29 mayo, 2008

Inválido

Miércoles, 28 de mayo de 2008

Hoy quería ponerme a escribir un poco, ya que parece que hay más seguidores del blog de lo que yo pensaba y me animan a desplumar un poco más mi "transparente" vida. Y hoy especialmente tenía algo que comentar, ya que hay noticias nuevas del tema "Pececito". Pero mira, va a ser que no. ¿La razón? Ésta:


No alarmarse que no es tanto como parece... Simplemente que el lunes en la clase de Aikido, debí hacerme un pequeño esguince en el dedo gordo... Como me molesta un poco y sé que esto es mejor curarlo como es debido, le he pedido a mi madre (que es enfermera) que me hiciera un vendaje. Craso error. Ha traído tres tipos de vendas, una férula de aluminio y muchas ganas de dejarme como una momia egipcia.

Así que estoy como me veis. Y qué inútil me siento perdiendo simplemente el pulgar oponible de la mano que más uso... Así que imaginaos el coñazo de escribir así. Poder puedo, pero mira, paso de desesperarme. Dentro de un par de días (espero), vuelvo y os cuento. *Solloz...*

26 mayo, 2008

Fin de semana cultureta

Domingo, 25 de mayo de 2008

Había que gastar los bonos de hotel que le habían regalado a Javi por su cumple el año pasado. Y como el hecho de que yo tenga un fin de semana libre es algo digno de celebrar, pues allá que nos fuimos. Y dónde fuimos, oiga. Javi eligió todo un palacio del siglo XIX para pernoctar, con todo el encanto que podamos imaginar. El pueblo se llama Dicastillo y el hotel en concreto, el Palacio de la Vega. Llegamos al atardecer y pude sacar un par de fotos bastante bonitas... Pero no me di cuenta de poner la cámara en modo nocturno y han salido bastante movidas :(


En fin, el sitio, estupendo, decorado con exquisitez. Tal vez muy recargado, pero típico de sitios como éste. Tenía armaduras, espadas y escudos en las paredes... Le mataba un poco algunas de las salas con cuadros demasiado modernistas, pero bueno, el conjunto general era muy agradable. Además había muy pocos huéspedes, lo que evitaba más ruidos de los necesarios y más movimiento por los pasillos de lo aconsejable en un fin de semana de descanso.


Al día siguiente fuimos a Olite, bien conocido por su famoso castillo de tintes góticos. Yo había estado hace muchísimos años con mis padres y sólo guardaba la ligera sensación de que me había encantado por encajar casi perfectamente en mis fantasías artúricas. Y no me defraudó ya de adulto, porque sigue encajando en mis fantasías. Es que estoy enamorado del gótico, qué le vamos a hacer...



Y fuimos a comer a Ujué, que debe tener las mejores migas de pastor del mundo mundial. A ver, yo no soy un experto, pero desde luego hay que decir que estaban de muerte. El pueblo tiene un par de cosas más para ver, pero me parece que se basan casi exclusivamente en este atractivo culinario. Eso sí, nos pusimos finos... ¡A la porra la dieta por un fin de semana!


La tarde la entretuvimos en Tafalla, que no tiene mucho que contar y darnos una vuelta por el Corte Inglés de Pamplona, porque se puso a jarrear por toda la zona y no nos apetecía meternos en el palacio a oír la lluvia tan pronto. Al final, cenamos en la habitación y, dado que no había nada mejor, sucumbimos al poder de Eurovisión. Pero de eso mejor hablamos otro día que tiene más chicha de lo que parece...


Y esta mañana, hemos ocupado un rato en visitar Estella, que nos quedaba de paso. Lo tenemos a medio minuto en coche de Logroño, pero es de estos sitios a los que no te da por ir así por las buenas. Ha coincidido que es (por lo visto) la fiesta de su patrona, la Vírgen de Puy y tenían un tinglado montado muy interesante. Al menos, muy vistoso.


En fin, que parece que hoy hay más imágenes que otras cosas, pero un fin de semana así lo requería. Ha sido estupendo y lo hemos pasado muy bien. Las visitas culturales tienen su punto romántico y todo...

Joer, qué ñoño me ha quedado el último párrafo. Debo estar ablandándome...

14 mayo, 2008

Chonilandia

Martes, 13 de mayo de 2008

Anda, acabo de recordar que hoy era martes y 13. Y no me ha pasado nada demasiado relacionado con la mala suerte... Curioso. Pero bueno, ya se ha terminado, con lo cual podemos volver al nivel habitual de superstición en el ambiente, ¿no?


Bueno, hace un par de fines de semana hizo buen tiempo. Eso permitió que nos sentáramos en una terraza Javi, la Isma-nena y un servidor a tomar algo antes de comenzar con la marcha propiamente dicha. A pesar de que yo ya llevaba tiempo dándole vueltas al tema, esa velada acabamos de confirmar que Logroño es "Chonilandia", es decir, el lugar de desarrollo de todas las chonis del planeta.

Pero antes definamos qué es una choni. La palabra proviene de la serie "Los Serrano" (que, evidentemente, yo no seguía por considerarla una bazofia y con una sobreactuación excesiva). En concreto es el nombre de un personaje con una imagen asociada a este estereotipo de chica. Después se ha usado en la prensa del corazón para definir a algunas de las novias del tristemente célebre hijo de Isabel Pantoja, Paquirrín. Y de ahí ha saltado al lenguaje de los pobres mortales que, por uso y costumbre, adoptamos todo lo que podemos de la "caja tonta". Pero eso es una historia que debe ser contada en otra ocasión...

Una choni debe ser, ante todo, de barrio. Nada de zonas pijas ni grandes colegios de pago en el extranjero... No, no, de barrio de toda la vida. Han sido chicas que se han hecho a sí mismas, que han tenido que sobrevivir a un entorno hostil y lleno de competencia, con amigas de su misma edad a las que les crecían los pechos antes y siempre con mejor talla. Es muy duro tener que competir por los chicos con menos pecho o el pelo peor cortado, así que hay que usar otras armas. Todos sabemos lo que nos gusta a los hombres y ellas puede que estén dispuesto a dárselo. No porque ellos lo quieran, sino porque ellas lo han probado y les gusta. Mucho. Y además lo saben hacer muy bien. Olé por ellas en ese sentido. En ése, porque en el ámbito verbal... "Verduleras" sería un grave insulto a las mujeres que se ganan la vida dignamente vendiendo productos de huerta al compararlas con la verborrea de las muchachas a las que nos referimos. Primero, hay que hablar siempre unos cuantos decibelios por encima de tu interlocutor, para que te oiga bien. Y nada de dejar acabar las frases, porque se te puede olvidar lo que ibas a decir y tu opinión vale mucho. Más que la de nadie, sepas o no sepas del tema. Y que el lenguaje sea lo más cercano a tu barrio posible. Bien soez, bien desagradable, bien estridente. Si la palabra hablada pudiera tener faltas de ortografía, harías rechinar los dientes de todos tus profesores de Lengua Española.


