26 mayo, 2009

Soto's Spring 09

Martes, 26 de mayo de 2009

Como cada primavera, el maravilloso pueblo de Soto, se llena de entidades homosexuales que poco o nada tienen que ver con los habitantes y domingueros que se sorprenden de la variopinta reunió que acaeció este fin de semana.

En otras ocasiones me he extendido ampliamente sobre el fin de semana, gente que apareció por allí, quién fue la estrella invitada... Esta vez no, que estoy un poquito "marijose". Como le estoy diciendo a todo el mundo, fue otra reunión estupenda, habida cuenta de que este año además pude estar al completo, sin tener que bajar a Logroño a trabajar en ningún momento.

Haré un breve resumen para que nos entendamos. Tuve mis momentos estúpidos y mis momentos estupendos, que me he dado cuenta de que curiosamente empiezan por "estup" aunque no tienen nada que ver después. Curioso.

Fui estúpido porque:
  • Sigo llevando unas intenciones que debería dar por hecho que no es fácil cumplir.
  • Me porté fatal con quien no tenía culpa sin saber por qué o aun sabiéndolo, sin querer controlarme.
  • Machacar mis amistades se me empieza a dar mejor de lo que parece.
  • Mis infantilismos volvieron a salir a relucir, dejándome alguna vez en evidencia.
  • Pertenecer a la organización no me da derecho a ser borde con nadie.
  • No tengo derecho a tener celos de nada ni de nadie, menos aún cuando no es nada "mío".
  • Me sigue pudiendo la ansiedad en ciertas situaciones.
  • No me conformo con lo que tengo.
  • Si tanto me quejo, ¿por qué no hago algo?
  • Intento creerme que puedo, pero algo me lo impide.

Sin embargo fue estupendo porque:
  • Volver a ver a esa gente me carga de energía.
  • Somos un grupo de cotillas, sí, pero inocuos y sanamente divertidos.
  • Pude achucharme con mucha gente que te transmite infinidad de cosas.
  • Conocí a un par de personas increíbles que espero que se queden flotando cerca.
  • Volví a cogerme una cogorza muy divertida y casi sin resaca!
  • Tuve conversaciones interesantes incluso cuando creía lo contrario.
  • Sé que hay gente que me quiere mucho. Muchísimo. Y mucho más.
  • Sólo faltan unos meses para la siguiente (se propuso un taller de colonoscopias...)
  • Ver a gente que apenas se conoce con tan buen rollo y tan cercanos, hace que valga la pena seguir montando estas actividades.
  • La sensación que te deja al terminar es que "ojalá hubiera durado unos días más".

Por una vez he pensado además dejar una pequeña muestra de los mensajes que suelen enviarse durante el fin de semana en la famosa caja que mis manitas y mi maña fabricaron para deleite y disfrute de la concurrencia.


Las hay de todo tipo... Y cada una tiene un sentido especial porque sé de quién son... La mayoría, claro.Creo que sí, que en conjunto fue un fin de semana COJONUDO.

18 mayo, 2009

Si un día me caso...

Lunes, 18 de mayo de 2009


Bueno, con un arreglo de Photoshop y el permiso del gran König éste podría ser un momentazo el día de mi boda... Aunque cuando se lo enseñé a Javi, me dijo que el fornido obrero no era mi "estilo". Tal vez, pero a nadie le amarga un dulce ;)

12 mayo, 2009

Regresando

Martes, 12 de mayo de 2009

Pensaba ponerme en plan borde y atacaros a todos con eso de que llevo mogollón de tiempo desaparecido y aquí nadie se pone a clamar por mi regreso y que dónde estoy o si me ha pasado algo... Pero después me he dado cuenta de que muchos de vosotros sois amigos ya, tenemos otros medios de contacto y, al fin y al cabo, sabéis que simplemente he estado ocupado, con gripe y con las dos cosas a la vez.

De hecho, he estado coqueteando con la idea de dejar el blog, ya que mis escasos lectores (vosotros) sabéis todo lo "sabible" cuando chateamos, hablamos por teléfono o leéis mi estado en el Facebook. Esforzarme en mantener un cuaderno de bitácora abierto y actualizado no acaba de tener mucho sentido si no soy constante y firme en mis intenciones. Aunque, como siempre he dicho... ¿Lo escribo para los demás o más bien para mí mismo? Más de una vez he vuelto la vista atrás y he releído párrafos y textos completos sorprendiéndome con una media sonrisa en los labios o un inicio de lágrima en los párpados. Durante años ya (creo que voy para el tercero este verano, así de memoria) he ido desgranando mis pequeñas vivencias, plasmando con fantasía mis anhelos en relatos de vampiros y sangre, esbozando sin prisa mis cambios y mis deslices. Tal vez no escriba nunca unas memorias y esto sea lo más parecido a un legado que puedo dejar para que se sepa que estuve aquí.


Tampoco me tengáis mucho en cuenta lo que pueda decir hoy, estoy un tanto arrugadete. Es el primer día en la tienda nueva, por esto de las rotaciones, y siempre se está algo más perdido y aburrido que de costumbre. Más aún cuando es un centro comercial que las mañanas de un lunes no tiene a nadie en los pasillos. No sólo eso. Esperaba la visita de un tal Celes, un muchacho que me sorprendió el sábado al entrar en la tienda, hacerme un par de preguntas sobre unos teléfonos, pero después tontear conmigo de forma descarada pero morbosa. Dijo que se pasaría de nuevo por aquí hoy, pero me temo que fue un farol de los que aún sigo sin acostumbrarme a recibir. Aunque por otro lado me alegro. El muchacho en cuestión estaba bien bueno, a qué negarlo. Y que te digan dos lindezas no amarga en absoluto. Tendré que quedarme con esa sensación en vez de con la imagen de sus bíceps morenos embutidos en una camiseta ajustada...

Ay omá qué rico!

25 abril, 2009

El pequeño príncipe bohemio

Sábado, 25 de abril de 2009

El pequeño príncipe bohemio sonreía mientras las llamas le iluminaban el rostro. Había sido una noche desenfrenada, como todas las anteriores, pero se sentía vivo, que era lo importante. Notaba el sudor perlando su fuerte y su oscura melena estaba enredada y llena de barro seco. Había bailado con sus amigos hasta caer exhaustos alrededor de la hoguera, habían bebido hasta que las estrellas dieron vueltas sobre sus cabezas, el humo de la madera seca se había mezclado con otro tipo de humo que les hizo reír hasta que se les saltaron las lágrimas. Ahora sus ojos brillaban intensamente mientras se sumergía en sus meditaciones mientras sus compañeros y amigos dormían. Oía sus respiraciones rítmicas y el crepitar de las últimas brasas. Oía las olas rompiendo en la playa. Oía una voz que le llamaba por su nombre.

El joven príncipe se giró alarmado por si había alguien más en la zona que no hubiera visto. Pero esa voz no le susurraba al oído como el zumbido de los mosquitos, sino que le hacía vibrar una fibra de su ser que nunca había percibido. Esa sensación le generaba cierta incomodidad, pero también mucha curiosidad. Cuando quiso darse cuenta, sus pies ya le estaban llevando a través del frondoso bosque siguiendo los ecos de la voz que le hipnotizaba como un ensalmo. No sabía hacia dónde se dirigía, temía perderse y tal vez no poder volver nunca a su playa, pero no podía evitar acercarse a una pequeña gruta de donde parecía que partía la desconocida voz.

A pesar de la oscuridad de la noche, de aquella grieta en la montaña surgía una pulsante luz que cálidamente espantaba las sombras que le aterraban. Confiando en sí mismo y en aquella luz, entró en la cueva y se enfrentó a lo desconocido. La luz aumentaba poco a poco en intensidad, tanto que tuvo que taparse como pudo los ojos para continuar avanzando. Aún así la voz sonaba más cercana, más vibrante, con un timbre más dulce y encantador. La voz y la luz parecían provenir de algo o alguien que estaba sentado en el rocoso suelo, por lo que podía intuirse. Sus formas estaban poco definidas y su resplandor hacía que fuera complicado distinguir si se trataba de hombre, mujer o animal. Aún así el pequeño príncipe bohemio se sentó a su lado y se dejó arrullar por su voz profunda y melancólica, que parecía hablarle de algo muy lejano pero conocido a la vez. Sus manos recorrieron a tientas el cuerpo del fascinante ser, sintió el escalofrío de notar unas manos recorriendo el suyo y finalmente no pudo contener un suspiro de placer cuando se besaron con suavidad, alargando el momento cuanto fue posible.

