31 octubre, 2012

Amores de juventud, amores de madurez

Miércoles, 31 de octubre de 2012

Desde hace un tiempo, compartiendo experiencias y hombros en los que llorar, he vuelto a darme cuenta de un detalle que no tengo muy claro si es de conocimiento general o bien sólo lo he percibido yo porque soy un cínico irredento.

Prácticamente todo el mundo ha tenido uno o varios amores de adolescencia, cuando todo son un puñado de hormonas y bastantes ganas de comerse el mundo con sueños más o menos imposibles. Son esas ocasiones en las que sientes que tu corazón tiene alas cuando ves a la persona amada, cuando lloras con el alma casi literalmente partida porque te han traicionado y cuando poder tener una cena romántica en una hamburguesería es el mejor momento de toda tu vida. Son esas relaciones tan apasionadas y tan descontroladas que, por suerte, están sujetas por nuestra falta de independencia económica y por unos padres que suelen intentar enseñarnos como pueden que aún queda mucha vida por delante.

amor-adolescente

Cuando los años van pasando factura y las cicatrices en los sentimientos nos hacen un poquito más duros, todo se ve con otra perspectiva y aunque nos seguimos enamorando con las ganas de ser el centro del mundo de quien ya es nuestro centro, de compartir algo más que un par de películas en el cine e incluso construir un futuro juntos, llevamos una protección forjada con las experiencias previas. Algunos, incluso, creemos ver de antemano el final y las segundas intenciones pese a que no solemos acertar, pero es que somos así.

 

Los casos curiosos los estoy descubriendo ahora, en lo que algunos consideran el inicio de la madurez (no en mi caso, os lo puedo asegurar). De vez en cuando conozco a alguien con una biografía en la que hay una ausencia de estos amores locos de juventud, bien porque sigue con la misma pareja con la que estrenó su virginidad sentimental o bien porque nunca ha sentido esa pasión arrebatadora que aprisiona los sentidos. Y, curiosamente, otra persona aparece en su vida que les abre las mismas puertas de la gloria y el mazazo es, siendo elegante, como una patada en donde a los chicos nos duele más. De pronto, toda esa contención de años, todas las presas de ríos de plenitud espiritual, empiezan a fluir como un torrente desbordado que arrasa con todas las ideas asentadas y muchas veces deja al descubierto algunas que incluso se desconocía que existieran. El terremoto supera la escala conocida y no suele quedar nada en pie que recuerde remotamente a nuestra vida anterior. Vida, por otra parte, que jamás volverá a ser igual por más que queramos dar un paso atrás. Además, ya no somos adolescentes.

chains111

Sin embargo, el mayor peligro que descubro en estas situaciones es que, justamente, que ya no somos adolescentes.  Aunque sea poca, hay una cierta independencia económica que otorga libertad suficiente. Y tampoco tenemos unos progenitores frenando nuestros salvajes latidos con consejos de toda la vida y frases vacías. Podemos hacer viajes cruzando el país porque él (ella) tiene un catarro o bien hemos visto el anillo que encajaría de forma perfecta en su dedo. Nuestros amigos no nos comprenden porque sentimos un fuego tan arrebatador que nos consume las sinapsis cerebrales, por más que sus palabras sean las más sensatas que hemos podido escuchar en años. Nos sentimos en el derecho de vivir las experiencias al límite ya que no las hemos vivido antes. Nada puede detenernos porque tenemos el corazón tan hinchado, que se nos escapa del pecho.

Seguramente todos hemos conocido historias con finales más o menos felices, con parejas que aprovechaban la ocasión para desplumar al Romeo (o Julieta) ciego y generoso, con rupturas que uno de los amantes de Teruel no acaba de aceptar y se arrastra por el lodo suplicando una segunda (o tercera, o novena, o vigésima) oportunidad, con más gritos de despedida y menos abrazos sentidos… Son el día a día de nuestros “amores de madurez”, ante lo que los preocupados espectadores no podemos hacer otra cosa que aguardar pacientemente para recoger los pedazos de nuestro amigo (o amiga) y recomponerlos lo mejor posible para que pueda seguir caminando.

Chained_Heart__No_Escape_by_Onikisou

Así pues… ¿es mejor no dejar de ser nunca un adolescente o madurar con la serenidad propia de los años? ¿Mejor seguir cometiendo locuras para no dejar de sentirnos inflamados por la pasión o contenernos para no exceder nuestros límites y los que se nos imponen? O, simplemente, aceptar lo que la vida nos deja por el camino y reaccionar según nos pida el cuerpo.

10 octubre, 2012

Tu cuello

Miércoles, 10 de octubre de 2012

Ah, inocente mortal, aquí estás de nuevo a sabiendas de lo que va a pasar y de lo que va a significar… Últimamente has venido a mí más a menudo que el resto, destacando entre los demás con tu acento extraño, tu mirada morbosa y tu sonrisa de galán de los años cincuenta. Los favoritos van y vienen con rapidez, pero tú has sabido aprovechar tu momento y ganarte el favor que sólo concedo a unos cuantos.

Sí, tienes madera para convertirte en un Condenado como yo, pero no lo haré, Sé que la imagen edulcorada y brillante de los de mi raza puede ser engañosa aunque seguramente no durarías ni media década antes de que cayeras en manos de la Inquisición, algún Sabbat envalentonado o rompiendo alguna vez la Mascarada. No, no estás preparado aún y no creo que lo estés nunca. Pero aquí estás, dispuesto para mí, ofreciéndote para que me alimente de tu preciosa y cálida sangre.

Jude Law

Te has desnudado prácticamente del todo, dejando que tu piel quede descubierta para que pueda acariciarte y notar cómo se te eriza el vello por la emoción del momento. Quieto, de pie en mitad de la habitación, permites que te examine como un comprador a su caballo de carreras: paso el dedo por tu espalda, amaso los músculos del hombro, pellizco tu muslo… Me satisface, ya lo sabes, por eso te he elegido a ti esta noche.

Levemente, pero de forma evidente, inclinas tu cabeza para dejar el arco de tu cuello completamente descubierto a mis más bajas pasiones. Por un momento siento que la Bestia está a punto de tomar el control y arrastrarme a un hambre asesina, pero uso toda mi voluntad para contenerla y hacer que me permita disfrutar del momento. El momento en el que me coloco detrás de ti y te abrazo con fuerza, no sé si para evitar que te muevas o para que sientas mi frío pecho sin latidos más pegado a ti. Tu pulso se acelera, parece que el corazón se saldrá de tu cuerpo como siga así. Ese bum-bum me grita que siga, que te ofreces, que eres mío. Como desees.

Neck

Pero primero me deleito, olfateo tu suave piel y descubro que has vuelto a ponerte la colonia que sabes que tanto me gusta, la que te deja ese aroma fresco pero masculino. Te rozo con la punta de la nariz, desde la oreja hasta el hombro, así alargo tu placer y el mío. Tu cabeza se inclina más y mis labios van dejando un rastro húmedo recorriendo el camino inverso que acabo de terminar. De tus labios entreabiertos se escapa un suave gemido de placer que incrementa mi pasión. Termino con suaves succiones en la zona elegida, donde ya ha empezado a acumularse tu circulación.

Despacio, sin importar el tiempo, abro mi boca y exhalo mi aliento caliente, por el mero placer de notar cómo tiemblas con un nuevo gemido. Sí, no puedo contenerme más, la necesidad comienza a ser abrumadora. Aún así, sin un ápice de prisa descubro mis colmillos y apoyo las puntas sobre la zona de tu aorta. Cuando crees que voy a quedarme parado lo que queda de noche, lanzo la cabeza hacia atrás en un gesto rápido y hundo mis dientes en tu delicada piel. La sangre mana hacia mi boca y el placer que os provoca a los mortales el Beso consigue que tus piernas flaqueen y acabemos ambos abrazados (yo a tu espalda, tú a mis brazos) en el suelo. Me parece oír a lo lejos que tú suspiras de placer, mientras que yo no puedo evitar mis rugidos victoriosos al tragar.

Male_neck

Te veo tendido en la cama, ya completamente desnudo. El sexo para mí siempre ha sido una desagradable consecuencia y un merecido premio para mis víctimas, pero aún así supongo que sigo dejándome llevar por la emoción del momento y por un pequeño sentimiento de culpa. Duermes y respiras con tranquilidad, has tenido suerte y mañana podrás seguir viviendo. Pero debes tener cuidado, pequeño mortal, no siempre puedo contenerme. Tal vez sea el momento de que dejes de ofrecer tu cuello con tanta confianza. O yo de aceptarlo.