También se puede reconocer a una choni por su forma de vestir. Y es ahí donde ya las niñas clavan su papel. Porque lo mismo da que la ropa sea de mercadillo que de Zara o de Mango, la cuestión es combinarla de la forma más hortera posible. Ojo, todo esto es según mi criterio y el del 90% de los críticos de moda, pero bueno... Como dijo alguien, "cuánto daño ha hecho Berskha a esta sociedad". Que sean colores llamativos, con prendas que parece que has cogido al azar del armario, pero con cierta lógica individualmente. El top es para enseñar bien esos dos pechos que la naturaleza (o, en ciertos casos, una buena cirugía) te ha dado. La minifalda para enseñar los muslámenes o bien para que en caso de abrir las piernas, pueda comprobarse que llevas (o no) tanga. Porque el tanta es imprescindible. Y a ser posible que se vea bien por detrás. Y no hablemos de las botas bien altas... Aunque todo esto es sólo una posibilidad, las combinaciones son infinitas. Tanto en colores como en prendas.

En fin, una vez ubicados en el personaje en cuestión, debo decir que Logroño, ahí donde lo veis, tan pequeñito, tan pueblerino, tiene una de las mayores concentraciones de chonis por cada 1000 habitantes. Brutal. Sólo hay que salir un sábado a la calle y contar. Además van en grupos, de tal modo que da un poco más de miedo aún al saber que pueden atacarte todas en manada. Atacarte, me refiero, porque les gustes y caigan como lobas en celo sobre su presa. Gracias a Dios que soy gay, porque si no, miedo me da en lo que podría caer.

En fin, habría que hacer un estudio de campo más exhaustivo, pero a ver quién es el guapo que se planta en uno de "sus" bares y se acerca a hacerles unas preguntas. O a observarlas, que creerán que quieres tema y cómo corren las tías a pesar de los tacones que llevan! Deja, deja, mejor lo consideraremos un entretenimiento más por parte del Ayuntamiento para que estemos entretenidos en vez de pensar en lo que tenemos que pensar. Por cierto... ¿Qué se les echa de comer a las chonis?

04 mayo, 2008

Ironman

Domingo, 4 de mayo de 2008

Recuperando la vieja costumbre de comentar las películas que he ido a ver al cine, no podía desaprovechar la oportunidad de hacer honor a otro de mis grandes viejos vicios (que ya no practico): el mundo de los cómics. Soy admirador de toda la vida de Marvel, ya que D.C. nunca fue santo de mi devoción (bueno, como mucho Wonder Woman, pero por su relación con la mitología griega). Sin embargo soy más de las sagas de la Patrulla X y los Nuevos Mutantes, pero no puede negarse que un hombretón recubierto de metal tiene su punto.

En fin, la película en sí, como todas las que llevan sacando desde hace unos años, es una pequeña tergiversación de la historia oficial, que los puristas frikis no aceptarán nunca, pero saben que es lo más cercano que van a tener nunca como guión en la gran pantalla. Ha de ser así en aras del mercantilismo y la comercialización rápida del film, qué le vamos a hacer. Y también, como siempre, hay que aplaudir los efectos especiales, dado que hablamos de una trama con tecnología puntera. Hay que segur soñando...


Como siempre, no voy a desvelar la trama, aunque resulta un tanto absurdo en una película de héroes y villanos. Los norteamericanos están ahí para salvar el mundo, ya se sabe. Y si encima tenemos como malos a unos árabes sanguinarios y malignísimos, pues nada, el pastel está en el horno. Desde luego, habría que ser un poco ingenuo para no saber lo que van a ponerte en la pantalla...

Bueno, el prota. A mí me parece que sale bastante mono, sobre todo resaltando su cuerpo currado para la ocasión y los trajes que a casi todos los tíos les (nos?) quedan tan bien... Ya sabemos que el actor fue un cocainómano terrible, no es necesario recordárselo más al pobre hombre. Ahora se ha rehabilitado y, mira, se ha comprado una armadura con los colores de la bandera de España para flipar un poco más. Hace un papel decente, enseña cara y músculo y ya está. Ha vuelto y esperemos que no se nos tuerza de nuevo...

La chica. Muy guapa, muy pecosa, muy mona también con trajes de ejecutiva. Es eficiente, delicada, con carácter y tierna. Vamos, una combinación perfecta. Es genial la escena en la que está corriendo por un corredor de rejilla metálica con zapatos de tacón de lapicero y, qué suerte, no se le engancha en ningún agujero. Por la Gran Vía tendría que ir, donde no hay señora que no haya estado a punto de dejarse los morros por tropezarse con una de las junturas de los baldosines del suelo.

El amigo negro. Por aquello de la paridad. Faltaba el obeso y el homosexual, pero no había tantos personajes en el guión. Es un secundario, nada más, pero tiene ese puntito gracioso que viene tan bien al mejor amigo del prota. También es mono, no?

Al otro secundario lo pongo porque a mi compi el Isma por poco se le saltan los botones de la bragueta cuando lo vio aparecer en pantalla. A ver qué me dice cuando lea esto XD.


En fin, una película entretenida, no vamos a negarlo. Acción, aventuras, sacrificio en pro de la humanidad... Perfecto para comer unas palomitas, una coca-cola (light, por supuesto) y salir después de marcha un rato. Y ver a las chonis, que van a ser el objeto de mi estudio en breve, porque he decidido que Logroño es CHONILANDIA!!! Ya os contaré, ya...

22 abril, 2008

Convivencia en Soto en Cameros (again)

Martes, 22 de abril de 2008

Tocaba hablar del tema, porque fue hace un par de días y porque ayer y hoy el curro me ha absorbido tanto la cabeza que me tiene un poco harto y no me da la santa gana dedicarle una entrada ni loco. Otro día tal vez, pero ahora no, paso.

En fin, el famoso fin de semana de primavera en el que un montón de mariquitas van a un pueblo perdido en la sierra riojana, sin cobertura (Vodafone y Orange, Movistar sí) y con ganas de lo que se tercie. La excusa es tan buena como cualquier otra para volver a encontrarse con viejos conocidos, ver las novedades que se traían de fuera y pasar unos buenos ratos de risas, tonteos y bromas. Qué van a hacer 30 hombres homosexuales (y dos lesbianas, que no se nos olviden) si no es pasarlo todo lo bien que puedan. Ojo, sin orgías ni cosas raras (más quisiera yo), que solteros cada vez quedan menos y los que quedan están muy ansiosos.

Hacer un examen detallado de cada actividad, anécdotas y cotilleos sería exagerado y necesitaría horas y horas. Además, ya está hecho a nivel personal y no os enteraríais de nada al no conocer a los personajes y las circunstancias. Sólo diré que volví a mi antiguo ser y dejé en Logroño los problemas pasados. Me negué a mí mismo la posibilidad de pensar en nada que perturbara el feliz estado mental en el que me encontraba y que diera al traste con los efectos beneficiosos de una buena sonrisa en propios y ajenos. R. se quedó atrás al menos unos días y Robin surgió de sus cenizas con más fuerza y mala leche que de costumbre. Un fogonazo que deslumbró, según supe, porque el juego de los mensajes tuvo su recompensa, como todos los años. El niño guapo de la convivencia se había fijado en mí, pero, cosas de la vida, un novio tiene ventajas y desventajas. Aún así, que no se queje tanto (el niño guapo), que no se fue de vacío y nos dio grandes momentos con su salero almeriense y más aún cuando llevaba alguna copa de más.

