24 junio, 2007

Me gustan los rubios

Domingo, 24 de junio de 2007

Pues sí, lo confieso, me gustan los rubios. Tampoco es que sea uno de mis secretos inconfesables, pero tenía que dejarlo por escrito para que constase y plantearme de una vez por todas de dónde vendrá es fijación tan curiosa hacia el cabello color trigo. Aunque tampoco es que me importe mucho, al fin y al cabo, me gustan y punto, no tiene más misterio.


En la idea de escribir esta entrada, le he dado un par de vueltas de psicología barata a las posibles razones de dónde empezó todo. Cabe la sutil posibilidad de que todo tenga que ver con mi adolescencia (y Freud no tiene nada que añadir) y las clases de literatura. Siempre tuve un especial interés en los poetas románticos muy en la línea de Bécquer. Sus suspiros melancólicos, sus inalcanzables amores, su dramatismo extremo…, la vida de un adolescente homosexual dentro del armario queda bastante bien definida en muchos casos. Una de las características de estos conocidos literatos, era su idealización de la belleza, concretada en las mujeres nórdicas, tan lánguidas, tan pálidas, tan rubias… Pobre de mí, muchacho influenciable y necesitado de modelos propios, creo que asumí como mío ese concepto de “lo rubio es bello” (porque la frase “lo rubio es vello” se puede aplicar también en otras situaciones, pero no viene al caso).


Supongo que de esta idea evoluciona también mi interés, dentro de mi frikismo habitual, por los elfos, habitualmente hermosos, rubios y de brillantes ojos claros. Toda su elegancia, su también idealizado glamour, en algunos casos su dominio de la magia… Siempre he sentido una especial debilidad por estos personajillos tan encantadores como misteriosos, tan dulces como pasionales, tan idealizados como parodiados. Eso sí, los elfos rubios, que los morenos son una invención posterior.


Dicho lo cual y tal vez por razones que sólo una sesión de hipnosis podría conseguir, es ver un tío rubio por la calle y no puedo evitar volverme para catalogar si alcanza el 10 en la escala de terremotos sexuales. Con la apertura de la UE a Rumanía, en Logroño tengo el problema de que el nivel de rubios por kilómetro cuadrado está aumentando exponencialmente. Y es que como los nórdicos o los chicos del este, no hay rubios así en España (salvo honrosas excepciones). A poder ser de ojos claros, pero tampoco es condición necesaria. Pueden ser delgaditos o musculados, sonrientes o serios, activos o pasivos, pero el caso es que conmigo ya han ganado la posibilidad de que me interese, al menos a un nivel teórico. El problema es que creo que llevo tanto tiempo idealizando a este tipo de hombres que la atracción sexual no es tan grande como pudiera parecer, más al contrario es más una atracción visual que otra cosa. Eso sí, como se me pusiera uno a tiro, no iba a decir que no… El otro día entró un alemán en la tienda a preguntar por el ADSL y, bueno, creo que habría ido a su casa a montárselo yo mismo en ropa interior si me lo hubiera pedido. Que hablase alemán mientras tanto, que creo que se me notó un poco que se me caía la baba con cada sonoro vocablo germanizado que soltaba por sus carnosos labios.

Ahora bien, siempre que hablo de este tema con mis conocidos, me acaban preguntando lo mismo: “Si tanto te gustan los rubios, ¿cómo es que tu novio es moreno, todo un osete y totalmente opuesto a lo que sueles describir como idealización?”. Pues porque, evidentemente, no todo es color de cabello ni aspecto exterior… Y, si no, que se lo digan a este morenazo que trabaja en las obras de al lado de mi tienda… Bueno, tal vez el aspecto exterior sí que influya ;)


17 junio, 2007

Resacas a partir de los casi30

Domingo, 17 de junio de 2007

Qué terrible es la edad. Cada año que pasa la gente dice que se siente un poco más vieja y con menos fuerzas para nada. Comentan que ya no les apetece hacer esto o aquello y que la vida es más tranquila y relajada. Yo no, he dicho siempre. Yo cumplo años pero tengo épocas en las que hago unas cosas u otras, sin dejar nada de lado tenga la edad que tenga. Eso sí, tampoco me voy a poner a hacer el cabra como hacía a los 18, que no tengo yo el cuerpo para bailes, pero no quita que lo pueda intentar de lustro en lustro.

Por eso llevo todo el día tirado en el sofá durmiendo a ratos porque anoche salí hasta las 7 con gente de la empresa. Y me he levantado a las 12 porque querían salir pronto y les había prometido gofres a los que se quedaban a dormir en mi casa. Hasta la hora de comer he aguantado medio bien, pero... Madre mía, qué cansancio generalizado...

La ventaja es que resaca, resaca, lo que se dice resaca en sí misma no he tenido, la verdad. Son esas pastillas llamadas Resalim que tiene Javi para las noches que prometen ser largas. Creo que debo agradecerle no tener dolor de cabeza, ni pesadez de estómago ni ganas de vomitar cada cinco minutos. Pero para el cansancio por estar toda la noche saltando y dormir menos de 5 horas creo que no he encontrado nada... Así que creo que he mezclado siesta con algo de sueño nocturno y eso me ha recuperado levemente para las 10 de la noche, para ver el final de la liga de fútbol... También yo, qué mala suerte, ¿no?

La verdad es que la noche fue estupenda y se me pasó volando. Bien tendría que estar yo para aguantar hasta tan tarde, pero es que la presencia de unos cuantos compis de Bilbao animó a la concurrencia a aguantar más de lo debido para no quedar como aburridos y malos anfitriones. Mi cámara captó algunas imágenes que merecen pasar a la historia y que se colgarán en el blog de la zona, a la sazón: blogs.ya.com/thpnorte. Por si alguien quiere pasarse a conocerlo, pero no se pueden dejar comentarios si no eres trabajador o el administrador los borrará. Pero al menos podréis deleitaros, que no es poco.


Cambiando de tercio y por si alguien no se ha enterado. En Dosmanzanas se han creado un par de mascotitas por el insigne y nunca bien ponderado dibujate gay Ismael Álvarez. Les están poniendo nombre y tal vez deberíais pasaros a poner algún comentario...



12 junio, 2007

Benditos puentes...

Lunes, 11 de junio de 2007



Alabadas sean esas circunstancias socioculturales o geopolíticas gracias a las cuales los insufribles trabajadores del comercio vario podemos disfrutar de unos cuantos días seguidos de asueto y relax. Tres días ni más ni menos, cuando un servidor no está acostumbrado a llegar más allá del domingo religiosamente respetado y su día libre perdido a lo largo de la semana. Tres días que han sido como un bálsamo para el cuerpo y para el espíritu.

Hoy por ejemplo aún sigo con el pijama con el que me he vestido nada más levantarme hacia mediodía, más o menos. La laxitud con la que han transcurrido las horas entre el sofá, la cocina y el ordenador me ha servido para alejarme temporalmente de los problemas cotidianos del día a día que mañana volverán con toda su fuerza, congelados como estaban en los horarios laborales y sociales. Pero eso será mañana, porque hoy era el último día para disfrutar de todo lo que el no hacer nada nos concede.

Haciendo la cena, temprano para temprano acostarnos (menos yo, que sigo en mi línea), he pillado a Javi por sorpresa con una pregunta-trampa. "¿Eres feliz viviendo conmigo, cariño?" No venía a cuento ni había razón alguna para decirla en voz alta, pero me ha surgido y no la he contenido. Tras los breves segundos de mirada de sospecha y el par de preguntas de rigor acerca de a qué venía, ha contestado: "Pues sí, la verdad es que estoy muy a gusto viviendo contigo". Y, sin más, he seguido preparando la tortilla de patatas con una sonrisa un poco más bobalicona. Era un final estupendo para un fin de semana estupendo. ¿Qué más se puede pedir?

07 junio, 2007

Flechazos instantáneos...

Miércoles, 6 de junio de 2007

He de reconocer que fue amor a primera vista. Llevaba tiempo buscándolo y apareció allí, delante de mis propios ojos y, si alguien me lo hubiera contado, no me lo habría creído. No era perfecto, ya no hay nada perfecto en este mundo, pero se ajustaba a mí y lo que quería, casi como hecho a mi medida.



He encontrado un piso que me ha enamorado. No muy grande, en la zona centro, recién reformado y a un precio asequible para la media de esta ciudad. Un premio gordo con lazo de raso. Insisto en que no es el piso perfecto pero me gusta y me lo vendieron bien. Cocina italiana (sin tener muy claro lo que significa eso), diáfana para conectar perfectamente con el salón que está al lado. Tres habitaciones, la más grande con un armario empotrado de pared a pared. Baño y cocina montados a gusto del vendedor, sin estrenar y, desde mi humilde punto de vista, con bastante buen gusto. El único problema es que el baño me resulta un poco pequeño y asfixiante, pero se puede hacer una pequeña ampliación comiéndole espacio a una de las habitaciones pequeñas. Resultará acogedor, moderno y muy manejable.

El único problema es que el dinero no crece en los árboles y voy a pedirles un pequeño préstamo a mis padres y cada uno tiene un punto de vista diferente del concepto de piso ideal. No entraré en detalles porque bastante me ha costado el proceso (rápido o más bien acelerado, casi impulsivo y con muchas tensiones) pero les he convencido de que es el piso que me gusta y que quiero hacerme con él. Tal vez otro día haga una disertación completa acerca de lo bien que puede llegar a manipular una persona a la que quieres y que, en principio, sólo busca lo mejor para ti. Hoy no, bastante tengo con sobrellevarlo y convencerme de que he hecho bien y que debería estar alegre de meterme en la peor relación que todo ser vivo debe tener: una hipoteca.