04 octubre, 2012

Esto es cosa de dos

Jueves, 4 de octubre de 2012

Siempre se dice que una pareja es cosa de dos y con los años me he ido dando cuenta de que no hay nada más lejos de la realidad. Una pareja la conforman dos personas, sin duda, en eso la RAE es bastante estricta, pero sin embargo la realidad es que las cosas de la pareja no son sólo de los conformantes de la misma.

Ninguna pareja, por cerrada y asocial que sea, se libra de tener “agentes externos” que influyen en su relación de un modo o de otro. Quien no tiene una familia que no deja de llamar, tiene a la muy mejor amiga que siempre está queriendo quedar o el grupo del colegio que se reúne dos veces al mes para volver a contar las batallitas de siempre.

395543_111500862303121_193044690_n

Cuando la pareja tiene un problema, siempre se dice que es mejor dejar que solucionen sus problemas “porque es cosa de dos”. Error de nuevo. Cada parte suele (no siempre) elegir una o varias personas con las que poder descargar sus temores, sus dudas, sus problemas y recibir a cambio algo de comprensión, de consejo o simplemente de cariño. Siempre hay quien prefiere tragarse lo que siente y fermentarlo en la soledad de sus pensamientos, pero de alguna manera siempre acaba saliendo fuera. Incluso por recomendación de psicólogos, esto es sano y recomendable, pero entonces la pareja ya no es “cosa de dos”.

374857_111501658969708_2085358029_n

Los amigos ayudan, la familia apoya, por lo que su influencia al final se deja notar de un modo o de otro. ¿Quién no ha tenido una conversación de pareja en la que aparecen frases como “me han dicho”, “piensan que”, “me han recomendado”? La pareja ya no es cosa de dos, forma parte de un conjunto, de un todo, de un entramado. Negarlo es negar que el sol sale cada mañana. Pero aún hay quien cree en el modelo creacionista de la evolución, así que…

379794_111501638969710_173708170_n

Y sería hurgar mucho incluir cuando las “cosas de dos” incluyen a terceras personas con intereses sentimentales bien marcados hacia una de las partes. Las relaciones que se rompen porque hay otro(s)/otra (s) están a la orden del día. ¿Es también cosa de dos? Digo yo que el otro vértice también tendrá algo que ver.

402128_111502332302974_585706748_n

Hace tiempo que me di cuenta de que la sociedad, la educación que nos dan desde niños y, sobre todo, las películas de Disney, nos hacen tener una visión muy retorcida e inexacta de lo que una relación de pareja debería ser. Los amores pasionales de los tres primeros meses no duran para siempre. El príncipe viene a rescatarte (con suerte) una vez en tu vida, princesa. Las tardes paseando por París son más fáciles cuando vives en París. Mirarte embelesado durante horas hace que te acabes por aprender todas sus espinillas y lunares. El sexo también requiere esfuerzo, ganas y negociación. Las tareas de la casa no son cosa de uno solo ni se hacen solas. Tus/sus padres seguirán creyendo que eres su hijito del alma y te tratarán como tal. Tus amigos verán la parte de la relación que les quieras mostrar y se sorprenderán cuando se enteren de tus más sucios secretos (aunque ya los conozcan). Y, cómo no, cuando eres un vampiro, no dejas de serlo por arte de magia.

377830_111501172303090_1539210245_n

26 septiembre, 2012

El Hambre. La Bestia.

Martes, 25 de septiembre de 2012

El joven vampiro se miró las manos ensangrentadas aún aturdido por los recuerdos y las sensaciones que rebotaban en su memoria. Aún le temblaban las piernas una vez que la preciosa adrenalina abandonaba poco a poco sus músculos y tomaba control consciente de sí mismo. A sus pies, con la mirada vidriosa y perdida en el infinito, un chico con un traje de camarero de un restaurante cercano yacía muerto sobre el húmedo y frío asfalto con la piel tan pálida como una hoja de papel recién sacada de la fábrica.

 

vampire_puncture1

 

Todo vampiro con un poco de conocimiento de su propia naturaleza sabe que la Bestia es un enemigo contra el que hay que luchar día a día, minuto a minuto, que te tienta y te seduce en cada ocasión que se le presenta. Y lo peor de este enemigo es que está dentro de uno mismo. Nadie puede sentirse libre, por mucho que se dedique a combatirlo, que lo deteste o que lo asuma como parte de sí. Y el hambre animal de los Vástagos es uno de los mecanismos más habituales en los que se hace notar.

Generalmente la primera vez no es premeditada. Por accidente, tal vez por descuido, por falta de autocontrol, la Bestia toma las riendas durante una plácida alimentación que se convierte en un abrir y cerrar de ojos en un baño de sangre. La sensación posterior es de hartazgo, pero también la culpabilidad hace estragos, aunque lo más común es decirse a uno mismo que no ha tenido nada que ver, que fue la primera vez y que la próxima estará más atento. Racionalizar el hecho, disociarlo de uno mismo, no hace sino debilitar nuestras cadenas.

Quizá haya una siguiente vez, de nuevo sin planear. Esta vez es posible que incluso la víctima se lo mereciera, porque era un violador inconfeso, un camello que adulteraba la droga o un policía corrupto. Aunque reprobable, tenía su pequeña justificación. Pequeña y débil. Otra victoria para  la Bestia.

 

vampires

 

Pero la sensación de triunfo, de poder, ya ha anidado en nuestro interior. Se ha ido abriendo camino hasta la parte más oscura de nuestra alma, donde la Bestia aúlla agitándose dentro de su jaula. Un día cualquiera querremos saborear de nuevo el peso de un cuerpo enfriándose en nuestros brazos, una vida segada sin saber exactamente qué le atacó. El placer de la caza por la mera caza será más excitante que el mejor opio mezclado con la droga más potente y endulzado con el orgasmo más pasional. Esta vez tal vez digamos que fue un mero divertimento, que el cadáver tuvo la mala suerte de pasar en el momento más inadecuado por el sitio menos adecuado. Bueno, hay muchos peces en el mar, no se le echará de menos. No, qué va.

Y así, poco a poco, vamos perdiendo el control racional para dejarnos guiar absolutamente por nuestras pasiones más animales. Mentimos, atacamos, sobornamos y hacemos lo posible por satisfacer necesidades básicas sin pensar en las consecuencias. El egoísmo es absoluto, hasta tal punto que no respetamos ni a la divinidad en la que creamos ni al ser que más amemos. Nos justificaremos hasta la saciedad o creeremos que el resto del universo está equivocado. Y nuestra satisfacción será mayor cuanto mayor sea el pecado cometido.

Hay quienes, entre los nuestros, deciden abrazar esta senda de corrupción y degeneración creyendo que podrán controlar la espiral de la que nadie puede salir. Ingenuos. Simplemente aceleran el proceso y se abandonan a la Bestia sin luchar ni un solo segundo. Los coyotes de los desiertos tienen más sentido común.

 

El joven vampiro volvió a mirarse incrédulo las manos y se las limpió con asco en su chaqueta de marca recién comprada. Después se la quitó como si estuviera ardiendo y la dejó caer sobre la cara de su víctima. Pobre muchacho, ha sido sin querer, esto no es lo que debería haber pasado… Salió del maloliente callejón y se alejó a paso vivo camino a ninguna parte. No recordaba el nombre del camarero. En unos días tampoco recordaría su rostro.

06 mayo, 2011

Organizando recuerdos

Jueves, 5 de mayo de 2011

Por fin he vuelto. Por fin estoy aquí de nuevo. El sonido chirriante de la puerta me da la bienvenida y tengo que hacer algo de fuerza para que las bisagras cedan tras tanto tiempo olvidadas y sin moverse. Por todos los dioses, ¿tan desordenado dejé todo antes de irme? Y sonrío por mi propia idea porque sí, soy desordenado por naturaleza.

Lo primero es barrer un poco para eliminar la casi indecente capa de polvo que se ha formado. Las baldosas del suelo me recuerdan la firmeza de los pasos que di sobre ellas, los tropezones que me hicieron caer y la dureza del firme cuando mi cara o mis rodillas se despellejaban en algunas ocasiones. Pero siguen formando un dibujo precioso, con su espiral interminable.