El joven se sintió algo confuso al notar el sabor que quedaba en su boca, un cierto regusto de culpa por haberse lanzado a la aventura olvidando todo lo demás, sin pensar en las consecuencias y, fue entonces, cuando la duda echó raíces en su corazón. Sus ojos se habían acostumbrado al resplandor y la forma del ser se acentuó poco a poco. No le disgustó lo que vio. Más al contrario, se sentía satisfecho, pero eso le generaba cierta incomodidad. Sus pasados amores y posiblemente los futuros no se concebían en cuevas con seres deslumbrantes, eran más terrenales. La mirada del ser parecía interrogante, tal vez algo suplicante, pero las peores preguntas no es necesario hacerlas, cada cual sabe dónde las ha enterrado.

Se levantó despacio y se despidió cortésmente del ser de luz que acababa de conocer. Miró atrás en el camino de vuelta, hacia la entrada que seguía brillando pero con menos intensidad que al principio. Durante un breve instante se detuvo para considerar si debía volver y quedarse allí para siempre. Sin embargo el sol comenzaba a despuntar en el horizonte y sus amigos y compañeros se desperterían en breve, preguntándose dónde había ido.

No, las cuevas no son para los príncipes bohemios, que están acostumbrados a bailar toda la noche bajo la luz de las estrellas.

10 abril, 2009

EL hijo de la Marcela

Viernes, 10 de abril de 2009

Podría decir que esta vez me he retrasado en mi cita semanal con el blog. Podría decir que, para empezar, no hay tal cita. Pero creo que a partir de ahora me la voy a imponer si quiero mantener mi rinconcito limpio, aseado y ordenadito. No sé si será un día entre semana o los fines de semana que, supuestamente, tengo algo más de tiempo. Da lo mismo, porque tiempo que tengo libre, tiempo que desperdicio alegremente.

No soy constante, es un hecho. O sí lo soy, pero para no hacer nada útil. Los días que he trabajado de tarde en el centro comercial, entre que te levantas, ponte bien y estate quieto, era hora de salir. Los días de mañana sales y lo que menos apetece es ponerse a recoger, limpiar o teclear cuatro frases en un blog que escribo sin que casi nadie lo lea. Y llega el fin de semana, bueno, el domingo. Si no estás de resaca, de recuperación de sueño o de visita familiar, me dedico al placer de tirarme en el sofá encima de mi osete o a subir niveles a un ritmo medianamente aceptable en el WOW. En resumen, que estoy un poco abandonado del mundo.


Tengo unos cuantos mails sin contestar desde hace siglos, aunque por suerte no son del todo urgentes. Si la partida de rol empezará (supuestamente) en verano, tengo tiempo para ir poniéndoles al día sin agobiarme. Los asuntos de la asociación son mero trámite y además Jose los sigue llevando con puntillosa excelencia. La revista... Vale, ahí entono el mea culpa porque lo tengo más abandonado de lo que debiera. En eso me tengo que poner serio, vale. Y... bueno, con eso tengo para un rato, si lo unimos al seguimiento diario del Facebook, foros y demás blogs amigos, como que la cosa se me queda un poco grande. Decididamente, voy a poner un poco de orden o moriré en el intento.


A nivel personal, las cosas van bien. No puedo quejarme, vamos. Laboralmente seguimos jodidos pero contentos. Sí, estamos pocos y tenemos que hacer algún que otro malabarismo con los horarios, pero a cambio las comisiones se reparten menos y las nóminas mejoran a poco que te lo curres. Ése es mi caso. Más dinerito para gastos que no tengo porque no tengo tiempo.

Mi abuela ahora está en casa de mis padres. Hay novedades, pero no para bien. Hasta ahora su leve demencia simplemente le hacía ver que quienes estaban en casa con ella no eran su familia, sino alguien de su época de juventud. Aún así se seguía acordando de que tenía hijas, nietos y demás. Yo era su nietito que tanto se parece a su marido (rubiete, ojos claros, nariz... hasta casi todo el carácter!)... Hasta ahora. El otro día fui a comer as usual y empezó a contarme su última aventura, bastante triste, acerca de que cree que alguien le ha dado una paliza y lo ha pasado muy mal. Sin embargo, el punto de inflexión surgió cuando consideró que mi madre no era mi madre, porque yo era quien era, pero el hijo de Marcela, la de abajo. Por lo visto la Marcela fue una vecina suya de Arnedo que nunca tuvo hijos varones, pero que ahora es mi madre y la de mi hermano. Porque nos reconoce por los nombres y como hermanos, pero como hijos de la Marcela.

Tarde o temprano empezaría a ocurrir, pero aún así me tocó un poquito el corazón. No necesito que mi abuela sepa quién soy concretamente para saber que me quiere y me ha querido con locura y que yo también la quiero, pero... Es esa parte de mí que ha desaparecido de sus recuerdos (o que ha quedado aparcado) la que ahora echo en falta. Iba a ocurrir, pero hasta ahora yo era su nietito querido (bueno, lo somos todos cuando estamos con ella, claro). Ahora soy querido, pero el hijo de la Marcela.

Y yo me pregunto... ¿Mi supuesta madre no podría haber tenido un nombre un poco menos culebronero?

28 marzo, 2009

Síndrome pre-menstrual

Sábado, 28 de marzo de 2009

Aunque me he retrasado un poco en mi auto-impuesta tarea semanal, lo he hecho con la sana intención de serenarme un poco antes de escribir. Me han dicho alguna vez y es verdad que suelo escribir demasiado dramáticamente, con todas las cosas negativas que me ocurren o que tengo en la cabeza. Así que preferí respirar un poco y liberar algo de energía negativa antes de plasmarlo sobre el blog.


He estado unos días con lo que se suele considerar un típico "síndrome pre-menstrual" femenino. Siempre he defendido que los hombres también tenemos la regla, de forma menos habitual, obviamente. A mí sólo me ha venido el pre, sin post. He estado unos días como si me hubieran dado una patada en la boca del estómago, con un dolor algo sordo no tanto físico como mental. Estaba tan sensiblero que volvía a darme por moquear con algunos de los anuncios más absurdos de la televisión. Necesitaba casi más cariño del que Javi podía darme (y encima el puente se fue al pueblo). Tenía la sensación de que todo lo que hacía me salía del revés, TODO.

No hace falta decir que la sensación general era un poco absurda. Los días que trabajaba por la mañana (casi todos), salía, iba a casa a cambiarme y rápido al piso a limpiar toda la mierda que habían dejado mis amigos los rumanos no-pagadores. Acabábamos a las tantas y había que ir al gimnasio o a la asociación o llegaba algo derrotado a casa. No me quedaba tiempo para mí, para estar solo, siempre haciendo algo o teniendo que mantener cierta compostura. Y además hay que tener en cuenta que mi madre es un poco maniática de la limpieza y está dejando el piso que se podría comer sobre cualquier superficie sin cubiertos.

Para los amigos, un método como cualquier otro de desahogo, tampoco había mucho tiempo, además de que mis horarios son algo opuestos a los de la mayoría del universo. Y también es cierto que cada cual tiene sus obligaciones y sus gustos, con lo que no me apetecía molestar al que ha decidido imponer un silencio bastante pesado entre nosotros, ni al que puede que esté iniciando una preciosa relación, ni a los que hace tanto que no llamo que no me parece adecuado hacerlo para llorarles las penas. Que podría haberlo hecho, pues sí, pero no me dio la santa gana. Soy así, sufridor profesional. Eso también lo he heredado de mamá.

Últimamente ya estoy más evolucionado. Ahora estoy asqueado de ir a limpiar, como mis padres, así que he decidido que es el último día que vamos, porque está casi todo acabado y de lo que falte me ocuparé yo a mi ritmo. Están las cosas tan tensas que discutimos por las mayores absurdeces, con lo cual punto y final. Los silencios tensos me tienen hasta las mismísimas, así que otra cosa por la que no voy a preocuparme, porque creo que he dado los pasos adecuados para intentar solucionarlo. La falta de sexo me toca los bajos fondos y ya no sé ni qué hacer. Vale, ya no me subo por las paredes, pero sigue siendo muy poco divertido saber que la gente folla más o menos, pero mira, FOLLA. Yo parece que tengo que conformarme con la autosatisfacción personal. Eso sí, no tengo que darme explicaciones ni obligarme cuando no me apetece. Todo tiene sus ventajas.

Debe ser que en esta curiosa montaña rusa que es mi vida vuelvo a ponerme en el mecanismo de subida de pendiente pronunciada. Supongo que habrá un par de loopings y después ya se verá. Ahora mismo, me la pela, sinceramente.

