero aún así, hay cada uno que merece mención especial, honorífica y con banda roja. Una vez me llevó uno que, por lo visto, no había tenido tiempo de comerse antes el bocadillo, con lo que en cada semáforo le daba un par de mordiscos o bien te subías en tu parada y te lo encontrabas con lo boca llena de pan. O bien los que no saben que el freno hay que tratarlo como a un bebé, no pisarlo cuando te das cuenta de que la parada está dos metros más atrás. Es muy divertido ir a tu trabajo o volver a tu casa teniendo que sujetarte como si estuvieras en una atracción de la feria. Para tirar cohetes, vamos.

El horario es, como la Teoría de la Relatividad apunta, algo que depende del punto de vista desde el que lo midamos. Por lo visto lo que yo entiendo como "cuarto de hora" no es lo mismo que entiende el señor conductor, o más bien la empresa que lo contrata. Hay días que el autobús llega con sus minutitos de retraso, días en los que generalmente hace un frío mortal o un calor asfixiante, y hay días en los que su pulcritud horaria es tal, que un inglés se sentiría como en casa (esos son los días en los que has confiado que podías quedarte en casa dos minutos más porque sería un día del caso A).

Ojalá alguien del Ayuntamiento y/o la empresa Autobuses Jiménez tenga a bien dejarse caer por aquí y recibir todas mis sentidas quejas para intentar solucionarlas por el bien de todos los usuarios del transporte público urbano, pero mientras tanto, no me quedará más remedio que:
- no mirar directamente al conductor al subir para evitar hacer jucios de valor o poder mentarle en las frenadas imaginándome mil formas de hacerle sufrir.
- llevar mi propio cojín para que me amortigüe los baches y no acabe en la tienda peor que si hubiera recibido un masaje balinés.
- ponerme el MP4 a todo volumen aun a riesgo de destrozarme los tímpanos para evitar la mezcla de televisión, radio y conversaciones insustanciales que me rodean.
- estar en la parada siempre con unos 15 minutos de antelación, para ver pasar el autobús anterior y poder esperar tranquilamente al siguiente llegue puntual o no.
- suicidarme salvajemente con la esperanza de que mi viaje hacia el más allá sea en deportivo diesel o en brazos de un bello angelito...


08 mayo, 2007

Princesitas

Lunes, 7 de mayo de 2007

Hoy ha entrado un muchachito en mi tienda que era frágil como una figurita de cristal. Tenía la pose adecuada con la cadera torcida, la mirada tierna como si nunca se hubiera comido una polla, el gesto delicado de absoluta dignidad. Tampoco era el adalid de la pluma, pero tenía su gracia.

Con esa imagen en mente ha tenido más gracia aún que al comprar una tarjeta de memoria, me dijera todo dulzura... "¿Me la puedes meter tú? Es que yo no sé...". Vamos, un poco menos de compostura y me descojono allí mismo. Lo peor es que iba sin segundas, porque ciertamente no sabía cómo se introducía su flamante nueva tarjeta en el móvil. Sobran las comparaciones.



Le he dado un par de vueltas a la idea de lo comunes que son hoy en día las "princesitas". Son esos chicos que atienden a la descripción que he dado en el primer párrafo y que ya no tienen miedo a ser tan gays y tan plumeras como la ocasión lo requiera. Yendo un poco más cerca del estereotipo, los sábados por la noche tienden a emborracharse en el botellón con sus amiguísimas (casi todas grandes marilendres de la infancia) y entrar en los bares riéndose de toda la gente que le doble o triplique la edad. Eso cuando ha dejado la vergüenza en casa, pero cuando va de inocente doncella virginal, no hay quien no pueda sorprenderse de que se aíslen del mundo por temor a contagiarse de la realidad.

