30 enero, 2009

Oasis

Jueves, 29 de enero de 2009

Además de ser lugares idílicos donde los camellos del desierto sahariano (o el que sea) paran a descansar o reponerse de la sed, un oasis es cualquier espacio físico o imaginario donde nos refugiamos para abandonarnos del mundanal ruido y cerrar la puerta a las preocupaciones y rutinas. Y todos y cada uno de nosotros sabemos dónde está nuestro oasis de forma segura y clara, porque es donde nos sentimos bien, cómodos, a gusto y en perfecta compañía con nosotros mismos. Allí aclaramos nuestras ideas, buscamos soluciones a problemas o simplemente dejamos de pensar en nada, nos relajamos.


Yo he tenido muy abandonados mis oasis últimamente. Soy consciente de ello pero ciertamente no me ha sido posible cuidarlos y mantenerlos. Trabajar, mis actividades extra, mi gente... Todo un tiempo que he dedicado a otras cosas a cambio de sacrificar el que no me he dedicado a mí. Y tampoco es que me reproche nada de lo que he hecho, al contrario, he sido yo quien lo ha decidido y sigo creyendo que no he hecho mal. Sin embargo...

Mis oasis habituales son bien sencillos y básicos. Para empezar, mi ordenador, con el que llevo tantos años de amores y desamores. Al que le he añadido sin preguntarle una ampliación de memoria porque el pobre no puede más con todo lo que le meto. Si pudiera hablar, me llamaría esquirol, sin duda alguna. Pero es mi solaz, donde me puedo olvidar de todo y de todos a través de cosas tan simples como unos cuantos píxeles combinados de tal forma que son el juego de turno, la conversación de chat del día o simplemente la música que me apetece escuchar en ese momento. Tal vez se pueda considerar que estoy un poco "enganchado" a este aparato, pero tampoco me tiembla la voz al reconocerlo: sí, es posible. Pero todo lo que me ofrece a día de hoy es insustituíble.


Mis libros son el plan B cuando quiero aislarme. Leer en tranquilidad, rodeado de silencio o de música suave, es un placer elevado a la enésima potencia. Quien puede y sabe disfrutar del gusto por la lectura (del tipo que sea) sabe de lo que hablo. Soy comprador compulsivo de libros, aunque me controlo en la medida en la que no entro en una librería. En ese caso, estoy perdido, siempre caerá alguno. Fantasía, misterio, da lo mismo, el caso es que la historia me enganche y me atrape del tal forma que sea casi una despedida cerrar el libro para hacer otra cosa.


Pero he dejado algo abandonados mis oasis. Mis juegos favoritos están algo aparcados porque, además son algo a lo que me dedico en cuerpo y alma cuando entro en ellos. Que no me molesten, que no me llamen por teléfono para tonterías, no estoy para nadie. En un combate contra el jefe élite de la mazmorra de turno no tengo humor ni ganas para que me dirijan la palabra. Concentración. No pienso, sólo me concentro en lo que hago. Mis lecturas están por empezar porque me da miedo que me absorban tanto que hasta me acueste a las mil por acabar un capítulo más. No me compro más libros por la pila que tengo pendiente. Hasta mis marcapáginas me echan de menos...

Y como todo oasis, cuando lo dejas durante un tiempo y vuelves después, la vegetación ha crecido salvaje y ha ocupado la pequeña casa que había construído con una hamaca entre dos palmeras. El agua ha bajado de nivel y ya no está tan limpia como cuando me bañaba en ella desnudo, corriendo por la arena ardiente. El viendo sopla árido y se quiere llevar los restos de mi pequeño reino para que el olvido y la rutina sean los amos y señores del lugar. Pero me niego, me resisto. Sólo tengo que poner un poco de intención por mi parte y pondré en pie los muebles, cortaré las malas hierbas y anudaré de nuevo la hamaca donde debía estar, bien a la sombra. Limpiaré el estanque y me sumergiré de nuevo para notar cómo el agua me refresca la piel y arrastra mi energía negativa hasta donde quiera que se filtre. Me tumbaré en la arena y dejaré que el sol me seque las gotas de la cara, mientras que la brisa agita mi pelo (el poco que me queda) hasta quedarme dormido.


Porque mi oasis (mi ordenador, mi lectura) es mi tabla de salvación en este mundo loco que me agobia con cifras, objetivos, responsabilidades, pagos, problemas, dudas, miedos, temporadas, crisis, lágrimas, decepciones, mentiras... No sé qué sería de mí sin mis oasis.

19 enero, 2009

Deconstruyendo

Lunes, 19 de enero de 2009

Siempre se dice, supongo que por ese espíritu positivo que tienen algunas personas, que es necesario destruir para poder construir de nuevo. O que tras un terremoto se vuelven a levantar edificios más altos y más fuertes. Tal vez, pero el caso es que hay que destruir primero para poder "re"construir. Y me temo que eso es lo que estoy haciendo yo ahora mismo con mi vida.


He lanzado un órdago en mi relación. Está hecho, no hay marcha atrás. Hay momentos en los que crees que no merece la pena seguir engañándose y ponerte excusas a ti mismo con las bobadas habituales o alargando plazos que sabes que no vas a cumplir jamás. La realidad es una putada, una jodida putada, pero es lo que hay y donde se vive. Por eso no tiene sentido cerrar los ojos y rezar en silencio para que al abrirlos todo haya cambiado a nuestro gusto.

Así soy, he dicho. No voy a repetir más veces que voy a cambiar porque sé que no puedo no quiero, he dicho. Quien me quiera, tendrá que aceptarme con todo, incluso con lo peor que tengo, he dicho... Y así escritas, fuera de contexto, parecen un acto de valentía y sinceridad digno de las peores novelas de kiosko de barrio. Ojalá, pero no es así. Lo que hay que aceptar es lo inaceptable, lo que no es una relación "al uso". Esa parte de mí es oscura y no debería existir, pero está ahí y no la puedo separar de mí mismo porque soy yo. Sin mi lado salvaje y egoísta no estaría completo, sea ético aceptarlo o no.

Sin embargo, ¿es ético hacer que tu pareja deba aceptar tras siete años de relación que decides que no vas a cambiar lo que menos soporta? ¿Es correcto ponerle en la disyuntiva de "todo o nada porque yo ya no voy a esforzarme más inútilmente"? ¿El sacrificio merece la pena? ¿Le merece a él la pena, por mucho que me quiera, seguir aguantando y apretando la mandíbula para no gritar? ¿No conseguirlo, no hacer el esfuerzo, implica que le quiero menos? ¿O que no le quiero? ¿O que no le he querido nunca?