En fin, en fin, quedaron cosas en el tintero que nunca se resolverán, pero que dejan un buen sabor de boca y la moral más o menos alta. Robin ha vuelto a su rutina, es R. de nuevo, pero los recuerdos, los benditos recuerdos, siguen ahí. Y los de este fin de semana, también. Para muestra, un botón, que sé que os encanta...

El sábado por la mañana es una actividad un poco más "seria". Generalmente un debate.

Por la tarde tocó un taller de manualidades para preparar la fiesta de la noche. La temática: máscaras. Hubo de todo...

La fiesta acabó un poco desmadrada, pero controlada. Eso sí, lo que nos pudimos reír...

Mario. Muy majo, monín. De los pocos que salen medio normales en las fotos que hice.

Perspectiva del pueblo (parte) durante el paseo del domingo por la mañana. Por aquello de despejar los vapores etílicos...

10 abril, 2008

Enganchados al amor

Domingo, 13 de abril de 2008

Mi "nueva" perspectiva de la vida me está permitiendo reflexionar sobre temas que hace tiempo me tocaban , me rozaban, pero no llegaban a calar. O bien no dejaba que lo hicieran. La ignorancia es la virtud más cómoda que hay. Cuando uno de esos pensamientos azarosos te llegan y da la impresión de que vas a tener una pequeña jaqueca y un terrible cambio de humor, haces un quiebro por la derecha y esquivas. Solucionado.

Por la gente cercana que hay a mi alrededor me doy cuenta de lo enganchados que estamos al amor. Todos (y todas, por extensión). Y por mucho que lo neguemos, su exceso o su ausencia nos hacen seres desarmados ante el día a día de la vida y podemos permitir que nos arrolle la riada de sentimientos que nos corroen los intestinos. Quién no conoce casos similares. Quién no es un caso similar.

Un amigo, rondando peligrosamente la cuarentena pero que se conserva mejor que yo. Está pasando una mala época porque se siente mayor y no hay nadie a su lado. No es que no sea feliz como soltero, ya que tiene sus amantes esporádicos, sus amistades de fin de semana, su absorbente trabajo... Pero no le satisface. Se pasea por la ciudad dándole vueltas a la cabeza a la idea de que necesita a alguien para sentirse completo, lleno y con una previsión de vida de futuro. Y se desespera cuando ve a otras parejas (aparentemente) felices y evita situaciones en las que el romanticismo impregne el ambiente porque le genera sentimientos encontrados de pena y envidia. Hace unos días quedé con él para poneros al día de nuestras miserias habituales y le sentí tan desamparado que decidí regalarle una flor. Por sorpresa le metí en una floristería y elegí un bonito clavel rojo (una rosa tenía demasiado significado). Se emocionó tanto que me contagió y parecíamos dos bobos con lagrimones en los ojos. Por un momento pude hacerle un poco más feliz, porque en ese momento necesitaba sentirse querido. Al menos un poco más que en otros momentos.

Otro conocido más cercano (pasamos muchas horas juntos) mantiene la idea de que sin pareja no puede ser feliz. Sin alguien a su lado que le mime, le cuide, le de cariño y amor... Le ha resultado imposible disfrutar de su soltería porque lo que anhelaba con toda su alma era un novio para lo que suelen hacer las parejas. Su vida ha girado en torno a que alguien estuviera encima de él para recordarle que era estupendo, guapo, interesante o todas sus virtudes, porque por sí mismo no acaba de ver el conjunto de forma adecuada. Es una especie de codependencia de la idea del amor en sí mismo, pese a que todos sabemos que el concepto de "amor" suele acabar pareciéndose muy poco después a la vida real. Pero a muchos nos gusta autoengañarnos. A mí el primero. Bueno, finalmente este amigo mío ha conseguido lo que quería. Ha encontrado a ese alguien... Pero está a tres horas en coche de aquí. Veremos cómo evoluciona.


Y yo... No voy a desgranar aquí todos mis devaneos amorosos (algunos ya fueron comentados en sus momento) y a describir mis ideas viciadas sobre el amor y las relaciones. Anoche mismo a las tanta de la mañana tuve una pequeña discusión sobre este mismo tema que ha acabado provocando una gran bronca en mi relación. La teoría del caos, supongo. Algunos conocéis mi vida al dedillo y otros sólo lo que unas cuantas letras puestas juntas os muestran. Aún así no os fiéis porque siempre hay sorpresas en el interior que nunca se dejan salir a la luz porque nos avergüenzan o nos asusta lo que podrían parecer a la vista de todos. En lo más recóndito de nuestra alma, de nuestro corazón o de lo que cada uno tenga, anidan ideas que preferimos guardar para nosotros, que tejemos en nuestros momentos de soledad y recogimiento. Y que escondemos debajo del colchón de nuestros sueños cuando aparece una presencia que nos interrumpe, como una madre que llega casi a punto de pillarte con tus revistas porno.

Cupido no está muerto. No es que Cupido pase de largo a nuestro lado. Es lo que es: un niño caprichoso con un carcaj lleno de flechas y una puñetera venda en los ojos. ¿Qué esperábamos?

02 abril, 2008

Humanidad

Miércoles, 2 de abril de 2008

El vampiro se despertó de su pesadilla sabiendo que había gritado antes de abrir los ojos. Se notó el cuerpo empapado de sudor y pudo corroborarlo por las manchas escarlata en las sábanas. Como todos los de su raza, el sudor estaba mezclado con el líquido que les permitía levantarse cada noche y les concedía la inmortalidad. Ese sudor que ahora era la prueba, junto con una innecesaria y agitada respiración, de que el sueño que acababa de abandonar había sido en absoluto plácido. Todavía podía alcanzar, esquivos, algunos retazos de imágenes que le habían atormentado. Agarró las telas que lo cubrían con excesiva fuerza y cerró los ojos para resistir de nuevo la oleada de miedo que le invadía. Veía los rostros difusos, escuchaba sus voces, notaba caricias heladas, eran los fantasmas de aquellos que había asesinado desde que su sire le había transformado. Eran espíritus que pervivían en sus recuerdos, que le atormentaban desde el más allá y que le recordaban que era un animal de instintos, que la Bestia que habitaba en su interior se había cobrado víctimas sin ningún remordimiento. Los filósofos entre los no-muertos aseguraban que la angustia que sufrían algunos de sus hermanos en la sangre era debida a los retazos de Humanidad que aún les ataba a su pasado. Sufrir implicaba no haber caído aún en los dulces brazos de la locura y que aún se tenía algo de control sobre el propio destino. Si se creía en el destino, desde luego.