A partir de la semana que viene comenzará mi periplo por los bancos para ver qué me ofrecen y qué me interesa más. Por un lado estoy algo "acojonado", porque mi suelo me llega con cierto relax a fin de mes, contando con los gastos fijos que tengo y lo que he intentado ahorrar mes a mes. Ajustarme más el cinturón será todo un esfuerzo, pero si lo puede hacer todo el mundo... También me da miedo pensar en la atadura que supone estar pagando mes a mes durante veinte, treinta o cuarenta años, porque se me hace casi el resto de mi vida. Es como si fuese a entrar en una aventura de una envergadura que no acabo de alcanzar a ver.

Esa aventura implicará un cambio (otra vez) de vivienda, ver qué se hace con el piso en el que vivimos ahora, compra de muebles, gastos del piso nuevo, adaptaciones, cambios, cambios, cambios... Me parece que me estoy volviendo un poco viejo porque me cuesta pensar en que mi vida va a dar un vuelco de arriba a abajo y se me acelera un poco el pulso. Bueno, un poco bastante.

Bienvenido a la edad adulta y lo que ello conlleva, Robin Shilvadin...

29 mayo, 2007

El vampiro ataca de nuevo

Lunes, 28 de mayo de 2007

El vampiro sostenía juguetonamente una copa de champán entre los dedos. De vez en cuando fingía que daba algún sorbo, pero el exquisito líquido acababa poco a poco empapando la tierra de una maceta cercana. Era ciertamente un engorro muy desagradable tener que recordar funciones tan innecesarias como respirar o mantener la temperatura y el color en las mejillas, pero relacionarse con mortales tenía sus inconvenientes. A cambio, se recibía toda su pasión desbordante, su miríada de sensaciones superpuestas y, ante todo, se abría la posibilidad de poder elegir con tranquilidad a la presa que serviría de alimento posteriormente.

La fiesta era un verdadero aburrimiento. Algunas de las lumbreras de la ciudad se habían dejado caer por allí por el mero hecho de hacerle la pelota al primogénito Toreador, pero ciertamente había sido un gran desastre desde el momento en el que el Príncipe de la ciudad se negó a hacer acto de presencia. Nuestro vampiro sonrió para sus adentros recordando los tiempos en los que era él mismo quien organizaba ese tipo de fiestas y siempre conseguía susurros de verdadera admiración por parte de las Arpías que le acechaban, siempre con un as en la manga para deslumbrar a la audiencia. Eran tiempos pasados, ahora era más divertido asistir como invitado a actos en ciudades vecinas para poder relajarse observando todas y cada una de las carencias del gusto y elegancia en, por ejemplo, la elección de los vestidos de noche de algunas de las asistentes... Las lentejuelas rojas estaban pasadas de moda desde hacía AÑOS. ¡Por favor, que alguien le diese una estaca para no tener que seguir sufriendo!

Al fondo de la sala, dos hombres maduros cuchicheaban hablándose al oído mientras se llevaban a la boca algún canapé de caviar que el camarero acababa de dejar en la mesa de la comida. No podían apartar su mirada del atractivo vampiro que, una vez vaciada del todo la copa de champán en la tierra de la borracha maceta, se dirigía hacia ellos sin contenerse a la hora de demostrar pura y salvaje sensualidad. Dos por el precio de uno, toda una ganga que no dejaría pasar. No parecían gente demasiado importante al no tener una corte de rubias oxigenadas colgadas de su brazo ni pelotas engominados de sus pantalones. Tanto mejor. Eran un médico y un profesor que conocían al anfitrión por sus numerosas fiestas benéficas y habían asistido porque... Su cháchara era titubeante, sin saber a qué se debía que les resultara tan sencillo sincerarse con un extraño del que no conocían ni el nombre, pero la conversación fue fluyendo entre copas y sonrisas soslayadas que evidenciaban mucho más de lo que lo hacían las palabras. No fue complicado salir a tomar el aire al jardín y pasear tranquilamente entre los setos que conformaban el intento de laberinto victoriano que tanto gustaba a los nuevos ricos. Parecía que un jardín sin laberinto no era suficientemente chic para su barrio decadente.



Cuando el ruido de la fiesta se había apagado y los dos hombres dormían sobre el césped, algo más pálidos y, desde luego, algo más felices, el vampiro procedió a retirarse antes de que el alba hiciera acto de presencia. Había sido una noche larga, pero aquellos dos inocentes le habían concedido un entretenimiento bastante grato. Desde luego no entrarían entre sus presas habituales, lo había decidido cuando descubrió el exceso de crema hidratante en la cara del profesor y la ausencia total de conversación inteligente en el médico. Pero al menos le habían animado lo suficiente como para concederles el placer de disfrutar como cuando estaba vivo y su cuerpo respondía a los estímulos que ambos le proporcionaron. Salía ya del laberinto cuando un leve rugido le alertó de que le estaban observando. Sobre una de las paredes del laberinto, una especie de mezcla de hombre y animal le miraba con los ojos de un rojo destellante. La sensación amenazadora se combinaba con un aura de espectación, de paciencia, tal vez con cierta curiosidad. El vampiro miró con la cabeza ladeada a su extraño espía y le concedió una encantadora pero perversa sonrisa. Sé quién eres, se dijo, sé a qué has venido, pero me voy a proteger contra ti, porque si yo no te doy permiso, no podrás acercarte. Y dándole la espalda a la espantosa quimera, salió en busca de su abrigo para retirarse a descansar. Al menos, al final la fiesta se había animado un poco, pero quitaría a ese estúpido Primogénito de su lista VIP inmediatamente. Qué falta de seguridad, bendito Caín...

25 mayo, 2007

Un libro que te engancha

Jueves, 24 de mayo de 2007

Es curioso que un libro que crees que no te va a gustar y que probablemente acabes despreciando. Y resulta que te enganchas tanto que, como es mi caso, me lo acabo llevando en el autobús de ida y vuelta del trabajo, leo cuando tengo medio segundo libre en la tienda, leo antes de acostarme como hace tiempo que no hacía...

El libro en cuestión es, aunque parezca mentira, "El Diablo viste de Prada", cuya película fui a ver este verano. Y he decir que es como si fueran dos cosas diferentes. La película es, evidentemente, una adaptación más o menos libre, pero ha estado bien comparar y volver a apreciar una buena lectura pese a tener los personajes grabados en la cabeza. Y no voy a entrar en la típica comparación de que si el libro es mejor que la película, pero la película tiene más ritmo y te cansa menos... Son diferentes y recomiendo ambos por igual porque, como digo, parecen versiones diferentes de la misma historia.

En el libro Miranda es más mandona (más aún), con un carácter más voluble y menos entendible desde un punto de vista racional. A pesar de mantener su glamour, pierde parte de la vistosidad de la imagen en pantalla grande, pero me enganchó saber cuál sería su siguiente capricho y cómo pondría en ridículo a su pobre y desesperada ayudante. Tan integrado estaba en la narración, que me daban ganas de contestar al teléfono diciendo "Despacho de Miranda Priestly". Seguro que los clientes se habrían quedado sin habla al menos un par de segundos...


En ciertos momentos hacía semejanzas entre mi vida profesional y la de la pobre Andy, pero por suerte no se parecen en lo más mínimo. Yo no soy vapuleado por una jefa despiadada (últimamente estamos en un momento dulce, esperemos que siga así), sino por unos clientes que cada día detesto más. De hecho, leerlo me ha hecho sentir una cierta empatía por la pobre muchacha harta pero sin poder salir del círculo vicioso en el que se ha metido y una cierta envidia por el glamour, las fiestas y esas tonterías de niño bien que me dan de vez en cuando. Porque uno es de pueblo y un poco paleto, pero oiga, que soñar, soñamos todos...

20 mayo, 2007

Relaciones laborales (sin máquina de café)

Domingo, 20 de mayo de 2007



Todo trabajo es criticable por cada uno por la mera razón de que pasamos allí más horas que en nuestra propia cama (si exceptuamos a quienes se dedican a la prostitución, claro). Todo jefe es odiable desde el momento en el que te da la primera orden. Todo compañero o compañera de trabajo es despreciable porque sí, y si no, porque también.

En mi caso, no es que viva un verdadero infierno a causa de mi trabajo, pero siempre se agradece poder soltar todo tipo de barbaridades en los círculos íntimos y cercanos, sabiendo que nunca llegarán donde no queremos que lleguen (y si lo hacen, negaremos categóricamente haber dicho tales palabras, lo juro por el polígrafo de Antena 3). Hoy intentaré ser lo más amable posible, porque cuando me suelto...

Mi jefa de tienda es el prototipo de futura solterona. Pasa de hombres, porque posiblemente no haya tenido mucha suerte en ese ámbito de su vida y lo haya dado ya por perdido. Vive aún con sus padres a pesar de que le quedan dos muebles para montar su piso de soltera, al que se mudará en breve... más o menos. Lleva las tareas cotidianas con una organización digna del mayor obseso del orden en el mundo mundial. Y se pone colorada en cuanto hay una situación que se le escapa de lo normal. Fascinante, sobre todo porque es bastante sencillo conseguir lo que uno quiere de ella si sabe ofrecer un buen caramelo a cambio.

Mi compañero. 22 años (físicos, 15 mentales). El grado de inmadurez tiene picos que superan mis bastante poco pacientes nervios. Se ríe por casi todo y prácticamente todo tiene gracia. Parlotea con historias que la mayoría de las veces no vienen a cuento y si no le haces mucho caso, no pasa nada, ya se ríe él solito. El desprecio feral que siente hacia su hermano pequeño sólo se ve superado por el que siente hacia su ex-novia, de la cual no consigue olvidarse, diga lo que diga. Un niño de mamá, que siempre ha tenido toda la pasta que ha necesitado, pero que siempre utiliza para sus caprichos de adolescente. Claro, que por eso dejó de hablarse con su grupo de amigos, porque se aprovechaban de él y de su dinero... Creo que necesita echar un polvo. O dos.