Es cómodo no pensar, dejarlo de lado. De momento la vida sigue igual, no hay cambios sustanciales. Es como si la Conversación hubiera quedado como algo visto en una mala serie americana. Hay más mimos, más cariño, vuelve a haber complicidad, pero... ¿Qué ocurrirá cuando la Bestia ataque de nuevo? No hay posibilidad ni ganas de resitencia, así que anulará (como siempre) la poca fuerza de voluntad que puedo tener almacenada y actuará a su gusto en el terreno que mejor conoce. No respetará nada y sólo tendrá claro el objetivo que tiene en mente. Y el problema es que casi lo estoy deseando, porque en esos momentos no piensas, no hay remordimientos, sólo dejarse llevar y gozar...


En serio, ¿por qué cuesta tanto luchar contra el ideal de relación y pareja que nos han inculcado desde el principio? ¿Tan enterradas están las imágenes idílicas que deberíamos cumplir? ¿Por qué no puedo yo tenerlo y en vez de eso hago daño y manipulo? En fin...

12 enero, 2009

Las cosas que te diría...

Domingo, 11 de enero de 2009

...no están ni tan siquiera ordenadas en mi cabeza. A ratos cambian de posición, o aparecen o desaparecen. A veces incluso desearía que no estuvieran ahí, pero están. Las cosas que te diría no me atrevo a decirlas por el miedo irracional que tengo a que te evapores (de nuevo) en la nada y la luz que irradia tu sonrisa deje de deslumbrar mis sorprendidas pupilas. Las cosas que te diría no encajan con mi forma de ser ni de pensar y mucho menos con la tuya, pero no quita para que sean las cosas que te diría.

Y te diría que echo de menos las sesiones interminables de uso del dedo oponible con la tecnología moderna, como si fueran conversaciones de chat, pero convertidas en sms. Te diría que echo de menos la química de los primeros días, cuando todo era nuevo y divertido y no había miedo porque no había nada que perder. Te diría que notarte distante no es lo que me preocupa, sino que parezca que soy yo el único que es consciente de este hecho y lo expresa, aunque sea sólo para sí mismo, en este absurdo blog.

Te diría éstas y más cosas, pero les quitaría toda la carga romántica, para que no pareciera que estoy perdidamente enamorado de ti. Esos errores ya no me pasan ni permito que me pasen. Te diría estas cosas para intentar encontrar de nuevo ese brillo en tu mirada en el que podía perderme durante horas. Te diría estas cosas para saber si las fantasías en las que cabalgábamos se han desbocado o aún están domesticadas. Te lo diría posiblemente para que fuera una canción desesperada, ya que no pretendo que haya nunca veinte poemas de amor.

Te podría decir también que soy consciente de que ya no soy necesario como lo era antes, pero en el fondo sé que nunca lo he sido, porque nadie necesita de nadie más para seguir adelante. Te podría decir que sé que no habrá una visita sorpresa para comer juntos, porque la racionalidad se ha asentado como una capa de polvo sobre los muebles viejos y no hay sitio para locuras. Te podría decir que si algo ha cambiado no ha sido por mi causa, pero acepto que no hay nada inmutable que permanezca eterno. Te podría decir que te comprendo, aunque lo único que puedo hacer es respetarte.

Qué te diría, cómo te lo diría y por qué te lo diría sólo son suposiciones mías, porque el tiempo verbal, el condicional, está muy bien elegido. Lo que no sé es qué hecho debe darse para que te las diga. Como mínimo es evidente que sería necesaria una conversación, pero no sé si quiero tenerla. Casi prefiero seguir ensayando sonrisas delante del espejo para asegurarme de que mis clientes queden deslumbrados por la mía, por muy fingida que sea. Al fin y al cabo, eso es lo que importa, lo que los demás vean.

07 enero, 2009

Personas detrás de blogs

Martes, 6 de enero de 2009

Hoy podría ser el típico día que escribiría acerca del día que ha terminado, mis regalos, el ansiado fin de campaña... Pero no, me apetece algo más profundo y que llevo tiempo meneando en la coctelera.

Estos días navideños he tenido la gran suerte de charlar un poco con Aran, el archiconocido blogger de historias calenturientas que consigue elevar nuestras tensiones a niveles muy placenteros. Además de agregarlo en mi Facebook está en el inestimable messenger, que siempre es más cómodo para teclear e incluso videollamarse. Y ahí es donde hemos coincidido. A mí me vino de miedo desconectar del trabajo con intentos absurdos de sonsacar información que sabía de antemano que no iba a conseguir. Aún así me llevé alguna que otra agradable sorpresa que queda en la intimidad de mi disco duro y mi recuerdo.

Aran, pese a lo que parece, es un ser de carne y hueso, como todos los que escribimos en la red de redes. Su sonrisa sincera bien podría derretir los casquetes polares y su conversación puede alargarse horas y horas si no hay que madrugar al día siguiente. Y es curioso que la imagen que te haces de alguien por sus textos y sus pinceladas pueda diferir tanto (o no) de la realidad.

Sufur es otro gran ejemplo. Es uno de mis mejores amigos (pese a la distancia) y puedo leer en sus textos lo que entre líneas otros no pueden atisbar. Nos conocemos y nos confiamos secretos, sabemos que debemos guardar una cierta imagen porque el internet nada es seguro, pero aún así vemos detrás de las máscaras que nos ponemos para los demás y que entendemos útiles y necesarias.


Un blog te permite dar la imagen que quieres de ti mismo (o misma). Si lo lanzas con todo el anonimato que puedas, es posible que incluso ni tu propio padre descubra que eres tú, ni tu pareja, ni tu vecina la cotilla del quinto. Creas un mundo virtual donde ser rey, juez, verdugo y hasta admirador de ti mismo. Y en ese mundo se vive tan a gusto como se desee hasta el momento que se desee. A veces y hasta tal punto, que puedes llegar a ser absorbido y no poder escapar de la realidad alternativa en la que te sumerges cuando haces click en "Nueva Entrada" para ponerte a escribir algo. A mí llegó a ocurrirme y como toda adicción que se precie, requirió cierto esfuerzo soltar lastres innecesarios.

Sin embargo, por mucho que se quiera diferir de la propia personalidad en un blog, siempre se empapa algo, hay una transferencia por leve que sea. La forma de expresarse, frases habituales, manías o experiencias... De nuevo en mi caso, cuando escribo una de mis pequeñas y humildes historias de vampiros, en realidad estoy hablando de algo de mi vida que no quiero expresar abiertamente. Lo envuelvo de fantasía, condimento con cuatro pizcas de palabrería y... tachán! Por eso hay que saber qué se lee y con qué intención se ha podido escribir. Así es cuando mejor se disfruta un blog.