Debajo de una mesa, casi olvidado, hay un soldadito de plomo. Lo limpio con una esquina de mi camisa y veo que ha perdido algo de lustre, pero se mantiene en su actitud marcial y su mirada al frente. No hay más ejército, sólo este valiente que peleó en una batalla perdida o, más bien, que ganó en un combate contra enanitos de jardín.

La mesa es un desastre, no se puede decir de forma más elegante. Tal vez lo mejor fuera hacer un montón y tirarlo todo a la basura o quemarlo en una gran hoguera de San Juan, pero de pronto descubro una postal de un pequeño pueblo de montaña. Es sencilla y está sin firmar, pero no puedo deshacerme de ella por mucho que quiera. Es más, la limpio y uso una chincheta para que quede colgada en la pared.

Entre un montón de papeleo oficial hay un parte médico. Tsk. A veces me olvido de que pasó, pero ocurrió y no hago mucho al respecto. Ah, y una orden de clausura a la que nunca le hice demasiado caso…

El pececito disecado y conservado en metacrilato ha perdido algo de color, pero mantiene sus ojos abiertos como si fuera a revivir de un momento a otro. No lo hará. No quiero que lo haga. Pero aún así se queda. Como los restos de una tableta de chocolate que mordisqueé durante un tiempo y aún no está rancio del todo. Bueno, nunca se sabe cuándo tendrá uno hambre…

Esa foto dedicada es de una actriz algo famosa, recuerdo. Decían que me parecía a ella, decían que no… Siempre será mi musa, hasta el día en que su personaje murió.

Y, cómo no, el vampiro. Tengo un baúl cargado de recuerdos de ese mítico personaje que aún me persigue por los callejones oscuros y por el que aún me dejo seducir cuando nadie mira. Sus colmillos y su pálida piel nunca dejarán de encandilarme. No como el collar de cristales de imitación de una princesa que una vez conocí. Una pérdida de tiempo, debo añadir. Son tan insulsas como cargantes.

El montón de apuntes de exámenes mejor será meterlos en una caja por si vuelven a ser necesarios. No, mejor en el suelo cerca de la mesa. Voy a necesitarlos de nuevo, lo sé. ¿Y este billete de autobús urbano tan viejo y estropeado? No, a la papelera no, que tendrá algún recuerdo interesante. Luego pensaré en ello.

 

Tras dos o tres horas de rondar por la habitación y cambiar todo de sitio, decido que seguiré pronto con el trabajo que he comenzado. Me consta que no será mañana, pero me propongo que sea la semana que viene. Y tal vez tampoco lo sea. ¿Me estoy haciendo mayor o es simple vagancia? Cierro la puerta con cuidado y sonrío cuando no escucho el chirrido delator. Yo también te he echado de menos…

23 abril, 2011

Limpieza de primavera

Sábado, 23 de abril de 2011

Estoy de limpieza, pero pronto lo tendré todo en orden y volveré a mi cuaderno de bitácora, mi fiel compañero de viajes.

He tenido que llamar a un par de amigos para que me ayudaran, espero que no os importe...


15 febrero, 2011

Como en los viejos tiempos

Lunes, 14 de febrero de 2011

Adoro ponerme a Ismael Serrano cuando tengo el día tonto. Me ayuda a estar más tonto aún y hasta por fin consigue sacarme alguna lágrima con sus canciones que hace que mi nivel de tristeza se rebaje un poco al sacarlo de dentro.

Y me he acordado de ti, cuando a estas horas aún estábamos hablando y decidiendo que ya era hora de acostarse. Pero aún nos robábamos una hora más de sueño con cualquier tontería o excusa.

nulidad-del-testamento

Y he decidido escribir un pequeño memorando (los testamentos son cosa tuya) porque si me pongo a escribir algo para el blog me sonará tan artificial que lo borraré sin que haya servido para nada. Porque sé que puedo escribirte libremente y sin tapujos y que si me respondes, lo harás sin tratarme con algodones, pero tampoco con brusquedad innecesaria.

¿Sabes? Te admiro, no puedo evitarlo. Hoy me doy cuenta de que eres admirable en tu fortaleza y la envidio. Sobrellevas el apoyo a tu madre (por cierto, ¿cómo está?) casi en solitario y además haciendo las funciones de experto en medicina dentro de la familia. Has estado con ella día y noche e incluso cuando no estabas con ella. Bregas con tu trabajo al mismo tiempo, sacando tiempo de donde no hay. Poco a poco, sin pausa, muy profesional sacas adelante lo que te corresponde, decidiendo hacerlo de la mejor forma posible porque no quieres hacerlo de otro modo. Y además aún dejas tiempo para que yo te pregunte por tu vida personal, por ese chico que te cuenta que te quiere, para que me abras tu corazón que está a cal y canto bajo una llave de oro.

goldkey

Así que cómo no voy a sentirme estúpido porque yo creo que no voy a poder sobrellevar una semana a mis pobres clientes, cuando debería estar sonriéndoles y agradecido de que vengan a gastar dinero en tiempos de crisis para que yo pueda darme algún que otro capricho. Que me quejo por quejarme cuando al mundo no le interesan mis gemidos para llamar una atención que tal vez no merezca cuando hay cosas más importantes a las que estar atento. O que le doy vueltas al hecho de que mi novio me quiere menos de lo que creo cuando sé que me adora con toda su alma y se esfuerza más de lo que debiera por complacerme.

Pues te admiro, y además tenía ganas de que lo supieras. Porque tal vez tú creas que lo haces como obligación de hijo, de currito, de amigo. Pero eso no le quita un ápice de mérito y, por si alguien no te lo había dicho, eres impresionante. Me descubro y hago reverencia.

reverencia-japonesa-feminina

Gracias porque, al acordarme de ti, me he dado cuenta de que puedo hacerlo un poco mejor y dejar de mirarme el ombligo. Sigue estando en su sitio, como siempre. Gracias porque no eres consciente de que los que te queremos y apreciamos hemos aprendido de ti más de lo que imaginas. Gracias porque sigues estando ahí a pesar del tiempo, las borrascas y el maldito frío.

Gracias, gracias y gracias.
Con inmensísimo cariño, el que aún se considera tu amigo si se lo permites.

09 febrero, 2011

Para un desconocido II (el chico del bus)

Miércoles, 9 de febrero de 2011

Hace ya tres meses hablé sobre ti en esta entrada. Sólo tres meses y quién nos lo iba a decir… Ese desconocido se ha convertido en mi compañero de viaje habitual casi todos los días.

bus-buho-amplia--253x190

Ya no eres ese desconocido que mascaba chicle mirando por la ventana. Y yo ya no cojo libros para poder espiarte detrás de ellos y así saber más de ti. Ahora, cuando coincidimos en el viaje, nos sentamos juntos y nos hacemos algo más llevaderos esos quince minutos que nos acercan a nuestros trabajos.

Fantaseé tanto con tu sonrisa que ahora intento arrancártela siempre que puedo con mis bromas y pinchazos. Y derramas gotas de alegría cada vez que ríes, ahora lo sé de primera mano. Tu aparente seriedad, su rostro hierático, no eran más que reflejos del cansancio y la rutina. Una rutina que compartimos un cuarto de hora en el que hay que apurar la conversación antes de llegar a mi parada.

bus--253x190

Lamento decir que tu atractivo ha decrecido levemente. Eres cercano, eres humano y eres tú. Puedo oler el exceso de perfume que usas por las mañanas y también hemos compartido alguna que otra miseria de nuestras vidas. Aunque sólo tendría que alargar la mano para rozar el pliegue de tu mejilla cuando pareces feliz, sé que hay alguien que te abraza por las noches y que te hace sentir completo y satisfecho. Si bien tus vaqueros siguen estando algo rotos para darle ese toque urbano, hemos intercambiado opiniones de juegos de ordenador y consola como noveles amigos. Y por más que me meta contigo para esperar a tu siguiente estocada, una mañana también te usé como pequeño pañuelo de lágrimas por la discusión que había tenido con un amigo al que te parecías cuando te veía de lejos.

Parece que finalmente los hados se pusieron de mi parte y agradezco las circunstancias que permitieron que pudiéramos empezar a saludarnos cortésmente al principio y con algo más de confianza poco después. Ahora sólo queda seguir compartiendo viajes y traqueteos. Falta mucho por descubrir de ti, pero has mostrado lo suficiente como para seguir resultando interesante.