El nuevo. Recién llegado desde hace apenas una semana de Lérida, pero con dos años de experiencia en la empresa. Un traslado a petición del chaval, que es de aquí. Un día con nosotros y ya he descubierto lo suficiente como para no tenerle en mi lista de amigos favoritos. Maricón y del PP, lo que pensé que sólo les pasaba a otros. Chulo, pedante y con cierto aire de conversaciones elevadas. Va a ser gracioso esquivar todos los temas con posibilidad de conflicto, porque yo no seré de izquierdas convencido, pero la derecha, como que me da cierta alergia. Además, para ser marica, es de las recatadas, de las que no se enrollan con nadie porque sí (de cara a la galería, supongo) y de las de fidelidad absoluta cuando tienen pareja. Habrá que verle en un cuarto oscuro comiendo todo lo que se le acerque a los labios...

La pelirroja con un par de tornillos de menos. También joven (24) y también con la edad mental disjunta (14 ó 13). Otro desastre organizativo tanto a nivel laboral como personal. Totalmente descarada, siempre dice y hace lo primero que le pasa por la cabeza. Puede ir desde hablar de sus gustos sexuales a tocarle el culo al nuevo (al guapo, no del que acabo de hablar). Egoísta, malcriada y mandona, más ahora que ha aceptado mudarse a un pueblo para hacerse cargo de una tienda reciente. No lo está haciendo del todo mal, si desoímos las opiniones de sus dos compañeras cuando les preguntas y tienes tiempo para escuchar un buen rato...

Mariquita graciosa a la que todo el mundo adora. Otro joven pero al menos no tan inmaduro como los anteriores. Ha viajado mucho y así ha asimilado algo de cordura y sentido común. Saleroso y adorable, se ha ganado a todas las compañeras y se las ha metido en el bolsillo. Con pluma (por mucho que quiera minimizarla), pero sin dejar de ser un todo lo profesional que puede, anda siempre con la duda de hacerlo lo mejor que puede para demostrar que fue una buena elección contratarlo. Y lo fue, que para eso lo seleccioné yo mismo...


Y podría tirarme horas y horas, sobre todo con anécdotas concretas, pero sólo quería dejar caer la jungla con la que me toca trabajar (clientes aparte). A todos ellos hay que añadir mi propia e insigne personalidad, que siempre debe ser tenida en cuenta para remover un poco las aguas. Porque yo también, soy digno de estudio...

16 mayo, 2007

Kit-kat

Martes, 15 de junio de 2007



No puede ser. Si me tiro hasta las tantas chateando de tonterías varias con el primero que me dice "hola, qué tal", no escribo. Y tengo un montón de temas sobre los que quiero divagar y me joroba tener que dejarlo hasta las mil y media, cuando el sueño me puede y me apetece apoyar la cabeza en la almohada para que Morfeo me acune con sus dulces brazos. Voy a tener que empezar a marcarme seriamente una hora límite para retirarme a la cama, que luego duermo poco y lo pago ese día y lo arrastro toda la semana.

Temas futuros:
  • Los chats como medios de relación marica (recordando experiencias).
  • Mi mala memoria y los efectos de la edad.
  • Las elecciones y la madre que parió a los políticos.
  • Mis compis de trabajo y comparaciones odiosas.
  • Pisos e hipotecas, esos temas tan trillados.
Se abre el período de votaciones en los comentarios. ¿Qué queréis que comente primero? Siempre con mi mordaz y despreciable pluma (de escribir se refiere, quien me conoce sabe que de lo otro no gasto... casi).

12 mayo, 2007

Una de autobuses

Viernes, 11 de mayo de 2007

Era un tema que hace tiempo quería dejar por escrito, dado que en el Ayuntamiento ni en la empresa subcontratada nadie va a hacerme el menor caso. Porque hay días que podría reventar de la mala leche que genero o asesinar con mis propias manos a algún que otro energúmeno inocente que se cruzase en mi camino. Por suerte tengo clientes desagradables con los que desfogarme, que para eso vienen, no?

Todos los días, unas cuantas veces, tengo que coger un autobús urbano que me lleve de casa al centro y del centro a casa. Dejando aparte el estado de la carretera, que podría calificarse generosamente de "penoso", el sistema de autobuses de Logroño hace aguas por mil agujeros. Debe ser un factor común un numerosas ciudades, pero es que vivirlo día a día es desesperante.

El estado de los vehículos no es demasiado lamentable y en la mayoría ya hay instaladas televisiones que incluso tienen sistema de sonido. Un canal que intenta emular al del metro de Madrid pero quedándose en apaño de pueblo. Eso si hay suerte y el conductor de turno tiene a bien dar volumen suficiente como para que pueda oirse más que la radio que lleva puesta para sí. O si no tiene tan alta la radio que el choque de sonidos es como la batalla de Troya resonando en tu pabellón auditivo. Lo mejor para desperezarse, vamos.

Porque los conductores son para echar de comer aparte. Tenemos de todos los gustos y colores. Como trabajador de cara al público puedo entender que no sea nada agradable tener que lidiar con el tráfico de las horas punta, los conductores listillos y además aguantar las bobadas de los que se sienten mejores porque pagan su billete. Pero aún así, hay cada uno que merece mención especial, honorífica y con banda roja. Una vez me llevó uno que, por lo visto, no había tenido tiempo de comerse antes el bocadillo, con lo que en cada semáforo le daba un par de mordiscos o bien te subías en tu parada y te lo encontrabas con lo boca llena de pan. O bien los que no saben que el freno hay que tratarlo como a un bebé, no pisarlo cuando te das cuenta de que la parada está dos metros más atrás. Es muy divertido ir a tu trabajo o volver a tu casa teniendo que sujetarte como si estuvieras en una atracción de la feria. Para tirar cohetes, vamos.

El horario es, como la Teoría de la Relatividad apunta, algo que depende del punto de vista desde el que lo midamos. Por lo visto lo que yo entiendo como "cuarto de hora" no es lo mismo que entiende el señor conductor, o más bien la empresa que lo contrata. Hay días que el autobús llega con sus minutitos de retraso, días en los que generalmente hace un frío mortal o un calor asfixiante, y hay días en los que su pulcritud horaria es tal, que un inglés se sentiría como en casa (esos son los días en los que has confiado que podías quedarte en casa dos minutos más porque sería un día del caso A).

Ojalá alguien del Ayuntamiento y/o la empresa Autobuses Jiménez tenga a bien dejarse caer por aquí y recibir todas mis sentidas quejas para intentar solucionarlas por el bien de todos los usuarios del transporte público urbano, pero mientras tanto, no me quedará más remedio que:
- no mirar directamente al conductor al subir para evitar hacer jucios de valor o poder mentarle en las frenadas imaginándome mil formas de hacerle sufrir.
- llevar mi propio cojín para que me amortigüe los baches y no acabe en la tienda peor que si hubiera recibido un masaje balinés.
- ponerme el MP4 a todo volumen aun a riesgo de destrozarme los tímpanos para evitar la mezcla de televisión, radio y conversaciones insustanciales que me rodean.
- estar en la parada siempre con unos 15 minutos de antelación, para ver pasar el autobús anterior y poder esperar tranquilamente al siguiente llegue puntual o no.
- suicidarme salvajemente con la esperanza de que mi viaje hacia el más allá sea en deportivo diesel o en brazos de un bello angelito...


08 mayo, 2007

Princesitas

Lunes, 7 de mayo de 2007

Hoy ha entrado un muchachito en mi tienda que era frágil como una figurita de cristal. Tenía la pose adecuada con la cadera torcida, la mirada tierna como si nunca se hubiera comido una polla, el gesto delicado de absoluta dignidad. Tampoco era el adalid de la pluma, pero tenía su gracia.

Con esa imagen en mente ha tenido más gracia aún que al comprar una tarjeta de memoria, me dijera todo dulzura... "¿Me la puedes meter tú? Es que yo no sé...". Vamos, un poco menos de compostura y me descojono allí mismo. Lo peor es que iba sin segundas, porque ciertamente no sabía cómo se introducía su flamante nueva tarjeta en el móvil. Sobran las comparaciones.



Le he dado un par de vueltas a la idea de lo comunes que son hoy en día las "princesitas". Son esos chicos que atienden a la descripción que he dado en el primer párrafo y que ya no tienen miedo a ser tan gays y tan plumeras como la ocasión lo requiera. Yendo un poco más cerca del estereotipo, los sábados por la noche tienden a emborracharse en el botellón con sus amiguísimas (casi todas grandes marilendres de la infancia) y entrar en los bares riéndose de toda la gente que le doble o triplique la edad. Eso cuando ha dejado la vergüenza en casa, pero cuando va de inocente doncella virginal, no hay quien no pueda sorprenderse de que se aíslen del mundo por temor a contagiarse de la realidad.

Cuando consigues relacionarte con una "princesita", suelen mostrarse esquivas y cerradas como una ostra de océano. Dan por hecho que sus vidas han sido muy completas y que poco más pueden hacer nuevo o que les sorprenda. Son tan tan tan hipermaduras, que se cayeron del árbol el otro día. Y no creas que tú, por sacarles al menos 10 años, vas a poder enseñarles nada del mundo. Han estado ahí fuera y han absorbido todo y de todo (se aceptan comentarios maliciosos). Yo suelo acabar dando la charla por perdida cuando me doy cuenta de que es hablar con alguien que, aunque nunca se sabe, podría ser uno de tus hermanos pequeños y desde luego un alumno en la academia de puterío que abrirás en cuanto tengas una mansión adecuada para ello. Es mejor dejarlas con su sensación de superioridad para que algún día se caigan de los tacones y besen el suelo a velocidad terminal. Entonces es cuando sería adecuado aparecer y, desde arriba, usar toda la dignidad del mundo para decirles: "Uy nena, ¿te has hecho daño?".