Yo puedo reconocer que empecé a escribir hace ya más de X meses (cuando X tiende a más de 24, creo) por cierto amante fugaz del que ya no sé nada (ni falta que hace) que tenía uno. Me llamó la atención y, dado que era la época en la que o tenías blog o no eras nadie, di el pequeño paso de inmersión sin bombona. Empecé con fuerza y queriendo escribir todos los días algo interesante, pero la rutina y mi vida real me lo impedían. Poco a poco he cogido el ritmo de escribir cuando me viene en gana, sin intentar estar al servicio de mis lectores (lo siento) sino de mí mismo. También he variado y no profundizo demasiado en ciertos temas, dado que, al hacerse más público, un blog también puede ser fuente de enfados, discusiones y rocambolescos malentendidos. Poco a poco lo he adornado a mi gusto, lo he hecho mío y lo cuido con el cariño que soy capaz de otorgar dadas mis romanticoides ideas acerca de lo que debe quedar para la posteridad. Lo comparto con quien considero que merece la pena dejar que conozca algo más de mi yo extravagante, acepto los comentarios vengan de donde vengan, me siento orgulloso cuando alguien me nombra por ahí... Es como un hijito, pero ya tiene vida propia y sabe caminar solo.


Y para acabar con este inconexo montón de ideas, un pequeño arreglo de Photoshop que sólo una persona puede interpretar y reconocer. ;)


29 diciembre, 2008

Último posto del año

Domingo, 28 de diciembre de 2008

De nuevo tengo que esforzarme por sacar tiempo para escribir algo antes de que termine el mes, el año y la puñetera campaña. Y empiezo a tener una ligera sensación de dejà-vu (se escribe así?) que no me mola demasiado. Juraría que entradas de este tipo he escrito cada diciembre… A ver que mire… Pues sí, alguna hay.

De nuevo el agobio de las compras navideñas satura a los clientes de a pie que este año han cumplido las malditas teorías de la maldita crisis y se han mostrado comedidos y previsores. Nada de tirar la casa por la ventana y gastar hasta la saciedad para comprar el último modelo, mejor revisar bien todas las opciones y si no lo podemos sacar gratis, mejor pensamos otra cosa. No es que me preocupe, yo lo que quiero es vender, aunque sea un caramelo. Bueno, caramelos no, al menos aún no. Pero sí que se puede confirmar que el fantasma de la crisis ha sobrevolado nuestras cabezas y el miedo atroz se ha agarrado a carteras y cuentas corrientes sin intención de marcharse en breve.


También es época de hacer balance del año que se sabe terminado y que sólo nos deja frío y mal tiempo. Sin embargo no tengo muy claro si quiero hacer ese balance en este año concreto. Habría mucho que valorar y siempre he preferido hacer las apreciaciones de cada caso concreto en cuanto sucedía. Mirar hacia atrás a largo plazo sólo desdibuja los recuerdos, que suelen estar ya de por sí bastante adulterados. Así que sería casi mejor hacer el repaso releyendo el blog, que suele incluir los “mejores momentos” de cada mes. Desde principio de año con el pececito, la crisis que vino después y, por suerte, superamos, el verano intentando mirar hacia adelante y despegar de una vez, el miedo pero la ansiedad de la fiesta de la empresa para cerrar el capítulo, un descubrimiento en esa misma fiesta…

Trabajo, trabajo y trabajo, no hay muchas más cosas en las que pensar. Por suerte voy de cena en cena y tiro porque me toca. Dos con el grupo friki, una con los del gym, otra con la asociación, las familiares… ¿Por qué narices me da por mirarme la barriga en estas fechas? ¡Como para pensar en una dieta! Supongo que será uno de los nuevos propósitos del año que viene… Como cada año, claro. Igual que el de ser más ordenado, organizar el escritorio de mi ordenador (mesa y pantalla), ayudar más en las tareas de casa…

Pero no, paso de hacer listados. Me he dado cuenta de que sólo los pongo por escrito para recriminarme a mí mismo las cosas que NO hago. Y para que se queden sin tachar en el listado mirándome acusadoramente, señalándome con sus manos inexistentes y mirándome con sus también inexistentes ojos entornados. Yo creo que cualquiera de mis noches tardías me atacarán por sorpresa cual liliputienses cabreados y me torturarían usando las peores técnicas conocidas. Hummmm… Interesante, por otro lado.


En fin, feliz entrada de año a quien corresponda. Al resto, también. Me gustaría empezar a nombraros uno a uno para desearos algo concreto y personalizado, pero tardaría bastantes líneas mas y os aburriríais enseguida. Tranquilos, en mente lo tengo. Hay sólo 12 uvas, pero creo que me darán para todos. La última campanada es para vosotros, amigos, ya que sin vuestro apoyo y soporte no quiero ni pensar dónde estaría. Sed buenos esa noche, que los Reyes Magos están a punto de llegar (para quien haya escrito sus cartas, recuerdo!).


13 diciembre, 2008

Viejos amigos

Viernes, 12 de diciembre de 2008

Conocí a Oscar gracias a esas situaciones en las que, como amigo de tu prima, a la que ves cada seis meses, decides acompañarla con sus amigos para no morirte del aburrimiento en casa con los mayores. La ventaja es que es complicado que Oscar te caiga mal de inicio, incluso cuando lo conoces mejor. En aquella época era (y lo sigue siendo, claro) el "psicólogo" del grupo. Te escuchaba, te aconsejaba, te entendía. En aquella época de pubertad desaforada y sentimientos contradictorios era un pequeño bálsamo para las heridas sangrantes. De hecho, recuerdo aquellas charlas en la barriada, con el mítico frío castellano congelándonos hasta el tuétano, acurrucados en cualquier portal, haciendo los últimos repasos de la noche.


Qué mítica fue aquella vez que estuve perdidamente de Soraya, con aquel regalo escondido bajo la servilleta para que lo descubriera... Fue divertido que de tanto insistir para que cogiera lo que había en su plato se enfadara porque la tratábamos como a una cría. ¿Recuerdas la cara que se le quedó cuando vio el precioso anillo con forma de flor cuajado de piedras brillantes? Una pena que poco tiempo después descubriéramos que no merecía la pena esforzarse tanto... Ese viaje a "Cánterbury", como ella decía, le cambió la vida. Y tanto. Yo creo que la dejé un poco trastocada, ¿no crees?