17 marzo, 2009

Se acabaron las vacaciones

Martes, 17 de marzo de 2009

Bueno, dentro de dos horas y media vuelvo a la cueva a sonreír a clientes y a vender todo lo que pueda para quedar entre los mejores de la zona. Sí, se han acabado las vacaciones, qué le vamos a hacer...

Han pasado bastantes cosas, casi todas poco importantes, pero necesitaba estos días y, como siempre y como a todo el mundo, me han sabido a poco. Además, a saber cuándo vuelvo a tener unos días y qué haremos con ellos! Se admiten sugerencias desde ya.

Hagamos un repaso rápido para que quede constancia y alguna cara de envidia.

Un par de días en San Sebastián, solitos, para relajarnos. Hizo hasta buen tiempo y todo (cosa que rompe mi maldición de que allá donde voy, llueve tormentosamente). Dado que han pasado los meses en los que mejores nóminas tengo, hasta me di el gustazo de invitarnos al spa de talasoterapia que hay a pie de playa (y que un golpe de mar destrozó este invierno). Salimos masajeados, relajados, exfoliados y listos para empapuzarnos a comer de nuevo :) Y en el hidromasaje a media luz con esencias, decidí que voy a reivindicar este tipo de terapias como algo que debería cubrir la seguridad social.


Estuvimos un par de días en Logroño, socializando y perreando, básicamente. Yo tenía que hacer verdaderos esfuerzos de meditación con el tema del piso, pero sobreviví.

Y finalmente, del viernes al domingo, estuvimos en Madrid. Lo sé, posiblemente haya quien ahora me diga que podría haber llamado, que para una vez que voy... Ya, pero no fue así, lo siento. Íbamos en plan relax a no darnos el palizón de hacer encaje de bolillos para ver a medio Madrid un minuto y parte del siguiente. Os tocará en el siguiente viaje... Creo.

En fin, detalles aparte, llevábamos tiempo queriendo ir a ver el espectáculo "Rocky Horror Drama Queen Show", que es casi de culto para todo mariquita bien enseñado. Pasamos la prueba de ser "vírgenes" (quién me iba a decir a mi edad) y nos reímos, bailamos, cantamos e insultamos a Brad y Janet como los que más. Hasta tuvimos mención en las presentaciones, dado que ir de Logroño a Madrid para tal evento, nos hace algo especiales :)


En Madrid, tuvimos un gran acompañante. Estoy encantado de haber conocido por fin a Lean, que se mostró todo lo amable que pudo pese a mis cosquillas, mi constumbre de poner la mano donde no debo e incluso conseguir ponerle los pelos de todo el cuerpo de punta. No sé si es consciente de lo agradecido que estoy por su dulzura, su sonrisa perenne y sus ganas de que estuviéramos a gusto. Os recomendaría que le llamarais, pero es MIO y además os enamoraríais de él y de sus carrillos sonrosados y eso no puede ser. Porque os tenéis que enamorar de mí en todo caso. No?

También, tras muchos años de conocernos virtualmente, pude darle un prometido abrazo a Efra, pese a que llegó más tarde de lo que suelo llegar yo a las citas. No sé si se enterará de que le nombro, ni si lee mi blog, pero bueno, fue agradable tomar una caña a todo correr para quitar el gusanillo de vernos directamente. Es un comienzo :) Tampoco os pongo fotos de él que seguro que os enamoraríais de su increíble sonrisa y hemos quedado en que os tenéis que enamorar de mí, no?

En fin, la vuelta a Logroño tuvo un par de noticias buenas. Para quien no me tenga agregado en Feisvuk, por fin mis inquilinos han decidido hacer algo bien y, dado que a día 15 no me han pagado nada, han dejado las llaves en la inmobiliaria y se han ido. Dejan deudas, el piso sin limpiar desde vete a saber cuándo, el sofá que parece el cenicero oficial pero lo más alucinante... Se han llevado MEDIO armario de módulos. Por lo visto no les cabría más en la furgoneta. Además de una mesilla de noche de un juego de dos de la habitación de matrimonio. En fin, sinceramente esperaba algo peor (puertas rotas, paredes ralladas, casa quemada...), con lo que ya estoy en trámites de desinfectarlo con amoniaco al completo para poder tenerlo a disposición del público en breve. Pero la de la inmobiliaria no ha tardado ni un día en llamarme para ofrecerme otra inquilina. De esa zorra me voy a fiar, que me mete a unos morosos en casa que luego quería recolocar y vete a saber qué tenía entre manos ahora. Se siente, al Robin se le da con queso una vez, pero dos no (por la grasa, claro).


Así que hoy vuelvo con bastantes energías porque he podido cerrar temas, recargar las pilas y volver a mis odiadas rutinas. Apenas me ha durado un día la sensación de echar de menos aquello, porque no sirve tampoco de mucho. Me debo estar volviendo más pragmático, no?


Ahora en serio, qué coñazo de entrada, a que sí? Venga, que hoy y ahora mismo estoy de buen humor ;)

12 marzo, 2009

Temporizador...

Jueves, 12 de marzo de 2009

Tonteando por la red y con el tiempo libre propio de las vacaciones (para no pensar en mis inquilinos no-pagadores), he encontrado una web que hace aplicaciones de este tipo...



Lo sé, no tiene mucho sentido para casi nadie, pero prometo escribir algo acerca de mis vacaciones cuando pase el fin de semana (que tendrá mucho más para contar que ahora mismo).

05 marzo, 2009

Racismo

Miércoles, 4 de marzo de 2009

Yo sé que lo que escriba hoy posiblemente no me haga ganas demasiados amigos, pero es algo que tengo en mente desde hace tiempo y dado que me he comprometido conmigo mismo a escribir al menos una vez por semana, me parece adecuado.

Siempre me han enseñado que hay que respetar y aceptar a los demás como son. Después aprendí que la gente no me respetaba a mí por ser simplemente yo mismo. Yo he aceptado que los que piensan que mi forma de sentir, de amar y de disfrutar con quien disfruto en la cama es algo malo, desagradable o enfermizo sólo tienen un problema: ellos mismos. Con lo cual, cualquier tipo de discriminación siempre me ha parecido retrógrada y reprobable.

Desde que entré a trabajar en Phone House me ha tocado lidiar con todo tipo de clientela, como es evidente. Sin embargo la más abundante es la variopinta mezcla de nacionalidades que tenemos en Logroño. Pakistaníes, marroquíes, rumanos, búlgaros, rusos, ganeses, bolivianos, ecuatorianos, venezolanos... Cada cual con su cultura y sus particularidades idiomáticas. Y es aquí donde comienza la parte menos lógica.


Lo que al principio era una mera sorpresa y tal vez una pequeña molestia, ahora me irrita profundamente. Por ejemplo, a veces me deja un tanto estupefacto, que haya tal cantidad de extranjeros que no sepan las palabras mínimas para una conversación básica en un comercio, pero sí tengan su permiso de residencia, su cuenta bancaria y sus tres líneas de contrato. Siempre viene el amigo "traductor" y mantienen sus conversaciones ocultas tras un idioma que no me da ninguna pista para poder ayudarles o corregirles en caso de que estén en un error acerca de lo que acabo de explicarles. Si son más o menos duchos en nuestro idioma, tienen la fácil salida del "yo no entender muy bien". Sin embargo toda la explicación anterior ha sido muy fluida. Ah, que es porque ahora te estoy explicando las condiciones menos buenas, no?

Gente mala hay en todas partes. Nacionales y extranjeros, sin duda alguna. Sin embargo, hay un grupo concreto de rumanos a los que ya sólo nos falta saludarles con la mano cuando entran a la tienda. El cómo hacen y para qué los fraudes que hacen casi que prefiero obviarlo, sería demasiado coñazo. Pero eso sí, hacen fraudes con las líneas telefónicas. Y además, cuando les pides la documentación que se le pide a cualquiera, se ponen hechos una fieras porque eres malo porque son extranjeros. Curioso, el otro día uno me llamó en un perfecto español "maricón". El malo soy yo y el que no habla español es él, no?


Y lo que más me está quemando últimamente, que supongo que es por lo que este tema me trae tan de cabeza. Desde hace unos meses tengo un piso alquilado a dos familias rumanas. En principo, pese a las inquietudes de padres y conocidos, no hubo problema con los pagos. Salvo cuando llegó el primer recibo del gas, que pensaban que corría de mi cuenta. Y el siguiente de la luz... Hablando nos entendimos y lo pagaron. Pero es que el siguiente fue de gas de nuevo y ascendía a 400 euros! Y de nuevo el de la electricidad. Y esta semana hemos estado hablando. El inquilino que estaba deja el piso pero entra un amigo suyo. Cuando quedamos todos para hablar... sorpresa! El de los fraudes y el que me llamó maricón. La velada perfecta, vamos. Resumiendo de nuevo: ha sido una semana (tres días, pero somo si hubieran sido veinte) de continuas llamadas, retrasando los pagos, que me voy, que me quedo, yo con la imagen de todos los fraudes que hacen con los móviles, hasta han hecho que me llame el (presunto) jefe de una de las mujeres como garante de pago... Yo no he podido más y este es el último mes que están en mi piso. Lo siento, pero no me fío.