Nunca me sinceraré contigo como puedo poner aquí por escrito, pero a veces me da la sensación de que me miras y ves más de lo que quisiera. No me pongas en evidencia mañana, por favor…

img_gd_anchura.php

12 enero, 2011

Querido amigo

Martes, 11 de febrero de 2011

 

Había empezado esta reflexión con un par de párrafos bastante incendiarios, muy encolerizados y con intenciones de hacerte reaccionar por las bravas. Iba a acusarte de ignorarme, de olvidarme, de dejarme de lado. Pero me di cuenta de que cualquier cosa que dijera se podría volver en mi contra porque podrías haberme dicho lo mismo.

Es verdad, te echo de menos. Has cambiado y aunque sé por qué y puedo entenderlo, sigo sintiendo esa pequeña punzada de celos o de ira cuando recuerdo los tiempos pasados. Entonces, cuando teníamos largas conversaciones de horas y horas, cruzadas con cervezas, cafés, por teléfono o gracias al gran invento del chat. En esos diálogos desnudábamos nuestro alma y compartíamos secretos, miedos y esperanzas perdidas.

Fui compañero de tus soledades cuando querías tener a alguien a tu lado, de tus frustraciones cuando el plan se torcía, de tu enfado cuando palabras inadecuadas salían de labios extraños. Tú soportaste mi cansancio y mis malos modos cuando no tenía el día y a veces me consolabas en la distancia, pero te sentía cerca, muy cerca.

Sé que yo no voy a ser el mejor ejemplo a seguir, que tampoco llamo para ver qué tal estás o cómo te va, que no te envío un mensaje por ser un poco soberbio, que doy por hecho cuando debería confirmar. Tal vez tú estás más enfadado conmigo por acto, obra u omisión, tal vez te deba una disculpa y la merezcas, tal vez simplemente sea un malentendido. Sólo tal vez.


Confío en recuperar nuestra buena relación, porque te necesito. Ahora tú estás bien, me consta, con esa persona que has encontrado y que te da lo que necesitas, que llena tus horas y que hace que sonrías (imagino) al recibir un mensaje cariñoso. Me tragaré las punzadas de celos y empezaré a asumir que no soy el centro de tu atención, porque no lo soy. Ni tampoco lo era antes. Pero ya sabes, a los egocéntricos nos cuesta asumir este tipo de cosas. Y a los egocéntricos infantiloides más todavía.

 

Te echo de menos.
Un beso.

hey i miss you so much xxxx

09 diciembre, 2010

Sentidos

Jueves, 9 de diciembre de 2010

Un día mis sentidos se reunieron tras un tiempo actuando cada uno por su cuenta. Debían discutir la última experiencia vivida dado que el cerebro había convocado una reunión de urgencia a la altura de las cervicales. Ninguno de ellos sabía para qué se convocaba, pero todos tenían algo que explicar. Uno a uno fueron haciéndolo.

La vista comenzó porque bien es sabido lo rápido que es un parpadeo y lo mucho que puede decir. No imaginaréis lo que ocurrió, explicó. Las pupilas se dilataron sin razón aparente y una imagen de lo más extraña se formó en la retina. Aquel cuerpo desnudo estaba más cerca de lo habitual, casi pegado a nosotros. Los detalles de su rostro eran tan evidentes, tan hermosos y tan atrayentes que no pudimos desviarnos salvo para investigar otros recovecos de su anatomía. La curva de su espalda, el vello de sus piernas, el arco de sus pies... ¡Fue imposible ordenar a los ojos apartar la mirada!

ojo20humano

El olfato hizo uso de su habilidad para meter las narices donde no debe y continuó. Mi caso es más complejo, comenzó. Cuando los primeros efluvios llegaron a las fosas nasales, supimos que habíamos perdido una batalla. El aroma tenía tintes casi olvidados de algún perfume de buena marca, de los elegantes pero discretos. Sin embargo, a un nivel más profundo, se había comenzado a formar un toque de pasión acumulada. El olor corporal se sumó al nuestro y formó una amalgama que provocó que se enviaran señales de lo más evidente a las distintas partes del cuerpo. Era profundo, masculino y embriagador. Hasta ahora, era la primera vez que nos encontramos con algo semejante.

perfume_ver3

El gusto, siempre tan refinado, optó por participar también. Nada es comparable con lo que ocurrió en mi ámbito de actuación, y su tono denotaba cierta superioridad. Los besos fueron profundos y significativos, sin apenas separación entre uno y otro. De hecho, había una sensación como de necesidad, de ansiedad. Pero he de reconocer que no hubo nada como el momento en el que la lengua recorrió buena parte de ese cuerpo ajeno a nosotros. Surcamos el cuello de lado a lado, ayudándonos de los labios como si fueran orugas recorriendo una hoja fresca, bajamos hacia la clavícula deteniéndonos en un punto concreto detrás del músculo trapecio, descendimos por el costado notando cómo la piel se retorcía y erizaba. El sabor que aún mantenemos es salado pero dulce a la vez, con el toque ácido que caracteriza este tipo de situaciones. Sin embargo, ha saturado nuestro paladar de un modo inconcebible.

lips

El oído, atento a todo cuanto se describía, decidió que era su momento. Por los oídos también se detectó algo curioso, dejó caer. Las palabras que se susurraban en el pabellón auditivo se hacían entre susurros cargados de intención, decorando nuestro nombre con palabras muy significativas y descriptivas. Se colaron hasta el tímpano y reverberaron por todo el organismo haciendo que el sentido del equilibrio equivocara la disposición de “arriba” y “abajo”. Captamos también los gemidos, cálidos como una hoguera y sugerentes como una promesa. Notamos los latidos de un corazón distinto al nuestro. ¿Qué puede significar esto?

susurro

El tacto, siempre cuidadoso, quedó en último lugar. No voy a desmerecer lo que nos contáis, adelantó, pero mi experiencia ha sobrepasado los umbrales a los que estamos acostumbrados. Los dedos han rozado una piel que nos ha resultado suave como el terciopelo, recorriendo centímetros y más centímetros sin descanso. Era casi adictivo y nos deleitamos en ello. Y puedo asegurar que exploraron cada superficie disponible. Pero, cómo explicaros, los receptores de calor se volvieron locos al sentir un abrazo tan apasionado, unas caricias tan delicadas, una distancia tan mínima con otra persona... Tuvimos que poner a máximo rendimiento las glándulas sudoríparas para compensarlo, exigimos un esfuerzo extra al corazón para que bombeara más sangre y aún así ese calor nos seguía consumiendo. Nunca nos había ocurrido. ¿A qué nos estamos enfrentando?

caricia0bl


Los cinco sentidos se giraron hacia el cerebro, que presidía la reunión para coordinar y dar lógica a las situaciones que requirieran algo de raciocinio. Sin embargo, parecía que el órgano pensador se encontraba en uno de sus típicos ensimismamientos, en los que se evadía de la realidad para sumergirse en un mundo de recuerdos y sueños que sólo él conocía. Tras unos instantes de supuesta meditación se dirigió a los sentidos de forma concisa y breve. No puedo explicaros qué nos ha ocurrido, mis sentidos. Por más que proceso la memoria no puedo encontrar una sola neurona que posea un ápice de información que nos ayude. Recogí las señales que me enviasteis e hice lo que pude con las emociones y reacciones, pero sólo puedo deciros lo que desde entonces llevo dando vueltas entre el hipotálamo y la glándula pituitaria. Esa idea es: OTRA VEZ.

01 diciembre, 2010

Epílogo de un cuento

 

Martes, 30 de noviembre de 2010

(Este epílogo no tiene mucho sentido si no se conoce el cuento que yo suelo llamar “el granjero y el gorrión”, que es una adaptación muy libre de uno de Oscar Wilde")

… y cuando el granjero abrió las manos frente a la princesa, se veía que en una llevaba la solicitada rosa roja y, en la otra, un gorrión muerto.

¡Y seguro que la princesa se quedó mirando con cara de asco! La muy zorra no tenía ni puñetera idea del sacrificio que había costado su pueril capricho. No, ella quería una rosa roja en invierno, pero aquel pájaro muerto… Claro, demasiado elegante para entenderlo, demasiado acostumbrada al oropel y a las perlas. Era un maloliente granjero quien le traía la rosa roja, no el apuesto príncipe en el brioso corcel.