Cuando consigues relacionarte con una "princesita", suelen mostrarse esquivas y cerradas como una ostra de océano. Dan por hecho que sus vidas han sido muy completas y que poco más pueden hacer nuevo o que les sorprenda. Son tan tan tan hipermaduras, que se cayeron del árbol el otro día. Y no creas que tú, por sacarles al menos 10 años, vas a poder enseñarles nada del mundo. Han estado ahí fuera y han absorbido todo y de todo (se aceptan comentarios maliciosos). Yo suelo acabar dando la charla por perdida cuando me doy cuenta de que es hablar con alguien que, aunque nunca se sabe, podría ser uno de tus hermanos pequeños y desde luego un alumno en la academia de puterío que abrirás en cuanto tengas una mansión adecuada para ello. Es mejor dejarlas con su sensación de superioridad para que algún día se caigan de los tacones y besen el suelo a velocidad terminal. Entonces es cuando sería adecuado aparecer y, desde arriba, usar toda la dignidad del mundo para decirles: "Uy nena, ¿te has hecho daño?".

07 mayo, 2007

Reabrimos el Cuaderno

Domingo, 6 de mayo de 2007

No he podido dejarlo mucho más tiempo. Era un retorno más anunciado que la nueva película de Spiderman. No es que sea por aclamación popular, pero aquí estoy de nuevo. Lo que sí que haré será cambiar un poco el chip, amontonar las cosas viejas a un lado y cambiar un poco el rumbo del navío a partir del cual hago las anotaciones. Voy a intentar que se acaben los días grises, que las reflexiones acaben derivando en tristezas, lágrimas y victimismo. Voy a intentar aportar un rayito de luz a las tonterías diarias que me acosen, tomándomelas con un humor que espero no resulte demasiado cansino. Espero que quien lea estas líneas no se aburra demasiado pronto.


24 marzo, 2007

Clausurado

Sábado, 24 de marzo de 2007

Este blog queda clausurado, al menos temporalmente.




Pd.- Por cierto, aprobé el examen, pero no me hace nada de ilusión, podría haberlo hecho mucho mejor.

23 marzo, 2007

Robots de cocina

Jueves, 22 de marzo de 2007

Ya tenemos nuevo aparato en casa. Aún no tiene nombre, pero me temo que Bender va a ser una gran opción. O tal vez Chef a secas. O robot de cocina, quién sabe. Al fin y al cabo sigue siendo el mismo aparato enorme y blanco que hemos colocado donde hemos podido en nuestra cocina de "tamaño inferior a la media". Es decir, "otro armatoste" que diría mi madre. De hecho,cuando se lo comenté fue lo que se pudo leer en la expresión de su cara.

Son estas cosas que las parejas hablan casi como si del encargo de un hijo se tratara. Tú ves algo así por la calle, en un cartel, y vuelves a casa con la idea rondándote por la cabeza.

- Cariño, mira, que he pensado que... Bueno, no sé, me da un poco de cosa decírtelo.

- Ay, pues dime, no me dejes así.

- Bueno, va. Que he estado pensado en que tal vez nos vendría bien tener un robot de cocina en casa, ya sabes, por ayudarnos en las tareas y esas cosas...

- Pues... Yo también lo había pensado, la verdad. Creo que podría estar bien, que siempre comemos a todo correr y quemándonos la lengua. El único problema es el sitio, porque no sé dónde nos va a caber... Y ademas tiene que ser para usarlo, que siempre acabamos acumulando los trastos a lo tonto.


Y la conversación sigue con los pros y los contras de la decisión, que casi parece salomónica y finalmente... Finalmente, si acabo de decir que tenemos nuevo aparato en casa, es porque decidimos comprarlo. Y esta mañana ha sido el estreno oficial, por sorpresa y sin avisar. Y he tenido suerte, parece que los astros me siguen sonriendo. Tampoco era muy difícil: arroz con tomate. Eso sí, en cuanto hemos llegado a casa estaba la comida preparada, calentita y... una pena, el robot no sabe ponernos la mesa ni servir en el plato.

La verdad es que cada día somos más tecnológicos en casa. Si no es un periférico para el ordenador (lo último fue un auricular estilo manos libres para Javi), nos echamos una batidora-picadora nueva. Así tenemos cajas de cartón para aburrir y libros de instrucciones repartidos por casa a medio leer. Y, cómo no, el interminable problema del sitio donde guardar los aparatos, porque no caben en un bolsillo, claro. Empieza a ser preocupante y por eso ahora me planteo muy mucho cuando veo en las ofertas de MediaMarkt cualquier cosa que me llame la anteción. Necesito asegurarme de que vamos a sacarle tanto partido como vale y, desde luego, que es estrictamente necesario y cómodo de montar/limpiar/recoger. Por suerte pocos electrodomésticos cumplen estas condiciones, con lo que son deshechados automáticamente. Porque parece que las nuevas tecnologías de la cocina sólo sirven si tienes una del tamaño del salón y con armarios para guardar unos cuantos hectómetros cúbicos de artefactos y vajilla.