A pesar de que aún no había caído la tarde, el vampiro no pudo conciliar el sueño de nuevo. Le invadía el sopor que indicaba que los rayos del astro rey aún acariciaban el cielo, pero aún así Morfeo se negó a acunarle en sus largos y dulces brazos. Se levantó malhumorado y cambió el juego de cama, que después alguien se encargaría de llevar a lavar. O directamente de quemarlo. Cuando el despertador le indicó con su estridente melodía que ya podía pasear por la casa sin miedo a quemarse al pasar delante de las ventanas, se arregló con esmero y se preparó para salir. Aquella noche tenía numerosos compromisos sociales y debía mostrar el mejor aspecto posible, pese a que en su interior lo que deseaba era echarse de nuevo y descansar, sin ser atormentado por sus pesadillas personales.

Moviéndose entre los suyos y el ganado pudo olvidarse de las malas sensaciones del día pasado. Volvió a sonreír y se mantuvo firme en los continuos juegos de salón que conllevaba la sociedad de los Vástagos. Se puso al día de novedades, cotilleos y cambios en la escala de poder. De todos modos no podía evitar recordar la viveza de algunos rostros que volvían a su memoria, la crudeza de las frases que le imploraban perdón o le acusaban de asesinar a sus dueños. Generalmente movía la cabeza, para sorpresa de quien le acompañaba, y se obligaba a mantener la máscara de fingida alegría que siempre presentaba. Cuando uno tiene una reputación y una imagen, mantenerlas es lo primero. Por más que necesitara reflexionar acerca de lo que sentía, prefería no detenerse o la avalancha de emociones le embargaría y le arrollaría inevitablemente. No debía permitirlo o sería el fin.

Se encontraba en una fiesta en un importante museo de la ciudad, celebrando la presentación de una muestra de imágenes de un artista en alza. La fotografía que observaba en aquel momento le tenía completamente hipnotizado. Representaba un ángel rubio de enormes alas blancas y brazos abiertos, desnudo por completo y con la cabeza echada hacia atrás en un gesto extasiado. Detrás, oculto por la figura del imponente ser, un rostro demoníaco mordía el cuello ofrecido y miraba de reojo al espectador, divertido, tentador, desafiante... El vampiro se sumergió en la debilidad de su clan y pudo percibir los puntos que la impresora había dejado. Cuanto más se concentraba, más vida adquiría la instantánea, con el viento agitando las plumas de las alas, los gemidos de placer del ángel y la succión de la sangre por parte del demonio que lo estaba matando... Incluso pareció percibir un ligero olor, pero parecía perfume, muy real, conocido... "Es Carolina Herrera, supongo que la conocerás", dijo alguien a sus espaldas. Sacarle de su ensimismamiento le produjo tal ataque de ira que a punto estuvo de perder el control y descargar un puñetazo en la cara de quien le había molestado. Pudo contenerse a tiempo y comprobó que quien le había hablado era un Malkavian, un vampiro del clan considerado loco por todos excepto por ellos mismos. "Qué típico de los Toreador", le dijo con una expresión divertida en el rostro, "prendarse de un imposible, ensimismarse con lo que no pueden alcanzar, agarrarse a un sueño antes que reconocer sus limitaciones". Y dicho esto se alejó soltando carcajadas como si le hubieran contado un chiste muy gracioso.

Quedaban aún unas horas para el amanecer, por eso no le importó caminar hacia su refugio mientras ordenaba sus pensamientos. De nuevo uno de esos malditos lunáticos le había trastornado con sus comentarios, que estaban fuera de lugar, pero que siempre le llegaban a lo más recóndito de su alma. ¿Lo habría dicho sabiendo a qué se refería? ¿Sería un comentario al azar que había dado en el blanco por casualidad? La situación se le estaba yendo de las manos, no podía continuar así. Las pesadillas, la desconcentración, el continuo desasosiego... Era el momento de poner freno y debía hacerlo de un modo tan seco y cortante como lo había sentido él en su momento. Alejaría aquello de sí y continuaría con su vida soltando el lastre que le impedía avanzar... En la oscuridad de la madrugada, un joven se apoyaba en un portal esperando a alguien. Fumaba y el humo se enredaba en su cabello corto, castaño claro, y su rostro delgado se escondía detrás de unas gafas de marca que corregían un defecto visual de unos impresionantes ojos azules. El vampiro y el muchacho se miraron. Era el momento de poner freno...


27 marzo, 2008

Fin de vacaciones

Miércoles, 26 de marzo de 2008

No hay mucho que contar, la verdad, pero si no me pongo, las entradas se van alargando en el tiempo y da más pereza ponerse al día. Mi pequeña bitácora, la que en el fondo escribo más para mí mismo que para los demás, requiere cierto esfuerzo a veces, pero después puedo volver atrás y saber qué sentía, qué hacía en aquellos momentos pasados que a veces sí, a veces no, se dice, fueron mejores. A veces sí. A veces no.

Bueno, le siente a quien le siente y como le siente, fuimos a Madrid a pasar un par de días. Necesitaba desconectar de Logroño, porque llevo desde otoño sin moverme de aquí. El cambio era pequeño, pero al menos salía de mi ciudad habitual, tenía tiempo para perderme por Chueca, ver escaparates en la Gran Vía y saludar a un par de amigos o lo que diera tiempo. Aunque la cosa empezó un poco complicada por culpa del alojamiento (a partir de ahora juro que pediré un justificante por fax de cada reserva que haga), han estado bien estos días de turista en la capital. Chueca ha sido nuestro paseo habitual, como buenos mariquitas de pueblo. Hemos entrado en Berkana y Different Life como un millón de veces y este fin de semana, un par de ellas más. Y he encontrado lo que os muestro a continuación:


Ahora no será sólo una imagen que tenga en mi ventanita del messenger, sino que tengo la figurita en mi caótica mesa, mirándome, ofreciéndome su corazón recién sacado del pecho, aún goteante. En cuanto la vi en la vitrina de la tienda supe que iba a comprármela, así que para qué resistirme, ¿no?

Los amigos están bien, la vida sigue adelante y es agradable compartir momentos con aquellos a quienes aprecias pero no puedes ver tan a menudo como quisieras. Oscar y Antonio serán en un futuro un matrimonio de lo más estupendo, no me cabe duda. Si pudiera tenerlos más cerca, me acabaría viciando a las tertulias en su salón con un café a lo George Clooney.



¿Y el resto? Bien, estable. Sólo queda esperar, aunque quien espera, desespera. Nada nuevo, ninguna noticia. Mis cambios de idea y preocupaciones se resumen simplemente en un desconocimiento, en una "nada" que me ronda día y noche, pero que ahora no es mi obsesión sino mi compañera de viaje hacia ninguna parte. Mañana a trabajar. A sonreír. A vender.

20 marzo, 2008

27 vestidos

Jueves, 20 de marzo de 2008

Con "Ella baila sola", que me traen recuerdos lejanos de mi época universitaria, retomo algo que hacía hace tiempo y que había dejado un poco de lado: críticas de la película que acabo de ir a ver. Esta vez, como podéis comprobar, una comedia facilona y romanticona. "27 vestidos". Veamos...