Los sollozos del granjero no dejaban de agitarle el pecho, pero la princesita tuvo los santos cojones de alzar aún más la barbilla y ordenar que echaran de palacio a aquel pobretón. ¿Para qué iba a preguntar a qué venía el pichón muerto? ¿Cómo iba ella, tan digna, tan sublime, a casarse con aquel muerto de hambre? No, no, no. Haría que lo decapitaran o algo así. Que desapareciera de su vista, que lo expulsaran del reino. Así sería como si no hubiera ocurrido nunca.

sangre

Además, ¿qué era esa asquerosa mancha que había quedado en la alfombra del Gran Salón? De un puntapié hizo que un guardia la examinara y tuvieron el valor de decirle que era sangre. ¡Sangre! Ese paleto de provincias había estropeado uno de los mejores regalos de un reino cercano. Tendría que hacerle decapitar allí mismo, para que todos entendieran que no se ensucian las cosas de la princesa. Ese bobalicón sollozante no sería un problema a partir de entonces. ¡Ella era una princesa, por el amor de Dios!

Salió de allí acompañada del revoloteo de sus damas de honor, tan horrorizadas como ella por la dantesca escena. En un ataque de ira destrozó el dibujo que estaba bordando, rompió dos o tres espejos al tirarles jarrones de incalculable valor y desgarró sus vestidos de seda cuando empezó a rozar la histeria. Acabó llorando desconsoladamente en un cama con dosel de tules y echó a golpes a sus doncellas para poder sentirse tan desgraciada y tan sola. Ella quería al príncipe que se había imaginado, no a ese desgraciado que se había reído de ella con esa rosa falsa y ese animal muerto.

 

Los guardias se apiadaron del granjero y simplemente le echaron del palacio diciéndole que no se acercara nunca más allí. El joven emprendió el largo camino a su casa con el corazón roto por el dolor y el desengaño. Cuando llegó a su casa, preparó una pequeña tumba donde depositó a su buen amigo el gorrión junto con la rosa, que aún se conservaba fresca y goteaba alguna gota de sangre tibia. Hubiese querido enterrar su corazón, pero lamentablemente lo necesitaba para seguir viviendo.

arrancar el corazon

Dicen que se volvió el hombre más triste del pueblo, que nunca volvió a sonreír, que se dedicó únicamente a cultivar rosas rojas, incluso en invierno. Dicen que cuando lo encontraron ahorcado, sólo había dejado una nota pidiendo que sus cenizas fueran esparcidas sobre la tumba de su buen amigo el gorrión.

No le hicieron caso, fue enterrado en el cementerio del pueblo en una ceremonia discreta y sencilla.

22 noviembre, 2010

Para un desconocido

Lunes, 22 de noviembre de 2010

Es posible que nunca nos conozcamos y menos ahora que hace ya dos semanas que faltas a nuestra cita casi diaria. Una extraña intuición me dice que has cambiado de trabajo y por eso no coges el autobús a la misma hora de siempre. Otra pequeña vocecita asegura que hasta te has cambiado de ciudad y no coincidiremos ni de chiripa alguna vez por el barrio.

Cada mañana, cada tarde, cuando coincidíamos en la parada no podía evitar mirarte con curiosidad porque desde el primer día reclamabas mi atención sin saberlo. Siempre con esos auriculares blancos escuchando una música que sólo tú conocías, con el gesto serio y los vaqueros generalmente rotos con un estilo muy urbano.

bus dentro

Te solías sentar siempre hacia la mitad de las filas de asientos y yo hacía lo posible para poder espiarte detrás de mi libro de lectura. Tu gesto seguía siendo serio, sumido en pensamientos tal vez profundos, tal vez banales. Mirabas a través de la ventana al paisaje que día tras día recorríamos juntos en ese cuarto de hora que compartíamos entre baches y traqueteos. Echabas rápidos vistazos a los nuevos pasajeros con un ligero toque de curiosidad. Una sola vez te vi compartir asiento con una chica a la que debías conocer y algo le estabas contando que te hacía sonreír. Fue agradable saber que lo hacías de una manera natural y deslumbrante. Me hiciste sonreír a mí también, porque parecías contento con algo.

bus fuera

¿Por qué me fijé en ti la primera vez? Siempre diré que te pareces levemente a un lejano amigo mío. Quizás sea por tu pelo moreno, muy corto y muy oscuro. También tu piel era tostada, lo cual confería un ligero toque exótico muy interesante. Cómo no, los ojos acompañaban al conjunto, pardos como el chocolate, pero con un destello de perspicacia que me hacía preguntarme qué habría detrás de ellos. Y el curioso pendiente de falso diamante en la oreja izquierda en un alarde de moda desfasada. Pero, ay de mí, esos labios carnosos eran la guinda del pastel. Cada mañana se movían rítmicamente mientras masticabas un chicle y me sorprendía a mí mismo preguntándome cómo besarían, si sabrías darles el uso que se merecen. Y avergonzado de mis propios pensamientos, me escondía detrás de mi lectura por si me sorprendías espiándote al detalle.


Sé que aunque vuelva a verte, nunca me atreveré a cruzar el vagón y saludarte, aunque tú pienses que soy un pirado que se ha equivocado de persona. Sé que no sabría si empezar por un "hola" o por un "otra vez por aquí". Y posiblemente tu mirada de desdén me sonrojaría más que la peor de las contestaciones, así que seguiré esperando. Seguiré cogiendo los mismos autobuses para que me lleven al trabajo cada día y tal vez, sólo tal vez, un día vuelvas a subirte conmigo y volvamos a compartir quince minutos de monótono viaje, tú mirando por la ventana y yo fingiendo que leo.

 

08 noviembre, 2010

Halloween

 

Lunes, 8 de noviembre de 2010


El joven vampiro adoraba las noches de Todos los Santos. Adoptar la costumbre anglosajona de Halloween había sido todo un acierto para la Estirpe, ya que les permitía mezclarse sin muchos tapujos entre la sociedad mortal sin llamar demasiado la atención. Incluso los Nosferatu más desagradables a la vista se mostraban sin temor y eran objeto de ovaciones por el trabajo de su máscara. Aunque a ellos no les hicieran gracia aquellos comentarios, claro. De hecho solía ser habitual que en las grandes ciudades se organizara una fiesta Toreador por todo lo alto, con codiciadas invitaciones y medidos cotilleos previos. Siempre era un grato honor ser invitado, pese a poder ser el blanco de mil críticas por los miembros más elitistas entre los Vástagos.

Este año había acudido a una invitación en la capital. Al ser aún una luminaria entre sus hermanos de sangre, tenía ciertos privilegios y se aprovechaba de ellos cuando podía. Excusar su asistencia a tal acto hubiera sido un desaire impropio. Así que tras casi un mes decidiendo qué se pondría, visitando tiendas, cambiando de estilismo y variando de perfume hasta asegurarse de que escogía el adecuado, se presentó con los protocolarios minutos de retraso dada su posición.

La fiesta tenía una decoración exquisita, con un elegante toque victoriano y grandes cortinas rojas para separar los espacios. Se había permitido la entrada de mortales, en algunos casos ghouls, para que hubiera algo de "picar". Eso sí, siempre respetando las reglas de la Mascarada para evitar posibles altercados o cadáveres desangrados innecesarios. Para mayor diversión, algunos se habían presentado disfrazados y en la entrada se entregaba a cada invitado una máscara veneciana recargada de encajes y tonos dorados.

mascara-veneciana

Los saludos iniciales se dirigieron al Príncipe de la ciudad, con una breve conversación acerca del estado de las trifurcas con el Sabbat y las cuestiones políticas de los últimos meses. No había una relación cercana, así que todo fue puro teatro. La Primogénita Toreador y su corte de arpías se manejaba mejor estas situaciones sociales. El joven vampiro se sintió observado y valorado y supo que posteriormente habría una buena cantidad de comentarios que podrían mejorar su posición o destrozarla por completo. Había pretendido pasar desapercibido, sin mayor pena ni gloria, y parece que así fue por los gestos y las miradas de indiferencia que recibió. Tanto mejor, no le apetecía tener que defenderse de ácidos comentarios, gestos indolentes y miradas penetrantes.

Paseó por los salones con una copa en la mano, más por disimulo que con verdadera intención de beber algo. Apreció las obras de arte expuestas y no le convencieron demasiado. Observó a los mortales que se divertían en la pista de baile y entonces sí que se dejó llevar por una intuición. Dos chicos jóvenes bailaban muy juntos, demasiado para ser dos amigos divirtiéndose. Se miraban a los ojos y se buscaban la boca jugando a querer y no dejarse. Un Toreador es un maestro leyendo entre líneas, pero también sabiendo dónde hay una brecha para poder atacar. Se acercó a ellos, apoyó una mano en un hombro de cada uno y les invitó a tomar una copa.