Pero el momento álgido fue esa noche en la que me costó más esfuerzo que ganas confesar que me había dado cuenta (me río ahora al recordarlo) de que mis preferencias erótico-festivas estaban encaminadas hacia otros derroteros. Ni te inmutaste. ¿Por qué habías de hacerlo? Juntos hicimos pública la noticia en el grupo, con un intento de juego misterioso porque tenía el nudo en la garganta. Y no pasó nada. Era sólo un detalle más de mi vida que no significaba nada en nuestro trato, que siguió siendo intermitente pero firme. Incluso cuando te trasladaste a estudiar a Madrid. Allí creo que fue tu vida la que cambió un poco. Y mis esporádicas visitas eran aderezadas con sorprendentes descubrimientos sobre la estupenda persona que eres, en todos los sentidos. Solía ir a que recogieras mis pedazos y lo hacías sin preguntar. ¡Incluso aunque me tocara dormir en un colchón a los pies de tu cama!



Con el paso del tiempo apareció Antonio. Y quién no puede querer a Antonio. Es como si fuera de la familia desde el primer día que lo conoces. Comprendí pronto que erais la pareja perfecta por cómo os comunicáis sin hablar, cómo sabéis entenderos, cómo hacéis que los demás nos sintamos a gusto. Este puente ha sido una de esas ocasiones. Cuando estuvimos comiendo solos los tres y quisisteis que os pusiera al día de mi vida, me salió a borbotones como un torrente retenido. Antonio quiso saber si podía hacer una pregunta incómoda y tú rápidamente le corregiste en que, conmigo, no había preguntas incómodas. Es verdad. ¿Para qué ocultarles a los amigos lo que en el fondo quieres compartir con ellos? Sin vendas, sin medias verdades, sin esquivas. La pura y simple realidad para que puedan valorar lo que hay y lo que no. Y con ello echarte un cable para que uno pueda ver desde fuera qué aspecto tiene la situación.



Chicos, ha sido un placer, por fin, teneros en casa y disfrutar de vuestra compañía. Ya son... deja que sume de nuevo... 15 años. Nuestra amistad me recuerda que no hay que tener un contacto continuo para estrechar lazos, porque el tiempo perdido se puede recuperar en una llamada larga o una conversación frente a un café (o un plato de comida). Con estas líneas no os hago ni la mitad de mérito que el que os merecéis, pero simplemente espero que quien lo lea, sepa la inmensa suerte que tengo al conoceros. Al considerarme vuestro amigo.

Os quiero.

04 diciembre, 2008

El Letargo

Miércoles, 3 de diciembre de 2008


El vampiro se limpió la sangre de los labios y dejó a un lado el cuerpo del joven que acababa de vaciar sin contemplaciones. No había sido el primero en aquella semana en sufrir uno de sus ataques, pero sí el que menos compasión había provocado en el no-muerto. Si no se hubiera comportado con aquella soberbia, con la suficiencia que otorga la inmadurez de la adolescencia, tal vez se hubiera salvado. Pero se comportó como si estuviera por encima de un ser que llevaba a su espalda varias primaveras más que él. Unas cuantas más. Bastantes más. No debía haberlo hecho, pero la Bestia tomó las riendas y el frenesí fue más fuerte que los anteriores. O tal vez no quería detenerlo y sentir que liberaba todas sus frustraciones como hacía mucho tiempo que no hacía. Dejarse llevar sin asumir el control era cómodo, demasiado cómodo. Una vez pasado el delirio, con un cuerpo que se enfriaba por momentos en los brazos, notó que los habituales sentimientos de remordimiento no acudían a paralizarle los músculos. Ese chico se merecía lo que había conseguido y, aunque era una pobre justificación, por el momento bastaba.


Mientras colocaba el cuerpo en el suelo en lo que podría (torpemente) parecer que había sido una muerte natural o un atraco, comprendió que la última semana era la más extraña que había pasado en los últimos... Tal vez en los últimos diez años. Porque había pasado sólo una semana desde que despertó de aquel letargo maldito. El letargo, el sueño sin sueño en el que podían sumirse los vampiros cuando deseaban evadirse del mundo. Un mundo sin compasión que a este vampiro en concreto le había arrebatado al ser que creía que con más pasión había amado en su vida, si es posible decir que un corazón que no late es capaz de amar. Una extraña enfermedad se lo había arrebatado tras una lenta agonía que acabó con la resistencia de ambos. El Abrazo, el acto de traspasar la maldición de Caín a un humano, no fue una opción aceptable para el moribundo, que prefería acabar con su existencia del modo más natural posible y le horrorizaba tener que beber la sangre de otros para seguir viviendo. El funeral se celebró de día y su amante tuvo que visitar su tumba aquella fría noche, derramando lágrimas escarlatas que empaparon la corona de rosas rojas que adornaba la lápida. “Para siempre”, rezaba lacónicamente la cinta negra. Y el ángel de mármol con pose suplicante y manos elevadas

al cielo fue testigo mudo de la escena.


Los días siguientes fueron una continuación de la agonía pasada. El vampiro se desligó del mundo y se hundió poco a poco en una espiral de tristeza y autocompasión. Las noches pasaban sin que saliera de su habitación, sin alimentarse, sin mayor relación con el mundo exterior que una televisión siempre encendida en un canal de noticias. El sopor llegó como un regalo cuando nada importaba, cuando el vacío era tan grande que engullía hasta los sentimientos de rabia y abatimiento, cuando no quedó nada. Se sumergió en él sin esperar despertar, queriendo abandonarlo todo y a todos, ya que nada le importaba. Y así durmió…



Le costó ser consciente de que había vuelto a abrir los ojos y que volvía a ver a través de los suyos. El único sentimiento que le invadía era un hambre atroz y fue lo que le hizo salir de su cama para dirigirse hacia la fuente de vitae más cercana. Como el depredador que era, sus sentidos estaban funcionando con un solo fin y de ese fin dependía su supervivencia. Su casa se mantenía en perfecto estado de orden y limpieza, gracias a que su personal seguía las órdenes estrictas de que así fuera pasara lo que pasara. Salió a la calle y un golpe de frío le azotó el rostro. Con más prisa que cuidado, su primera víctima fue un vagabundo que dormía entre cartones en un callejón cercano. No fue suficiente, pero permitió que poco a poco se fuera sintiendo más dueño de sí mismo. Notó el desagradable olor de lo que aquel desgraciado había considerado su “hogar”, donde la misma zona albergaba restos de comida, excrementos y, sobre todo, drogas. Con algo más de calma y perdiendo menos los papeles, aquella noche la dedicó por entero a la caza y a sentirse de nuevo cómodo en un mundo que no había cambiado tanto en los años que había pasado en letargo. Los rostros de sus víctimas no quedaban grabados en su memoria, pero les permitió vivir con un gran esfuerzo, dado que el hambre seguía clavándole sus garras en el estómago. Ya había matado a uno, no había por qué sembrar la ciudad de cadáveres. Era necesario seguir manteniendo la Mascarada.