Como digo, es una comedia de las evidentes, que sabes lo que vas a ver y cómo termina, pero aún así te sientas y esperas que tenga algún punto de humor que merezca la pena. Y los tiene, los tiene, no vamos a decir que no. El chulazo de turno es Cíclope de los X-Men y sigue teniendo unos labios muy muy sensuales, que supongo que influyeron en su elección en el casting. Ella, la buenorra de Anatomía de Grey, no tiene mucho más que descubrirnos... Salvo que nunca me había dado cuenta de que no tiene tanto pecho como pensaba. Creo que algún día debería mirarme mi obsesión por los pechos. Los femeninos, digo. Haciendo coro están la hermana, rubia oxigenada, pija y egoísta. Si tuviera yo una como ella, buen par de tortas le iban a caer. Ni robarme el novio ni nada, plas plas, para que aprendas. Ah, el novio que le roba, un madurito interesante al que se le podría dar un repaso y poco más. Sería el típico tío que sueles comerte los fines de semana que estás un poco necesitado pero no encuentras nada mejor. Y no podía faltar la amiga del alma fea pero con ganas de mambo. Creo recordar que era la novia del prota en "In&Out", pero defiende bien el papel, posiblemente el personaje que más me ha gustado de todos. Típico de mí, fijarme siempre en los secundarios.

La película en sí no creo que sea plan de destriparla, pero tampoco se echarían a perder muchas sorpresas. He de reconocer que me reí un poco y, considerando las circunstancias, es todo un logro. Me gusta la interpretación de la protagonista, es muy expresiva y eso siempre es de agradecer. Sabe moverse por la escena y sus gestos de rostro acompañan perfectamente a la comedia. Puede que tenga un gran futuro si se lo sigue currando. Al menos ya ha dado el salto de la teleserie a la gran pantalla. Y además le quedan muy bien los trajes de noche.



En fin, no estoy muy inspirado hoy para escribir críticas mordaces ni audaces sobre nada. Estoy deseando que llegue el domingo para coger el coche y marcharnos a Madrid. Necesito desconectar, aunque mis "asuntos" sigan en mi cabeza y en realidad sólo cambie la localización geográfica en la que me encuentro. Pero el cambio será positivo, tengo ganas. En realidad no tengo unas vacaciones como estas desde hace meses, el otoño creo recordar, porque las de febrero, como muchos sabréis, no supusieron un descanso en ningún sentido. Más bien al contrario. Aunque no me quejo, es lo que tenía que ser y así fue.

Sigo enredado en mí mismo, aunque ahora al menos mantengo la calma a lo largo del día. He caído en la fase de desencanto generalizado con la vida. Más en concreto con el amor. Y no me vengáis con lo típico de que si es una fase que pasa, que lo veré mejor dentro de un tiempo, que la vida tiene estas cosas... A la mierda todas las frases que se dicen en estas situaciones. El amor es una mierda y punto. No dura, sólo es una transición entre inicios y fines, nunca llena del todo. Ah, y con el paso del tiempo se hace menos interesante, pierde fuerza y al final vuelve la rutina, el cansancio y el agobio. Estoy enfadado con Cupido. Como lo pille por banda se va a cagar el chavalito de las alas. Le voy a romper todas las flechas del carcaj, al menos las de oro, las que sirven para enamorar a los humanos. Las de plomo, las que generaban odio, se las voy a clavar una a una por todo el cuerpo hasta que parezca un puerco espín.




Joder, sólo quiero volver a hablar con él una sola vez. Que me llame, que me diga cómo está, qué ha pensado. Posiblemente no cambie nada la situación o la empeore, pero NECESITO hablar con él. Por favor...

17 marzo, 2008

Reencuentros

Domingo, 16 de marzo de 2008

Escribo con retraso, pero quien me conoce sabe que no soy dado a la puntualidad. Y menos aún cuando se trata de mí mismo. Pero aún así es algo que quería dejar por escrito y a lo que he estado dando vueltas todo el fin de semana, con lo que prefiero sacarlo de mi cabeza y que se plasme en la infinita red de redes para que me deje de martillear.

El viernes tuve que ir a Pamplona por razones laborales: entrevistas para ver si conseguimos nuevo personal. Aproveché el viaje y, dado que hacía unos días habíamos recuperado el contacto, quedé para comer con el soldadito valiente. Hacía mucho que no hablábamos y creo que ya tocaba. Posiblemente fuera debido a la racha que estoy pasando, pero me apetecía congraciarme de nuevo con mi pasado, con alguien que dejó una herida sin cerrar pero que la intentó curar de la mejor de las maneras. No sabía qué podía ocurrir de aquel encuentro y he de confesar que estuve bastante nervioso desde el punto de la mañana. Para más inri, las entrevistas fueron bien (cosa poco habitual en Pamplona) y, colmo de males, se llevó el coche la grúa. Juro que no ví que era una zona de carga y descarga!!! Llegué tarde a comer, pero me esperaba con una gran sonrisa en los labios.


Nos sentamos en el restaurante y parecía que simplemente llevábamos un par de meses sin vernos. Todo era ponernos al día, saber de nuestras vidas y comprobar lo poco que habíamos cambiado en un año y medio. Porque él no ha cambiado en prácticamente nada. Su mirada sigue siendo hipnotizante, su voz encantadora como el sonido de una orquesta bien afinada, sus gestos expresivos como una pintura del Prado. No pude evitar darme cuenta de que yo temblaba imperceptiblemente bajo la mesa (ese típico movimiento nervioso de las piernas que mucha gente tenemos en situaciones de tensión), aunque poco a poco recuperé la confianza y la tranquilidad de saberme con un amigo. Porque, le pregunté, ¿seguimos siendo amigos? Sonrió y contestó: Es que no hemos dejado nunca de serlo, simplemente hemos tenido un "kit-kat". Y con lo sensible que estoy últimamente, me faltó el canto de un céntimo para que se me saltaran las lágrimas.

Hay compromiso de vernos de nuevo, pero sin plazo. Nos mantendremos informados de la vida del otro, pero sin medio fijo. Volveremos a vernos y confieso confieso confieso que me apetece enormemente. Ojalá pudiera ser todas las semanas, para salir de mi rutina mental y poder volcarme en otra persona. ¿Volvemos a la búsqueda de la novedad? Puede ser. Pero también sé y me he dado cuenta gracias a este reencuentro, que hay sentimientos que pueden permanecer dormidos un tiempo, pero que no desaparecen. Afloran cuando se abre su candado, aunque se han vuelto más dóciles y manejables. Con esto tengo ciertas esperanzas en el futuro, aunque siga siendo incierto. Aunque siga siendo gris.



Estos días podría escribir mil cartas que no enviaría.

12 marzo, 2008

Deja que fluya

Miércoles, 12 de marzo de 2008

Así que es esto a lo que se refieren siempre con esa maldita frase... "Deja que fluya", dicen.