El resto de la noche fluyó siguiendo el camino esperado. Uno de ellos, de mandíbula cuadrada y un curioso hoyuelo en el mentón, llevaba una máscara de león ya que, según dijo, su nombre significaba más o menos eso: "hombre-león". El otro, más moreno, con los ojos de un color verdemar brillantes por la emoción, siguió la broma y dijo que su nombre significaba "victorioso". Ambos se rieron de su ocurrencia y el vampiro sólo tuvo que esbozar una sonrisa para complacerles. Se aplicó al máximo con esa sonrisa y a cambio consiguió que ellos se confiaran más. Pobres corderos jugando con un lobo disfrazado.

lobo5ra

Cuando el nivel de alcohol fue suficiente para que se dejaran convencer, pidieron un taxi para llegar al hotel donde pasarían el resto de la noche. La suite estaba especialmente preparada para que los rayos del amanecer no entraran a molestar al pobre huésped con ese terrible problema de fotofobia en la piel... El dinero encubría cualquier mentira, sin duda. Lo que sí que hubo en la habitación fue una botella de champán, copas y más risas. Ambos muchachos fueron un bocado delicioso entre las sábanas de la cama y la euforia que había en su sangre hizo que al depredador le diera un par de vueltas la cabeza. No entendía por qué algunos de sus congéneres tenían tanta fijación con la manida imagen de alimentarse en callejones penumbrosos y sucios hasta el vómito.

Tumbado en la cama, con uno de sus recipientes a cada lado, el joven vampiro escuchó atentamente sus respiraciones y sus corazones. Unas eran tranquilas y acompasadas, mientras que los latidos estaban algo acelerados para compensar la pérdida de sangre. Sobrevivirían a aquella noche, no cabía duda. De hecho, era posible que se despertaran con una sensación extraña que no podrían explicar pero que achacarían a la resaca y la fiesta. ¡Era tan fácil seguir manteniendo el velo cubriendo los asuntos de la Estirpe! ¿Por qué algunos lo harían tan complicado?

Cuando salió de la habitación echó un último vistazo y los vio abrazados en la cama, durmiendo plácidamente. Aun sin necesidad de respirar, se le escapó un suspiro de nostalgia con un cierto regusto de envidia. Había cosas que no estaban al alcance de un no-muerto. Era el precio de la inmortalidad.

pareja_gay23(1)

13 octubre, 2010

Historia de amor

Martes, 12 de octubre de 2010

Me enamoré de ti desde que nuestras miradas se cruzaron en aquel escaparate. No te lo pensaste dos veces y me llevaste a tu casa directamente. En tu cama estuviste mirándome fijamente durante un rato y aquella noche pude envolverte por primera vez notando tu respiración tranquila. Creo que fue entonces cuando decidí que tú serías el único.

Fueron varias noches las que compartimos, yo esperándote en la cama y tú sonriendo al llegar a la habitación. Una de ellas leíste hasta tarde un libro de Gabriel García Márquez, no recuerdo el título. Tampoco sé de qué trataría, pero dormiste inquieto y no pude tranquilizarte pese a que me pegué aún más a ti. Me impregné de tu sudor y tu olor y supe que jamás podría quitármelo de encima. Y me encantó.

La sombra de la duda no tardó en llegar y con ella los miedos y mi inquietud sobre las noches que no compartíamos. Nunca dijiste nada y preferí no saber, por si la verdad me hacía más daño que tus silencios. Pero a veces tenías aquellas conversaciones telefónicas hasta tarde, esas risas cómplices y esa cara al colgar que brillaba con luz propia. No había preguntas, no había explicaciones. Esas noches intentaba no arroparte, pero me resultaba imposible evitarlo. Mi adicción a tu calor corporal superaba mis fantasías de desaparecer y dejarte con tu vida, ya que parecía que la mía te importaba más bien poco.

Poco se queda largo. Le trajiste a casa y pusiste tus mejores sábanas. Lo preparaste todo con un esmero como hacía tiempo que no conocía. Yo que quedé como un vago recuerdo olvidado en un armario, entre ropa de trabajo y camisetas de verano. Tal vez me salvó de la locura no ver qué hicisteis en la cama, en nuestra cama. Pero no sabía si me dolía más no ser quien te abrazara aquella noche o que ocuparas mi lugar con aquella facilidad pasmosa. Me refugié en mi oscuridad y dejé que el tiempo hiciera lo que tuviera que hacer.

Y aquella noche… Otra vez yo estaba en tu cama, aunque sé que sin la misma intención de las primeras veces. Por qué me elegiste aquella noche es una duda que aún me corroe, pero así fue. Otra conversación telefónica pero esta vez con un final diferente. ¿Qué te dijo para que volvieras llorando como lo hiciste? ¿Acaso te hizo sentir tan pequeño, tan miserable, tan poca cosa como me habías hecho sentir tú a mí? Tus lágrimas empaparon la almohada y no pude consolar tus gemidos desgarrados por el desamor. Me acerqué, te busqué, pero tú me apartabas continuamente. El calor de aquel tórrido agosto fue una barrera entre nosotros. Te dormiste sobre mí, sollozando. Repetiste su nombre en sueños y yo pasé la noche en vela alejando tus pesadillas.

Ha pasado el tiempo desde entonces. Ha habido otros en tu vida en intervalos irregulares, pero yo sigo siendo una constante. Incluso alguna vez hemos estado con alguno de ellos en la cama, aunque yo no participara mucho. Me he ido haciendo a la idea de que yo estaré ahí siempre que quieras, pero tú me cambiarás de cuando en cuando. Tal vez algún día decidas prescindir completamente de mí, pero aún me tienes y creo que me valoras aunque no seas consciente.

Alguna noche, cuando siento tu aliento sobre mí, vuelvo a recordar la primera vez que nos vimos. El escaparate. El cristal. Tú entrando a la tienda y pidiendo ese juego de sábanas que tanto te había gustado. Y esas sábanas aún hoy siguen enamoradas de ti. Parece absurdo, pero los objetos también nos enamoramos.

sabanas

17 septiembre, 2010

¿Es que ya te marchas?

Viernes, 19 de septiembre de 2010

- ¿Es que ya te marchas?

Esa frase sonó a mi espalda cuando me faltaban escasos metros para alcanzar la puerta. Estaba deseando salir de aquella reunión de antiguos alumnos a la que no sabía por qué me había animado a acudir. Los antiguos alumnos eran eso: antiguos. Y quedar cada cierto tiempo para hacer una fiesta, hablar de canas, barrigas, embarazos y pañales no era mi concepto de "pasarlo bien". Al menos no cuando se marchaban las tres personas con las que mantenía contacto habitual. Y ahora quién narices tenía que preocuparse si me iba o no.

Me giré y no supe muy bien si se habían dirigido a mí, porque había varias personas que me miraban de soslayo. Finalmente de un grupo de tres, un desconocido se dirigió a mí con una sonrisa en la cara. No lo reconocí, no había sido compañero de clase, pero no me hubiera importado. Tenía el pelo muy oscuro y corto, en apretados rizos pegados a la cabeza. Sus ojos marrones me miraban con la franqueza de una copa de más. Sus mejillas sonrojadas por el calor de la sala contrastaban con su pálida piel, pero hacían juego con unos labios pequeños que se curvaban dejando ver una hilera de dientes blancos y perfectos. El nudo de la corbata estaba deshecho y el botón de la camisa desabrochado, pero aún llevaba la americana puesta, dándole un toque elegantemente informal.

corbata1

- ¿Es que ya te marchas? - repitió como si yo no hubiera escuchado esa voz grave y con un ligero acento del sur.

- Sí, bueno, la verdad es que estoy un poco cansado y la fiesta no da mucho más de sí...

Yo mismo noté el ligero temblor de mi voz y me imaginé poniendo mi mejor cada de fingido conocimiento mutuo. No debió ser muy convincente, porque me pasó un brazo por encima del hombro y me dijo demasiado cerca del oído: "Yo también estoy aburrido de esta mierda de fiesta y de esta gentuza. Vamos a pillarnos un pedo por ahí."

No sé por qué me dejé llevar, aunque creo que su sonrisa me tenía hechizado. Fuimos a un bar cercano al local donde se estaba celebrando la fiesta y combinamos copas con algo de conversación insustancial. Así pude saber que pertenecía a mi promoción, pero a la otra clase, con lo que el contacto había sido mínimo. Volvimos a recordar a los viejos profesores, anécdotas y leyendas que pululaban por la facultad y rumores de gente de la que ya ni nos acordábamos. Reímos como niños con nuestras incapacidades en ciertos exámenes y nuestros aciertos con algunas chuletas.