Y ahí entra mi duda. Yo no acabo de considerarme racista. No quisiera serlo, pero es que ahora me da no sé qué volver a alquilar el piso a alguien extranjero. La comprensión del idioma se encurentra serias barreras (sobre todo cuando no quieren entender), las diferencias culturales son enormes y mis antes desconocidos prejuicios empiezan a hacer demasiada mella. Es simplemente una reordenación de mis valores personales, pero me tiene algo inquieto.

¿Me estoy volviendo más racista de lo que yo pensaba que era?


25 febrero, 2009

Lo siento

Martes, 24 de febrero de 2009

Lo siento porque lo vi reflejado en tus ojos. Vi esa mirada de decepción absoluta cuando alguien en quien confiabas te ha fallado y se ha roto la imagen que tenía de ti hasta ese preciso momento. Lo siento, no se me ocurre otra cosa que pueda decir. Lo siento.


Lo siento aunque no entiendo muy bien qué pasó. De pronto estábamos bien, reíamos, disfrutábamos. Y de pronto, cuando "aquello" pasó, cambiaste la cara y el color. Farfullaste algo que no entendí muy bien y te marchaste sin decir adiós. Y yo me quedé solo, sujetándome las rodillas, porque no podía racionalizar lo que había ocurrido ni asimilarlo. De pronto el castillo de naipes se venía abajo y ya no estoy seguro de poder levantarlo de nuevo.

Lo siento, no tengo valor ni para llamarte y disculparme en persona. Soy así de cobarde en estas situaciones, es más cómodo ponerlo por escrito para purgar parte del dolor que todavía tengo enquistado en algún rincón de mi alma, como un virus dispuesto a atacar cuando las defensas están bajas. Podría extirparlo de raíz y olvidarme de todo, pero eso significaría que ya no me importa, que me he vuelto inmune, que todo se ha terminado. Y no quiero que sea así.


Lo siento, aunque sé que podría, no tengo intención de dejar salir mis dudas, mis miedos, mis fobias para que sirvan de defensa en este caso. Si bien es cierto que se han resuelto algunas de mis preguntas más insistentes, las que colmaban algunos de los postdatas de nuestros mails, han aparecido otras más preocupantes, pero que guardaré para mí. Tampoco son necesarias, simplemente son dudas. Esta vez guardaré mi curiosidad.

Lo siento, por alguna razón sólo puedo pensar en esas dos palabras cuando recuerdo ese último momento en que te vi. Y no sé si leerás estas líneas (lo dudo, de hecho) aunque sé que tampoco tendrían demasiado sentido. Son sólo píxeles que parpadean en una pantalla, no tienen sentimiento ni cercanía.


Lo siento, no soy perfecto. Nunca lo pretendí, pero tal vez generé demasiadas expectativas y fingí más de lo debido. No será el último fallo que cometa, ni ha sido el primero, habrá muchos más. Tal vez volver a ser consciente de un fallo tan grave también me afecte más de lo debido. Tal vez haberlo cometido contigo sea más grave aún. "Tal vez" y arrepentirse no tienen sentido ahora.

Cuando se abre una brecha a causa de un terremoto, por mucho que se reconstruya, la cicatriz queda para siempre sobre la superficie de la tierra. Yo ya estoy marcado, aunque no esté a la vista. ¿Podremos volver a abrazarnos como tanto nos gustaba y necesitábamos?

Lo siento.



Para los "preocupables": Javi y yo bien, gracias. Simplemente a veces también duele mucho perder a un amigo.

17 febrero, 2009

Expectativas

Martes, 17 de febrero de 2009

Según la RAE:

expectativa.

(Del lat. exspectātum, mirado, visto).

1. f. Esperanza de realizar o conseguir algo.

2. f. Posibilidad razonable de que algo suceda.

3. f. Posibilidad de conseguir un derecho, una herencia, un empleo u otra cosa, al ocurrir un suceso que se prevé.


La fría definición no hace honor a los sentimientos que despierta en cada uno de nosotros una expectativa de algo que deseamos. No siempre son algo racional, sino que nacen de la parte más oculta de nuestra alma, donde nadie llega y a quien nadie contamos. Están ahí, a pecho descubierto, listas para ser asesinadas por la primera pizca de realidad que aparece para degollarlas sin piedad.


En la era digital recibimos un sms o bien un mail y algo salta en nuestro cerebro. Inmediatamente sabemos de quién nos gustaría que fuera o de quién lo esperamos. Puedes lanzarte sobre el móvil/teclado a la velocidad del rayo o bien deleitarte unos segundos antes de desvelar el secreto. Y ahí está, publicidad, una oferta de alargamiento de pene o peor aún, esos mensajes en cadena que yo, personalmente, tanto detesto. El gozo en un pozo. No era de quien esperábamos.


En nuestro cumpleaños, en Reyes, un día cualquiera, alguien nos da un paquete envuelto y nos dice que es un regalo. A veces lo agitamos, a veces lo palpamos, a veces simplemente desgarramos el papel salvajemente. Ya ha nacido, hay una expectativa de lo que quisiéramos que fuera. Si la persona nos conoce de verdad, estará al tanto de lo que nos gusta o lo que comentamos la última vez que sugerimos un posible detalle. Y cuando por fin abrimos la caja. Oh, vaya. Es "esto". Seguramente que es bonito y hasta nos guste, porque además la intención ha sido la mejor. Pero no ha cumplido lo que irracionalmente había acudido a nuestra desbocada fantasía. Lo más duro suele ser recomponer el rictus antes de que se nos note demasiado.


Conocemos a alguien. Da lo mismo que sea con intenciones más o menos profundas, pero empiezan las conversaciones y los intercambios de información acerca de uno mismo. Esa persona abre una pequeña parte de sí misma y en algunos casos se establece una conexión que te vincula de algún modo. Aún no hay amistad, no hay nada firme, pero encuentras tu situación cómoda, tú mismo estás cómodo. Supongamos que, dado que no es posible estar 24 horas al día juntos, hay intercambios de mensajes, mails, chateo, visitas puntuales al trabajo o a casa, cenas, fines de semana juntos... Como amistad o como posible relación (según el caso), todo va a las mil maravillas. Ya está, ahí han aparecido. Hay expectativas. Así que cuando cambia la dirección del viento y esa persona desaparece o empieza a olvidarse de cosas que se han dicho o incluso simplemente empieza a dedicarse más a sí mismo que a nosotros, la parte irracional da un salto mortal sin red y toma las riendas. Desde los "ya no me quieres" de las parejas a los "ya no disfrutas tanto como antes" de los amantes, romper este tipo de expectativas es lo que más energía negativa genera. Cuando se toca el tema de las pasiones, hay que andarse con ojo.


Así pues, ¿cómo se controla al niño que llevamos dentro? El mensaje no es tuyo, el regalo no es el que yo quería, la relación no es como a mí me conviene. Tras el enfado inicial, nos damos cuenta de que es inútil patalear y que la expectativa ya está seca, desangrada, tirada en el cubo de basura para reciclarla. Podemos mirar atrás y ver qué nos ofrecía y las imágenes de lo que podría haber sido, pero sólo para regodearnos en lo que no será. El enfado es mayor con nosotros mismos por haber sido tan tontos de generarnos expectativas cuando sabíamos que podía no darse el caso. Pero ya no hay nada que hacer, se ha roto. Definitivamente.

Pero yo sigo teniendo expectativas guardadas...

06 febrero, 2009

El encuentro

Viernes, 6 de febrero de 2009

El joven vampiro caminaba enfundado en su gabardina aquella tarde fría de febrero. Esquivaba a los transeuntes sin esfuerzo a pesar de estar sumido en sus más profundos pensamientos y de ese modo pudo llegar sin problema hasta su destino, la galería donde se celebraba la exposición de arte de un conocido apadrinado del Primogénito Toreador de la ciudad. No sabía ni para qué estaba allí, pero habría sido toda una muestra de descortesía no presentarse.