Y yo me imagino un desierto inmenso, hasta donde abarca la vista. Y el viento arrastra la arena, que va depositándose sobre las palabras, sobre los recuerdos, sobre las ideas... Poco a poco todo se desdibuja y queda cubierto por la duna que no habíamos visto que llegaba. Todo se iguala, todo vuelve a la misma inmensidad desértica, donde lo único que alcanzas a ver son más y más dunas. Y el viento vuelve a arrastrar la arena para cubrir un poco más lo que antes veías tan claramente, lo que parecía tan evidente. Lo iguala y lo unifica. Lo entierra. Lo hunde.


08 marzo, 2008

Lo que cuesta cerrar una puerta

Sábado, 8 de marzo de 2008

A veces, nos resulta imposible cerrar del todo una puerta, porque queremos que haya una pequeña rendija por la que entre algo de luz. Tal vez sepamos que finalmente la puerta se cerrará por sí misma, negándonos la posibilidad de ver qué hay al otro lado, pero cierto es que debe ser así para que podamos avanzar a la siguiente habitación y ver qué sucede. Pero aún así... Cuesta tanto cerrar una puerta!!!



Repasando el Cuaderno de Bitácora, he encontrado algo que... Bueno, me gustó cuando lo escribí y vuelve a venir un tanto al pelo. Aquí lo tenéis.

Por cierto, ¿he dicho lo preciosos que están los almendros en esta época? Me encantan...

04 marzo, 2008

Un cuento corto e improvisado

Lunes, 3 de marzo de 2008

EL PEZ Y EL DELFÍN

Había una vez un pequeño pez payaso que vivía en un arrecife de coral de aguas transparentes y limpias. Llevaba una vida perfecta y relajada para ser un pez, dado que cada mañana se levantaba para observar los destellos del sol que atravesaban el agua con sus reflejos deslumbrantes. Después paseaba con sus amigos, iban a visitar las comunidades de estrellas de mar y recogían algo para llevarse a la boca. Incluso había días que encontraban algún alga especialmente sabrosa y se daban un festín bajo las anémonas cercanas a la costa.

Cierto día el pez salió solo a pasear fuera de los lindes del arrecife y no se dio cuenta de que se alejaba más de la cuenta de lo que era recomendable. Vio paisajes nuevos y conoció a peces que no había visto en su vida. En concreto se dio cuenta de que había un delfín que no dejaba de mirarle. El mamífero se acercó y nadó a su alrededor un buen rato, de tal forma que la breve memoria del pez no pudo evitar retenerlo. Parecía divertido nadar juntos y durante un rato se dedicaron a esquivarse y reencontrarse detrás de las rocas, como un infantil juego del escondite en el que lo menos importante era quién ganara. Antes de despedirse el delfín lanzó un chorro de burbujas a los ojos del pez payaso, que le provocaron una extraña ceguera: veía todo de un extraño color brillante, especial, todo era nuevo. Incluso su escasa memoria parecía capaz de retener los recuerdos durante más tiempo.

Durante un tiempo matuvieron un contacto que les permitió conocerse un poco más. Lo justo para volver a sentir la necesidad de nadar juntos de nuevo. El pez habló de sus paseos por el arrecife y su amiga la estrella de mar, los destellos del sol y el ritmo de las mareas. El delfín enviaba paquetes de algas envolviendo perlas de los Mares de Sur y piedras volcánicas de iridiscentes colores, compartía sus sueños por ver todo aquello que el pez le describía y ansiaba acortar la distancia que les separaba. Todo resultaba tan idílico que no se dieron cuenta de que el tiempo pasaba y sus ansias por verse de nuevo crecían sin cesar.

Finalmente acordaron verse de nuevo en aquella zona rocosa donde se habían encontrado la primera vez. Volvieron a nadar juntos olvidándose de las precauciones habituales. Agitaron sus colas hasta formar espuma. Se acercaron hasta que sus aletas se movían a un mismo ritmo. Se miraron a los ojos a pesar de que el pez seguía siendo presa de la ceguera que el chorro de burbujas le había provocado. Y en los ojos del otro descubrieron...


El delfín se sintió impulsado hacia la superficie por una fuerza increíble. Una red le rodeó el cuerpo y por más que forcejeaba no conseguía zafarse de sus captores. El pez payaso iba y venía intentando ayudar a su amigo, pero no tenía dientes lo suficientemente fuertes como para romper las cuerdas y los nudos. El delfín sollozaba en silencio porque le habían encontrado de nuevo. Había escapado de un parque acuático y venían a buscarle para devolverlo a donde pertenecía. Era inútil resistirse y así se lo hizo ver al pez, a quien le pidió que volviese a su arrecife y siguiera siendo feliz como había sido hasta entonces. El barco que arrastraba la red comenzó a alejarse y así los dos animales, que se dijeron adiós con gran pena en sus corazones. El delfín nunca supo qué fue de su olvidadizo amigo.

El pez, por su parte, comenzó el largo camino a casa. Poco a poco el efecto del chorro de burbujas fue desvaneciéndose y los recuerdos se evaporaban como si hubieran ocurrido hace mucho, mucho tiempo. Cuando alcanzó el arrecife y fue a ver a su amiga la estrella de mar, el pequeño animal se sobresaltó al no saber exactamente qué tenía que contarle. Lo tenía justo ahí, en algún lado de su cabeza, pero no acababa de enfocarlo. En fin, se dijo, vayamos a dar una vuelta para encontrar un fucus apetecible, que me ruge la tripa. Cuando se alejaban, empezó a tararear una melodía que no recordaba dónde había oído: "sigue nadando, sigue nadando...". ¿Se puede saber qué estás cantando? Le preguntó su amiga la estrella de mar. Y así se alejaron a favor de la corriente.

27 febrero, 2008

¿Cómo titular esto hoy?

Martes, 26 de febrero de 2008

He tardado días en ponerme a escribir, pero mi cuerpo necesitaba descanso y mi mente no ha dejado de funcionar casi ni un solo minuto. Y soy consciente de la expresión "ni un solo minuto". Lo digo con cada letra.

Esta noche tenía algo de sueño y he optado por echarme un rato en el sofá viendo la tele en vez de subir directamente al ordenador. Si me acostaba a las once, acabaría despertándome a las seis, lo cual tampoco es de mi agrado. Como en todas estas ocasiones no ha sido un sueño profundo ni reparador ni placentero, pero me he despertado despejado, consciente. Demasiado consciente. De pronto, todas las angustias de esta semana, todas las lágrimas, todo el dolor, las duras decisiones... Todo se había evaporado. Todo. En mi interior había un profundo vacío, una apatía más allá de toda sensación, una nada aterradora. Parecía como si mis sentimientos se hubieran evaporado en una carrera de huida al vacío más profundo. Como mariposas encerradas en un frasco al que se le ha abierto accidentalmente la tapa. Fuera. Adiós.