07 mayo, 2007

Reabrimos el Cuaderno

Domingo, 6 de mayo de 2007

No he podido dejarlo mucho más tiempo. Era un retorno más anunciado que la nueva película de Spiderman. No es que sea por aclamación popular, pero aquí estoy de nuevo. Lo que sí que haré será cambiar un poco el chip, amontonar las cosas viejas a un lado y cambiar un poco el rumbo del navío a partir del cual hago las anotaciones. Voy a intentar que se acaben los días grises, que las reflexiones acaben derivando en tristezas, lágrimas y victimismo. Voy a intentar aportar un rayito de luz a las tonterías diarias que me acosen, tomándomelas con un humor que espero no resulte demasiado cansino. Espero que quien lea estas líneas no se aburra demasiado pronto.


24 marzo, 2007

Clausurado

Sábado, 24 de marzo de 2007

Este blog queda clausurado, al menos temporalmente.




Pd.- Por cierto, aprobé el examen, pero no me hace nada de ilusión, podría haberlo hecho mucho mejor.

23 marzo, 2007

Robots de cocina

Jueves, 22 de marzo de 2007

Ya tenemos nuevo aparato en casa. Aún no tiene nombre, pero me temo que Bender va a ser una gran opción. O tal vez Chef a secas. O robot de cocina, quién sabe. Al fin y al cabo sigue siendo el mismo aparato enorme y blanco que hemos colocado donde hemos podido en nuestra cocina de "tamaño inferior a la media". Es decir, "otro armatoste" que diría mi madre. De hecho,cuando se lo comenté fue lo que se pudo leer en la expresión de su cara.

Son estas cosas que las parejas hablan casi como si del encargo de un hijo se tratara. Tú ves algo así por la calle, en un cartel, y vuelves a casa con la idea rondándote por la cabeza.

- Cariño, mira, que he pensado que... Bueno, no sé, me da un poco de cosa decírtelo.

- Ay, pues dime, no me dejes así.

- Bueno, va. Que he estado pensado en que tal vez nos vendría bien tener un robot de cocina en casa, ya sabes, por ayudarnos en las tareas y esas cosas...

- Pues... Yo también lo había pensado, la verdad. Creo que podría estar bien, que siempre comemos a todo correr y quemándonos la lengua. El único problema es el sitio, porque no sé dónde nos va a caber... Y ademas tiene que ser para usarlo, que siempre acabamos acumulando los trastos a lo tonto.


Y la conversación sigue con los pros y los contras de la decisión, que casi parece salomónica y finalmente... Finalmente, si acabo de decir que tenemos nuevo aparato en casa, es porque decidimos comprarlo. Y esta mañana ha sido el estreno oficial, por sorpresa y sin avisar. Y he tenido suerte, parece que los astros me siguen sonriendo. Tampoco era muy difícil: arroz con tomate. Eso sí, en cuanto hemos llegado a casa estaba la comida preparada, calentita y... una pena, el robot no sabe ponernos la mesa ni servir en el plato.

La verdad es que cada día somos más tecnológicos en casa. Si no es un periférico para el ordenador (lo último fue un auricular estilo manos libres para Javi), nos echamos una batidora-picadora nueva. Así tenemos cajas de cartón para aburrir y libros de instrucciones repartidos por casa a medio leer. Y, cómo no, el interminable problema del sitio donde guardar los aparatos, porque no caben en un bolsillo, claro. Empieza a ser preocupante y por eso ahora me planteo muy mucho cuando veo en las ofertas de MediaMarkt cualquier cosa que me llame la anteción. Necesito asegurarme de que vamos a sacarle tanto partido como vale y, desde luego, que es estrictamente necesario y cómodo de montar/limpiar/recoger. Por suerte pocos electrodomésticos cumplen estas condiciones, con lo que son deshechados automáticamente. Porque parece que las nuevas tecnologías de la cocina sólo sirven si tienes una del tamaño del salón y con armarios para guardar unos cuantos hectómetros cúbicos de artefactos y vajilla.

En fin, parece que vamos a empezar a usarlo con cierta continuidad y posiblemente varios amigos irán probando poco a poco nuestras delicias culinarias de manos (o mecanismos) de nuestro "Bender" particular. ¿Quién se apunta?

20 marzo, 2007

Cuenta atrás...

Lunes, 19 de marzo de 2007

Ya quedan sólo 5 días, 120 horas y una cantidad de minutos que me parece absurdo calcular de memoria. Esta tarde me he puesto bastante nervioso al pensarlo porque es YA. Queda muy poco tiempo y creo que no estaré suficientemente preparado... Y no quiero hacer el ridículo, al menos no en lo que esté en mi mano... Jolínjolínjolínjolínjolínjolínjolínjolín.


Es mi examen de Aikido. Si lo apruebo, pasaré al primer grado de cinturón negro, el 1er Dan. Se supone que alcanzar este grado implica que dominas todas las técnicas y las ejecutas con soltura. A partir de ahí se te abre un camino nuevo en el que vas buscando tu propio camino y aprendizaje. Pero el caso es que estoy algo acojonado. Bueno, algo no, mucho. Y es que parece que los hados se ponen en mi contra.

En estos exámenes siempre necesitas un "saco" que haga de atacante. Generalmente es un pequeño honor que alguien te lo pida porque significa que confía en ti y eso siempre es bueno cuando vas a volar por los aires y recibir más palos de los que puedes contar. En mi caso tuve que "conformarme" con un muchacho algo menor que yo, pero que por ser el hijo del profesor, ha mamado Aikido desde la cuna. Pues bien, hoy el muchacho, tras un mes casi sin aparecer para poder entrenarnos (yo soy su "saco" también), me dice que está tocado del lumbago y que hará su examen como pueda, pero que no puede ayudarme con el mío. Así que aquí estoy, compuesto y sin pareja a 5 días con dos de entrenamiento. Cojonudo. Espera, que voy descorchando ya el champán... Al menos si me emborracho tendré esa excusa, ¿no?



Llevo desde los 9 años en este arte marcial. He tenido mis parones y mis mejores momentos (como el actual). Mi examen de cinturón negro debería ser casi un mero trámite porque conozco la teoría y soy muy perfeccionista para la práctica. Pero no quiero hacer un examen bueno, lo quiero bordar. Quiero que, como dice un compañero, feliciten a mi maestro. Porque al fin y al cabo somos extensiones de su conocimiento y lo que sabemos se lo debemos a él. Siempre he fantaseado con el día que aprobaba y me felicitaban, casi con una ovación, pero ya tengo edad suficiente para saber que no es así, que habrá un "aprobado" o "no aprobado" y poco más. La procesión irá por dentro y luego habrá que celebrarlo con los compis. Confío en mí mismo, pero quiero algo más que eso, quiero triunfar. Sé que se me da bien, así que voy a dar el máximo.

Mi miedo proviene de la inseguridad que toda prueba nos genera, pero también sé que no debo preocuparme demasiado. Estoy seguro de que este sábado por la noche podré celebrar que tengo que esperar el regalo de mis compañeros (el primero cinturón negro te lo regalan, dice la tradición) y sentirme un poco más orgulloso de mí mismo. Aunque los buenos amigos y compañeros que tengo en el vestuario ya lo merecen. ¡Va por ellos!

14 marzo, 2007

Incompatibilidad de horarios

Martes, 13 de marzo de 2007

Ese es uno de los problemas que hacen que mi vida sexual marital no llegue a buen puerto. Al menos es una de las conclusiones tras la enésima Conversación sobre el tema. Había que hablar de ello, porque ya hacía varios días que volvía a mis crisis absurdas y se hacía evidente que no es algo que deba tragar solo. Esto es cosa de dos y entre dos hay que solucionarlo.


Tal vez desde mi ansioso deseo vea más sencillo no pensar en horarios y soltar a la "Bestia" cuando le venga en gana, sin pensar en la hora ni el momento. Pero es cosa de dos y el racional debe hacerse cargo de los detalles cuando el pasional sólo piensa en la satisfacción personal.


He estado unos días "out" y casi me olvido de actualizar el Cuaderno de Bitácora. Pero es que ha sido un fin de semana intenso. El viernes sesión por la noche con alguien que buscaba el sexo con más ganas que yo mismo. Le dimos lo que pudimos y creo que habría aguantado más si no hubiese estado tan necesitado. El sábado se acercó una pareja deliciosa en su conjunto para pasar el fin de semana. ¡Y vaya fin de semana! Gracias J. y J. por las horas que compartimos juntos, porque ciertamente no es lo mismo compartir algunos momentos con amigos "solteros" que con amigos "casados". Y eso dejando aparte las similitudes entre unos y otros y quién se parece más a quién. Espero que repitamos pronto y que me dejéis seguir nombrándoos cuando la ocasión lo requiera (no se si están leyendo o leerán esto algún día, pero ahí queda).


Y papá está mejor. Mejora muy rápidamente según mi criterio, con lo cual temo que se confíe. Pero ha recuperado gran parte de la coordinación en las extremidades izquierdas y empieza a ser algo más independiente. Queda por recorrer el más largo camino aún de perfeccionar la coordinación "fina", pero el tiempo lo cura todo, al menos en este caso. Me gusta verle de nuevo bromista y sonriente, gastándonos las bromas de siempre. Recordarle dormido en la cama del hospital cuando hacía noches para asegurarme de que estaba bien me hace pensar en lo frágil que es la vida, pero lo fuerte que nos hace la naturaleza para salir adelante en situaciones complicadas. Está mejor y está con nosotros, que es lo que importa. ¡A la porra la filosofía barata!

08 marzo, 2007

Mi obsesión habitual

Miércoles, 7 de marzo de 2007

La tarde ha dado de todo, pero en general ha tenido un final algo agobiante a nivel laboral. Entre un marroncillo que he tenido que cargar y destripar y el barullo de gente que puede entrar en una tienda minúscula un día de lluvia... Y al final he tenido mi puntilla, pero me lo tengo merecido por preguntar y por ababol.