En fin, parece que vamos a empezar a usarlo con cierta continuidad y posiblemente varios amigos irán probando poco a poco nuestras delicias culinarias de manos (o mecanismos) de nuestro "Bender" particular. ¿Quién se apunta?

20 marzo, 2007

Cuenta atrás...

Lunes, 19 de marzo de 2007

Ya quedan sólo 5 días, 120 horas y una cantidad de minutos que me parece absurdo calcular de memoria. Esta tarde me he puesto bastante nervioso al pensarlo porque es YA. Queda muy poco tiempo y creo que no estaré suficientemente preparado... Y no quiero hacer el ridículo, al menos no en lo que esté en mi mano... Jolínjolínjolínjolínjolínjolínjolínjolín.


Es mi examen de Aikido. Si lo apruebo, pasaré al primer grado de cinturón negro, el 1er Dan. Se supone que alcanzar este grado implica que dominas todas las técnicas y las ejecutas con soltura. A partir de ahí se te abre un camino nuevo en el que vas buscando tu propio camino y aprendizaje. Pero el caso es que estoy algo acojonado. Bueno, algo no, mucho. Y es que parece que los hados se ponen en mi contra.

En estos exámenes siempre necesitas un "saco" que haga de atacante. Generalmente es un pequeño honor que alguien te lo pida porque significa que confía en ti y eso siempre es bueno cuando vas a volar por los aires y recibir más palos de los que puedes contar. En mi caso tuve que "conformarme" con un muchacho algo menor que yo, pero que por ser el hijo del profesor, ha mamado Aikido desde la cuna. Pues bien, hoy el muchacho, tras un mes casi sin aparecer para poder entrenarnos (yo soy su "saco" también), me dice que está tocado del lumbago y que hará su examen como pueda, pero que no puede ayudarme con el mío. Así que aquí estoy, compuesto y sin pareja a 5 días con dos de entrenamiento. Cojonudo. Espera, que voy descorchando ya el champán... Al menos si me emborracho tendré esa excusa, ¿no?



Llevo desde los 9 años en este arte marcial. He tenido mis parones y mis mejores momentos (como el actual). Mi examen de cinturón negro debería ser casi un mero trámite porque conozco la teoría y soy muy perfeccionista para la práctica. Pero no quiero hacer un examen bueno, lo quiero bordar. Quiero que, como dice un compañero, feliciten a mi maestro. Porque al fin y al cabo somos extensiones de su conocimiento y lo que sabemos se lo debemos a él. Siempre he fantaseado con el día que aprobaba y me felicitaban, casi con una ovación, pero ya tengo edad suficiente para saber que no es así, que habrá un "aprobado" o "no aprobado" y poco más. La procesión irá por dentro y luego habrá que celebrarlo con los compis. Confío en mí mismo, pero quiero algo más que eso, quiero triunfar. Sé que se me da bien, así que voy a dar el máximo.

Mi miedo proviene de la inseguridad que toda prueba nos genera, pero también sé que no debo preocuparme demasiado. Estoy seguro de que este sábado por la noche podré celebrar que tengo que esperar el regalo de mis compañeros (el primero cinturón negro te lo regalan, dice la tradición) y sentirme un poco más orgulloso de mí mismo. Aunque los buenos amigos y compañeros que tengo en el vestuario ya lo merecen. ¡Va por ellos!

14 marzo, 2007

Incompatibilidad de horarios

Martes, 13 de marzo de 2007

Ese es uno de los problemas que hacen que mi vida sexual marital no llegue a buen puerto. Al menos es una de las conclusiones tras la enésima Conversación sobre el tema. Había que hablar de ello, porque ya hacía varios días que volvía a mis crisis absurdas y se hacía evidente que no es algo que deba tragar solo. Esto es cosa de dos y entre dos hay que solucionarlo.