Caminó por las salas intentando fingir que aquella basura merecía la pena, pero no eran más que los trazos de un niño de primaria con nombres tan rimbombantes como "Aspiración de divinidad" o "Metamorfosis de espíritus". Cuando intentaba pasar desapercibido en un pasillo de comunicación, apareció él de frente, con sus dos ojos negros brillantes, como siempre que se habían encontrado. Fue sólo un segundo, nada más cruzarse, pero le pareció que el brillo se desviaba levemente para seguirle por el rabillo del ojo aunque no hubo ni el más leve asentimiento de cabeza, ni la mínima mención de saludo. El Toreador se dio la vuelta, pero ya era tarde, sus miradas no se encontraron, habían girado en una esquina y no pudo saber si el gesto había sido recíproco. "No te puedo olvidar", se decía a sí mismo. "¿Qué has hecho conmigo para que estés siempre donde yo estoy, para que estés instalado en mi cabeza como un huésped sin invitación?". Salió apresuradamente de la galería, sin despedirse del anfitrión, lo que supuso que sería recordado como una falta de etiqueta desastrosa, pero no se sentía con fuerzas para sonreír al grupo de arpías que revoloteaban por la sala. Ya en la calle, mientras esperaba detener un taxi del modo que fuese, alguien gritó su nombre. El Ventrue estaba a escasos metros de él y se acercó sin saber muy bien qué decir. "Necesito que nos veamos, quiero hablar contigo. A solas". Lo dijo sin perder ese brillo que le caracterizaba en la mirada. "¿Dónde debo buscarte?" "Me encontarás por la ciudad. Pregunta por mí, el viento sabrá decirte dónde y cuándo". "Dame más información, tengo que saber algo. Dime por qué no consigo escapar del hechizo que esconde tu mirada. ¿Qué ganas con esto? ¿Qué soy para ti?" El Ventrue forzó una media sonrisa y sin mediar más palabra se giró sobre sus talones y volvió a entrar en la galería, escudándose en su anterior acompañante, que le esperaba con una copa en la mano.

Afirma la canción que un segundo de amor puede ser un disparo al corazón, pero no dice que si en ese segundo se entrecruzan más sentimientos que el amor, el disparo puede ser directo al cerebro, rápdio y mortal de necesidad. Así se sintió el joven Toreador durante los días que siguieron, acribillado por mil preguntas, por el recuerdo de imágenes fugaces que acudían a su memoria para torturarle con posibilidades infinitas. Finalmente unas noches después recibió un sucinto email con una dirección y una hora. No tuvo duda de quién se trataba y acudió puntual al concurrido restaurante del centro, cuya dirección correspondía con la de la cita. En la puerta le recogieron el abrigo y le dirigieron a una mesa en un reservado donde ya le estaba esperando ese ser misterioso con el que no podía dejar de obsesionarse.


"Pide algo para mantener la Mascarada, suele ser más efectivo que decir que estás a dieta o que sufres de algún trastorno gástrico". Cuando el camarero se hubo marchado después de sevirles el vino, las miradas se encontraron por encima del centro de mesa, fijas en los ojos del otro. El Toreador puso toda su fuerza de voluntad en resistirse al poderoso influjo que le hacía perder el control de sus sentidos. Si no hubiera estado sentado, sus piernas de mantequilla le habrían hecho caer al suelo. "Yo..., empezó a balbucear como un niño, te busqué entre calles... He pasado unos días que... Tú me haces soñar cosas que... Yo ya no sé qué pensar, sinceramente..." El Ventrue entornó la mirada, extrañado de que su habitualmente seguro acompañante dudara tanto. Alargó la mano por encima de la mesa, rozándole el dorso. "Creo que te debo una pequeña disculpa. Debería haber sido más claro desde el principio, pero todos aprendemos a protegernos con el tiempo. Yo no me he librado de recibir cuchilladas, pero dicen que una herida que ha rozado el alma, se cura en el espejo si aguantas su mirada. Y tú eres mi espejo. Me veo en ti. Y eso me intriga y me divierte a la vez." "Pero yo no consigo escapar del recuerdo de aquella primera noche, en aquel oscuro callejón. Yo llegué sin ti y sé que hoy me voy sin mí, que dejaré aquí una parte que no me devolverás nunca, porque ya te pertenece. Te has llevado todo sin querer, me lo has arrebatado porque yo lo he puesto a tus pies. Cada vez que me encuentro con tu mirada, es un segundo eterno que detiene el tiempo en ti y tus ojos que no me dejan vivir, siguen abrasándome por dentro, consumiendo la poca voluntad que me queda. No sé si has utilizado la sutil manipulación mental o el hechizante carisma que caracterizan a tu clan de Sangre Azules, pero necesito salir de este laberinto cretense en el que me encuentro. Discúlpame, pero creo que mientras ambos no tengamos claro qué deseamos del otro, nuestra relación seguirá siendo simplemente cordial. Yo sí que sé lo que quiero. ¿Y tú?"

Volvía a ser una tarde fría de febrero, con algunas gotas de lluvia cayendo tímidamente sobre la acera. El vampiro apretó la mandíbula y contrajo el gesto. "No, se dijo a sí mismo, debo ser fuerte. Tus dos ojos negros no me verán llorar. No voy a demostrar esa debilidad." Y apresuró el paso para evitar que la tormenta le cayera encima.


30 enero, 2009

Oasis

Jueves, 29 de enero de 2009

Además de ser lugares idílicos donde los camellos del desierto sahariano (o el que sea) paran a descansar o reponerse de la sed, un oasis es cualquier espacio físico o imaginario donde nos refugiamos para abandonarnos del mundanal ruido y cerrar la puerta a las preocupaciones y rutinas. Y todos y cada uno de nosotros sabemos dónde está nuestro oasis de forma segura y clara, porque es donde nos sentimos bien, cómodos, a gusto y en perfecta compañía con nosotros mismos. Allí aclaramos nuestras ideas, buscamos soluciones a problemas o simplemente dejamos de pensar en nada, nos relajamos.


Yo he tenido muy abandonados mis oasis últimamente. Soy consciente de ello pero ciertamente no me ha sido posible cuidarlos y mantenerlos. Trabajar, mis actividades extra, mi gente... Todo un tiempo que he dedicado a otras cosas a cambio de sacrificar el que no me he dedicado a mí. Y tampoco es que me reproche nada de lo que he hecho, al contrario, he sido yo quien lo ha decidido y sigo creyendo que no he hecho mal. Sin embargo...

Mis oasis habituales son bien sencillos y básicos. Para empezar, mi ordenador, con el que llevo tantos años de amores y desamores. Al que le he añadido sin preguntarle una ampliación de memoria porque el pobre no puede más con todo lo que le meto. Si pudiera hablar, me llamaría esquirol, sin duda alguna. Pero es mi solaz, donde me puedo olvidar de todo y de todos a través de cosas tan simples como unos cuantos píxeles combinados de tal forma que son el juego de turno, la conversación de chat del día o simplemente la música que me apetece escuchar en ese momento. Tal vez se pueda considerar que estoy un poco "enganchado" a este aparato, pero tampoco me tiembla la voz al reconocerlo: sí, es posible. Pero todo lo que me ofrece a día de hoy es insustituíble.


Mis libros son el plan B cuando quiero aislarme. Leer en tranquilidad, rodeado de silencio o de música suave, es un placer elevado a la enésima potencia. Quien puede y sabe disfrutar del gusto por la lectura (del tipo que sea) sabe de lo que hablo. Soy comprador compulsivo de libros, aunque me controlo en la medida en la que no entro en una librería. En ese caso, estoy perdido, siempre caerá alguno. Fantasía, misterio, da lo mismo, el caso es que la historia me enganche y me atrape del tal forma que sea casi una despedida cerrar el libro para hacer otra cosa.


Pero he dejado algo abandonados mis oasis. Mis juegos favoritos están algo aparcados porque, además son algo a lo que me dedico en cuerpo y alma cuando entro en ellos. Que no me molesten, que no me llamen por teléfono para tonterías, no estoy para nadie. En un combate contra el jefe élite de la mazmorra de turno no tengo humor ni ganas para que me dirijan la palabra. Concentración. No pienso, sólo me concentro en lo que hago. Mis lecturas están por empezar porque me da miedo que me absorban tanto que hasta me acueste a las mil por acabar un capítulo más. No me compro más libros por la pila que tengo pendiente. Hasta mis marcapáginas me echan de menos...