¿Esto es temporal? Quiero creer que sí dado mi historial de cambios de sensaciones estos días (cada 15 minutos más o menos). En caso contrario... ¿cómo pueden desaparecer sentimientos tan fuertes que me desgarraban por dentro como si fueran veneno? ¿He dejado de querer? ¿He dejado de echar de menos? ¿Ha dejado de importarme todo? No, por favor, no. Pero seamos fríos. Puede que hay sido una salida fácil de mi mente a tanto trabajo duro estos días, a tanta actividad que apenas me ha hecho mover ficha en mi vida. Vamos a ser lógicos, porque si los sentimientos no se apagan de la noche a la mañana, menos aún en un rato de siesta nocturna.

Esta tarde he hablado con una buena amiga psicóloga, para que me recomiende a alguien. No para que me "cure" ni porque considere que estoy enfermo de lo mío (que también), sino para que me ayude a entender porqué hago ciertas cosas o tengo ciertos comportamientos. Una forma de conocerme a mí mismo, aprender a gestionar mis sentimientos, saber llevar mejor mis crisis personales... Ya me ha indicado que ciertamente tengo que trabajar el tema de mi exagerada dramatización de mis problemas, amén de otros detalles gordos que me vendrán bien de cara a un futuro más o menos cercano.



Hoy pensaba desgranar lo que he estado sintiendo últimamente, dejar constancia de las angustias, los quebraderos de cabeza, exponer mis dudas para que, tal vez, viéndolas por escrito, asumiera finalmente mi decisión actual y la diera como buena. Aunque sabía que no sería tan sencillo. Aún tengo mucho camino por recorrer. Pero no quiero mirar adelante porque hay mucha niebla y no tengo claro si me gustará lo que veré cuando se despeje. No porque no me guste el destino, sino porque miraré atrás cual esposa de Lot y no me convertiré en estatua de sal, sino que seré consciente de lo que he dejado atrás y tal vez llore. O tal vez no. Todo son dicotomías... Qué asco de vida, de verdad...

16 febrero, 2008

El amor es egoísta

Sábado, 16 de febrero de 2008

El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta. El amor es egoísta.


03 febrero, 2008

Nadie es perfecto

Sábado, 2 de febrero de 2008

Todos (y todas) buscamos a la persona perfecta. Queremos alguien a nuestro lado que cumpla todas características de perfección que nosotros consideramos adecuadas y que suelen diferir enormemente de las del resto del universo. El problema es que nadie se ajusta al 100% a ese perfil y nos sentimos un poco (estúpidamente) decepcionados. En vez de alegrarnos porque alcanza un admirable, por ejemplo, 85%, pensamos que es una pena que ese 15% afee el conjunto. Y empezamos a tejer una tupida telaraña que nos hace perder de vista lo que en el fondo buscábamos: alguien con quien sentirnos a gusto, que haga nuestra vida un poco más feliz y a quien nos apetezca ver cada día sonriéndonos al despertar.


Lo que resulta tan sencillo de expresar cuando lo piensas fríamente, se hace complicado cuando lo sentimos en propias carnes. El mundo de los sentimientos es tan oscuro y complejo como el de la fe y además no suele gustarnos hurgar mucho por si encontramos algo que no nos gusta. Analizar los propios sentimientos nos hace ver las cosas con perspectiva y la mayor parte de las veces no queremos perspectiva, sino fantasía. Un mundo de fantasía donde la perfección de los personajes y los escenarios de la obra que representamos es tal que el mundo real se nos hace demasiado complejo y decadente.

La perfección que buscamos, muchas veces es sólo una proyección de nuestros propios miedos y carencias. Queremos que alguien compense esa parte de nosotros que no acaba de convencernos, aunque sea de una forma subconsciente. Se suele decir que los opuestos se atraen, como los polos de un imán. Es más cierto de lo que parece. Sin embargo tampoco nos sentimos cómodos con alguien que difiere demasiado de nosotros, porque implicaría un proceso de adaptación que puede darnos bastante pereza.

En el fondo, como en todas las relaciones humanas, la complejidad de lo que implica depende exclusivamente de nosotros mismos, que somos quienes nos ponemos trabas y nos empecinamos en hacerlo todo más difícil de lo que es en realidad. Si dejaramos de lado las convenciones sociales conseguiríamos que la imagen se aclarase y sin además aparcáramos nuestras inseguridades, el camino se nos haría llano y llevadero. Pero no queremos. Siempre preferimos el camino con baches. Siempre.


25 enero, 2008

Me gustan los pececitos

Jueves, 24 de enero de 2008

Lo he decidido. Creo que no podría tener una pecera llena de pececitos y tener que cuidarlos a todos a la vez... Mejor tener uno solo, el más precioso de todos para poder disfrutar de sus paseos de un lado a otro, sus movimientos de cola y su necesidad imperiosa de acordarse de las cosas.

Creo que me he enamorado de un pececito. Es adorable. Es... Dori!


13 enero, 2008

Cena para dos

Domingo, 13 de enero de 2008

Llego a la puerta del restaurante y me permito un par de segundos para recuperar el aliento. Desde la parada del autobús he venido corriendo para intentar llegar a tiempo, así que mi respiración está agitada por el esfuerzo extra de llegar corriendo. O eso quiero creer, porque cuando me recupero, sigo teniendo el corazón acelerado y los nervios a flor de piel. Entro a la calidez del local y un camarero me pregunta por mi reserva. Doy tu nombre y me dirige hacia una esquina apartada, donde se oyen menos conversaciones de otros clientes y una mesa iluminada con velas me espera. Tú ya estás sentado, probablemente desde hace un rato, ya que llego tarde. Y además imagino que esta vez habrás llegado incluso un poco antes. Sonrío y pido disculpas por el retraso mientras me quito el abrigo, pero ya me conoces y sabías que no llegaría a la hora convenida. Y también sonríes y me dices que has encargado los entrantes mientras esperabas. Según me siento, me sirves vino blanco en una copa, para brindar, explicas. Elevamos las copas y nos miramos a los ojos, ambos esperando que sea el otro quien diga las palabras adecuadas. Tú. No, tú. Finalmente rompo el momento y digo lo que suelo decir siempre: "por nosotros". Bebemos un pequeño sorbo y el camarero aparece con las ensaladas. En la cena, como entre nosotros, los entrantes sólo son una forma de prepararse para lo que está por venir más tarde. Hablamos de cómo ha ido el día en el trabajo, de nuestros compañeros, de otros asuntos banales que podríamos comentar con cualquiera. Pero nuestras miradas son diferentes. A la luz de las velas juraría que tus ojos brillan como piedras preciosas, aunque tal vez sea lo que yo quiera ver. Nunca te había visto tan radiante y se nota que te has esmerado para esta noche. Me siento desarreglado y con la ropa tan mal elegida que de pronto me recorre la espalda un escalofrío con mis habituales miedos y paranoias. Al verme tenso me sonríes de nuevo y sueltas el tenedor para acariciarme la mano. Ese gesto me dice que no debo temer nada, que todo está siendo y va a ser perfecto. Y la comida continúa según van llegando platos y nos retiran los que hemos usado.