Tras una semana alimentándose con más o menos ansia y poniéndose al día de las últimas actividades cainitas y humanas, se sintió preparado para socializar un poco. Fue un gran error. Su posición social en la Estirpe había caído a peso y las miradas reprobatorias ni tan siquiera eran ocultadas. Sin embargo había salido de situaciones más comprometidas y podría recuperarse de ésta. Aún así no sentía ganas de quedarse a ser examinado con microscopio, por lo que salió lo más discretamente que pudo y acabó en una discoteca de moda observando a los jóvenes mover sus cuerpos al ritmo de una música endiabladamente distorsionada. Allí fue donde conoció al muchacho que había dejado seco, esperando que el forense de turno no fuese suficientemente inteligente como para darse cuenta de la falta de sangre del cadáver. O si no, tendría que mover hilos como en los viejos tiempos.


Cuando se disponía a marcharse, una figura en la entrada del callejón le observaba con la mirada fija. Una larga gabardina negra le cubría de pies a cabeza, pero no ocultaba la pálida piel de su rostro ni sus ojos brillantes como ópalos. Tenía la mirada encendida y la sonrisa lobuna, de medio lado. Era alguien conocido en la ciudad, cercano al Príncipe y pertenecía a la línea de sangre de los Ventrue, el esqueleto que sostenía la cada vez más vetusta Camarilla. Ambos se reconocieron sin apartar la mirada y se acercaron unos pasos, el Toreador aún inseguro de qué podría ocurrir. Se encontraba en la desventaja de haber sido descubierto en una falta y además por un vampiro algo más anciano que él y, desde luego, mejor posicionado. Aún así sintió que no podía dejar de mirar el rostro marmóreo que le había atrapado la voluntad y sólo se convirtió en un espectador ajeno a todo salvo aquellas pupilas hipnotizadoras. El vampiro de la gabardina se acercó hasta que estuvo a escasos milímetros del oído derecho del su joven hermano de sangre y le susurró suavemente: “bienvenido”. Se giró dispuesto a marcharse con estudiada lentitud, pero una mano se lanzó hacia delante y rozó levemente la suya. Bajó la mirada, observó su mano y miró de nuevo hacia el rostro que seguía perdido en aquellos ojos inmensos, imponentes. Sus propios ojos que ahora veía reflejados en aquellas pupilas de color verde.


El vampiro salió de su trance para descubrir que no tenía a nadie delante. Supo que no había sido su imaginación porque aún podía deleitarse en la fría sensación que sus dedos guardaban tras haber acariciado la mano de aquel desconocido. Se sentía tan descolocado como sorprendido por las emociones que le habían embargado. No sabía qué esperar y ni cómo actuar. Prefirió escapar de allí lo más rápido posible al amparo de las sirenas que recorrían la ciudad y las sombras que acechaban y observaban.


25 noviembre, 2008

Último capítulo

Martes, 25 de noviembre de 2008

El viernes cerré el último capítulo de una historia que comenzó hace unos meses (me recordaron la fecha exacta y apenas faltan tres días). Algunos puede, la mayoría no, conoceréis a mi "pececito". Siento no tener fuerzas ni ganas de volver a resumir la historia. Lo siento, no duele pero se me hace pesado. Sin embargo puedo decir sin lugar a dudas que el último capítulo se ha cerrado e incluso se ha pasado la tapa trasera, ésa en la que aparece el código de barras.

Como todos los años, antes de la campaña de Navidad, mi empresa monta una convención para responsables de tienda y una fiesta por todo lo alto para quien quiera apuntarse. Llegé (tarde) gracias a un compañero de Bilbao que también se apuntó y nada más entrar en la discoteca mis sentidos se pusieron alerta. Quería pero temía encontrármelo. Por suerte aparecieron primero mis compañeros de zona. Gracias a Agus (el gran Agus, Dios le bendiga por siempre) no dejé de sentirme arropado en toda la noche. Pero llegó el primer contacto. Creo que nunca he sudado tanto sin hacer ejercicio o echar un polvo. La tensión hubiese hecho avergonzarse a las cuerdas de un violín. Fueron unas cuantas frases más que típicas y tópicas que te dejan con la sensación de que acabas de ser protagonista de una escena del peor melodrama del cine. El peor de todos.


No quedó más remedio que hacer de tripas corazón, ya que estaba en una fiesta y con más gente. Y quise pasarlo bien, me esforcé de veras (mucho, dada la mala organización del local y sus camareros). Las copas iban entrando en mi cuerpo y haciendo efecto, porque sentí que poco a poco me despreocupaba de todo. Y de nuevo coincidimos en grupos cercanos. Y supongo que esta despreocupación que me embargaba y las ganas de quemar mi último cartucho me animaron a acercarme con una actitud bien diferente. Puse mi mejor sonrisa y me miré directamente a los ojos. Le dije si podíamos empezar a hablar de nuevo, sin tensiones. Sonrió como cuando conseguía que me derritiera y la conversación fluyó sola. Así me enteré que lleva ocho meses con alguien (cosa que me dejó un tanto descolocado, ya que nosotros lo "dejamos" un mes antes), que nuestros cuatro meses habían sido para ambos más que felices y estupendos, que cuando aventuré que podría trasladarme a Vigo se acojonó de mala manera... Más o menos todo quedó dicho, al menos lo esencial. Yo iba a quedarme con las ganas de verlo desnudo y besar su suave piel pálida, pero me llevé el consuelo de que se había puesto el slip que le regalé por su cumpleaños (creo) porque estaba convencido de que nos íbamos a ver esa noche. Me lo enseñó por encima del pantalón. Abrazos, dos besos. Fin de la conversación. Agus se acercó a recoger mis pedazos un tanto flipado por el giro de los acontecimientos. Ya se lo explicaré, pero sé que se alegra de que yo esté bien.