Tal vez desde mi ansioso deseo vea más sencillo no pensar en horarios y soltar a la "Bestia" cuando le venga en gana, sin pensar en la hora ni el momento. Pero es cosa de dos y el racional debe hacerse cargo de los detalles cuando el pasional sólo piensa en la satisfacción personal.


He estado unos días "out" y casi me olvido de actualizar el Cuaderno de Bitácora. Pero es que ha sido un fin de semana intenso. El viernes sesión por la noche con alguien que buscaba el sexo con más ganas que yo mismo. Le dimos lo que pudimos y creo que habría aguantado más si no hubiese estado tan necesitado. El sábado se acercó una pareja deliciosa en su conjunto para pasar el fin de semana. ¡Y vaya fin de semana! Gracias J. y J. por las horas que compartimos juntos, porque ciertamente no es lo mismo compartir algunos momentos con amigos "solteros" que con amigos "casados". Y eso dejando aparte las similitudes entre unos y otros y quién se parece más a quién. Espero que repitamos pronto y que me dejéis seguir nombrándoos cuando la ocasión lo requiera (no se si están leyendo o leerán esto algún día, pero ahí queda).


Y papá está mejor. Mejora muy rápidamente según mi criterio, con lo cual temo que se confíe. Pero ha recuperado gran parte de la coordinación en las extremidades izquierdas y empieza a ser algo más independiente. Queda por recorrer el más largo camino aún de perfeccionar la coordinación "fina", pero el tiempo lo cura todo, al menos en este caso. Me gusta verle de nuevo bromista y sonriente, gastándonos las bromas de siempre. Recordarle dormido en la cama del hospital cuando hacía noches para asegurarme de que estaba bien me hace pensar en lo frágil que es la vida, pero lo fuerte que nos hace la naturaleza para salir adelante en situaciones complicadas. Está mejor y está con nosotros, que es lo que importa. ¡A la porra la filosofía barata!

08 marzo, 2007

Mi obsesión habitual

Miércoles, 7 de marzo de 2007

La tarde ha dado de todo, pero en general ha tenido un final algo agobiante a nivel laboral. Entre un marroncillo que he tenido que cargar y destripar y el barullo de gente que puede entrar en una tienda minúscula un día de lluvia... Y al final he tenido mi puntilla, pero me lo tengo merecido por preguntar y por ababol.

Para soltar algo del estrés y mientras cerrábamos caja, mi nuevo compañero, del que ya os he hablado, contestó sinceramente a una pregunta cargada de doble sentido acerca de la última vez que había tenido sexo. Pues bien: después de comer y una follada estupenda con su novio. Como digo, eso me pasa por preguntar. Y por poco se me cae la boca hasta los pies, no sé si de envidia, de morbo o de qué. Y de nuevo mi cabeza ha vuelto a rondar viejos fantasmas, de esos que se mantienen en la sombra esperando el momento adecuado para atacar. Y entonces creo que sí que he sufrido un ataque de envidia, qué carajo.


Es que si me pongo a analizar mi situación me pongo un poco triste, la verdad. Al menos si segmentalizo cada situación concreta y la desmenuzo hasta el más mínimo átomo. Partiendo de la base de que mi compañero y su novio son dos mozalbetes jóvenes y en pleno uso de sus facultades físicas y hormonales, tienen cierta ventaja sobre nosotros. Llevan menos tiempo también, pero no poco (tres años). ¡Pero follan más! Habitualmente sobrellevo la situación porque no pienso mucho en ello, pero la verdad es que Javi y yo lo hacemos poco poquito. El cansancio, la rutina y cualquier excusa puede ser buena para explicarlo. Pero es que yo necesito algo más, algo de morbo, algo de... ¡algo de algo!

No quiero que a nadie se le pase por la cabeza eso de "háblalo con él" porque no sería la primera ni la segunda vez que lo hacemos. Siempre pasa lo mismo, que parece que mi obsesión es el sexo, que está muy cansado toda la semana, que la relación ha evolucionado. Y finalmente yo prefiero recular y dejar el tema ante de seguir tirando de la goma y conseguir que acabe rompiéndose. Simplemente y por mera comparación mi novio está más dispuesto a tener sexo cuando hay terceras personas en juego que cuando estoy yo solo.