En la carne no puedo resistirme más y, dado que la mesa evita que me lance a besarte, rozo tu tobillo con mi zapato por debajo de la mesa. Te sobresaltas de un modo muy divertido y me río del susto que te has llevado, pero no dejo de rozarte. Subo poco a poco y tu mirada me dice que pare, aunque estás deseando que siga. Yo, pícaro, no me detengo y sigo subiendo hasta tu entrepierna, donde sé que mi artimaña está surtiendo el efecto deseado. Es suficiente y retiro el pie, para que puedas relajarte. Curiosamente el camarero ya está al lado de nuestra mesa con los postres, crêpe de dulce de leche para mí y tarta de queso para ti, pero parece que no te convence demasiado. Mejor, te digo, así tendré que dejarte buen sabor de boca luego.

Salimos del restaurante y llueve, cómo no. Has sido más precavido que yo y has traído un paraguas, con lo que te cojo del brazo y me pego a ti lo más posible para no llegar hecho una sopa hasta la parada de taxis. El romántico paseo que teníamos previsto tendremos que dejarlo para otro día, pero eso no hace sino acelerar el momento que ambos esperamos. Por eso tal vez se nos hace tan corto el viaje, mirando por la ventanilla la ciudad con sus luces pasando a toda velocidad, los semáforos cambiando de color en dulce armonía... Nuestras manos están entrelazadas aunque no somos conscientes de cuándo las hemos juntado. Probablemente lo habremos hecho sin pensar, nuestros subconscientes unidos en armonía cósmica, podría decirse de un modo un tanto recargado. Nos miramos al darnos cuenta del detalle, un momento de intimidad en el que no es necesario decirse nada. Esta vez no me reprimo y me lanzo a tus labios para besarte con todas las ganas que tenía acumuladas. Desearía que el beso no acabara nunca, pero me separas con cuidado cuando el taxi frena.

Me cuesta acertar con la llave del portal pero consigo entrar mientras me sigues bien pegado, abrazándome por detrás para que no me olvide de que estás ahí, conmigo, besándome la nuca. El ascensor tarda muy poco en llegar y las puertas se abren mientras estamos fundidos de nuevo, boca con boca y así entramos. Tus manos recorren mi espalda bajo el abrigo mientras yo recorro los botones y aprieto de memoria el de nuestro piso. Por suerte la siguiente cerradura se te resiste menos a ti, aunque soy yo el que pone impedimentos al no dejar las manos quietas buscando el cierre de tu cinturón. Y ya dentro me dejo llevar por la vorágine de sentimientos y sensaciones reprimidas durante tanto tiempo. Sólo tengo retazos de nuestras manos desnudándonos y dejando caer la ropa por el pasillo. El roce de mis dedos en las suave piel de tu costado y tu lengua marcando la línea de mi columna vertebral. La suavidad de tu ropa interior, mi favorita. Calor, sudor, tu olor sobre mi cuerpo. Y de fondo suena Andrés Lewin con una de mis canciones favoritas, como bien sabes.

"... yo soy el premio que has ganado por ser tú y tú turú tutú eres el premio que he ganado por ser yo. Cuando nos conocimos ganamos los dos..."

08 enero, 2008

El primero del año

Lunes, 7 de enero de 2008


HE VUELTO!!!! Por fin después de una estresante campaña navideña retorno al sitio donde pertenezco para desgranar más vivencias ocasionales y rutinas improvisadas. Estos días pasados estaba tan cansado cada noche que, aunque tenías cosas que comentar y muchas ganas de algunas en concreto, caía rendido a los pies de la relajación espiritual en brazos de mis amigos chateando o mis pequeños vicios, también conocidos como "juegos de ordenador". Así es la vida del currante...

¿Por dónde empiezo? ¿Por los terribles momentos con la tienda llena y sin tiempo ni para ir al baño? ¿Por los momentos en los que me sentí el ser más cabrón del mundo cuando me desquitaba el mal humor dándole voces al último pakistaní que me tocaba los cojones? Bueno, no me sentía tan cabrón, pero imagino que visto desde fuera no debía quedar demasiado bien... Pero de verdad que empezaba a ser un poco cansino ver pasar a ciertos elementos varias veces por semana para preguntar por los terminales más baratos, eso sí, después de hojearse la revista de cabo a rabo... VARIAS VECES POR SEMANA!!! Sé que no resultará muy comprensible visto desde fuera, pero os puedo asegurar que en mi propia piel acaba siendo muy pero que muy cansino.

En otro orden de cosas, mi vida no ha cambiado mucho. Lógico, no he tenido vida en todo este tiempo. Los días de descanso eran los propios de fiesta, con lo cual tampoco había mucho descanso que dijéramos, porque había que ir a casa, comer con la familia... y eso cansa bastante. Vaaaaale, no tanto como estar nueve horas currando a todo trapo, pero cansa también no poder estar tirado en el sofá viendo lo que sea que estén echando por la televisión con los párpados tapando por completo tus ojos. ¡ESO ES DESCANSAR!

No he sido el único que ha trabajado mucho. Alguien se lo está trabajando muy bien. Cabe la posibilidad de que las vacaciones de este año, o al menos alguna semana suelta, nos redirijan a Galicia a visitar a los amigos... Eso si algunos "amigos" no nos visitan antes. La verdad, me encantaría. Debe ser ese acento tan gracioso que tienen al hablar... Mmmmmmm.


18 diciembre, 2007

Day-off (vamos, día de descanso)

Martes, 18 de diciembre de 2007

Un día de descanso completo y estoy tirado en casa sin ganas de coger el bus para bajar al centro y hacer nada... Qué pereza madremíademialma.

Anoche nevó por primera vez este invierno (que aún no es oficial, pero ya hay rumores) y no pude evitar sacar unas cuantas fotos a las tantas de la madrugada.


Por otro lado, el otro día leí en un libro un párrafo que me gustó mucho y por aquello de no tener mucho más que añadir y conservarlo en un lugar "seguro" os lo dejo caer para que veáis qué cosas leo a veces. Quien adivine de qué libro es (y sólo Gwathadan tiene posibilidades, que lo sepáis), tendrá un bonito premio navideño. Jijiji.

Esto es un pedazo pequeño de continente, que se adentra en el mar más cálido, al sudeste. La mayoría de sus habitantes lo llaman Florida.
En realidad, no. La mayoría de sus habitantes no lo llaman de ninguna manera. Ni siquiera saben que existe. La mayoría de sus habitantes tienen seis patas y emiten zumbidos. Otros muchos tienen ocho patas y se pasan mucho rato en sus telas, esperando a que los de seis patas se presenten para servirles de almuerzo. Muchos de los restantes tienen cuatro patas y ladran, mugen o incluso yacen en los pantanos fingiendo ser troncos. De hecho, sólo una pequeña proporción de los habitantes de Florida tienen dos patas, e incluso la mayoría de éstos tampoco conoce el lugar por ese nombre, ni por ningún otro. La mayoría sólo pía y pasa el tiempo revoloteando.
Matemáticamente, es casi insignificante el número de seres vivientes de Florida que llama así a este lugar. Pero son éstos los que importan. Al menos, en su opinión. Y su opinión es la que importa. En su opinión.