Para soltar algo del estrés y mientras cerrábamos caja, mi nuevo compañero, del que ya os he hablado, contestó sinceramente a una pregunta cargada de doble sentido acerca de la última vez que había tenido sexo. Pues bien: después de comer y una follada estupenda con su novio. Como digo, eso me pasa por preguntar. Y por poco se me cae la boca hasta los pies, no sé si de envidia, de morbo o de qué. Y de nuevo mi cabeza ha vuelto a rondar viejos fantasmas, de esos que se mantienen en la sombra esperando el momento adecuado para atacar. Y entonces creo que sí que he sufrido un ataque de envidia, qué carajo.


Es que si me pongo a analizar mi situación me pongo un poco triste, la verdad. Al menos si segmentalizo cada situación concreta y la desmenuzo hasta el más mínimo átomo. Partiendo de la base de que mi compañero y su novio son dos mozalbetes jóvenes y en pleno uso de sus facultades físicas y hormonales, tienen cierta ventaja sobre nosotros. Llevan menos tiempo también, pero no poco (tres años). ¡Pero follan más! Habitualmente sobrellevo la situación porque no pienso mucho en ello, pero la verdad es que Javi y yo lo hacemos poco poquito. El cansancio, la rutina y cualquier excusa puede ser buena para explicarlo. Pero es que yo necesito algo más, algo de morbo, algo de... ¡algo de algo!

No quiero que a nadie se le pase por la cabeza eso de "háblalo con él" porque no sería la primera ni la segunda vez que lo hacemos. Siempre pasa lo mismo, que parece que mi obsesión es el sexo, que está muy cansado toda la semana, que la relación ha evolucionado. Y finalmente yo prefiero recular y dejar el tema ante de seguir tirando de la goma y conseguir que acabe rompiéndose. Simplemente y por mera comparación mi novio está más dispuesto a tener sexo cuando hay terceras personas en juego que cuando estoy yo solo.

Porque no es que sea un problema para mí los trío, al contrario, le dan riqueza a los encuentros sexuales y permiten conocer a gente la mar de maja. Simplemente que no me siento deseado, no queda ya rastro de aquella pasión que teníamos al principio. Y pese a los tríos, las masturbaciones nocturnas y demás aventuras yo sigo disfrutando con Javi, excitándome cuando estamos desnudos, intentando que goce con cualquier cosa que hagamos en la cama. Pero él lo niega, le sigo pareciendo muy atractivo, disfruta conmigo y me da besos para que lo compruebe. Pero me sabe a poco. No me siento deseado.

Alguien me dijo hace bastante tiempo que una relación como la nuestra era más bien una relación de amigos, íntimos, pero amigos. Convivimos, compartimos techo y cama, pero no hay sexo. Como los amigos. Y me aterra que sea cierto, porque significaría que la relación no da más de sí y que es hora de hacer borrón y cuenta nueva. Completamente nueva. Por suerte aún puedo agarrarme a bastantes cosas que me compensan y me mantiene a salvo durante los temporales.

Y para mayor escarnio de mí mismo he empezado a marcar en mi calendario de mesa desde este mes, las veces que tengamos sexo, diferenciando si estamos solos o no. Espero no tener que usarlo algún día para explicarle (de nuevo) a dónde podemos acabar de llegar. Sigh.

03 marzo, 2007

Del amor al odio... Y del odio al amor

Viernes, 2 de marzo de 2007

Nunca va a dejar de sorprenderme (por suerte) la capacidad del ser humano para adaptarse a las situaciones adversas. Es cuando menos impresionante la capacidad social que hemos adquirido con el paso del tiempo para sostener una relación que es evidente que se resquebraja y fingir que no hay más grietas en las paredes que las fisuras dejadas por el último terremoto. Es mejor reir que llorar, porque no queda otra.

Mi compañera de trabajo, Natalia, es una de esas personas que, como he dicho, nunca dejará de sorprenderme. Tal vez sea porque aún no le he cogido el punto. Tal vez sea porque ese punto no deja de moverse, más que un mosquito en verano. Tal vez sea porque tampoco quiero cogérselo, ya que no la soporto. Pero nos adaptamos. Los dos. Es una guerra fría en la que nadie gana ni pierde ni puede hacer nada por cambiar las cosas, porque, como dice mi responsable de tienda "somos así".

Ayer tuvimos una pequeña enganchada. No es la primera, ya tuvimos otra hace unos meses. Y en ambos casos ha ocurrido algo parecido. Ambos tenemos un carácter fuerte, no nos gusta ceder y cuando creemos que llevamos la razón, nos agarramos a un clavo ardiendo. Cruzamos cuatro palabras, una más alta que la otra, nos encendimos y me marché en cuanto pude para no tener que discutir más acaloradamente. En el gimnasio apenas di pie con bola dándole vueltas al asunto y al final de la noche, casi estaba más disgustado por el mal rollo que por la bronca en sí. Hoy estábamos los dos solos todo el día y no me apetecía en absoluto trabajar con una estatua de alabastro. He abierto desganado y sin apetencia.

Pero nunca dejo de sorprenderme. Lo primero que ha hecho al llegar es preguntarme si había tenido que pasar la noche con mi padre y la conversación ha seguido lenta pero inexorablemente hacia derroteros más habituales: clientes, asuntos pendientes, cosas curiosas del trabajo... Y de ahí a tratarnos casi como en días anteriores ha sido un suspiro y un amago de respiro. Ventaja: el ambiente se ha relajado significativamente y eso se nota de cara a los clientes. Desventaja: ahora parece como si no hubiera pasado nada, pero sé que si algún día volvemos a discutir, sacará a relucir lo que pasó como si fuese ayer mismo. En resumen, seguimos igual pero fingimos que lo hemos superado.

Y así, en menos de 24 horas, del amor al odio y del odio al amor no sólo hay un paso, sino que a veces es un velo tan delgado que con un soplido puede apartarse. Lo que hay al otro lado sigue siendo oscuro, pero el camino lo tenemos abierto. Y además las caretas hoy en día están tiradas de precio...

28 febrero, 2007

Papá ingresado. Unos días out.

Martes, 27 de febrero de 2007

Pues sí, de ahí que lleve una semana sin pasar por aquí a quitar las telarañas. Y de hecho tardaré un poco en recuperar el ritmo normal.

Para quien no esté al día (creo que queda poca gente) la semana pasada mi padre sufrió un subidón de tensión que le provocó una hemorragia cerebral interna. Los primeros días suelen ser críticos porque hay que controlar que la hemorragia está detenida y cuáles han sido las secuelas. Parece que todo ha ido bien y de momento sigue el proceso normal de curación. Este proceso va a ser largo y requiere de mucha paciencia, sobre todo por parte del enfermo, pero suele tener un resultado de lo más satisfactorio.

Así que entre el estrés generado estos días y el par de noches que me he quedado a dormir, estoy algo destrozado, pero feliz de que las cosas vayan bien. Además, para moverme con mayor comodidad entre mi casa y el hospital, tengo en mi poder el coche familiar y he descubierto ahora con verdadera razón que me encanta conducir y que cuando tenga que devolver el coche dentro de un tiempo... Ay, qué libertad más absoluta da tener a tus manos un volante y saber que eres tú quien maneja la máquina y no al revés. Pero este tema puede ser una interesante reflexión para otro día.

20 febrero, 2007

Objetivo: Indirectas sexuales 0

Lunes, 19 de febrero de 2007

A ver, que hace demasiados días que no os pongo al día y, pese a no haber importantes novedades, siempre hay algo que contar. Y más cuando he estado unos días de vacaciones... Y en San Sebastián, recargando las pilitas. Una pena que sólo pudiéramos hacer el circuito de talasoterapia, pero no tuvieran sitio para darnos unos masajitos.

En fin, en cuanto a la idea central, va en serio. Seis días de vacaciones, dos de ellos en un hostalito muy mono cerca del centro, sin casi nada que hacer. Y sólo hemos tenido un triste polvo. Y con una tercera persona, claro. Y que localicé yo por internet (lorazain, para quien sepa dónde buscar). Un encanto de tío, morboso, bonita sonrisa, cuerpo interesante y sexualmente... un notable alto, desde luego. En resumen, el fin de semana no estuvo nada mal en casi todos los sentidos.

Casi. Como siempre, yo no puedo estar satisfecho con lo que tengo. Porque digo yo que no debe ser mucho pedir que tu novio siga teniendo algo de interés en mantener una saludable y nunca despreciable relación sexual contigo. A solas. Porque vuelvo a no acordarme de la última vez que lo hicimos. Y odio sacudir mis trapos íntimos, pero quienes me conocen saben que es un tema al que le doy vueltas muy a menudo. Y la opción de la conversación la he tomado muchas veces, pero siempre me lleva al mismo camino sin salida y no estoy dispuesto a pasar por lo mismo. Así que como estoy algo cansado, se acabó hacer esfuerzos. Mi objetivo es que mis indirectas sexuales se reduzcan a cero cuanto antes. Para no conseguir nada, no pierdo el tiempo. Y con esto no quiero decir que tire la toalla, sino que no voy a esforzarme. Tal vez si empiezo a mostrar algo de desinterés o pasotismo, tal vez salten las alarmas y reciba lo que quiero. O conlleve una Conversación (otra más) y saque algo nuevo en limpio.


Aunque la verdad no sé si dejar de hacer continuas insinuaciones acerca de lo mucho que me apetece o lo morboso que sería va a conllevar alguna mejora, porque me temo que no conseguiré cambios aparentes. Y lo que no consigo entender es que no le parezca raro que con cualquier tío medio interesante le apetezca echar un polvazo bien echado y que no se le ocurra que a mí me tiene más a mano, más dispuesto y más deseoso. Que comprendo que no vamos a estar todos los días como conejos, pero el de los domingos, sería típico aunque aún así agradable. Las posibilidades negativas de que haya podido dejar de gustarle, resultarle morboso o cosas peores prefiero no planteármelas, porque aunque parezcan distantes siempre las tengo en mente. Si es una de esas, me lo tiene que decir él, no darlo por hecho yo.