Qué más puedo decir acerca del súbito agujero negro que tenía dentro del estómago. Aún tenía y tengo que asentar unas cuantas cosas, pero decidí que no me haría daño a mí mismo y no le concedería un sólo pensamiento que me cogiera pellizcos en el corazón. Ahora ya no tenía sentido. Y me lancé de nuevo a estar con mis compañeros. De este modo incluso tonteé con un compañero que resultó ser una sorpresa muy agradable y atractiva, pero su pareja estaba en la fiesta y aunque el deseo era algo mutuo, era mejor no liar las cosas (sobre todo las mías). Y de nuevo el gran Agus, no sé si conociéndome o por indicación, me presentó a un conocido suyo de Barcelona que tenía el deseo en una mirada que me desnudaba salvajemente. Y ahí operó el cambio. Puse el parche y el dolor remitió. Como resumen diré que fuimos a Chuca a las seis de la mañana con todo cerrado, pero fue muy muy divertido. El parche anulaba el dolor, el parche me ayudaba a no recordar.


¿Más? Hay más. Volví a Logroño en bus el sábado y en la parada técnica de Soria coincidí con alguien que conozco de vista pero que resulta interesante. Otro parche. El hecho en sí de haber establecido contacto era un bálsamo que me relajaba y satisfacía. Era un punto a mi favor, un banderín en la cima del Everest, un castillo conquistado con mayor o menor satisfacción. Y de Soria a Logroño no pude dormir (pese al sueño que tenía) dándole vueltas a este tema. Los parches. MIS parches. De momento los voy a utilizar en la medida que pueda para mitigar el dolor que pueda sentir en un momento dado. Sin embargo...

... Sin embargo a veces me siento como un adicto a estos parches. Con el paso de los años me he acostumbrado a lo fácil que es buscar uno y ponértelo en la piel para que el dolor o los problemas se evaporen temporalmente y el placer inmediato nuble el horizonte gris que no quiero ver. No huyo de mis problemas, pero durante unos momentos me escondo en hacer algo que sé hacer y creo que no del todo mal. Y que nadie me pida que lo deje, porque puedo hasta justificarme. Como los adictos. Aunque por suerte no necesito más según pasa el tiempo, me temo que iré corriendo más riesgos para conseguir mi propia droga. Para mitigar el dolor, para olvidar los problemas, para superar el día a día. Y además con cierta variedad, porque los parches se gastan y hay que reponerlos.


La emoción de la caza, el juego, la seducción... Soy un adicto. He cerrado un capítulo de mi vida, pero me temo que estoy empezando a escribir otro, mucho más introspectivo, tan críptico que sólo yo puedo entenderme. Como siempre.

15 noviembre, 2008

Follamigos

Sábado, 15 de noviembre de 2008

Decía Leopoldo Alas (Clarín no, el otro, el riojano) en su obra "Los amores periféricos" (que os recomiendo leer como reflexión seria y trabajada acerca de los diferentes tipos de amor), que "un polvo no se le niega a nadie, y quien lo hace comete crimen de lesa humanidad". Conocida mi "generosidad" en este sentido, estoy al 99% de acuerdo con esa afirmación. El 1% restante lo conforman esas ocasiones en las que no habrá placer alguno, ni antes, ni durante ni después del hecho en sí. Pero al menos que haya algún placer, coño!


El caso es que un día cruzó por mi mente la idea de por qué lo "follamigos" funcionan tan mal cuando parece una solución perfectamente aceptable en el mundo en que vivimos. Una relación así ofrece sexo ilimitado pero sin compromiso, una relación de cierto tipo pero sin ataduras asfixiante, complicidad natural sin el artificio de mantener las formas. Muchas veces los "follamigos" surgen cuando dos personas se conocen, follan y se dan cuenta de que además se caen bien. No sólo repiten, sino que además quedan fuera de la cama (o el sitio donde gusten) y lo siguen pasando bien. O bien son dos amigos que un día deciden echar un polvo y quedan satisfechos. Y de vez en cuando repiten. Vamos, que suele ser algo imprevisto y que nace de la forma más tonta.


Los follamigos suelen durar un tiempo variable en sus aventuras. Es divertido, es excitante y además puedes comentar la jugada con confianza al terminar. No tienes que llamar a nadie por teléfono para dar explicaciones: lo ha vivido en primera persona. Y la cosa funciona porque además buscan satisfacerse mutuamente, sin ser del todo egoístas. Conocen los puntos débiles del otro, dónde tocar para hacer gemir y dónde no tocar para no estropearlo. Por las noches hablan de hombres (porque, lógicamente, yo estoy hablando desde un punto de vista gay), los que les gustan, los que no y los que ya se han llevado al catre. Amigos con derecho a roce... Bueno, o a traje de saliva.

¿Dónde está el punto de inflexión en el que la cosa empieza a desmoronarse? Varios factores, imagino. Uno de ellos es que se acaban cansando y la situación revierte en una amistad sin sexo o ni tan siquiera amistad. La pasión termina tarde o temprano y no hay una obligación "marital" de seguir adelante. Tú a tu casa y yo a la mía. En otras ocasiones, más complicadas, una de las partes se acaba "enganchando" demasiado de la otra. Es un problema, porque lo que era algo sencillo, básico y sin lazos, se convierte en celos, broncas y mosqueos. La amistad se empaña y acaba por reventar en mil pedazos. O dos mil. Suele ser el final más triste. Por otro lado, el final más feliz pero el menos habitual resulta en el inicio de una hermosa relación que durará lo que tenga que durar, pero con las características habituales de una pareja. Fueron felices y comieron perdices. O pollo del Carrefour, que es un poco más barato.


A mí los follamigos me han durado siempre poco. Debe ser porque soy Leo, soy puro fuego y quedarme quieto en el mismo sitio me cuesta horrores. Suele ser un problema porque me consta que he podido perder por el camino grandes amantes y mejores amigos, pero es algo que debo trabajar en la intimidad para conocer las verdaderas causas. Estoy super-a-favor de los follamigos como medida intermedia entre la amistad y algo más, porque considero que dos amigos que echan un polvo o incluso hacen el amor, no deben preocuparse de que su situación y relación cambie a no ser que ellos mismos lo deseen. El sexo, fríamente, es sólo sexo. Si yo me cojo la borrachera de mi vida con un amigo (por ejemplo con tres botellas de licor chino, una de crema de orujo, etc)... ¿Nuestra relación cambia? Si yo comparto una tarde muy íntima, muy personal, muy de confidencias con un amigo... ¿Nuestra relación cambia? No, de hecho es posible que mejore, incluso. ¿A peor? ¿Por qué? ¿Qué le vemos al sexo que da la impresión que puede empañar toda relación que exista entre dos personas que no sean pareja o meros amantes? El sexo es sólo sexo. Así que dejémonos de bobadas culturales y heredadas, por favor!

11 noviembre, 2008

Ciao Firenze!