Y como todo oasis, cuando lo dejas durante un tiempo y vuelves después, la vegetación ha crecido salvaje y ha ocupado la pequeña casa que había construído con una hamaca entre dos palmeras. El agua ha bajado de nivel y ya no está tan limpia como cuando me bañaba en ella desnudo, corriendo por la arena ardiente. El viendo sopla árido y se quiere llevar los restos de mi pequeño reino para que el olvido y la rutina sean los amos y señores del lugar. Pero me niego, me resisto. Sólo tengo que poner un poco de intención por mi parte y pondré en pie los muebles, cortaré las malas hierbas y anudaré de nuevo la hamaca donde debía estar, bien a la sombra. Limpiaré el estanque y me sumergiré de nuevo para notar cómo el agua me refresca la piel y arrastra mi energía negativa hasta donde quiera que se filtre. Me tumbaré en la arena y dejaré que el sol me seque las gotas de la cara, mientras que la brisa agita mi pelo (el poco que me queda) hasta quedarme dormido.


Porque mi oasis (mi ordenador, mi lectura) es mi tabla de salvación en este mundo loco que me agobia con cifras, objetivos, responsabilidades, pagos, problemas, dudas, miedos, temporadas, crisis, lágrimas, decepciones, mentiras... No sé qué sería de mí sin mis oasis.

19 enero, 2009

Deconstruyendo

Lunes, 19 de enero de 2009

Siempre se dice, supongo que por ese espíritu positivo que tienen algunas personas, que es necesario destruir para poder construir de nuevo. O que tras un terremoto se vuelven a levantar edificios más altos y más fuertes. Tal vez, pero el caso es que hay que destruir primero para poder "re"construir. Y me temo que eso es lo que estoy haciendo yo ahora mismo con mi vida.


He lanzado un órdago en mi relación. Está hecho, no hay marcha atrás. Hay momentos en los que crees que no merece la pena seguir engañándose y ponerte excusas a ti mismo con las bobadas habituales o alargando plazos que sabes que no vas a cumplir jamás. La realidad es una putada, una jodida putada, pero es lo que hay y donde se vive. Por eso no tiene sentido cerrar los ojos y rezar en silencio para que al abrirlos todo haya cambiado a nuestro gusto.

Así soy, he dicho. No voy a repetir más veces que voy a cambiar porque sé que no puedo no quiero, he dicho. Quien me quiera, tendrá que aceptarme con todo, incluso con lo peor que tengo, he dicho... Y así escritas, fuera de contexto, parecen un acto de valentía y sinceridad digno de las peores novelas de kiosko de barrio. Ojalá, pero no es así. Lo que hay que aceptar es lo inaceptable, lo que no es una relación "al uso". Esa parte de mí es oscura y no debería existir, pero está ahí y no la puedo separar de mí mismo porque soy yo. Sin mi lado salvaje y egoísta no estaría completo, sea ético aceptarlo o no.

Sin embargo, ¿es ético hacer que tu pareja deba aceptar tras siete años de relación que decides que no vas a cambiar lo que menos soporta? ¿Es correcto ponerle en la disyuntiva de "todo o nada porque yo ya no voy a esforzarme más inútilmente"? ¿El sacrificio merece la pena? ¿Le merece a él la pena, por mucho que me quiera, seguir aguantando y apretando la mandíbula para no gritar? ¿No conseguirlo, no hacer el esfuerzo, implica que le quiero menos? ¿O que no le quiero? ¿O que no le he querido nunca?


Es cómodo no pensar, dejarlo de lado. De momento la vida sigue igual, no hay cambios sustanciales. Es como si la Conversación hubiera quedado como algo visto en una mala serie americana. Hay más mimos, más cariño, vuelve a haber complicidad, pero... ¿Qué ocurrirá cuando la Bestia ataque de nuevo? No hay posibilidad ni ganas de resitencia, así que anulará (como siempre) la poca fuerza de voluntad que puedo tener almacenada y actuará a su gusto en el terreno que mejor conoce. No respetará nada y sólo tendrá claro el objetivo que tiene en mente. Y el problema es que casi lo estoy deseando, porque en esos momentos no piensas, no hay remordimientos, sólo dejarse llevar y gozar...


En serio, ¿por qué cuesta tanto luchar contra el ideal de relación y pareja que nos han inculcado desde el principio? ¿Tan enterradas están las imágenes idílicas que deberíamos cumplir? ¿Por qué no puedo yo tenerlo y en vez de eso hago daño y manipulo? En fin...

12 enero, 2009

Las cosas que te diría...

Domingo, 11 de enero de 2009

...no están ni tan siquiera ordenadas en mi cabeza. A ratos cambian de posición, o aparecen o desaparecen. A veces incluso desearía que no estuvieran ahí, pero están. Las cosas que te diría no me atrevo a decirlas por el miedo irracional que tengo a que te evapores (de nuevo) en la nada y la luz que irradia tu sonrisa deje de deslumbrar mis sorprendidas pupilas. Las cosas que te diría no encajan con mi forma de ser ni de pensar y mucho menos con la tuya, pero no quita para que sean las cosas que te diría.

Y te diría que echo de menos las sesiones interminables de uso del dedo oponible con la tecnología moderna, como si fueran conversaciones de chat, pero convertidas en sms. Te diría que echo de menos la química de los primeros días, cuando todo era nuevo y divertido y no había miedo porque no había nada que perder. Te diría que notarte distante no es lo que me preocupa, sino que parezca que soy yo el único que es consciente de este hecho y lo expresa, aunque sea sólo para sí mismo, en este absurdo blog.

Te diría éstas y más cosas, pero les quitaría toda la carga romántica, para que no pareciera que estoy perdidamente enamorado de ti. Esos errores ya no me pasan ni permito que me pasen. Te diría estas cosas para intentar encontrar de nuevo ese brillo en tu mirada en el que podía perderme durante horas. Te diría estas cosas para saber si las fantasías en las que cabalgábamos se han desbocado o aún están domesticadas. Te lo diría posiblemente para que fuera una canción desesperada, ya que no pretendo que haya nunca veinte poemas de amor.

Te podría decir también que soy consciente de que ya no soy necesario como lo era antes, pero en el fondo sé que nunca lo he sido, porque nadie necesita de nadie más para seguir adelante. Te podría decir que sé que no habrá una visita sorpresa para comer juntos, porque la racionalidad se ha asentado como una capa de polvo sobre los muebles viejos y no hay sitio para locuras. Te podría decir que si algo ha cambiado no ha sido por mi causa, pero acepto que no hay nada inmutable que permanezca eterno. Te podría decir que te comprendo, aunque lo único que puedo hacer es respetarte.

Qué te diría, cómo te lo diría y por qué te lo diría sólo son suposiciones mías, porque el tiempo verbal, el condicional, está muy bien elegido. Lo que no sé es qué hecho debe darse para que te las diga. Como mínimo es evidente que sería necesaria una conversación, pero no sé si quiero tenerla. Casi prefiero seguir ensayando sonrisas delante del espejo para asegurarme de que mis clientes queden deslumbrados por la mía, por muy fingida que sea. Al fin y al cabo, eso es lo que importa, lo que los demás vean.

07 enero, 2009

Personas detrás de blogs

Martes, 6 de enero de 2009

Hoy podría ser el típico día que escribiría acerca del día que ha terminado, mis regalos, el ansiado fin de campaña... Pero no, me apetece algo más profundo y que llevo tiempo meneando en la coctelera.

Estos días navideños he tenido la gran suerte de charlar un poco con Aran, el archiconocido blogger de historias calenturientas que consigue elevar nuestras tensiones a niveles muy placenteros. Además de agregarlo en mi Facebook está en el inestimable messenger, que siempre es más cómodo para teclear e incluso videollamarse. Y ahí es donde hemos coincidido. A mí me vino de miedo desconectar del trabajo con intentos absurdos de sonsacar información que sabía de antemano que no iba a conseguir. Aún así me llevé alguna que otra agradable sorpresa que queda en la intimidad de mi disco duro y mi recuerdo.

Aran, pese a lo que parece, es un ser de carne y hueso, como todos los que escribimos en la red de redes. Su sonrisa sincera bien podría derretir los casquetes polares y su conversación puede alargarse horas y horas si no hay que madrugar al día siguiente. Y es curioso que la imagen que te haces de alguien por sus textos y sus pinceladas pueda diferir tanto (o no) de la realidad.

Sufur es otro gran ejemplo. Es uno de mis mejores amigos (pese a la distancia) y puedo leer en sus textos lo que entre líneas otros no pueden atisbar. Nos conocemos y nos confiamos secretos, sabemos que debemos guardar una cierta imagen porque el internet nada es seguro, pero aún así vemos detrás de las máscaras que nos ponemos para los demás y que entendemos útiles y necesarias.