Así pues... a por el objetivo. Aunque eso no quita para que de vez en cuando me de un gustazo puntual, que las tuberías no hay que dejar que se atasquen, jejeje. A ver qué tengo por ahí del emule...

14 febrero, 2007

Tenemos chico nuevo en la oficina...

Martes, 13 de febrero de 2007


Que ni se llama Farala ni es divina. Y cada vez tardo más en actualizar mi blog, vergüenza debería darme. Pero al tema...

Esta semana está de prácticas en la tienda el futuro nuevo muchacho que tendremos para arreglar rotos y descosidos. Un floating, que lo llaman. Un niñito de 22 años, sonrisa fácil y bastante adorable. Gay, claro. Para algo me encargué yo de parte de la selección y me tuve que decidir entre el jovencito adorable, sin experiencia en móviles y cocinero y camarero toda su vida o la lesbiana que había trabajado ya con objetivos, muy motivada y con ganas de mejorar. Fue una decisión dura, pero mis compañeras me animaban bastante con la ingenua idea de que el niño podría ser algo heterosexual. Ja. Como dice el refrán: "Ojo de loca, no se equivoca". Y parece ser que se ha vuelto a cumplir. El sexto sentido ése que dicen que tenemos.

Sigo teniendo alguna duda acerca de si funcionará en una empresa tan dura, tan jodidamente competitiva y cuyo único interés es ganar pasta a costa de los empleados. Vamos, como el 99% de las empresas. Pero los dos días que he estado con él me ha dado buena espina y cuando vuelva del curso de inicio tendré con él una Conversación porque no quiero que al tomar una decisión un tanto tendenciosa (e influida por dos petardas que trabajan conmigo y que tenían una parte íntima de su cuerpo hecha golosinas) pese sobre mi cabeza que elegí a un mal candidato. Ha sido un chico dispuesto, con iniciativa y ganas de aprender. Sonríe mucho y es agradable con los clientes. Vamos, que es un encanto.

Hace años podría haberme colgado de un pipiolo así. Supongo que hace años, cuando él aún no hubiese conocido a su actual novio, con el que convive y del que está terriblemente enamorado. Con traje aparenta buen tipito, y da sospechas de un culo interesante, donde agarrar. Y ya si dejamos que la imaginación vuele... Pero no vamos a entrar en temas escabrosos, que para eso ya hay películas porno. El caso es que tener un compañero así es un problema. O varios en realidad.

En primer lugar podría darse el caso de que el chico se convierta en un objeto de deseo. Y seamos frívolos, un objeto de deseo sexual. Punto. Ese tipo de cosas no son buenas cuando se tienen parejas y más aún cuando no es mutuo. En segundo lugar, se me escapa la pluma con mayor facilidad. Si no es por una conversación un tanto "rosa", es por un chiste entre dos gays graciosillos o porque suena el móvil de la tienda con la canción de Bisbal (cosas de mis compañeras, lo juro), al que odiamos, pero se deja bailar un poco. Tercero, a veces surgen chistes que no todo el mundo puede captar y hay miradas que dicen muchas cosas y que suponen estallidos de risa. Cuarto, no habría tío bueno que no despellejaríamos para repartirnos los pedazos, pobres aves carroñeras nosotros.

De todos modos creo que va a ser un cambio positivo. Creo que empezaba a estar un poco cansado de tener todo mujeres a mi alrededor que pertenecen a un mundo al que me siento ajeno. Y además de que sea un chico, que sea también gay es casi una bendición. Esperemos que no se cambien las tornas demasiado pronto...

09 febrero, 2007

Curiosidades

Jueves, 8 de febrero de 2007

Conste que al fin y al cabo todo puede ser una imaginación de mis sentidos, pero si contamos sólo con mi percepción dado que nadie más puede arrojar luz sobre este asunto, no podremos profundizar más allá (o acá, si se quiere).

El caso es que desde hace tiempo mi señor novio y yo nos habíamos fijado en otra pareja de interesantes maduritos de Logroño. Casualmente en el inicio de los tiempos a cada uno nos parecía interesante uno de ellos, aunque no despreciábamos al otro. El que le gustaba a él me parecía que tenía un aspecto muy serio, con un rostro muy frío y cara de mala leche. Y las orejas muy grandes, qué carajo. Pero bueno, éramos conscientes de que dos hombres maduros, cachas y juntos desde hace mil años o más no se fijarían en nosotros en modo alguno.

Sorpresas de la vida y cosas de una ciudad pequeña, hemos coincidido más veces y el otro día vinieron a la tienda donde trabajo para comprar un móvil (evidentemente). Nos reconocimos, hubo una especie de entendimiento común y la venta se desarrolló con más confianza. De hecho me explayé tanto que dio la hora de cerrar y aún estábamos allí. Tomamos un vino al terminar y la conversación fue curiosa, con algunos tintes picantes al terminar. Ahí quedó todo por el momento. El de orejas grandes no parecía tenerlas tan grandes, sino más bien normales, y tenía una sonrisa atractiva. En resumen, que entendí por qué a Javi le gustó tanto en su momento.

Dos días después me comentó a través de Gaydar (sí, tienen un perfil) que tenía unas dudas acerca del funcionamiento del aparato que habían comprado y que por favor se las resolviese. En mi día libre me pasé por su trabajo (también es de cara al público) y entre consulta y consulta estuvimos hablando un rato. Definitivamente no tiene las orejas grandes. Su novio no estaba (trabajan juntos) y de nuevo la conversación derivó a algún tema sexual general. E hizo un comentario acerca del extraño color de mis ojos. Por lo visto, dependiendo de la luz que haya, son verdes o grises... Eso sí que no me lo habían dicho nunca.


En fin, hoy mismo ha habido un nuevo capítulo en esta historia curiosa. Ha aparecido por la tienda porque tenía un rato libre y estaba mirando tiendas y se ha pasado a ver si podía salir a por un café. Y claro que he salido. Nuevo comentario sobre mis ojos y su color. Coño, ni que fueran objeto de estudio o de tesis doctoral... Ha habido tema picante de nuevo, esta vez más enfocado y casi concretado en un futuro encuentro de cuatro personas adultas para cenar, charlar y un "ya se verá". He vuelto muy contento porque, como he dicho al principio, eran dos personas con las que había perdido mis intenciones hace tiempo y ahora, cosas del vivir, parece que no era así.

Contrapunto: cada vez que le cuento a Javi lo que pasa, se pone un poco celosón. Siempre hace el comentario de que este tipo era el suyo, que yo me quede con el otro. Me hace gracia y le doy un abrazo para que se le pasen los fingidos morritos. No es otra película como la del soldadito valiente, nada que ver. Simplemente es un hombre atractivo, con una atractiva pareja, que puede hacernos pasar un buen rato en muchos sentidos. Y si no ocurre nada, pues mira, ellos se lo pierden, que nosotros merecemos un montón la pena.

¿Pero a que es curioso las vueltas que puede dar la vida?

05 febrero, 2007

Sexo en... qué coño, nada de sexo

Domingo, 4 de enero de 2007

La semana pasada, mi responsable de tienda se compró en un kiosko una de esas maravillosas promociones de lanzamiento de dos libros a un precio ridículo. En concreto eran "El Diario de Bridget Jones" y "Sexo en Nueva York". El primero era el que realmente le intersaba, así que el segundo me lo dio para que me lo leyera si quería. Dado que lo poco que he visto de la versión televisiva era interesante y bastante divertida me animé a cogerlo en los ratos de vacío que abundan en las tardes de invierno.


Para empezar, el libro apenas tiene que ver con la serie. Son los nombres de los personajes y tal vez un poco el estilo, pero hasta ahí. Son conversaciones de la autora acerca de sexo y sus diversas variantes, casi dándote a entender que es lo único que hay en la vida. Sin embargo, a un servidor le gusta el sexo tanto como a los demás, o tal vez un poco más aún, pero no lo tengo todo el día en la boca, o al menos si lo estoy pensando no lo digo. Pero el libro acaba dando una sensación de interés completo y absoluto por el sexo, las experiencias personales y cómo ven los demás esas experiencias. Yo, desde luego, no estoy todo el día reflexionando sobre las implicaciones socio-emocionales de hacer un trío o de la virginidad feminina en los tiempos modernos. Y menos aún con la cantidad de paletos que aparecen a cada página. En la página 80 tan sólo me han parecido graciosas un par de líneas, poco más.


Porque dicen que masturbarse es divertido, pero follando conoces gente. Pero para eso se tiene que dar el caso de que tengas sexo con otras personas diferentes a ti mismo. Pero no voy a entrar a desgranar mis neuras personales en este tema, que son muchas y variadas e implican a una persona que no está al tanto de ellas (en su mayoría). Básicamente me refiero a que el interés por el sexo en la sociedad en la que vivimos es generalizado y bastante amplio, pero no me cabe duda de que se come más con los ojos de lo que se quiere. Sería un poco carca decir que no es interesante el destape que hay desde hace bastantes años en la ropa, bien ajustada, marcando lo marcable y enseñando lo enseñable. Pero en el fondo es una cuestión de seducción sin alcanzar la meta deseada. Es como decir "yo te enseño lo que podría ser tuyo, pero ni sueñes con echarle la mano encima". La ventaja es que se potencia la imaginación y la fantasía, aun cuando dicen que cada vez leemos menos.

Y en las conversaciones entre amigos, el sexo sale, como un tema más. Se bromea, se banaliza, se minimiza... Sin embargo en nuestro fuero interno desearíamos poder satisfacer todos nuestros deseos cuando, como y con quien quisiéramos. Porque el sexo, al igual que el comer, el beber, el dormir, es una pulsión necesaria en nuestra vida, algo que necesitamos de vez en cuando para sentirnos vivos. Se pueden contener durante un tiempo las ganas o la ansiedad, pero siempre habrá algún estímulo que nos hará someternos a los mal llamados "bajos instintos". Mal llamados porque están hacia la mitad del cuerpo, no en la parte baja...