Porque no es que sea un problema para mí los trío, al contrario, le dan riqueza a los encuentros sexuales y permiten conocer a gente la mar de maja. Simplemente que no me siento deseado, no queda ya rastro de aquella pasión que teníamos al principio. Y pese a los tríos, las masturbaciones nocturnas y demás aventuras yo sigo disfrutando con Javi, excitándome cuando estamos desnudos, intentando que goce con cualquier cosa que hagamos en la cama. Pero él lo niega, le sigo pareciendo muy atractivo, disfruta conmigo y me da besos para que lo compruebe. Pero me sabe a poco. No me siento deseado.

Alguien me dijo hace bastante tiempo que una relación como la nuestra era más bien una relación de amigos, íntimos, pero amigos. Convivimos, compartimos techo y cama, pero no hay sexo. Como los amigos. Y me aterra que sea cierto, porque significaría que la relación no da más de sí y que es hora de hacer borrón y cuenta nueva. Completamente nueva. Por suerte aún puedo agarrarme a bastantes cosas que me compensan y me mantiene a salvo durante los temporales.

Y para mayor escarnio de mí mismo he empezado a marcar en mi calendario de mesa desde este mes, las veces que tengamos sexo, diferenciando si estamos solos o no. Espero no tener que usarlo algún día para explicarle (de nuevo) a dónde podemos acabar de llegar. Sigh.

03 marzo, 2007

Del amor al odio... Y del odio al amor

Viernes, 2 de marzo de 2007

Nunca va a dejar de sorprenderme (por suerte) la capacidad del ser humano para adaptarse a las situaciones adversas. Es cuando menos impresionante la capacidad social que hemos adquirido con el paso del tiempo para sostener una relación que es evidente que se resquebraja y fingir que no hay más grietas en las paredes que las fisuras dejadas por el último terremoto. Es mejor reir que llorar, porque no queda otra.

Mi compañera de trabajo, Natalia, es una de esas personas que, como he dicho, nunca dejará de sorprenderme. Tal vez sea porque aún no le he cogido el punto. Tal vez sea porque ese punto no deja de moverse, más que un mosquito en verano. Tal vez sea porque tampoco quiero cogérselo, ya que no la soporto. Pero nos adaptamos. Los dos. Es una guerra fría en la que nadie gana ni pierde ni puede hacer nada por cambiar las cosas, porque, como dice mi responsable de tienda "somos así".

Ayer tuvimos una pequeña enganchada. No es la primera, ya tuvimos otra hace unos meses. Y en ambos casos ha ocurrido algo parecido. Ambos tenemos un carácter fuerte, no nos gusta ceder y cuando creemos que llevamos la razón, nos agarramos a un clavo ardiendo. Cruzamos cuatro palabras, una más alta que la otra, nos encendimos y me marché en cuanto pude para no tener que discutir más acaloradamente. En el gimnasio apenas di pie con bola dándole vueltas al asunto y al final de la noche, casi estaba más disgustado por el mal rollo que por la bronca en sí. Hoy estábamos los dos solos todo el día y no me apetecía en absoluto trabajar con una estatua de alabastro. He abierto desganado y sin apetencia.

Pero nunca dejo de sorprenderme. Lo primero que ha hecho al llegar es preguntarme si había tenido que pasar la noche con mi padre y la conversación ha seguido lenta pero inexorablemente hacia derroteros más habituales: clientes, asuntos pendientes, cosas curiosas del trabajo... Y de ahí a tratarnos casi como en días anteriores ha sido un suspiro y un amago de respiro. Ventaja: el ambiente se ha relajado significativamente y eso se nota de cara a los clientes. Desventaja: ahora parece como si no hubiera pasado nada, pero sé que si algún día volvemos a discutir, sacará a relucir lo que pasó como si fuese ayer mismo. En resumen, seguimos igual pero fingimos que lo hemos superado.

Y así, en menos de 24 horas, del amor al odio y del odio al amor no sólo hay un paso, sino que a veces es un velo tan delgado que con un soplido puede apartarse. Lo que hay al otro lado sigue siendo oscuro, pero el camino lo tenemos abierto. Y además las caretas hoy en día están tiradas de precio...