Un blog te permite dar la imagen que quieres de ti mismo (o misma). Si lo lanzas con todo el anonimato que puedas, es posible que incluso ni tu propio padre descubra que eres tú, ni tu pareja, ni tu vecina la cotilla del quinto. Creas un mundo virtual donde ser rey, juez, verdugo y hasta admirador de ti mismo. Y en ese mundo se vive tan a gusto como se desee hasta el momento que se desee. A veces y hasta tal punto, que puedes llegar a ser absorbido y no poder escapar de la realidad alternativa en la que te sumerges cuando haces click en "Nueva Entrada" para ponerte a escribir algo. A mí llegó a ocurrirme y como toda adicción que se precie, requirió cierto esfuerzo soltar lastres innecesarios.

Sin embargo, por mucho que se quiera diferir de la propia personalidad en un blog, siempre se empapa algo, hay una transferencia por leve que sea. La forma de expresarse, frases habituales, manías o experiencias... De nuevo en mi caso, cuando escribo una de mis pequeñas y humildes historias de vampiros, en realidad estoy hablando de algo de mi vida que no quiero expresar abiertamente. Lo envuelvo de fantasía, condimento con cuatro pizcas de palabrería y... tachán! Por eso hay que saber qué se lee y con qué intención se ha podido escribir. Así es cuando mejor se disfruta un blog.


Yo puedo reconocer que empecé a escribir hace ya más de X meses (cuando X tiende a más de 24, creo) por cierto amante fugaz del que ya no sé nada (ni falta que hace) que tenía uno. Me llamó la atención y, dado que era la época en la que o tenías blog o no eras nadie, di el pequeño paso de inmersión sin bombona. Empecé con fuerza y queriendo escribir todos los días algo interesante, pero la rutina y mi vida real me lo impedían. Poco a poco he cogido el ritmo de escribir cuando me viene en gana, sin intentar estar al servicio de mis lectores (lo siento) sino de mí mismo. También he variado y no profundizo demasiado en ciertos temas, dado que, al hacerse más público, un blog también puede ser fuente de enfados, discusiones y rocambolescos malentendidos. Poco a poco lo he adornado a mi gusto, lo he hecho mío y lo cuido con el cariño que soy capaz de otorgar dadas mis romanticoides ideas acerca de lo que debe quedar para la posteridad. Lo comparto con quien considero que merece la pena dejar que conozca algo más de mi yo extravagante, acepto los comentarios vengan de donde vengan, me siento orgulloso cuando alguien me nombra por ahí... Es como un hijito, pero ya tiene vida propia y sabe caminar solo.


Y para acabar con este inconexo montón de ideas, un pequeño arreglo de Photoshop que sólo una persona puede interpretar y reconocer. ;)


29 diciembre, 2008

Último posto del año

Domingo, 28 de diciembre de 2008

De nuevo tengo que esforzarme por sacar tiempo para escribir algo antes de que termine el mes, el año y la puñetera campaña. Y empiezo a tener una ligera sensación de dejà-vu (se escribe así?) que no me mola demasiado. Juraría que entradas de este tipo he escrito cada diciembre… A ver que mire… Pues sí, alguna hay.

De nuevo el agobio de las compras navideñas satura a los clientes de a pie que este año han cumplido las malditas teorías de la maldita crisis y se han mostrado comedidos y previsores. Nada de tirar la casa por la ventana y gastar hasta la saciedad para comprar el último modelo, mejor revisar bien todas las opciones y si no lo podemos sacar gratis, mejor pensamos otra cosa. No es que me preocupe, yo lo que quiero es vender, aunque sea un caramelo. Bueno, caramelos no, al menos aún no. Pero sí que se puede confirmar que el fantasma de la crisis ha sobrevolado nuestras cabezas y el miedo atroz se ha agarrado a carteras y cuentas corrientes sin intención de marcharse en breve.


También es época de hacer balance del año que se sabe terminado y que sólo nos deja frío y mal tiempo. Sin embargo no tengo muy claro si quiero hacer ese balance en este año concreto. Habría mucho que valorar y siempre he preferido hacer las apreciaciones de cada caso concreto en cuanto sucedía. Mirar hacia atrás a largo plazo sólo desdibuja los recuerdos, que suelen estar ya de por sí bastante adulterados. Así que sería casi mejor hacer el repaso releyendo el blog, que suele incluir los “mejores momentos” de cada mes. Desde principio de año con el pececito, la crisis que vino después y, por suerte, superamos, el verano intentando mirar hacia adelante y despegar de una vez, el miedo pero la ansiedad de la fiesta de la empresa para cerrar el capítulo, un descubrimiento en esa misma fiesta…

Trabajo, trabajo y trabajo, no hay muchas más cosas en las que pensar. Por suerte voy de cena en cena y tiro porque me toca. Dos con el grupo friki, una con los del gym, otra con la asociación, las familiares… ¿Por qué narices me da por mirarme la barriga en estas fechas? ¡Como para pensar en una dieta! Supongo que será uno de los nuevos propósitos del año que viene… Como cada año, claro. Igual que el de ser más ordenado, organizar el escritorio de mi ordenador (mesa y pantalla), ayudar más en las tareas de casa…

Pero no, paso de hacer listados. Me he dado cuenta de que sólo los pongo por escrito para recriminarme a mí mismo las cosas que NO hago. Y para que se queden sin tachar en el listado mirándome acusadoramente, señalándome con sus manos inexistentes y mirándome con sus también inexistentes ojos entornados. Yo creo que cualquiera de mis noches tardías me atacarán por sorpresa cual liliputienses cabreados y me torturarían usando las peores técnicas conocidas. Hummmm… Interesante, por otro lado.


En fin, feliz entrada de año a quien corresponda. Al resto, también. Me gustaría empezar a nombraros uno a uno para desearos algo concreto y personalizado, pero tardaría bastantes líneas mas y os aburriríais enseguida. Tranquilos, en mente lo tengo. Hay sólo 12 uvas, pero creo que me darán para todos. La última campanada es para vosotros, amigos, ya que sin vuestro apoyo y soporte no quiero ni pensar dónde estaría. Sed buenos esa noche, que los Reyes Magos están a punto de llegar (para quien haya escrito sus cartas, recuerdo!).


13 diciembre, 2008

Viejos amigos

Viernes, 12 de diciembre de 2008

Conocí a Oscar gracias a esas situaciones en las que, como amigo de tu prima, a la que ves cada seis meses, decides acompañarla con sus amigos para no morirte del aburrimiento en casa con los mayores. La ventaja es que es complicado que Oscar te caiga mal de inicio, incluso cuando lo conoces mejor. En aquella época era (y lo sigue siendo, claro) el "psicólogo" del grupo. Te escuchaba, te aconsejaba, te entendía. En aquella época de pubertad desaforada y sentimientos contradictorios era un pequeño bálsamo para las heridas sangrantes. De hecho, recuerdo aquellas charlas en la barriada, con el mítico frío castellano congelándonos hasta el tuétano, acurrucados en cualquier portal, haciendo los últimos repasos de la noche.


Qué mítica fue aquella vez que estuve perdidamente de Soraya, con aquel regalo escondido bajo la servilleta para que lo descubriera... Fue divertido que de tanto insistir para que cogiera lo que había en su plato se enfadara porque la tratábamos como a una cría. ¿Recuerdas la cara que se le quedó cuando vio el precioso anillo con forma de flor cuajado de piedras brillantes? Una pena que poco tiempo después descubriéramos que no merecía la pena esforzarse tanto... Ese viaje a "Cánterbury", como ella decía, le cambió la vida. Y tanto. Yo creo que la dejé un poco trastocada, ¿no crees?

Pero el momento álgido fue esa noche en la que me costó más esfuerzo que ganas confesar que me había dado cuenta (me río ahora al recordarlo) de que mis preferencias erótico-festivas estaban encaminadas hacia otros derroteros. Ni te inmutaste. ¿Por qué habías de hacerlo? Juntos hicimos pública la noticia en el grupo, con un intento de juego misterioso porque tenía el nudo en la garganta. Y no pasó nada. Era sólo un detalle más de mi vida que no significaba nada en nuestro trato, que siguió siendo intermitente pero firme. Incluso cuando te trasladaste a estudiar a Madrid. Allí creo que fue tu vida la que cambió un poco. Y mis esporádicas visitas eran aderezadas con sorprendentes descubrimientos sobre la estupenda persona que eres, en todos los sentidos. Solía ir a que recogieras mis pedazos y lo hacías sin preguntar. ¡Incluso aunque me tocara dormir en un colchón a los pies de tu cama!