Lo que no sé es qué hago hablando yo de estas cosas si esta entrada no iba de sexo exactamente...

30 enero, 2007

Amores de urinario

Martes, 30 de enero de 2007

Ayer me tocó de nuevo (esta vez con más aceptación por mi parte) ir a la tienda que mi empresa ha montado hace poco en Calahorra. Solemos ir de apoyo de vez en cuando porque toda la gente nueva es completamente novata y pese a los avances, siguen desquiciándose con algunas cosas. Pronto empiezan, espera a que lleven un tiempo.

Tanto los días que he estado, pero ayer especialmente, me dio por recordar aquellos tiempos de amores de urinario. Supongo que cualquiera con algo de edad y un poco de conocimiento del mundo homosexual sabrá a lo que me refiero. Son esos encuentros en los baños de caballeros, en los urinarios de pie, donde las miradas discretas al vecino te hacían indicar si él también te estaba mirando a ti y pasar a la fase dos. Eran encuentros casuales, en absoluto preparados, que tenían el morbo de no saber a quién te encontrarías, lo sórdido del lugar, el morbo de la situación, la imposibilidad de alargar la mano y tocar lo que deseas...



Recuerdo que aquellas situaciones además de morbosas tenían un punto... ¿cómo decirlo? Diferente. Al terminar, mientras te subías los pantalones en el reducido cubículo, solías pensar que lo que habías hecho tenía un regusto agridulce. Era evidente que aún perduraba la plácida sensación de un orgasmo bien aprovechado, pero, pero... Esa premura, la necesidad de buscar la satisfacción de forma rápida y acelerada, sin preocuparse por los detalles ni por el placer mutuo, sino llegar al final de la carrera, terminar lo que se ha empezado para no ser pillados ni pasar más tiempo del necesario con ese extraño del que no conozco nada, esa premura como digo, hacía que el placer se mezclase con un pequeño vacío en el estómago. Siempre te quedaba la pequeña frustración de no haber tenido un sitio más tranquilo y cómodo para dar rienda suelta a la imaginación y el placer. Incluso tal vez saber cómo se llamaba y haber cruzado con él alguna palabra más que los mínimos jadeos ahogados propios de la situación.

Sin embargo en mi caso siempre pesó más el morbo que esa oscura sombra que duraba unos minutos (o a veces un buen rato) después de salir a la calle. Junto con las dudas acerca de si lo volverías a ver si te había parecido agradable en los breves minutos que habías compartido, si habías tomado las correctas medidas de protección dado que nadie está libre de contagios, qué pasaría si te lo volvieses a cruzar por la calle, si te lo volverás a cruzar alguna vez...


Tengo vagos recuerdos de la gente que conocí en tales circunstancias. Uno de los más intensos (y desagradables) fue en la estación de autobuses de Salamanca, donde un señor madurito consiguió que le siguiera hasta su coche dadas las dimensiones de lo que iba a mostrarme. Así fue y en una zona apartada pasamos a la fase dos. Tuve que insistir un poco en que se pusiera un condón porque quería hacerlo a pelo, pero por aquel entonces ya tenía cabeza suficiente como para no fiarme de los "yo estoy sano, de verdad que te lo prometo". Sin embargo en pleno acto la goma se rompió y el tipo no dijo nada hasta el final, con fingida sorpresa. Fueron tres meses de algo de angustia hasta que fui a hacerme las pruebas y dieron, para gran alegría mía, negativo. Sin embargo ha habido momentos más morbosos, como aquel visitador médico de traje, elegantísimo, que decía que hacía de todo menos dar besos en la boca porque tenía pareja; o el chico del jersey a rayas marrones y rosas, algo alternativo, con toda la zona interesante rasurada... Y así podría estar, haciendo una lista de mis amantes, todo el día...

Simplemente me ha venido a la cabeza y he querido hacer una breve reflexión, pero me gustaría profundizar algo más en el tema, porque creo que tiene mucha miga y que el punto de vista de diferentes personas aportaría más cosas interesantes... incluso puede que morbosas...

26 enero, 2007

Ya ha nevado!!!!

Logroño, 25 de enero de 2007

Cumpliendo la sagrada y milenaria misión que sucede desde tiempos inmemoriales, ayer cayó la nevada anual en Logroño. No fue una gran nevada porque sólo cuajó en el extrarradio y apenas duró sobre el suelo una media hora, pero al menos ya nos podemos dar por satisfechos. Hay quien espera una nevada en toda regla, con varios centímetros de nieve, pero no hay que poner a prueba a los diosecillos de las nubes....


Pd.- De nuevo Blogspot me dice que me meta la imagen por donde me quepa, incluyendo un número de error la mar de bonito... Intentaré a la hora de comer o esta noche ver si puedo enseñaros cómo se veía la calle desde mi ventana :)

24 enero, 2007

No pidamos más de lo que podemos ofrecer

Martes, 23 de enero de 2007

He tardado un poco en ponerme, pero aquí estoy de nuevo. La vagancia, que es una muy mala consejera... Y el sueño por quedarme jugando hasta tarde, que es peor aún para aguantar por las noches. Y no saber qué escribir, que tampoco es el mejor de los amigos. Y otro montón de excusas, pero son sólo eso: excusas.

Este fin de semana estuvo Charly Brown en la ciudad y como la vez anterior me tocó tener "uno de esos fines de semana". Vamos, que la cagué, como me suele pasar. Aunque no tan soberanamente como yo lo veo ni tan livianamente como lo ven otros. Pero el caso es que me dio un ataque de "noseloquemepasaperoquébienestaríasoloyrumiandomispropiastonterías" y tuve un sábado sabadete bastante gilipollas. No acabo de localizar la razón última de mi infantilismo reinante estos días y no tengo muy claro que pueda llegar a encontrarlo, pero me preocupa que tener visita haga que mis nervios estén a flor de piel y salga lo casi peor de mí. Tengo que seguir pensando qué es lo que pasa por mi cabeza en esas situaciones para evitarlo en el futuro.

Sin embargo, de algo sí que me di cuenta el sábado por la noche. Poco a poco y de forma casi imperceptible me estoy quedando sin amigos en Logroño. Que no cunda el pánico, que solo no estoy. Tengo a quien llamar si estoy mal (cosa que no suelo hacer en 99% de las veces) o con quien quedar para tomar un café y tengo a quien juntarme una noche que quiera salir de soltero. Pero esa gente con la que quedas todos los sábados, que haces varias cenas al mes en casa, que quedas más o menos habitualmente para ir al cine, que te llaman en el trabajo y lo dejas todo por contar el último chascarrillo... Y me puse a pensar en las razones de pérdida de mis últimas amistades.

Como siempre, el ser humano tiende a echar balones fuera y no asumir su propia culpa. Yo seguí esa línea al principio. Por ejemplo, que no tenía tiempo por mis terribles horarios laborales, que ahora viviendo en el extrarradio me entraba mucha pereza, que eran ellos quienes tampoco me llamaban tanto como antes, que... Vamos, que me di cuenta de que no podía ser así, que mi responsabilidad en estos asuntos también tenía su peso. Apenas me he esforzado últimamente en mis amistades más cercanas (geográficamente) y si algún día mi relación con Javi terminase, me encontraría un poco solo a la hora de realizar actividades sociales. Así que tendré que ponerme manos a la obra para solucionar el tema. Los sábados se convierten de nuevo en día oficial de marcha, aunque tenga que sacar a mi marido a rastras de casa. Muy cansados tenemos que estar para no tomarnos una copa. La política de ahorro continuará, no cabe duda, pero se puede cenar en casa y tomarse un par de copas en vez de cuatro. Tengo que dejarme caer de nuevo por los bares para ver a conocidos y menos conocidos. Al menos así lo voy retomando sin que me suponga mucho esfuerzo.

Y en cuanto a mis relaciones amistosas a distancia, ya me puedo poner las pilas también. Tendré que usar el móvil me guste o no porque lo de viajar sale más caro y suele tardarse más. Habrá que hacer un repaso cada cierto tiempo a la agenda y ver a quién no he llamado hace demasiado y usar los viajes en bus (urbano) para hacer breves resúmenes de nuestras vidas y escuchar de nuevo voces que dan ganas de abrazar.

Y conste que os hago partícipes de todo esto para que haya testigos y luego no lo deje de lado como tantos otros proyectos interesantes de mi vida...

18 enero, 2007

Esa musiquilla que se te mete...

Miércoles, 17 de enero de 2007

A pesar del día que llevo y del que llevaré mañana (ya hoy) con el encargo de ir a Calahorra, con los chicos de la nueva tienda, aún sigo vivo y coleando. Lo que ocurre es que estaba desacostumbrado a levantarme a las 6:30 am para coger un autobús a las 8:00 y estar casi una hora dando vueltas por el pueblo hasta que se abre el centro comercial. Porque la tienda se abre a las 10... Vamos, para mear y no echar gota, que se dice.

Sin embargo, puedo llegar a casa, dejarme mimar por mi maridito, mimarle un poco y hacerle monerías y ver juntos la televisión. Y entonces es cuando aparece ese maldito anuncio y la musiquita se te queda pegada un buen rato. Y esa musiquita sigue apareciendo de vez en cuando a lo largo del día y resuena en tu cabeza una y otra vez. A mí me ha pasado con el anuncio de ING Dir-ect (lo escribo mal conscientemente para que no caiga por aquí algún despistado de google). Esas voces comunales de machos cantando algo así como "We have the whole world in our hands" o algo parecido me anima bastante, además de imaginármelos haciendo el coro en ropa de deporte o algo así. He rebuscado un buen rato por la red de redes y he conseguido algún dato interesante, pero desde luego no sé de dónde conseguir la versión completa. Parece que es el himno de un equipo de fútbol inglés que se basa en una canción de gospel. Algo de información por aquí y por allí pero nada más. Yo tengo que conseguir ese archivo en formato mp3 para que caiga en mi iPocket a la voz de ya. Quien me ayude a conseguirlo, tiene premio asegurado :)

Y es que dejarse llevar por las más bajas obsesiones no es nada bueno. Así que como dice el refrán, "
Para no sucumbir ante la tentación del precipicio el mejor tratamiento es el fornicio", así que me voy a meter a la cama para que mañana me "joda" bien que suene el despertador.