Lunes, 10 de noviembre de 2008

J. (la estrella invitada de la última convivencia, os acordáis?) me lo lleva pidiendo casi desde antes de que me fuera de vacaciones y Sufur también, pero me temo que no podrá ser como él quiere, porque voy a hacer uno de mis habituales comentarios después de los viajes. Voy a criticar todo lo criticable y a ser frívolo a más no poder. Así que listos para escuchar mis comentarios sobre... FLORENCIA!

Florencia, ciudad italiana de la Toscana que floreció en el Renacimiento y... Blablabla. Todo eso está en la wikipedia, pero ahí no hablan del siguiente listado de cosas... Esperemos que esta vez no aparezcan tantas florecillas como siempre...

  • Idioma: es cierto que el italiano y el español son idiomas primos-hermanos, pero no os dejéis engañar. Tuvimos la suerte de pasar bastante tiempo con una pareja de florentinos que fueron muy amables con nosotros y pudimos compartir grandes momentos en los que todos nos esforzábamos por comprender al resto. Nosotros hicimos alarde de valentía e intentábamos hablar algo en italiano. En resumen: completo desastre. Pero fue divertido imaginar cómo se diría una palabra, italianizarla y que los nativos se te quedaran mirando con cara de seta.
  • Forma de conducir: un caos. Total. No es que sean osados, no. Es que parece que van solos por la carretera, que además debe medir como 100 metros de ancho y no lo aparenta. Los ceda el paso son algo que les ocurre a otros, los intermitentes deben llevar fundidos años, las rotondas son un juego de azar... Y como peatones, tres cuartos de lo mismo. Cruzar una calle es casi jugarse la vida. Incluso con el semáforo en verde! En fin, una experiencia única.
  • Comida: deliciosa. También es cierto que yo tengo un paladar poco exquisito, pero aún así no puedo quejarme. Nos hay ayudado nuestros amigos florentinos al llevarnos a restaurantes o locales donde se podían degustar platos típicos de la zona. Eso sí, tampoco hay que alarmarse, que el bistec a la florentina no era más que un cacho de carne poco hecho y la ternera era al vino como la hace mi madre en casa.
  • Metrosexuales: porque o bien había más gays que en el Orgullo en Chueca o bien los tíos se arreglan tanto que parecen maricones perdidos. No estábamos cada dos por tres girando la cabeza, pero había cada uno que quitaba el hipo. Muy monos, muy divinos y con un amigo al lado de las mismas características. Gays? Heteros? Vete a saber! Con tal de que les miraras con deseo, me temo que les resultaba suficientemente satisfactorio para su egos.
  • Visitas culturales: o cómo dejarte más pasta que en una noche loca de copas. Porque cada museo tenía su entrada y no había bonos ni nada parecido. Para tener descuento o eras jubilado o tenías menos de 25 años (pese a lo que digáis, no cumplo ninguna de las dos condiciones). Subir a la torre de Pisa eran 15 euracos como 15 soles. La Academia, los Uffici, las iglesias... En todos los sitios había que aflojar la cartera. Así hemos vuelto, con más números rojos que la ruleta de un casino.
  • Arte y erótica: porque en el Renacimiento eran un poquito... En fin, que es verdad que yo siempre tengo la mente calenturienta, pero no me digáis que no hay esculturas en ciertas posturas que... Y no sólo eso, el cuidado de las formas en, por poner un ejemplo tonto, el culo representado, hacía que mirar una escultura tuviera mucho más interés. Y no voy a hablar del culo del David, porque el Poseidón de la Plaza del Palazzo Vecchio tiene su miga. Y Hércules, que los Medici lo tenían como su patrón, también tiene un culito que... mmmmm...
  • Porcellino: lo mismo que Canaletas en Barcelona, Km. 0 en Madrid o Trevi en Roma. Le tienes que tocar el morro al jabalí para volver a Florencia. Pero ya que estábamos, pues no sólo le tocamos el morro... Una imagen vale más que mil palabras. Ahora creo que es el jabalí el que quiere que volvamos nosortos a Florencia otra vez...
  • Italianos: son unos mamones. Bueno, estoy generalizando, pero es que me dolió mucho muchísimo que un par de ellos tuvieran el valor de echarme.... 38 AÑOS!!! Vale, aparento más, pero... había que ser tan cruel? Mecagoenlosmenguesfritos! Sigo picado, qué pasa!
  • Guiris: es decir, nosotros y el resto de extravagancias que pululaban por la ciudad. Los japoneses cumplian el estereotipo a la perfección con sus cámaras, pero la palma se la llevó una rumana choni! Hipermegafuerte! Su gorrita plateada, su minifalda, sus botas hasta la rodilla plateadas también... La vimos un par de días y nos faltó el tiempo para hacerle una instantánea disimulada. Por favor, si ella llega a ver esta imagen y le molesta, que me lo diga y la retiro al instante.
  • Policía: es que tampoco pude contenerme, porque los trajes de la policía local no tienen desperdicio...

Desde luego las explicaciones se quedan un poco cortas, porque cada momento tiene su cosa, pero os tendréis que confirmar con esto. Quienes estén dispuestos a aguantar dos horas de fotos, pueden pasarse por casa. Nosotros ponemos las palomitas y el agua. Quienes no estén dispuestos, ellos se lo pierden. Aún así recomiendo encarecidamente a todo el respetable que acuda a visitar esta bella ciudad, porque merece la pena enormemente.


Y dado que no ha habido mucha "chicha" y que hace tiempo que no actualizo, en breve tendremos otra entrada más... Más mía, para que nos entendamos (no Sufur, no voy a hablar de sexo a niveles de película porno, para eso ya tenemos el messenger tú y yo).

26 octubre, 2008

Nova

Domingo, 26 de octubre de 2008

Aunque he de reconocer que mi amigo Sufur podría hacerlo de una manera más precisa, me tomaré la libertad de hacerlo a mi modo y gusto. Porque buscando en la wikipedia he aprendido que no es lo mismo una Nova que una Supernova. Y también he aprendido que yo soy una Nova, una simple y pequeña nova en el firmamento.

Básicamente y sin entrar en detalles, una Nova es la explosión de una estrella que provoca un destello potente de luz durante unos días. Las Supernovas tienen otras causas y las explosiones se mantienen en el firmamento durante semanas o meses. Esa sutil diferencia es la que ha hecho que me decida a considerarme una Nova.