Cambiamos de bar un par de veces y me dejaste elegir a mí el siguiente. Sabía dónde llevarte para acabar de salir de dudas y elegí un discreto bar de ambiente que había no muy lejos. No pareció sorprenderse o no lo demostró, menos aún cuando un camarero prácticamente desnudo nos sirvió las bebidas guiñándole un ojo. Brindamos a la salud de los viejos tiempos y nuestras miradas se encontraron, fijándose en el tiempo. Me cogió de la camisa y me atrajo hacia sus labios entreabiertos donde me esperaba una lengua furiosa y ansiosa. Tras el apasionado beso me susurró al oído por qué me había hecho tanto de rogar, que llevaba toda la noche intentando hablar conmigo y besarme. Mi respuesta fue mordisquearle el lóbulo que tenía más cerca y notar cómo gemía de placer.

Por suerte había reservado una habitación en un hotel del centro, ignorando las invitaciones de mis antiguos compañeros que vivían en la ciudad. Por suerte, no nos costó nada encontrar un taxi que nos llevara, donde fingimos que íbamos menos borrachos de lo que íbamos. Por suerte, acerté con la ranura de la tarjeta de mi habitación antes de que sus manos llegaran a la hebilla de mi cinturón.

Sus hábiles manos me quitaron la ropa rápidamente y me empujaron para que cayera sobre la cama. Pude admirar cómo se iba desnudando sin dejar de mirarme, sin dejar de provocarme, sin dejar de excitarme. Cuando finalmente estábamos los dos en la cama, empecé a creer que no estaba soñando y que realmente estábamos ahí. Sentí cada caricia que recorrió mi piel. Noté su lengua explorando cada centímetro de mi cuerpo. Gemí cuando decidió que su voracidad tuviera rienda suelta. No me resistí cuando me dio la vuelta y sus dedos hicieron el trabajo adecuado. Me sentí pleno cuando estuvo dentro de mí, embistiendo con furia pero siendo cuidadoso, arrancando de mí cada segundo de placer que pude recordar. Finalmente, acabamos juntos en la ducha, llenando el baño de vapor y besos más cálidos aún que el agua que nos mojaba. Dormí notando su brazo de nuevo sobre mis hombros, dejando que aspirara su aroma hasta caer rendido por el cansancio.


Cuando desperté noté el sol dándome directamente en la cara y su ausencia en la cama. Parpadeé un par de veces y lo vi de pie, vistiéndose frente al espejo y de espaldas a mí con esa americana ahora arrugada y de aspecto algo menos elegante.

- ¿Es que ya te marchas? - pregunté con una intención tan evidente como mi sonrisa.

- Sí, contestó, mi mujer y mi hija me esperan. Lo de esta noche no debería de haber pasado.

Y dando un fuerte portazo, salió de la habitación sin siquiera volverse una última vez.

06 septiembre, 2010

Soy vendedor de Phone House

 

Domingo, 5 de septiembre de 2010


Soy Vendedor de Phone House... Tengo un máster en Contabilidad, Relaciones Públicas, Marketing, Administración de Empresas, Ingeniería Informática, Ingeniería Civil y en Swahili.

Soy Vendedor de Phone House... Claro que recuerdo la reserva que usted me hizo hace seis meses, aunque usted no recuerde el modelo de su teléfono y crea que se hizo para un terminal cuyo modelo empieza por la letra “A”.

Soy Vendedor de Phone House... Y no es ningún problema conseguirle siete teléfonos con “blutrún” “guay-fai”, navegador, números grandes, fáciles de usar, tamaño pequeño, cada uno de un color diferente y, sin duda, a coste 0.

Soy Vendedor de Phone House... Hablo todos los idiomas y en varios dialectos, claro.

Soy Vendedor de Phone House... He probado todos los teléfonos que ha habido, hay y habrá en el mercado para poder decirle con absoluto detalle cómo funcionan.

Soy Vendedor de Phone House... Claro que es obvio para mí que cuando usted elige una tarifa con una cuota de 30 euros al mes, en realidad quería una con consumo mínimo de 9 euros.

Soy Vendedor de Phone House... Entiendo muy bien que su empresa “Pirulo S. A.” es un gran imperio que nos puede llevar a la quiebra.

Soy Vendedor de Phone House... Claro que estoy mintiendo cuando le digo que ya no queda ese terminal de liquidación que usted busca tan desesperadamente.

Soy Vendedor de Phone House... No, no hay ningún problema para nosotros en fabricar unos cuantos teléfonos en el almacén de la tienda, con las características que usted desea y, claro, no nos olvidaremos de hacerlos con los siete colores que usted nos pedía.

Soy Vendedor de Phone House... Soy capaz de atender a tres clientes, tramitar cinco portabilidades y contestar cuatro llamadas, todo al mismo tiempo.

Soy Vendedor de Phone House... Siempre sé dónde están las tiendas de la competencia y estaré encantado de indicarle cómo llegar.

Soy Vendedor de Phone House... Sé perfectamente lo que hay que hacer para realizar todas las llamadas que quiera y que la factura sea prácticamente de cero euros.

Soy Vendedor de Phone House... Me hago responsable por los problemas de cobertura, las falta de accesorios compatibles, los diferentes cargadores para cada marca, lo caras que son las tarifas de ADSL, los retrasos en las activaciones, las incidencias informáticas y hasta por la economía nacional.

Soy Vendedor de Phone House... Nunca me siento molesto u ofendido porque después de haberme pasado más de 2 horas haciendo un estudio de sus facturas, me dice usted que “ya lo reservó solo, a través de internet y que se ahorró más de la mitad de lo que pagaba antes”.

Y, claro, nunca me enfurezco cuando recibo una llamada para decirme que la tarifa que usted compró por internet estaba mal explicada o que se quedó usted tirado “in the middle of nowhere” (en medio de la nada) ya que no tenía cobertura y no pudo llamar al distribuidor de internet para que se lo solucionara.

Soy Vendedor de Phone House... Me encanta cuando la gente se acerca a mí en mitad de una fiesta y me deja verdaderamente sorprendido cuando espera que me sepa de memoria el precio del último modelo de Nokia con una portabilidad a Orange.

Soy Vendedor de Phone House... Me encanta cuando todo el mundo asume que puedo conseguir cualquier teléfono “de gratis” y, cuando consigo uno, la gente dice que tengo mucha cara e imagina que gano millones en este trabajo para poder llevar los últimos modelos.

Por eso si usted me pide un descuento por su cara bonita, estoy dispuesto a matarlo.

Soy Vendedor de Phone House... No se preocupe en decirme las llamadas que hace o cuánto gasta al mes ya que sé leer la mente y de inmediato tengo las tarifas ideales en mi bola de cristal antes de que usted me lo llegue a decir.

Soy Vendedor de Phone House... Asumo sin problema que cuando su teléfono falla después de tres años, me culpe a mí, ya que lo he fabricado en el taller clandestino que tengo en el almacén. Sin duda, deberíamos asumir el coste de la reparación porque esa pantalla “se ha roto sola”.

Yo sonrío, empatizo, simpatizo, consuelo, engatuso, cambio, subo, bajo, cruzo, canto, bailo y arreglo la impresora.

Soy Vendedor de Phone House. Saludos y gracias por confiar en nosotros.

19 agosto, 2010

Soledad

Miércoles, 18 de agosto de 2010

Quien diga que no tiene miedo a la soledad, miente descaradamente. Quien diga que está encantado de estar absolutamente solo es un embustero.

El ser humano es social por naturaleza, busca relacionarse con iguales y, además, nuestra complejidad intrínseca desde que conseguimos (por puro azar, claro) un pulgar oponible hace que además nos compliquemos aún más. Buscamos quien satisfaga nuestras necesidades, carencias y lagunas para sentirnos plenos, superiores o protegidos. Podemos llamarlos amigos o simplemente conocidos. Pero necesitamos gente para ser felices.

Y antes o después aparece una persona especial. Pareja, relación, novio/a... Se puede empezar con la bucólica imagen del romanticismo decimonónico o bien con un apasionado polvazo en la esquina más sórdida de la ciudad. Esa persona se convierte en algo importante en nuestra vida y se consolida algo a lo que vamos dando forma día a día.