Con el paso del tiempo apareció Antonio. Y quién no puede querer a Antonio. Es como si fuera de la familia desde el primer día que lo conoces. Comprendí pronto que erais la pareja perfecta por cómo os comunicáis sin hablar, cómo sabéis entenderos, cómo hacéis que los demás nos sintamos a gusto. Este puente ha sido una de esas ocasiones. Cuando estuvimos comiendo solos los tres y quisisteis que os pusiera al día de mi vida, me salió a borbotones como un torrente retenido. Antonio quiso saber si podía hacer una pregunta incómoda y tú rápidamente le corregiste en que, conmigo, no había preguntas incómodas. Es verdad. ¿Para qué ocultarles a los amigos lo que en el fondo quieres compartir con ellos? Sin vendas, sin medias verdades, sin esquivas. La pura y simple realidad para que puedan valorar lo que hay y lo que no. Y con ello echarte un cable para que uno pueda ver desde fuera qué aspecto tiene la situación.



Chicos, ha sido un placer, por fin, teneros en casa y disfrutar de vuestra compañía. Ya son... deja que sume de nuevo... 15 años. Nuestra amistad me recuerda que no hay que tener un contacto continuo para estrechar lazos, porque el tiempo perdido se puede recuperar en una llamada larga o una conversación frente a un café (o un plato de comida). Con estas líneas no os hago ni la mitad de mérito que el que os merecéis, pero simplemente espero que quien lo lea, sepa la inmensa suerte que tengo al conoceros. Al considerarme vuestro amigo.

Os quiero.

04 diciembre, 2008

El Letargo

Miércoles, 3 de diciembre de 2008


El vampiro se limpió la sangre de los labios y dejó a un lado el cuerpo del joven que acababa de vaciar sin contemplaciones. No había sido el primero en aquella semana en sufrir uno de sus ataques, pero sí el que menos compasión había provocado en el no-muerto. Si no se hubiera comportado con aquella soberbia, con la suficiencia que otorga la inmadurez de la adolescencia, tal vez se hubiera salvado. Pero se comportó como si estuviera por encima de un ser que llevaba a su espalda varias primaveras más que él. Unas cuantas más. Bastantes más. No debía haberlo hecho, pero la Bestia tomó las riendas y el frenesí fue más fuerte que los anteriores. O tal vez no quería detenerlo y sentir que liberaba todas sus frustraciones como hacía mucho tiempo que no hacía. Dejarse llevar sin asumir el control era cómodo, demasiado cómodo. Una vez pasado el delirio, con un cuerpo que se enfriaba por momentos en los brazos, notó que los habituales sentimientos de remordimiento no acudían a paralizarle los músculos. Ese chico se merecía lo que había conseguido y, aunque era una pobre justificación, por el momento bastaba.


Mientras colocaba el cuerpo en el suelo en lo que podría (torpemente) parecer que había sido una muerte natural o un atraco, comprendió que la última semana era la más extraña que había pasado en los últimos... Tal vez en los últimos diez años. Porque había pasado sólo una semana desde que despertó de aquel letargo maldito. El letargo, el sueño sin sueño en el que podían sumirse los vampiros cuando deseaban evadirse del mundo. Un mundo sin compasión que a este vampiro en concreto le había arrebatado al ser que creía que con más pasión había amado en su vida, si es posible decir que un corazón que no late es capaz de amar. Una extraña enfermedad se lo había arrebatado tras una lenta agonía que acabó con la resistencia de ambos. El Abrazo, el acto de traspasar la maldición de Caín a un humano, no fue una opción aceptable para el moribundo, que prefería acabar con su existencia del modo más natural posible y le horrorizaba tener que beber la sangre de otros para seguir viviendo. El funeral se celebró de día y su amante tuvo que visitar su tumba aquella fría noche, derramando lágrimas escarlatas que empaparon la corona de rosas rojas que adornaba la lápida. “Para siempre”, rezaba lacónicamente la cinta negra. Y el ángel de mármol con pose suplicante y manos elevadas

al cielo fue testigo mudo de la escena.


Los días siguientes fueron una continuación de la agonía pasada. El vampiro se desligó del mundo y se hundió poco a poco en una espiral de tristeza y autocompasión. Las noches pasaban sin que saliera de su habitación, sin alimentarse, sin mayor relación con el mundo exterior que una televisión siempre encendida en un canal de noticias. El sopor llegó como un regalo cuando nada importaba, cuando el vacío era tan grande que engullía hasta los sentimientos de rabia y abatimiento, cuando no quedó nada. Se sumergió en él sin esperar despertar, queriendo abandonarlo todo y a todos, ya que nada le importaba. Y así durmió…



Le costó ser consciente de que había vuelto a abrir los ojos y que volvía a ver a través de los suyos. El único sentimiento que le invadía era un hambre atroz y fue lo que le hizo salir de su cama para dirigirse hacia la fuente de vitae más cercana. Como el depredador que era, sus sentidos estaban funcionando con un solo fin y de ese fin dependía su supervivencia. Su casa se mantenía en perfecto estado de orden y limpieza, gracias a que su personal seguía las órdenes estrictas de que así fuera pasara lo que pasara. Salió a la calle y un golpe de frío le azotó el rostro. Con más prisa que cuidado, su primera víctima fue un vagabundo que dormía entre cartones en un callejón cercano. No fue suficiente, pero permitió que poco a poco se fuera sintiendo más dueño de sí mismo. Notó el desagradable olor de lo que aquel desgraciado había considerado su “hogar”, donde la misma zona albergaba restos de comida, excrementos y, sobre todo, drogas. Con algo más de calma y perdiendo menos los papeles, aquella noche la dedicó por entero a la caza y a sentirse de nuevo cómodo en un mundo que no había cambiado tanto en los años que había pasado en letargo. Los rostros de sus víctimas no quedaban grabados en su memoria, pero les permitió vivir con un gran esfuerzo, dado que el hambre seguía clavándole sus garras en el estómago. Ya había matado a uno, no había por qué sembrar la ciudad de cadáveres. Era necesario seguir manteniendo la Mascarada.


Tras una semana alimentándose con más o menos ansia y poniéndose al día de las últimas actividades cainitas y humanas, se sintió preparado para socializar un poco. Fue un gran error. Su posición social en la Estirpe había caído a peso y las miradas reprobatorias ni tan siquiera eran ocultadas. Sin embargo había salido de situaciones más comprometidas y podría recuperarse de ésta. Aún así no sentía ganas de quedarse a ser examinado con microscopio, por lo que salió lo más discretamente que pudo y acabó en una discoteca de moda observando a los jóvenes mover sus cuerpos al ritmo de una música endiabladamente distorsionada. Allí fue donde conoció al muchacho que había dejado seco, esperando que el forense de turno no fuese suficientemente inteligente como para darse cuenta de la falta de sangre del cadáver. O si no, tendría que mover hilos como en los viejos tiempos.


Cuando se disponía a marcharse, una figura en la entrada del callejón le observaba con la mirada fija. Una larga gabardina negra le cubría de pies a cabeza, pero no ocultaba la pálida piel de su rostro ni sus ojos brillantes como ópalos. Tenía la mirada encendida y la sonrisa lobuna, de medio lado. Era alguien conocido en la ciudad, cercano al Príncipe y pertenecía a la línea de sangre de los Ventrue, el esqueleto que sostenía la cada vez más vetusta Camarilla. Ambos se reconocieron sin apartar la mirada y se acercaron unos pasos, el Toreador aún inseguro de qué podría ocurrir. Se encontraba en la desventaja de haber sido descubierto en una falta y además por un vampiro algo más anciano que él y, desde luego, mejor posicionado. Aún así sintió que no podía dejar de mirar el rostro marmóreo que le había atrapado la voluntad y sólo se convirtió en un espectador ajeno a todo salvo aquellas pupilas hipnotizadoras. El vampiro de la gabardina se acercó hasta que estuvo a escasos milímetros del oído derecho del su joven hermano de sangre y le susurró suavemente: “bienvenido”. Se giró dispuesto a marcharse con estudiada lentitud, pero una mano se lanzó hacia delante y rozó levemente la suya. Bajó la mirada, observó su mano y miró de nuevo hacia el rostro que seguía perdido en aquellos ojos inmensos, imponentes. Sus propios ojos que ahora veía reflejados en aquellas pupilas de color verde.


El vampiro salió de su trance para descubrir que no tenía a nadie delante. Supo que no había sido su imaginación porque aún podía deleitarse en la fría sensación que sus dedos guardaban tras haber acariciado la mano de aquel desconocido. Se sentía tan descolocado como sorprendido por las emociones que le habían embargado. No sabía qué esperar y ni cómo actuar. Prefirió escapar de allí lo más rápido posible al amparo de las sirenas que recorrían la ciudad y las sombras que acechaban y observaban.