Domingo, 26 de octubre de 2008
Aunque he de reconocer que mi amigo Sufur podría hacerlo de una manera más precisa, me tomaré la libertad de hacerlo a mi modo y gusto. Porque buscando en la wikipedia he aprendido que no es lo mismo una Nova que una Supernova. Y también he aprendido que yo soy una Nova, una simple y pequeña nova en el firmamento.
Básicamente y sin entrar en detalles, una Nova es la explosión de una estrella que provoca un destello potente de luz durante unos días. Las Supernovas tienen otras causas y las explosiones se mantienen en el firmamento durante semanas o meses. Esa sutil diferencia es la que ha hecho que me decida a considerarme una Nova.

Muchas veces me ha ocurrido cuando he conocido a alguien que he conseguido deslumbrarle con mis pocos o muchos encantos, trabajándome el momento, buscando los puntos débiles, seduciendo con todas las armas posibles. La explosión se llevaba a cabo y, en esas ocasiones, el momento podía ser digno de apuntar en el cuaderno de la memoria. Sin embargo, como en las Novas, el efecto conseguido se disuelve poco a poco y a los pocos días, ese apunte queda como tal, como un apunte de lo que fue y ya no es. La luz cegadora se apaga y queda lo que hay en realidad, el fondo completo al descubierto. Entonces ya no es tan interesante. De hecho se va dejando de lado inconscientemente hasta que se aparta por completo. Y si ya contamos con que otra Nova o Supernova ha aparecido en escena, el efecto el prácticamente inmediato. Las luminosidades no se complementan: se solapan. Es la tendencia natural, sólo sobrevive el más fuerte.
Me consta que mantengo a mi lado fieles amigos que me quieren a pesar de todo y que conocen mis explosiones y mis momentos de oscuridad, pero creo que el mundillo en el que me muevo me ha acostumbrado a estar siempre delante del foco y perderlo me hace sentir pequeñito (como las estrellas enanas blancas). Esta semana lo he comprobado y duele, pero hay que acostumbrarse. Al fin y al cabo, también es cierto que poco a poco los años van pasando y que ya no soy un jovencito apetecible para todo el mundo que pueda comerse lo que le echen. Esta semana lo he comprobado y el tiempo me dará la razón, porque hemos conocido a alguien que da la sensación que se ha rendido a algunas de mis virtudes. Pero yo sé que será cuestión de días que el nivel de interés decrezca, que me convierta en una entrada más en la agenda de un móvil nuevo y que despúes incluso desaparezca de ahí.
Y entonces los astrónomos ya no se acordarán de aquella Nova que iluminó el cielo durante unos días.

Básicamente y sin entrar en detalles, una Nova es la explosión de una estrella que provoca un destello potente de luz durante unos días. Las Supernovas tienen otras causas y las explosiones se mantienen en el firmamento durante semanas o meses. Esa sutil diferencia es la que ha hecho que me decida a considerarme una Nova.

Muchas veces me ha ocurrido cuando he conocido a alguien que he conseguido deslumbrarle con mis pocos o muchos encantos, trabajándome el momento, buscando los puntos débiles, seduciendo con todas las armas posibles. La explosión se llevaba a cabo y, en esas ocasiones, el momento podía ser digno de apuntar en el cuaderno de la memoria. Sin embargo, como en las Novas, el efecto conseguido se disuelve poco a poco y a los pocos días, ese apunte queda como tal, como un apunte de lo que fue y ya no es. La luz cegadora se apaga y queda lo que hay en realidad, el fondo completo al descubierto. Entonces ya no es tan interesante. De hecho se va dejando de lado inconscientemente hasta que se aparta por completo. Y si ya contamos con que otra Nova o Supernova ha aparecido en escena, el efecto el prácticamente inmediato. Las luminosidades no se complementan: se solapan. Es la tendencia natural, sólo sobrevive el más fuerte.
Me consta que mantengo a mi lado fieles amigos que me quieren a pesar de todo y que conocen mis explosiones y mis momentos de oscuridad, pero creo que el mundillo en el que me muevo me ha acostumbrado a estar siempre delante del foco y perderlo me hace sentir pequeñito (como las estrellas enanas blancas). Esta semana lo he comprobado y duele, pero hay que acostumbrarse. Al fin y al cabo, también es cierto que poco a poco los años van pasando y que ya no soy un jovencito apetecible para todo el mundo que pueda comerse lo que le echen. Esta semana lo he comprobado y el tiempo me dará la razón, porque hemos conocido a alguien que da la sensación que se ha rendido a algunas de mis virtudes. Pero yo sé que será cuestión de días que el nivel de interés decrezca, que me convierta en una entrada más en la agenda de un móvil nuevo y que despúes incluso desaparezca de ahí.
Y entonces los astrónomos ya no se acordarán de aquella Nova que iluminó el cielo durante unos días.