Pero cuando la situación empieza a complicarse y no todo es tan perfecto como desearíamos, aparece el salvaje instinto de autoconservación y nos agarramos a un clavo ardiendo como si en ello nos fuera la vida.

 

hierro rojo

 

Hay quien ignora el dolor y mantiene su presa apretando los dientes, aceptando condiciones y sufriendo su propia tortura para evitar soltarse. Se contienen las lágrimas y se sonríe de cara a la galería para fingir que no pasa nada, que estamos bien y todo sigue como siempre. La quemadura acaba llegando hasta el hueso y los daños terminan siendo irreparables. Muchas veces clavo y mano se quedan adheridos a tal nivel que aunque quisieran, ya no podrían separarse sin tener que amputar parte del uno o del otro.

Los hay más valientes, o más rápidos, o más listos, o menos apegados... Sueltan cuando consideran que no pueden/deben sufrir más y pueden mirar la palma de su mano, con los verrugones palpitantes por el dolor. Un dolor que puede calmarse con analgésicos, que puede ignorarse a ratos, pero que sigue ahí donde dejó cicatrices que no sanarán del todo. Serán mudos recordatorios de un pasado más o menos feliz.


¿Y después? Tras el habitual duelo se vuelve a la vida, a relacionarse con el mundo y con uno mismo. Y a ser de nuevo consciente de la soledad no tanto física como del alma. Volvemos a caminar solos y antes o después sentimos la ansiedad de volver a satisfecer nuestras necesidades, carencias y lagunas. Y aparece una persona especial...

Y por más que lo neguemos ante los demás, que nos digamos a nosotros mismos que no estamos preparados, que aún duele, que no caeremos en los mismos errores... Nos agarramos a otro clavo, tal vez más tibio, tal vez igual de candente. Pero el recordatorio de ese dolor pasado nos hace sentirnos vivos y templa el pequeño cascarón que se había congelado dentro de nuestro pecho.

La soledad es un asco. Pero siempre estamos un poco solos.

Soledad

27 julio, 2010

Ese pequeño detalle

Lunes, 26 de julio de 2010

A veces, la vida tiene este tipo de cosas. A veces, la gente tiene este tipo de momentos. A veces, cuando menos lo esperas, un detalle que puede parecer insignificante para el resto del universo, hace que la vida parezca un anuncio edulcorado sin escatimar en corazones con alas, música de fondo y un sol luminoso entrando por la ventana.

osos amor

He llegado a casa de trabajar y en la mesa del salón había un paquete envuelto el papel de periódico, con forma rectangular y una consistencia algo flexible. Un destello de intuición me ha sugerido que era un regalo retrasado y he preguntado qué era. Fácil respuesta: “ábrelo”.  Pero su rostro mostraba cierta timidez y ansiedad contenidas, esperando delante de mí a que rompiera el improvisado envoltorio para adivinar la expresión en el fondo de mis ojos. Y… allí estaba, obviamente, un libro.

mundodisco

 

Nadie o casi nadie conocerá el libro en sí. De hecho para mí también era una novedad. El olor a nuevo, las tapas inmaculadas, el lomo sin rozaduras por el uso… Pero no he podido evitar que las pupilas se me dilataran y he saltado a sus brazos como un niño, henchido de felicidad. Un libro. Ese libro. Estoy deseando acabar el que tengo entre manos para empezarlo.

¿A qué tanto alborozo por un libro? ¿Tanto me gusta? No, en realidad la alegría la ha provocado el detalle. Tengo la suerte de estar al lado de alguien que conoce mis gustos. Sabe cuál es mi autor favorito. Lo reconoce entre el montón de libros de una estantería. Reconoce (más o menos) que es un libro que no tengo en casa. Se preocupa de envolverlo para darle más encanto al regalo…

Son esos pequeños detalles que hacen que el mundo sea más grande. Que MI mundo sea más hermoso.

19 julio, 2010

El novio de mi amigo

Lunes, 19 de julio de 2010

 

La culpa es de ellos, que los traen. No hubiera ocurrido si no hubiesen sido más que nombres en los estados de Facebook o fotografías sonrientes en algún lugar exótico. Sería "el novio de mi amigo", un ser impersonal del que no conocería el sonido de su voz, ni su brillante mirada, ni su deslumbrante sonrisa. Sería "el novio de mi amigo", a quien sólo le dedicaría una frase cortés en las conversaciones telefónicas para asegurarme de que la relación sigue adelante y les va bien. "El novio de mi amigo", la persona que ha elegido sin que yo sepa muy bien por qué.

Pero una de las características del amor es que solemos desear que nuestros amigos y conocidos miren y admiren a la persona que hemos encontrado para que comparta nuestra vida. Queremos ver los gestos de aprobación, aunque en el fondo no vayan a influirnos porque la decisión está tomada. Así que el fin de semana de la celebración del Orgullo LGTB tuve el placer de conocer a unos cuantos "novios de mis amigos".

Y, cómo evitarlo, caí rendido a sus pies. Me enamoré perdidamente, lo confieso. Y fue de uno detrás del otro (por suerte no coincidieron todos a la vez o hubiera muerto de infarto).

 http://www.rola-gay.com/images/2009/05/Celos.jpg

 

Will. La inocencia de un niño en un cuerpo de escándalo. Vivía con intensidad cada detalle que le pasaba por delante y su sonrisa hizo avergonzarse al sol de justicia que nos cayó toda la tarde. Su cuerpo fibrado, su vello rizado y esos tirantes de préstamo hicieron que más de uno y más de dos girasen la cabeza cuando pasaba. Su dulce parloteo inglés y sus gestos de acercamiento y cariño elevaban la temperatura y aceleraban la circulación. Dulce, cariñoso y tierno. Un bizcocho a punto de hincarle el diente.

Víctor. Su mirada profunda podía traspasarte el alma como una lanza afilada. Aún así destilaba una serenidad pasmosa y me hubiese gustado saber qué pasaba por su mente en unas cuantas ocasiones. En el pequeño tiempo que compartimos me sentí como si le conociera de toda la vida, con la comodidad propia de un amigo cercano. No pude evitar fijarme (y él también hizo mención) en su "auditorio", como lo llamó él, por el buen sonido que hacía su trasero al ser palmeado. Curioso, tranquilo, sencillo. Un oasis refrescante donde descansar.

Jose. Ya nos conocíamos de una fugaz visita anterior, pero fue sólo arañar la superficie. La diversión estaba asegurada y se cumplieron mis expectativas. Incluso tuvimos unos momentos para estar casi solos (teniendo en cuenta que nos rodeaba la marea que veía el concierto de Kylie) y fue legendario el baile "estilo Sim". La gracia andaluza le recubre por completo, contagiando a todos los que le rodean. El duende del sur hecho carne.

 

Vaya si me enamoré. Pero no me enamoré de ellos. O al menos no directamente. En realidad me enamoré del amor de estas parejas. Cuando Alberto y Will se besaban el ruido a su alrededor se hacía más tenue e incluso se podría decir que el tiempo pasaba más despacio. Destilaban una ternura como no he visto en mucho tiempo. Saber que, además, uno de mis mejores amigos estaba enamorado hasta las trancas y era correspondido me satisfacía sobremanera. Debe ser cierto que la felicidad es contagiosa.

37360_1519998683659_1345293432_31433357_1781498_n

Víctor y Lean mantenían un contacto físico que se mantenía aunque no se estuvieran tocando. Sus abrazos y miradas lo expresaban todo y sobra decir que me maravillaba en silencio de que brillaran con luz propia. Las rubicundas mejillas de Lean seguirán siendo mi perdición, pero ahora sé que están bien cuidadas entre las manos y las caricias de Víctor.

34008_1520015724085_1345293432_31433506_3970303_n

Efra y Jose llevan juntos algo más de tiempo y eso hace de ellos el reflejo de lo que yo quisiera tener. Se comunican sin necesidad de hablarse y se conocen tan bien que a veces sus miradas se lo decían todo entre ellos, ajenos a los que estábamos cerca. Libertad y cercanía a partes iguales, demostrando que las relaciones son como uno quiere montarlas.

 

Ahora ya no puedo decir que sólo es “el novio de mi amigo”. Ahora tienen rostro, voz, gestos. Ahora son seres de carne y hueso que estoy encantado de conocer y que, lo deseo profundamente, hagan felices a mis amigos para que yo pueda compartirlo.

13298_424364356368_360823846368_5139688_3634523_n

Sí chicos, os quiero. Con todo mi corazón.