15 enero, 2007

Fondue de chocolate

Domingo, 14 de enero de 2007


Imagino a un segoviano afincado en Santander que se estará relamiendo especialmente los bigotes al leer el título de esta entrada. Y en realidad de eso va, aunque no en la idea de hacer rugir los estómagos de nadie.

Hoy hemos tenido fondue en casa con los amigos de Javi para hacer una especie de inauguración retrasada con ellos. Lo que en principio iba a ser algo recogido con cuatro personas se ha agrandado un poco más con la incorporación de última hora de otros tres. Cosas de los grupos de amigos de la infancia y más aún de éste, que parece una teleserie en plan reality. Hay subgrupos montados, ajenos, personajes que apenas aparecen, rencillas guardadas desde hace años... A veces es muy divertido verlo desde la barrera, pero en el fondo yo ya estoy sumergido hasta el cuello por mantener una relación estable con uno de los miembros del "núcleo duro".

Sin embargo hoy ha sido una situación relajada, distendida, con la historia personal de cada cual con lo que hizo en Nochevieja. El chocolate ha ido asentando las diferencias y ha tornado a esta pandilla de compañeros de juergas y anécdotas en la diversa amalgama de personalidades que son. Desde la pija redomada que tiene un trabajillo de mierda con el que no puede costearse todos sus vicios, hasta la cándida inocentona, pasando por el matrimonio bien avenido donde ella lleva no sólo los pantalones, sino también la camisa y casi los calzoncillos. Y lo digo sin intención de que suene despectivo, sino más bien como ejemplos de la variedad que he comentado. Cada cual ha seguido el camino que le ha marcado la vida y verlos después en conjunto, aportando sus opiniones a temas tan mundanos como la política anti-terrorista, la corrupción, las rebajas, hace que me se sienta integrado como uno más porque no es necesario entrar a formar parte de un cliché o estereotipo definido, sólo tengo que ser yo mismo.

Desde que comencé mi andadura en la vida con Javi y conocí a sus amigos, se han portado maravillosamente bien conmigo. Una cosa es tener un amigo gay y otra muy diferente es que lleve a su pareja a los actos sociales. La primera vez, como casi todas las primeras veces, me sentí observado, escrutado y escaneado en todo mi ser. Supongo que debían valorar si era merecedor de un novio como el que tengo y por lo visto pasé la prueba con nota. Además era consciente de la influencia en Javi de sus opiniones (al fin y al cabo son sus amigos de toda la vida) y busqué encajar lo mejor posible en cada ocasión. Me comporté como un niño bueno, hablé lo menos posible para no meter la pata como habitualmente hago, me forcé a no captar la atención cuando se hablaba de algo que desconocía... Irreconocible incluso para mí mismo. Y conseguí grandes avances, como la invitación al baile de la boda de unos de los mejores amigos de Javi (al banquete no pudo ser, apenas conocía a Javi desde hacía unos meses y habría sido complicado de explicar a algunos asistentes). Y cómo bailé aquella tarde... A partir de ahí, salvando las distancias, he sido uno más. Se cuenta conmigo para cada cosa, se me pregunta como a los demás si me viene bien una u otra fecha, el interés por mi vida es el mismo que para los íntimos. En resumen, que estoy muy a gusto.


De este modo se puede concluir que no debo tener mala mano socialmente cuando me interesa y que ser yo mismo no es tan desastroso como pienso a veces... ;)

12 enero, 2007

Recuerdos y memorias

Jueves, 11 de enero de 2007

La memoria, el recuerdo, el pasado. Los seres humanos sentimos un especial afecto por los hechos que ocurrieron antes del ahora. Son un pequeño legado de las pequeñas cosas que nuestros sentidos han captado y hemos almacenado cuidadosamente para después moldear a nuestro antojo, de modo que se parezcan a lo que realmente ocurrió tanto como a nuestro subconsciente le interese. O tal vez sea una forma de creer que hemos existido porque podemos traer al hoy todo lo que sucedió y no volverá a suceder en las mismas circunstancias... Por eso nos resulta tan molesto olvidar cualquier detalle por pequeño que sea, porque es un detalle que no volverá si no lo tenemos localizado, organizado y ordenado en su cajón neuronal.

Hoy me he enterado de que mi abuela está peor con su memoria y me ha caído como un jarro de agua fría en una mañana siberiana de invierno. En Nochevieja ya era bastante evidente su desubicación porque creía que estábamos en Arnedo, su pueblo natal y el de toda mi familia materna. Además de un par de patinazos más muy relacionados con el mismo tema, tampoco se desencaminó mucho de su localización espacio-temporal. Sin embargo las informaciones que me han llegado hoy son algo más preocupantes. Mi abuela ya no reconoce a ninguna de sus hijas, las confunde con otros personajes de su pasado y eso sólo significa el principio del fin. No tengo muy claro si es demencia senil o alzheimer, o tal vez algo más asociado a su parkinson (leve, pero un parkinson al fin y al cabo). Mi madre, por lo visto, está muy preocupada y vuelve a tener la emoción a flor de piel. Al fin y al cabo es su madre la que puede que no la reconozca hoy o mañana. O puede que de mí tampoco se acuerde...

(Lo siento, no puedo poner fotos, así que pongo los enlaces)

Sin embargo yo lo veo con algo más de distancia, porque entiendo que es un terrible mal asociado a su edad y condición física. La memoria, como cualquier parte de nuestro organismo, tiene un período de caducidad y cuando se supera, nadie sabe lo que puede ocurrir. Pero eso no siempre ayuda a superar mejor cómo un ser querido te habla pensando que eres la vecina de abajo, o peor, se niega a hablarte porque te ve como un completo desconocido. Y, como he dicho, esto sólo es el principio. El desarrollo puede ser más o menos rápido, más o menos acusado, pero una vez que se ha comenzado el deterioro neuronal, las sinapsis cerebrales se van apagando como se cae una fila de fichas de dominó. Y al igual que ocurrió con su marido este verano, cuando se marchó tras cuatro años luchando sin cesar contra un cáncer que se lo comió por dentro, intuyo otro nuevo calvario sobre todo por parte de mi madre, que sufrirá sin cesar por adelantado, que no sabrá sobrellevar que la mujer que le dio la vida, que la amamantó, que la vistió, que el enseñó a ser como es, comienza a debilitarse y su luz interior se apaga hasta convertirse en una sobra de lo que fue.

Los recuerdos nos importan mucho. Olvidar pequeños detalles hace que ya no vuelvan, a no ser que lo tengamos localizado, ordenado y organizado. Una parte de nuestra vida muere con cada recuerdo perdido, con cada segundo abatido por el olvido. Y yo, con mi exigua capacidad de retención, tengo miedo de olvidar también. Tengo miedo de perderme.

08 enero, 2007

Se terminó. Que le den.

Domingo, 7 de enero de 2007

Primera entrada del año. ¡Y llevaba una semana sin escribir nada! Creo que trabajo demasiado. Pero se terminó la campaña de Navidad de este año, que se pudra en el infierno de las campañas pasadas porque a pesar de no haber sido tan dramática como me temía por lo carnavalesco de los horarios, me ha robado el 90% de mi vida social y personal. Pero no voy a darle muchas vueltas más al tema del trabajo porque bastante tengo y bastante voy a tener, además de que no adelanto nada. Buena "jartá" de poner a parir a nuestras empresas me he pegado en el autobús de vuelta con el chico ONO de Valencia.

El caso es que por fin tendré un horario más decente (aunque sea de nueve horas al día), con un descanso digo par ir a comer. Y podré volver a decirles a mis amigos que mi día libre lo puedo usar para quedar y no para dar vueltas como un tonto sin encontrar nada para los regalos de Reyes. Porque es lo típico que se comenta en estas fechas. O al menos lo era en mi infancia, de la cual no hace tanto. Tú ibas todo feliz al cole el día 8 (más o menos) con tu loquefuera nuevo y recién estrenado y te sentías el amo del mundo porque ningún niño o niña tenía el mismo loquefuera traído por sus Majestades los Reyes Magos de Oriente. Ibas como quien no quería la cosa enseñándolo con descarado disimulo esperando que alguien se diese cuenta de que loquefuera estaba en tu mano. Claro, que el ritual establecía que cuando alguien fingiera franca sorpresa hacia tu loquefuera, tú debías hacer lo mismo hacia su regalo birrioso que en el fondo te parecía algo deseable de que también te hubiera caído en otro paquete con tu nombre. En resumen, desde pequeños llevamos a cabo rituales de hipocresía para satisfacer a los demás y que ellos nos satisfagan a nosotros. Como echar un polvo pero si sexo, vamos.

Lo que no me apetece ni creo conveniente con la edad que tenemos (algunos más que otros) es empezar a describir lo que me han regalado este año, lo que he regalado yo, lo que le han regalado a Javi, lo que me falta por regalar, lo que podría haber regalado... Deja, deja que me puedo enrollar mucho. Simplemente y para no volver a los largos testamentos que escribía antaño, diré que estoy muy satisfecho con los regalos y parece que la gente con los que he hecho también. La cara de felicidad de mi prima pequeña cuando, medio dormida en el sofá, oyó la palabra "Reyes Magos" y "regalos" no se me va a olvidar.

Volveré en breve a continuar con mis anotaciones en el Cuaderno e intentaré que no se alarguen tanto en el tiempo.

Pd.- qué coño pasa últimamente que no puedo poner ninguna foto???