Muchas veces me ha ocurrido cuando he conocido a alguien que he conseguido deslumbrarle con mis pocos o muchos encantos, trabajándome el momento, buscando los puntos débiles, seduciendo con todas las armas posibles. La explosión se llevaba a cabo y, en esas ocasiones, el momento podía ser digno de apuntar en el cuaderno de la memoria. Sin embargo, como en las Novas, el efecto conseguido se disuelve poco a poco y a los pocos días, ese apunte queda como tal, como un apunte de lo que fue y ya no es. La luz cegadora se apaga y queda lo que hay en realidad, el fondo completo al descubierto. Entonces ya no es tan interesante. De hecho se va dejando de lado inconscientemente hasta que se aparta por completo. Y si ya contamos con que otra Nova o Supernova ha aparecido en escena, el efecto el prácticamente inmediato. Las luminosidades no se complementan: se solapan. Es la tendencia natural, sólo sobrevive el más fuerte.

Me consta que mantengo a mi lado fieles amigos que me quieren a pesar de todo y que conocen mis explosiones y mis momentos de oscuridad, pero creo que el mundillo en el que me muevo me ha acostumbrado a estar siempre delante del foco y perderlo me hace sentir pequeñito (como las estrellas enanas blancas). Esta semana lo he comprobado y duele, pero hay que acostumbrarse. Al fin y al cabo, también es cierto que poco a poco los años van pasando y que ya no soy un jovencito apetecible para todo el mundo que pueda comerse lo que le echen. Esta semana lo he comprobado y el tiempo me dará la razón, porque hemos conocido a alguien que da la sensación que se ha rendido a algunas de mis virtudes. Pero yo sé que será cuestión de días que el nivel de interés decrezca, que me convierta en una entrada más en la agenda de un móvil nuevo y que despúes incluso desaparezca de ahí.

Y entonces los astrónomos ya no se acordarán de aquella Nova que iluminó el cielo durante unos días.

22 octubre, 2008

Tú ya tienes pareja

Martes, 21 de octubre de 2008

Este fin de semana pasado hemos estado de "convivencia" en Alfaro, un pueblo en el extremo derecho del mapa de La Rioja. Solemos hacer un par de ellas al año y siempre hago algún comentario o incluso cuelgo fotos. Pero esta vez me parece que voy a ensañarme con ganas. ¡Porque yo lo valgo!

"Tu ya tienes pareja". "Claro, como vosotros ya vivís juntos". "Oye, que ya tienes a tu novio". Aburridito estoy de ese tipo de frases que discriminan (nunca de forma positiva) a las personas que, aun teniendo pareja, no se apergaminan en una relación que puede llegar a asfixiarles. Quienes me conocen ya saben mi especial predisposición a conocer gente nueva, tomarme confianza rápidamente y, si se tercia, tontear sanamente. Sin más. Las intenciones posteriores pueden llegar o no a cumplirse, pero no por ello se debe dejar de jugar. El juego en sí mismo es el mejor premio, ya que entretiene, divierte y nos hace sentir especiales (o hacemos sentir especial a alguien).

Sin embargo siempre hay voces y mentes que rápidamente salen en defensa de una idea absolutamente monogámica y polvorienta de pareja que bien parece el concepto heteromachista de matrimonio de toda la vida, bien lleves saliendo dos meses o dos años. Se escandalizan ante cualquier gesto que pudiera denotar un deje de infidelidad o doblez según su siempre bienpensante punto de vista. Nada de tocar con cierta procacidad cuerpos ajenos, nada de besarse en labios extraños, nada de juguetear con el peligro susurrando a media voz. Nada de nada. Cada oveja con su pareja que es lo que debe ser. El resto de opciones no están contempladas en la ética ni la moral reinante en sus cabezas cuadriculadas. Tú ya tienes pareja y punto.


Puedo entender que haya quien considere que gente como yo juega con la ventaja de que tiene el colchón de seguridad de un novio cuando termina la fiesta para dormir calentitos, hacerse confidencias o simplemente tener a alguien con quien compartir la soledad. O, según piensan muchos, para dedicarse a follar día y noche como conejos. Más quisiera yo y mi libido estratosférica... Entiendo su concepto y lo respeto. Y lo corrijo en caso de no coincidir con la realidad que yo conozco. Pero mi respeto no se ve reflejado en quien me rodea. Porque yo, como ya tengo pareja...

En fin, este tema me calienta mucho y supongo que sólo es cuestión de olvidarme del asunto hasta el siguiente encuentro. O que coja una recortada y empiece a disparar desde lo alto de un campanario. Lo que sea más cómodo.


Pasando a temas más frívolos (que sé que os gustan...), el fin de semana discurrió sin grandes incidentes dignos de mención. Que nooooooooo. Hubo grandes momentos que no pueden ser explicados por escrito, sino que hay que vivirlos en directo o pierden toda la gracia. Os haré un mix para que no entendáis nada pero sepáis que algo debió pasar. Ante todo consideremos que la "estrella invitada" del fin de semana (título que personalmente concedo al asistente que más éxito cosechó entre el resto) fue, como siempre, para un novato: J. Era su primera vez, imagino que algo acojonado de no saber dónde se metía, pero sabiendo que necesitaba una actividad de este tipo. Un encanto. Tuvo la suerte de ser placado en primera persona por A. L., que se encargó de dejarle claro lo mucho que le gustaba y lo deseaba. El resto tuvimos que contentarnos con las migajas cuando A. L. se iba al baño o a pedir una copa y podíamos charlar con un poco de tranquilidad con J. Menos es nada. Por otro lado tuvimos una pareja de amigos de Madrid que casi habría que apodarles "Las Divinas". Deliciosamente encantadores, muy maricas, muy divertidos, muy animosos, consiguieron levantar una fiesta que discurría peligrosamente hacia el aburrimiento. Ojalá que vengan más veces con ese buen rollo y esas sonrisas inmaculadas. J. Palencia fue mi gran confidente de cotilleos e información variada. Cada vez que viene le cojo más cariño. Es la amiga perfecta para un fin de semana así. M. (de Calahorra) fue un poco la mosca cojonera, con sus puntualizaciones acerca de lo que es una "corva" cuando yo había dicho "hueco poplíteo" o con los "músculos orbiculares" de la cara. Y no digamos cuando amenazó con denunciarnos en la Comunidad Autónoma por permitir fumar en la fiesta. ¡S¡ él se acostó a las dos horas de empezar! Por suerte se perdió el concurso de culos, que fue todo un éxito. Adividan quién ganó... ;)



Podría seguir horas y horas con los detalles, las bromas, las gracias y los chistes, pero no pillaríais ninguno o sería demasiado absurdo una vez pasado el momento. Simplemente confirmar que el fin de semana fue cojonudo, como siempre. Que me encantó ver a los viejos y a los nuevos. Que espero poder estar todo el finde en primavera. Y que estáis todas y todos invitados para venir con nosotros a pasarlo así de bien.